Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

parto

Martes

Mónica regresó al laboratorio a trabajar por la mañana. Quiere dejar en marcha un par de experimentos durante la breve licencia que tomará tras el parto. A medio día tuvimos cita con el obstetra. En esta ocasión nos atendió una residente joven, de ascendencia colombiana, que no sabía español. Es triste que pasen cosas así. La conclusión del examen es que todo está en orden e incluso hay un par de centímetros de dilatación. No se puede decir mucho más. Mañana Mauricio cumple las cuarenta semanas reglamentarias de gestación. De acuerdo a las políticas del hospital tiene diez días exactos para salir por su cuenta y con los brazos en alto. Otherwise, he will be (oxytocin) shot. Luego de regresar del hospital fuimos a hacer mercado. Creo que es el mercado más grande que hemos hecho desde que llegamos a esta ciudad olvidada del demonio. Angélica quería un queso que supiera a queso de verdad. Dadas sus propuestas, sospecho que ella no sabe qué es un queso de verdad. La oferta de quesos canadiense me deprime. Nunca pensé que me convertiría en un esnob del queso.

Miércoles

Aunque desde ayer y durante todo el día ha habido contracciones en intervalos de 30-50 minutos, sólo hacia las seis de la tarde Mónica tuvo su primera contracción realmente intensa. Antes eran apenas molestas. Ésta la dejó adolorida. Estaban en el centro comercial. Desde entonces las contracciones son aproximadamente cada media hora. Ahora mismo Mónica duerme. Espero que no tengamos que salir para el hospital de madrugada.

Miércoles

Trabajo en asuntos pendientes por la mañana. Demasiadas cosas por hacer. Limpio, ordeno y decoro mi zona de trabajo (ahora reubicada en lo que espero convertir en un estudio). También pego un par de afiches en las paredes. Creo que al estudio le hace falta un sillón para leer. O un diván. Y una estantería para libros. Desayuno huevo frito con pan tostado y te verde. Se me olvida almorzar. Recuerdo que debo comer cuando Mónica ya está por regresar. Lavo los platos, tiendo la cama y limpio la cocina. Ahora (por fin, tras tres meses de obras) hay de nuevo andenes afuera. El cemento estaba fresco y eso es siempre tentador para el artista vandálico que hay en mí. Me contuve. Cenamos temprano unas pastas con pesto. En el fondo, durante la mañana, escucho apartes de las entrevistas a Kurt Cobain que hacen parte del documental (que no tiene mucho de documental) About a son. Cuando niño, Cobain pensaba que venía de otro planeta. Por la tarde escucho Nevermind en bucle. Cuando me canso hago lo mismo con Bleach. De repente estoy de regreso en 1993. Pareciera como si a Cobain le doliera cantar. En las entrevistas habla de su dolor de estómago y cómo la heroina dizque lo resolvía. También habla del orgullo (y supuesto sentido de responsabilidad) que le despertaba el nacimiento de su hija y cómo quería ser el papá para ella que su papá no había sido para él. Pero luego se mata cuando la niña (que acaba de cumplir dieciocho años, por cierto) tiene veinte meses. Es triste. Hace unos minutos vimos el video de presentación de la zona de partos del hospital donde nacerá Mauricio. En quince minutos dijeron todo lo que yo quería saber y el curso prenatal no había sido capaz de explicarme en tres sesiones de dos horas cada una. A Mónica le duele la espalda. Aquí está una foto de la panza hoy, con su camiseta de panda.

Lunes

Primera sesión del curso de parir. Diez parejas y una mujer sola en un salón pequeño por dos horas dedicadas a atender las recomendaciones de K., que trabaja en la sección de partos del hospital y sabe cómo va la vaina. Mi primera impresión es que la clase sirve al propósito de hacernos sentir que no nos resignamos a la espera sino que hacemos algo, que el hijo en camino nos preocupa y por eso invertimos tiempo y dinero en que tenga un nacimiento educado. Nos sacrificamos. Supongo que el dinero es lo más importante. Sin el desembolso probablemente seguiríamos sintiéndonos vacíos. Por otro lado, las sesiones sirven como una terapia de pareja colectiva para resolver, en un ambiente relajado y público, los pequeños conflictos maritales que surgen como consecuencia del embarazo. Hoy uno de los participantes se quejaba de que su novia lo había hecho remodelar media casa excusándose en un ansia incontrolable de anidar. Finalmente, me parece que el curso pretende que el futuro padre se involucre en el proceso y confronte la inevitable sensación de inutilidad que predomina a esta altura del viaje. Todo esto lo empacan entre discusiones sobre la respiración, las contracciones, los tiempos, el dolor (que luego todas mágicamente olvidan), los síntomas, los antojos y el color de la fuente. Al final nos sentimos igual de mal preparados pero mucho menos culpables.

(Al margen recomiendo este texto de Gloria.)