Nieve esta mañana. Buses, piscina y más buses. Art stores y conversación sobre la tinta adecuada para tomar huellas digitales. De vuelta en la casa Laia se comió un banano y luego ciento cincuenta mililitros de leche. Hablamos largo con Álex por Skype. Hacía años que no lo veía. Esta semana las perspectivas de futuro que teníamos tuvieron que ser reconsideradas bruscamente. Todavía estamos asimilando lo que pasó. Muy pocas conclusiones por lo pronto. Tres grados sobre cero a esta hora. Son las tres de la tarde. Liliana cumple treinta y cuatro años. Laia duerme la siesta. El tiempo no se rinde.