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A veces de lejos Colombia se ve (y sé que no se reduce a eso, lo sé) como una masacre constante e interminable donde los bandos mutan y evolucionan, bifurcan, se funden y difuminan pero la muerte rabiosa persiste incolumne, arrasando con gente mayoritariamente pobre, mayoritariamente campesina, mayoritariamente oprimida, a quienes les da más o menos igual quién gane o pierda tanto en la confrontación circunstancial como en la global ya que sus vidas y las de sus conocidos y descendientes son determinadas por la guerra y sus reverberaciones más que por la identidad y afiliación de quienquiera que ocupe el papel de la autoridad (inevitablemente déspota, reaccionaria y explotadora) en los territorios que habitan y trabajan: tan lejos y tan incomprensibles para los educados que desde las ciudades los estudian, analizan, gobiernan y malresuelven (aunque estén justo al lado). La rebelión de los oficios inútiles de Daniel Ferreira es una novela sobre eso, sobre ese efecto de la guerra lejana y la forma como es más o menos siempre la misma pese a todos los cambios a su alrededor, tan parte integral de la configuración social establecida como los apellidos de las familias poderosas y las jerarquías estrictas que aseguran que algunos muchos vivan mal y sin futuro para que otros pocos vivan bien y cada vez mejor.

La mejor esquina
Masacre de La mejor esquina (Buenavista, Córdoba), 3 de abril de 1988.

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De vuelta en el apartamento leí Navidad y Matanza de Carlos Labbé. Es una de esas novelas-máquina autoconscientes y protagonizadas por escritores sublimados llenas de escenas aparentemente intrigantes sin clausura y en las que la trama es una línea entrecortada y tenue en lo profundo de un enramado de lo que supongo son referencias a otros textos y saberes diversos y uno que otro comentario político o de teoría literaria en plan collage. Que los héroes de las novelas latinoamericanas sean escritores es obviamente una cuestión de marketing: la mayoría de las personas que leen literatura latinoamericana en Latinoamérica son estudiantes de literatura que quieren ser escritores (desde el exilio, por lo general) y con el héroe escritor se aumenta la probabilidad de enganchar al lector (o sea escritor en ciernes) a través del artilugio de la identificación. Van a lo seguro. De todos modos cansa eso de que los escritores y estudiantes de literatura, que en general son personas bastante pusilánimes, se representen como ideales románticos de la valentía y el sacrificio a través de su oficio. Como sea, Matanza y Navidad tiene un montón de trabajo de prosa y recursos estructurales que no se pierden pero creo que tampoco se aprovechan para montar algo de verdad significativo. La narración elude la concreción con una terquedad patológica. Un cierto nivel de misterio y vaguedad laberíntica no cae mal, pero hay que ofrecer algo con sustancia a cambio, especialmente si pretenden que uno lea casi doscientas páginas de alegorías anidadas donde intervienen varios narradores de esos postmodernos que no son de fiar. Hay mucho ingenio en esta novela y muchísimo cerebro en bruto repleto de ideas. Se nota que Labbé se va a volver un crack. Scott Esposito decía hace poco en Twitter que Labbé “is the real deal“. Yo diría que “will (surely) be“. Quisiera leerle algo más extenso, ojalá descolocado, imperfecto y jugoso, que escurra, que salga del laboratorio. Tanta pulcritud formal no deja crecer vida.

Nunca en cines

Esta no es una novela juvenil desenfadada sobre la pasión por el cine. No le crean nada a la contraportada. El cine es mejor lenguaje que tema. El título es una estrategia de distracción. Nunca en cines es una colección de notas dispersas sobre la construcción y pérdida de una amistad. Es una historia que ha sido contada muchas veces y merece ser contada muchas veces más porque siempre es distinta: dos personas se conocen y hay un vínculo semi-prodigioso que los sostiene conectados intermitentemente de ahí en adelante hasta que ya no se puede más y más allá. El vínculo crea momentos compartidos que son incomunicables. Esos momentos definen la amistad. Nunca en cines nace del drama de la pérdida pero subsiste en júbilo de lo vivido. Por eso es burlesca y, sí, desenfadada. No es una novela de trucos ni giros ni una proezas estilísticas. No tiene pretenciones de convencer ni transformar a nadie. Es una celebración sincera de los entusiasmos contagiosos de un amigo, de su legado. Hasta los mejores amigos se mueren. Pasa todo el tiempo. Se mueren sin querer incluso cuando quieren. Y siempre se mueren al final. Pero para morirse, por fortuna, primero necesitan estar vivos.

Conspiración Iguana

Conspiración Iguana - Pilar Quintana

JAV es el rey del complejo JAV. Sus clientes son sirvientes. El complejo surte a sus habitantes con todo lo que un ejecutivo necesita para asegurar el éxito. El éxito: derecho fundamental y condena. La literatura inspiracional es la religión con mayor crecimiento mundial. Sus autores son los nuevos profetas. La literatura inspiracional es (ciencia) ficción aplicada. Sus autores son receptáculos de esa ficción y, por ende, son producto y mito. La religión del éxito, como toda religión organizada, es opresión. Física: toda opresión genera una respuesta opuesta y complementaria. Pero esta respuesta requiere la opresión. La selva en la azotea del complejo es la respuesta. Pío es Tarzán en su selva de cartón. Psicotropia en Disneylandia para recuperar el espíritu del triunfo. Su contraposición, sin embargo, es sólo aparente: Pío sirve a JAV tanto como JAV sirve a Pío. Bucle cínico. JAV siempre gana.

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Es curioso como la narración en Conspiración Iguana se sostiene todo el tiempo entre un thriller noir casi normativo con componentes psicodélicos-sexuales (+ algo de fantasía) y la comedia costumbrista colombiana (en acento caleño) de personajes pintorescos (piensen Betty la Fea o Vuelo secreto). La combinación alcanza a perturbarme por momentos (desacostumbrado como estoy a la televisión nacional) pero la dejo ser porque no se siente forzada. No hay excesos estilísticos en ninguna dirección. La protagonista registra desde la experiencia (aunque la experiencia la supere). No hay transiciones bruscas entre ambas facetas: las dos coexisten amistosamente. El cierre de la novela es anticlimático. Entiendo esta particularidad como un refuerzo del discurso crítico que propone. Hasta ahí todo bien. Pero los dos secretos que sustentan la tensión (el proyecto de Pío y la identidad de JAV) me parecen, una vez revelados, insuficientes para justificar la trama, sus misterios y sus intrigas. Esperaba más en ese sentido.