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nueva orleans

Cuarto ciclo lunar

Ahora se duerme sola. Ese es su mayor avance. Se duerme fácil, sin bailes eternos por toda la casa. Sería casi revolucionario de no ser porque tuvo una regresión (sospechamos que es producto de la gripa) y la regularidad a la hora de comer fue la mayor damnificada. Esto obviamente me angustia porque mi religión se basa en garantizar que coma cada X horas (con X inamovible), y en el estado de conmoción actual eso es casi imposible de garantizar (para cualquier X razonable). Sergio dice que me falta carácter.

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El viaje a Nueva Orleans fue agradable. Laia disfruta el contacto y la interacción con otras personas y allá había gente y distracciones por todos lados (cosa que es más difícil ofrecerle acá en la casa). Eso contribuyó a que durmiera mejor y estuviera en general de muy buen ánimo. Durante una caminata larga por Magazine Street la acomodé en el cargador de tal manera que mirara hacia adelante. Una vez superó el vértigo del espacio infinito frente a ella parecía maravillada con la vista. También, luego, vimos nubes desde arriba.

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La gripa ha resultado suave. Queremos creer que los anticuerpos frescos en la leche de Mónica hacen la diferencia. Tenemos una solución salina para que baje los mocos y cada vez que podemos entra al baño durante las duchas a respirar vapor. De paso, empezamos a ducharla con nosotros. Le encanta el chorro de agua en la espalda y se ríe cuando le cae en la cabeza y el agua le corre por la cara. Hoy, aprovechando que la tina está recién lavada, estuvo hundida en agua hasta el cuello jugando con unos animales de caucho (publicidad de laboratorios clínicos) que le trajo mi mamá.

Laia (un poco bizca) y las peligrosas beignets de Café du Monde.

Café du Monde

Pájaros

Texas

La placa del carro que nos cerró el camino cuando veníamos del aeropuerto era de Texas. El taxista lo notó, semiadelantó al carro infractor por la izquierda, abrió la ventana del copiloto y le gritó al conductor “Esto no es Texas” en ese acento lindo que tiene la gente de acá. Y luego agregó: “Si no llevara a un bebé, le cerraría el paso y dejaría que eso lo arregle la policía.” Luego nos pidió disculpas por el incidente. Yo le dije que no tenía por qué: había hecho lo correcto. Cuando nos bajamos del taxi me dio la mano y me dijo que esperaba que disfrutáramos de su ciudad.

Barrio

Salimos a dar vueltas por el barrio viejo. Tres cuadras de la calle del Borbón fueron más que suficientes. Escapamos por una de las calles perpendiculares. La influencia de los Borbones, como todo el mundo sabe, es limitada. El barrio se vuelve barrio de seres humanos en calle y media. Es lindo y tranquilo, con casas de madera y balcones frágiles repletos de matas. A veces aparecen nubes de turistas alrededor de un guía que habla de fantasmas, vampiros o vudú. Todavía no entiendo por qué hay personas que pagan por algo así. Luego de un rato nos dirigimos hacia el río. Acababa de oscurecer. El río Mississippi y el río Sinú se parecen. Todos los ríos se parecen. Había música en el río y gente fumando y bebiendo en las bancas. Al fondo del malecón descubrimos un festival de comida de mar con música en vivo. Como no teníamos efectivo no pudimos comer nada. Luego de regresar al hotel para cambiar a Laia fuimos a un Oyster Bar sobre la calle real. Las ostras al carbón son muy buenas y las personas en general son muy amigables. Música por todos lados. Es fácil querer este pedazo de ciudad.

Aterrizaje

A primera vista Nueva Orleans no se parece a Barranquilla. El barrio viejo me recuerda a algunas zonas del Raval y otras del Gotic o el Born en Barcelona. Laia estuvo tranquila en los aviones. Lloró un poco en el vuelo entre Toronto y Houston, pero nada dramático. Comió cuando quiso comer. No tuvo mayor problema con los ascensos y descensos. La mayor dificultad fue quedarse dormida sin campo para caminar, como le gusta. Al final cayó rendida viendo Finding Nemo sin sonido. Parecía hipnotizada.