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nada

Nada

Otra vez aquí. A veces me asomo a mi recolector de blogs con la esperanza de que alguno haya renacido para no sentirme tan solo o para recuperar momentáneamente la ilusión de concurrencia que alguna vez fue tan placentera, aunque creo que seguiría sintiéndome solo de cualquier modo porque esta soledad no se quita con blogs ni pantallitas ni mucho menos concurrencias. Creo que eso es todo lo que tengo para decir hoy. Me siento mal porque sé que entrar a estos espacios tan distantes de la acogedora realidad colapsada en flujos sociales exige esfuerzo y hasta sacrificio cuando no valentía, así que es injusto que como recompensa reciban apenas esto, tan nada. Para eso quedarse del otro lado atento a la siempre inminente próxima insolencia del imbécil que gobierna ese país fallido al sur de acá.

(Por cierto, al respecto de eso pensaba que tal vez llegue un momento cuando Twitter tendrá que decidir entre Trump y la gente. Por lo pronto parece preferir a Trump. Supongo que se ve bien en la hoja de vida: Parlante de Donald Trump (2013 – Presente). No sé qué tal sonará eso en unos tres años, cuando sus decisiones y majaderías le cuesten la vida a suficientes personas.)

Ahora

No sé qué diablos quiera decir esto.

Jueves

Día caluroso con un poco de ansiedad. Me levanté tarde. Había pepinos parlantes evangelizando en televisión. Leí un rato. También revisé las notas de la última reunión con Rahim e intenté llenar algunos detalles de los argumentos. Por la tarde, luego del almuerzo, fuimos a la reunión con nuestra trabajadora social. Da gusto verla. Es algo que nos hace mucho bien. Cerca del hospital hay un supermercado coreano donde compramos provisiones para la sopa de miso esporádica. También compré una botella grande de nectar de ciruela. Me gusta porque sabe a Ventilán. Ese es un sabor que asocio con calma y alivio, me ayuda a respirar.