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otoño

Alergia

No me acuerdo qué era lo que quería escribir cuando abrí el computador con el propósito de escribir algo que se me había ocurrido. A veces toma segundos perder por completo una idea que sonaba prometedora. Esto me hace dudar, claro, de su promesa. En estado idea todo suena mejor que al intentar concretar. En algún momento, en medio del proceso de hacerlo real, se disuelve el entusiasmo al contacto con el aire. Ayer intercambié mensajes con Nadya, lo que siempre me deja de buen ánimo. Ella me manda grabaciones y yo devuelvo párrafos de texto. Así nos entendemos, todo muy moderno. Creo que nunca me sentiría cómodo dejando mensajes de voz largos como los que ella me deja. No sabría explicar por qué. No tengo una buena relación con mi voz. Creo que es algo generacional. Los últimos días un calor majadero se tomó la ciudad pero parece que ya mañana se va y regresan las temperaturas que permiten el desarrollo de la vida. El otoño contiene los mejores días del año en cuanto a eso en general. Ojalá que no lo perdamos con los cambios del clima.

A raíz de la rinitis crónica que cargo desde la infancia mi médica recomendó tomar un examen de alergias así que el lunes fui a que me lo hicieran. Resulté alérgico a los bichos que cabalgan el polvo y también, en menor medida, a las cucarachas. La primera alergia siempre la había sospechado y la segunda me parece apropiada. Me recuerda una masacre de cucarachas que ejecuté en el apartamento de Barcelona el día que descubrí que había un nido dentro del motor de nuestra licuadora y a punta de golpes del motor contra el mesón con la mano izquierda las hice salir por decenas mientras con la mano derecha, usando copiosas toallas de papel, las aplastaba antes de que pudieran huir. Una escena horrible, de pesadilla. Ahora pienso que además estuve cerca de un shock anafiláctico de carambola. Habría sido un gran cierre para ese espectáculo grotesco. Maté cientos.

Colgantes

Miércoles

Cuarenta semanas de embarazo, la frontera final. Las hojas rojizas de los arces en el parque anuncian la llegada del otoño. Para celebrar, donas caseras de arequipe y bocadillo al desayuno. Las obras cerca a la casa continúan pero están cada vez más lejos. La calle está casi lista. Me preocupaba que Mauricio Arturo tuviera que soportar ese ruido a diario desde las siete de la mañana. En particular, los pitidos automáticos de los camiones dando marcha atrás.