Rango Finito

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narrativa

Tronos

Daragh hizo en su blog una revisión minuciosa del estado de Game of Thrones al borde de una nueva (¿penúltima?) temporada. De paso comparte algunas de sus teorías conspiratorias sobre lo que está por llegar.

She must be in another castle

Cuando terminé de leer Scott Pilgrim escribí la idea para no olvidarla:

Si el pasado que se consolida en el recuerdo es un territorio, todos somos peregrinos intentando encontrar nuestro lugar en memorias ajenas repletas de presencias previas (a veces maltrechas y agresivas) que tenían la misma aspiración de establecerse y perdurar.

Este fenómeno es un motor narrativo versátil. Muchas historias pueden replantearse como batallas por un lugar particular, controlado, dentro de unos recuerdos de alguien más. Las batallas se libran al tiempo en las memorias propias y las ajenas. En las memorias propias se construye, podría decirse, la versión (ya estructurada y apropiadamente linealizada) que se quiere implantar (esta versión es adaptada y deformada durante la implantación). Obvio: no siempre es un proceso consciente pero su ejecución tiene consecuencias bien concretas en las relaciones y sus desarrollos. En Braid el personaje busca a la princesa perdida para rescatarla y cuando por fin la encuentra descubre (Ojo: ¡adelanto crucial!) que la princesa desapareció para evadir su presencia: huye de él con ayuda de otro hombre, el verdadero héroe. Es un momento durísimo del juego. Cuesta digerirlo. Braid se basa en perversiones espacio-temporales porque trata sobre el arrepentimiento y la negación: una memoria idealizada motiva al personaje a perseguir lo que quisiera tener pero ya perdió. Los viajes en el tiempo (figurados o literales) se siguen de su obsesión. En Stories We Tell su directora reconstruye sus pasados recurriendo a memorias de familiares y conocidos, a quienes entrevista paralelamente. Al principio parece inocente, pero pronto se materializan ángulos y nieblas, dudas importantes, y desde la confusión se plantea una lucha (primero implícita y después explícita) entre varios de los narradores por monopolizar el control y propiedad de la historia, por decidir qué importa, qué es la verdad, cuál es el papel que le correspondía a cada cual y quién merece contarla. Y esa es sólo la primera capa que cae. Como en Braid y Scott Pilgrim, la motivación subyacente es el amor o, mejor, la imposibilidad de constatar explícita y constantemente su reciprocidad (por culpa de la ausencia (o el carácter elusivo) de lo amado).

Argo

Argo engrandece (y luego agradece) el aporte de la industria cinematográfica gringa (y la CIA) al rescate de seis diplomáticos atrapados en Irán en 1979. La historia es deliberadamente trucada para minimizar la contribución canadiense (en realidad mayoritaria y determinante), trivializar las circunstancias políticas y reforzar el mito romántico del agente gringo autosuficiente comprometido con sus principios de superhéroe infantil cincuentero que salva al mundo en solitario. “Because we say it’s based on a true story, rather than this is a true story, we’re allowed to take some dramatic license. There’s a spirit of truth”, dice Affleck. Hay un espíritu de verdad. La película es apenas basada en una historia real pero eso no implica que deba ser la historia real. El argumento es peligrosamente metafísico y medio triste porque sugiere que el cine es incapaz de contar historias (sean realidades o ficciones) con fidelidad: la presión por garantizar entretenimiento justifica que la trama sea modificada sin clemencia hasta que se adapte a algún esquema básico narrativo efectivo y fácil de estructurar.

El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga

Lo que dicen es que el cómic colombiano está pasando por una buena época. Eventos como Entreviñetas, el éxito de súper-estrellas indie como Powerpaola y publicaciones periódicas como Revista Larva lo demuestran. Curiosamente, la extensión de expresiones como “Novela Gráfica” por fuera del nicho de aficionados de siempre también ha contribuído a la causa. Cada vez hay que explicar menos por qué el cómic merece atención y respeto como medio narrativo.

El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga es uno de los primeros álbumes de Editorial Robot. Parece ser primer volumen de una serie decididamente infantil de aventuras (con ángulo educativo) dibujada y escrita por alias Ivanquio, quien ya lleva varios años afinando estos personajes. La historia transcurre en 1910 en una Colombia poblada por animales antropomórficos. Buena parte del esfuerzo de su autor se enfoca en recrear gráficamente este contexto histórico a gran nivel de detalle. Una trama sencilla le permite explorarlo: el Cuy Jacobo, un muchacho proveniente de Pasto que vende sombreros en Bogotá, pierde, en manos de un viejo arqueólogo, una moneda de la suerte que le encomendó su abuelo. Esta moneda (no es nada claro por qué) resulta ser clave a la hora de demostrar la existencia de un mítico tesoro del pueblo quillacinga. El viejo arqueólogo intenta convencer al gobierno (en medio de una crisis bélica con Venezuela) de que envíe una comisión en busca del tesoro. Uno de los asesores del presidente resuelve apoyar el proyecto con la intención oculta de apoderarse el oro. Luego de un viaje sin mayores contratiempos (descontando un intento confuso de linchamiento en la catedral de Pasto), los personajes encuentran la guaca y deben enfrentar a sus guardianes: una tribu quillacinga oculta desde siempre cerca de la laguna de la Cocha, en Nariño. También hay momias y un monstruo mágico de la mitología local que, pese a su función, no luce particularmente amenazador. Al final el Cuy Jacobo y sus amigos son liberados por la tribu pues logran demostrar que, a diferencia del enviado del presidente, nunca tuvieron la intención de robarse nada, sólo querían estudiarlo. En las páginas finales descubrimos que el presidente previno la guerra con Venezuela cediendo la mitad del tesoro quimbaya a los españoles, para que quede clara cuál hubiera sido la suerte del oro quillacinga (aunque creo que ese episodio en realidad pasó mucho antes, en los ochocientos noventa).

Un problema recurrente entre los ilustradores devenidos en autores de historietas es que inicialmente desconfían de la capacidad narrativa de sus dibujos. Para compensar, sobrepueblan sus cómics con palabras que en lugar de enriquecer la historia la frenan. Cuando los dibujos son tan pulidos como en El Cuy Jacobo, el contraste con el guión se convierte casi que en un obstáculo para disfrutarlo. Adicionalmente, aunque la historia es sencilla, depende demasiado de casualidades para avanzar y debido a esto se siente forzada. Por momentos parece que la trama es lo de menos y el verdadero protagonista era el contexto histórico (y la lección (encomiable, seguro) sobre la defensa del patrimonio autóctono). Tan es así que el personaje que da nombre al libro nunca deja de ser un observador distante y no particularmente activo de lo que pasa. Estos detalles, sin embargo, son más que naturales al inicio de una carrera (para constatarlo relean Tintin en el Congo) y estoy seguro de que si Ivanquio continúa trabajando con la disciplina y entusiasmo que le endilgan quienes lo conocen en los siguientes episodios de la serie serán mucho mejor manejados. Por eso, porque entiendo las dificultades y valoro el esfuerzo inmenso que hay detrás, El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga me deja contento y esperanzado.

Lostalgia

El último proyecto de Santiago Ortiz es Lostalgic, una visualización del guión de Lost utilizando la información disponible en Lostpedia. En Creative Applications lo entrevistan al respecto:

I believe books, movies and in general stories could be visualized in ways persons not only will learn about the contents, the context and the structure of the narrative but will actually read in a different ways the story, or, if you want, will read another story out of the atoms and molecules of the allegedly analyzed one (and I use the word ‘read’ in the most wide hermeneutical possible sense). These aren’t new ideas at all, for many that’s exactly what literature and art criticism should do: build new meaning out of the previously existing one. When it comes to create interactive visualization, or, in general, interactive creation based on pre-existent narrative material, I think there are multiple unexplored ways to create new meaning, new stories… or to re-tell the same story (which is as impossible as to take a bath twice in the same river, as Borges perfectly explained in his Pierre Menard, Author of Quixote story). ‘Re-telling’ has been explored in digital arts but not so much in visualization.

La luna en los almendros

La luna en los almendros, de Gerardo Meneses Claros, es una novela sobre dos niños en el campo profundo colombiano (cuasi-selvático) inmersos en (el rumor de) la guerra. Los niños no son ingenuos ni (como es tradición en el género) viven engañados en una realidad paralela fantasiosa creada por sus papás para protegerlos. Ven cuadrillas de la guerrilla y patrullas militares cruzar el caserío donde queda su escuela. A veces hablan con ellos. Tal vez desconocen la naturaleza de la guerra, pero los hombres armados son parte de su vida diaria, lo que no quiere decir que sean insensibles a la violencia: entienden la amenaza o al menos el riesgo; saben que las balas matan y que hay cosas de las que es mejor no hablar. El marco de la historia, sin embargo, no es la guerra sino (para contrastar) la vida bucólica infantil idealizada que perderán cuando el rumor explote. En los intermedios que separan los encuentros in crescendo con la guerra, los niños juegan en el campo y se sorprenden tal vez con demasiada frecuencia de la belleza natural que los rodea. Esta extrañeza recurrente ante lo cotidiano (los atardeceres, la luna, los animales, la lluvia) es incómoda en parte porque el narrador (aunque de estilo normativamente literario y sobre-lírico por momentos) pretende ser uno de los protagonistas (i.e., un niño campesino de unos diez años). En suma la novela, pese a la trama agridulce, siempre va sobre seguro y, sin ser abiertamente política, tiene un propósito pedagógico de conscientización/denuncia buenista casi explícito, lo que siempre es apreciado por el establecimiento cultural nacional. La luna en los almendros ganó en 2011 el premio de literatura infantil El Barco de Vapor – Bibioteca Luis Ángel Arango. Fue uno de los libros que nos trajo mi mamá cuando vino a recibir a Laia. Ayer por la noche la leímos en la cama.

Hay otros mundos

El polémico blog político Atrabilioso se acaba ¶ Por otras razones algo similar pasará con el blog de Alejandro Gaviria ¶ El trabajo infantil es una tradición ¶ La promesa incumplida de Salvador Sánchez ¶ Los Beatles contados por Marvel (cómic entero (o casi) en el photostream) ¶ Actor en desgracia pierde un testículo (e intenta capitalizarlo) ¶ La tabla periódica da la cara ¶ La mención vaga de neurociencia fortalece cualquier explicación ¶ Hernán Rojas no espera nada (y gana) ¶ La historia del puente mocho en Cartagena ¶ Germán Sierra compila sus reflexiones sobre estructura y sorpresa en narrativa y ciencia ¶ Y el día que un lanzamisiles casi atomiza a Pinochet.

Matera

En pocos días sale el sexto número de Revista Matera. En esta ocasión el número, titulado Fantasmas, fue coeditado por los artistas del papel de Tragaluz, en Medellín. Matera es una revista que me gusta y por eso participo en ella por segunda vez, de nuevo explorando eso que llamo ciencia ficción paranormal (materia prima de Inframundo). Es una revista pequeña y sencilla, a veces tal vez demasiado sencilla, casi bordeando en el fanzine suicida, que evade intencionalmente el énfasis en quién es quién que gobierna la movida cultural en español. La calidad de los textos varía bastante pero me da la impresión de que, por lo pronto, es un compendio amplio de propuestas narrativas breves colombianas (o quizás rabiosamente bogotanas, no estoy seguro) alejadas de la oferta literaria más establecida (aunque ocasionalmente haya puntos de contacto). Matera es parte de la avalancha reciente de proyectos editoriales independientes colombianos que incluye, además de Tragaluz, a Rey+Naranjo, Ediciones El Peregrino y los monstruos de Editorial Robot/Revista Larva (otra publicación que admiro y respaldo). Hay más. Muchísimos más. Desde mi distancia todo ese movimiento se siente esperanzador y bien encaminado.

Talentos descolocados

Pensaba esta tarde que Brave es posiblemente la mejor película de princesas producida por Disney en décadas pero al mismo tiempo es el peor largometraje producido por Pixar en toda su historia (descontando a Cars, que es un horror). Igual no es que sea mala, es sólo inferior a la tradición de la compañía.

También pensaba, y no sé por qué siento que esto conecta con lo anterior, que el principal problema de la selección española de fútbol es que Leonel Messi es argentino.

Cosmopolis

1. Cronenberg minimal es todavía Cronenberg. 2. Los personajes de Don DeLillo son construídos a partir de oraciones reiteradas y conversaciones monologadas (internas o externas) donde la norma es la interrupción incómoda. (Mi próstata es asimétrica.) Cronenberg implementa ese efecto en cine usando una aproximación casi teatral (creo que funciona, pero me toma tiempo adaptarme al ritmo que este esquema propone (su irrealidad flagrante me irrita, especialmente al comienzo)). El ochenta y tres por ciento de Cosmopolis pasa en una limosina fantasma que cruza una ciudad que quiere pero no alcanza a ser Nueva York (y de hecho es claramente Toronto). 3. Interrupciones. Nadie nunca dice todo lo que quiere decir. No hay tiempo. La información se acumula y la capacidad de procesamiento es limitada. El ruido arrasa incluso cuando es filtrado por el revestimiento de corcho (que convierte todas las voces participantes en inquietantes (¿por lo muertas?) voces en off). Tampoco hay acción. La intensidad se condensa en las palabras. 4. Una línea temática de Cosmopolis es el paso y la percepción del tiempo. Alguno de los personajes sugiere que en tanto que la realidad se desliza dentro de un sistema financiero supervisado/registrado/modulado (?) por máquinas capaces de aprovechar subdivisiones más y más finas del segundo, nuestra experiencia de la misma resulta canalizada a través de esa consciencia dinámica expansiva. (Tenía la cita correspondiente en el libro marcada de mi Kindle, pero mi Kindle acaba de morir bajo mi propio peso durante el almuerzo.) 5. Por otro lado, dado que las máquinas están diseñadas para predecir estados futuros del sistema, la confusión temporal sugerida en el cuarto numeral es todavía más acentuada. Los algoritmos crean el tiempo (o por lo menos lo preceden). 6. Al margen: el Big Bang es, de acuerdo a esta propuesta fenomenológica, la división del universo entre tiempos subjetivos y lugares objetivos. 7. Reflexión breve: nuestra capacidad (y velocidad) de acceso, procesamiento y manipulación efectiva de información determina nuestro lugar en la pirámide social (o al contrario). Problema: su adquisición nos convierte en esclavos de las abstracciones que creamos para ganar control. Su realidad súbita nos satura y/o reduce a operarios. 8. Cosmopolis es un viaje brutal hacia la ilusión de una calma consignada en el pasado. 9. Dice DeLillo en Libra (y yo maltraduzco): “Las tramas traen su propia lógica. Existe una tendencia de las tramas a moverse hacia la muerte. Él [no importa quién] creía que la idea de la muerte está tejida en la naturaleza de cada trama. Una trama narrativa no es menos que una conspiración de hombres armados. Entre más angosta sea la trama de una historia, más probable que llegue a la muerte. La trama en la ficción, creía, es la forma como localizamos la fuerza de la muerte fuera del libro, la confrontamos, la contenemos. Los antiguos representaban batallas falsas para imitar las tempestades en la naturaleza y reducir su miedo a los dioses que batallaban en el cielo.”

Cosmopolis Haircut
There is a world inside the world.

Más sobre niños narrativos

Hace dos días pensaba esto y hoy leo esto en el blog de Helen DeWitt:

Piaget makes a very good case for the fact that the language, and even the concepts and the thoughts we have as adults, really don’t fit with childhood experience. There is a radical discontinuity between childhood experience and adult experience. We complain of a kind of amnesia, that we don’t recall much of our early childhood, and Freud of course said that this was because we were repressing painful or guilty desires. But Piaget argues this couldn’t be true, because otherwise we would forget only those things that were painful but remember everything else—which is clearly not the case. We have an almost blanket amnesia, and Piaget argues that the terms in which we experienced our childhood are incommensurable with the terms in which we now think as adults. It’s as though it’s an entirely different language we knew and lost. Therefore I feel that any writer who is writing about childhood, as an adult, is bound to falsify experience, but one of the things you try to do is to find poetic approximation; an elusive and impossible task. It is like trying to pick up blobs of mercury with tweezers—you can’t do it. You nevertheless attempt to find various metaphorical ways of surprising that experience. I think you oftentimes feel it’s there, but you can’t get at it, and that’s the archaeology of writing about childhood.

Edmund White

Everything good is comming my way

Eso escribió Michael Rafferty en Facebook horas antes de secuestrar, violar y finalmente asesinar a martillazos (con el apoyo de su novia) a una niña de ocho años. Dios sabe de qué hablaba, no importa. En el artículo breve del periódico que recopila detalles de la audiencia de ayer, recontextualizan la nota aislada y la convierten en otra prueba más de su perversión criminal (de su infección). No necesitan decir nada más: la frase demuestra que la barbarie no sólo era premeditada sino anhelada como un evento positivo en su futuro. La maldad estaba enquistada. Michael Rafferty es, no lo olvidemos, una víctima de esa fuerza oscura que, aprovechando su reconocida afición a las drogas, ofuscó su tendencia natural a amar al prójimo y vivir en la virtud.

Las Brisas

La pregunta sobre la naturaleza (o la fuente) del mal es una banalidad. Cualquiera con suficientes años en este mundo debería tener claro que no se necesita gran cosa para convertir a una persona (no me excluyo) en monstruo. Las justificaciones sobran. Es sencillo de verdad. No hay que estar dañado. Un resentimiento bien establecido (mediante entrenamiento, instigación o vivencia) engendra odio y del odio a la violencia sólo hay un pequeño tabú moral que es fácil de ignorar bajo suficiente presión. Pero es peor todavía: no se necesita nada. Ninguna excusa. Las limitaciones que impone la sociedad nunca son suficientes para contener todas las variantes de daño intencionado concebibles. Una centena de hombres llega a la vereda Las Brisas y fusila a doce campesinos (papás, hermanos, hijos). Luego los decapitan a machete ante sus familias. Son órdenes de arriba. Casi rutina. Cuando le reclaman a los asesinos ellos dicen de diferentes formas que no saben por qué lo hicieron pero están arrepentidos y sienten culpa (o sea merecen perdón). Con algo de esfuerzo histriónico lloran. Parece casi natural. Está bien hecho. Las revistas y los jueces intentan explicar por qué pasó. Hablan de venganzas, territorio y estrategias. No es satisfactorio pero es funcional. Cuelgan de eso un Nunca Más. La narrativa como consuelo. El horror dispuesto en una cadena causal bien alineada, apodada de cariño La Verdad, que convierte lo inaceptable en comprensible. Nos inventamos el cuento de que la maldad es ajena a lo que somos (es inhumana) y necesita historias que nos perviertan para poder existir.

Metanotas

Un blog es un lugar para publicar contenido en línea a través de una infraestructura técnica sencilla que facilita parte del proceso de adecuación del diseño y demás. Es un tipo de cuaderno digital formateado y navegable. En ese sentido el blog no es un género ni admite delimitaciones temáticas, de estilo o de uso demasiado específicas.

Pregunta: ¿Se puede hacer literatura en un blog? Respuesta: ¿Se puede hacer literatura en un papel?

Pero es que el blog es instantáneo, claman los puristas. Esta urgencia temporal debilita inherentemente lo que quiera que se escriba en él. No puede ser valorado con los mismos estándares de la literatura sólida y lenta, procesada, que se construía en papel y era cuidadosamente revisada y moldeada por esos míticos editores que ahora todo el mundo extraña. No sé. No me lo creo.

(¿Dónde están esos todos esos editores superpoderosos en español, por cierto?)

Que un blog no permite sostener narrativa, dicen, pero no es difícil (aunque antes era más fácil) encontrar blogs que con o sin intención cuenten historias (muchas, complejas y anidadas) en entregas regulares. Adonai sabe cuánto control hay en esas historias, y no dudo que algunas sean ingenuas y otras (muchas) merezcan más trabajo en el texto, pero es evidente que están ahí.

¿Qué los blogs están anclados en el presente? Qué tontería.

¿Qué por qué escriben todos los días? ¿Por qué no son más pudorosos? ¿Y quién dice que no hay pudor ni control ni intencionalidad? ¿Quién dice que sólo hay una manera correcta de llegar a textos valiosos y perdurables y esta no puede pasar por un medio de publicación instantánea?

Tal y como yo lo veo, el blog es un espacio y una herramienta para jugar con textos (enriquecidos o no) y cada quien lo usa para lo que le plazca. A mí me permite explorar formatos y pequeñas estructuras. Es mi laboratorio público y también mi pequeña emisora contracultural. Escribo sobre lo que quiero y como quiero. A veces me corrijo compulsivamente. A veces escribo todo en diez minutos. Miento y me contradigo. Sostengo con pasión posiciones en las que no creo. También a veces digo lo que pienso y lo que siento. Me impongo ritmos de producción por temporadas. Mido mi propia capacidad para armar y condensar ideas. Recopilo esbozos de cosas que quisiera hacer más tarde con más cuidado. Propongo conversaciones sobre asuntos que me intrigan o me preocupan. Intento detectar mis vicios de escritura y corregirlos. Experimento con voces y tipos de prosa. Me interesa el impacto que estos textos producen en sus lectores (así sean pocos). Valoro la retroalimentación y las interpretaciones. A todo esto lo llamo notas. No tiene más aspiraciones. No sé si sea literatura ni me importa.

¿Y qué putas es literatura, ya que estamos?

Jueves (Ediciones Digitales)

Por arte y magia de la interneta, que todo lo cubre y todo lo puede, ahora rango finito, este proyecto unipersonal de dominio ideológico-moral a escala mundial, también es una editorial. La historia, tonta y romántica como todas, es que Mauricio Salvador, persona a quien nunca he visto pero que aprecio y admiro inmensamente, decidió que publicáramos su libro de cuentos El Hombre Elástico de la misma manera que yo lancé Inframundo el año pasado, pero, en lugar de distribuirlo gratuítamente, queremos esta vez explorar la posibilidad de venderlo a través de Amazon (para Kindle) y Lulu (para cualquier otro dispositivo). René López, ingeniero, poeta y dungeon master certificado por el mismísimo Gary Gygax, se unió al proyecto y armamos, modestia aparte, el ebook más lindo que he leído, no sólo por su contenido (los cuentos de Mauricio logran que la adolescencia noventera latinoamericana sea, por fin, esa comedia de terror que todos sabemos que fue), sino por el cuidado en la edición, la portada y diagramación en general. Al terminarlo, satisfechos, concluímos que este es un proceso sencillo y podríamos hacerlo de vez en cuando con cosas que nos interesen, por puro amor. Así surgió la idea de montar una especie de editorial cooperativa donde compilemos estas ediciones digitales y le demos visibilidad (y ojalá dinero) a sus autores aprovechando la atención que ha recibido HermanoCerdo a nivel hispano. La ventaja de estas ediciones digitales es que son de bajo costo (tanto a nivel de producción como a nivel de venta (el libro de Mauricio cuesta seis dólares)) y tienen distribución automática y amplia. La desventaja es que este es un medio que muy pocas personas del mundo cultural en español se toman en serio. Esto, claro, dificulta la labor de promoción y difusión. En eso es en lo que necesitamos más apoyo. Por lo pronto, rango finito :: ediciones digitales es un experimento, queremos ver qué tanto éxito tiene el libro de Mauricio, pero desde ya estamos considerando la posibilidad de editar en un futuro próximo otras cosas. Ayer, durante el proceso de retoques finales del sitio, redactamos un texto informativo que sirva de manifiesto de principios y reglas del juego de nuestro taller. Cada vez me gusta más:

rango finito es un proyecto cooperativo de producción y edición de libros de bajo costo en formato electrónico. Queremos que nuestro catálogo ofrezca un panorama fresco de la literatura contemporánea en español (ficción o no ficción), con algún énfasis en la narrativa breve. Descontando costos básicos de producción, las utilidades de la venta de nuestros libros llegan directamente a sus autores. Publicamos lo que nos gusta y como nos gustaría leerlo. No recibimos manuscritos para evaluación pero estamos abiertos a leer propuestas bien redactadas en 100 palabras o menos.