Hay que nacer para poder morir. El nacimiento de Jesús es el inicio de su sacrificio que será culminado en el calvario. Nunca es muy claro desde qué perspectiva presenció Jesús su existencia terrena. A partir de qué momento entendió cuál era su papel. ¿Lo entendió? A través de su hijo el padre experimentó el tiempo y las dudas. Se sometió voluntariamente a la ignorancia del mundo y el desconocimiento del futuro. Tal vez Jesús jamás supo lo que el padre esperaba. Apenas intuía que ocupaba un lugar singular en el Gran Esquema y aceptaba su destino resignadamente, confiado en la misericordia del Padre, tan sorprendido como cualquiera de su poder y su miseria.