Rango Finito

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Televisor

Ayer aceptamos que nuestro viejo y fiel televisor, el que compramos recién llegados a Canadá y con el que vimos tantas películas de gusto dudoso, ya no quiere vivir (solo prende ocasionalmente, sin razón alguna) y compramos un reemplazo que lo duplica en tamaño. Fue una decisión difícil. Nos va a tomar tiempo acostumbrarnos a todas sus inteligencias. Atrás quedaron los años cuando los televisores se resignaban a su condición con humildad. Ahora todos quieren ser algo más. Este a veces ni se deja apagar.

Ratón

Hay un ratón en Sing que consistentemente durante toda la película trata mal a sus compañeros de trama: una banda de cantantes aficionados mayoritariamente de buen espíritu que quieren alcanzar la fama. Al principio lo hace solo con desprecio y burla pero más adelante su comportamiento indirectamente desencadena la desgracia que cierra el segundo tercio de la historia. Y no sé si admirar o incomodarme de que pese a esto nunca recibe su merecido. Incluso después de la desgracia sus compañeros lo aceptan como parte del grupo y hasta el final sus comentarios y actitud prepotente persisten impunemente. Ni un gesto de arrepentimiento. No me quedó claro si su escena final era una forma de indicar que su castigo sería inminente. Un personaje intrigante, en todo caso.

169

Escena: el protagonista, ebrio, se enfrenta a otro malviviente que aparentemente le ha robado a su gato. El otro asegura que el gato siempre fue suyo: lo había perdido hacía meses, nunca lo olvidó y ahora lo necesita. El protagonista se abalanza sobre el ladrón pero su equilibrio no es el mejor, así que se va de cara contra el pavimento y una vez en el suelo recibe una zunda de pata mítica. Cada golpe viene acompañado de una regresión fugaz a sus años como aprendiz y los ejercicios intensos a los que lo sometía su maestro. El entrenamiento no lo preparó para la vida, solo lo encaminó hacia la muerte. A rastras lo vemos regresar humillado a la covacha, donde su gato lo espera.

Más adelante el espectador atento descubrirá que el gato es la reencarnación del protagonista.

168

Tuve la idea de una película sobre un ninja alcoholizado que termina viviendo en las calles de Tokio en una de esas carpas hechas de plástico azul debajo de algún puente. La película arranca en una casa de empeño donde el ninja deja su katana para financiar la bebida. Inicialmente la concebí como una película de acción pero más adelante en el trayecto en la bicicleta pensé que sería más justo con el personaje y su pasado oscuro que fuera un drama tal vez con redención trágica al cierre. Además así se hace más fácil diferenciarla de Ghost Dog. La película se enfocaría en el encuentro de un hombre con sus debilidades, la consecuente renuncia a cualquier tipo de ambición y la imposibilidad del recuperar la humanidad perdida. Todo eso muy en abstracto. No tengo claro cuál sería su conflicto central.

150

Vimos Hush, una película de asalto sangriento a cabaña aislada en el medio del bosque. La protagonista es una escritora de terror, como ordena el género, y el asesino es, al menos al inicio, un hombre con máscara y cuchillo afilado. La apertura es casi ridículamente estereotípica salvo por el hecho de que la mujer asaltada es sordomuda. Este podría ser un detalle menor en manos torpes pero en Hush se convierte en el combustible de la tensión angustiante que la trama sostiene con firmeza desde que se inicia el ataque. Agarra duro y no suelta. Buena.

hush

50

Esa escena de El abrazo de la serpiente donde todos corren despavoridos y saltan al río porque vienen los colombianos que nunca se ven, son solo el ruido de las balas. Con esa me quedo.

Theodor Koch-Grunberg
Theodor Koch-Grunberg en una entrevista.

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Hoy vimos The Martian. Es una película linda diseñada para apelar al gran público recién enamorado de la ciencia a través de grupos de Facebook y transmisiones de Nasa. Tal vez por eso el componente psicológico de la película se siente tan lateral cuando no ramplonamente cómico. Los personajes ni siquiera intentan convencer al espectador de que tienen sentimientos; son estereotipos siguiendo un destino manifiesto. Es gracioso cómo funciona como una campaña de relaciones públicas que explícitamente reconoce que la mayoría de lo que hace Nasa son relaciones públicas para sostener un presupuesto que garantice su operación: la ingeniería al servicio de la propaganda y viceversa.

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La escena más poderosa de Her es esa en la que el protagonista descubre que el sistema operativo del que está enamorado dejó de funcionar y sale corriendo de su oficina desesperado quién sabe para dónde, tal vez para la casa, y a la salida del edificio donde trabaja se tropieza y sale volando en una caía aparatosísima que parece imposible de fingir. Esa carrera y esa caída condensan en menos de veinte segundos toda la mierda sentimental dura que la película nunca aborda de frente pero que acecha detrás de esa soledad que el tipo lucha con tanto esfuerzo por preservar pura.

Por esa caída nomás Joaquin Phoenix (¿a qué horas se convirtió en ícono indie, por cierto?) ya merecería varios premios.

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El amor entre Eve y Adam es intenso. Llevan siglos compartiendo la vida, atentos a las mareas de las culturas. Su relación con los hombres es ambigua: de monstruos depredadores decantaron en admiradores de la fuerza contenida en la brevedad de la vida. Su contacto con los mortales es delicado y cauto, casi cariñoso: les duele la incapacidad de la especie para imponerse sobre sus mezquindades y responsabilizarse de su destino compartido. Adam ha perdido la fe. Eve se abraza de su optimismo. Adam se oculta en los barrios abandonados de Detroit, deprimido, dedicado a su música y aislado del mundo. Por momentos considera el suicidio. Eve vive en Tánger (ahora quisiera conocer Tánger), sale a la calle, lee libros, baila, oye música, habla con su viejo amigo (y proveedor) Christopher. Cuando Eve visita Detroit, Adam le enseña las ruinas y le cuenta que todos se fueron y Eve le responde que es temporal: hay agua, regresarán cuando el sur arda. Este lugar volverá a florecer.

10

Sofía y el Terco

La primera película de Andrés Burgos me gusta por lo mismo que me gusta el cine de Wes Anderson. Sofía y El Terco es cuidadosa y tiene estilo. Cada detalle es decidido. Es personal y caprichosa al nivel justo. Su sencillez la fortalece. Permite disfrutar los juegos formales, las restricciones y la atención a las tomas, los objetos, los colores, las luces, la música, los escenarios, los paisajes, los chistes y la gran antena parabólica montada sobre una casa en medio del campo. ¿Ya dije los colores? La película, sostenida sobre la disrupción temporal de una rutina, de un método, es en contraste metódica en su planteamiento y realización. También es infantil en el sentido muy serio en el que los mejores libros infantiles lo son: amplia, expansiva, propone un mundo; la trama, como corresponde, es engañosamente simple: una mujer atrapada en su vida de ama de casa decide emprender un viaje a escondidas de su marido para conocer el mar. Todo sale mal y todo sale bien. Varias historias se plantean en el trasfondo. No hay pretensiones de realismo o grandes ideas ni desgastes con transgresiones o denuncias. En cambio hay dulzura sincera, reglas estrictas y aprecio y respeto por el medio y sus posibilidades narrativas. Deja buen sabor, admiración y ganas de más.

3

Bethlehem - Yuval Adler

Anoche fui al cine del barrio a ver Bethlehem, de Yuval Adler. Andrés conoció a Adler en alguno de sus grupos de apoyo y oración (aparentemente Adler antes de ser director de cine se dedicaba a la fenomenología, o todavía se dedica y el cine fue una pausa creativa) y me había hablado de la existencia de la película desde cuando empezó a sonar en festivales en septiembre del año pasado. Me sorprendió que llegara por acá. Le debió ir bien en Toronto.

Bethlehem, un thriller de acción más que digno que termina en una coma aterradora, se centra en la relación entre Razi, un agente de inteligencia israelí, y Sanfur, un muchacho palestino de diecisiete años que sirve de informante a Razi en Belén y cuyo hermano mayor, Ibrahim, es miembro prominente de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa. Aunque la relación entre los dos es amistosa cuando no casi familiar el objetivo de Razi es utilizar/manipular a Sanfur para desarticular (o eliminar) al grupo de milicianos comandados por Ibrahim. Cuando el grupo de Ibrahim ejecuta un atentado en Jerusalén la presión sobre Razi para exprimir a Sanfur aumenta. Más aún después de que se descubre (todo esto pasa al principio de la película) que Sanfur le sirvió a Ibrahim como correo de la plata para financiar el atentado. Esas son las condiciones iniciales de la narración.

A partir de ahí el sistema propuesto se alimenta de los ciclos de mentiras y traiciones a varios niveles que se acumulan en cada uno de los nodos que articulan el conflicto: los milicianos palestinos se mienten entre ellos (los brigadistas, Hamás y los políticos de la autoridad palestina luchan por el control de los territorios y la naturaleza y términos de la confrontación con Israel), Sanfur le miente a Razi (para proteger a su hermano), Razi le miente a Sanfur (para obtener información) y también a sus superiores (para proteger a Sanfur). Los humanos inventamos el lenguaje para poder mentir, le dice Razi en una conversación a un informante a modo de santo y seña. No hay forma de que ese juego termine bien.

Gideon Levy, que siempre suena bravísimo, escribió un comentario duro sobre la película en Haaretz acusándola de ser propaganda israelí prácticamente diseñada por Mosad (aquí una respuesta a Levy). Para Levy la película refuerza la representación de Israel como una víctima de los bárbaros palestinos, una raza de traidores naturales. Desde mi distancia inmensa, sin embargo, creo que la película (escrita a cuatro manos entre Adler y Ali Wakad, un periodista palestino) hace un esfuerzo notable por ofrecer una perspectiva amplia de las perversiones del conflicto, enfatiza las similaridades de todo tipo entre palestinos e israelíes (y por ende la artificialidad de las supuestas diferencias esenciales entre los dos pueblos que imposibilitan su convivencia), y no parece particularmente alineada con ninguno de los bandos armados. Si acaso, sugiere que las dinámicas que dominan en este momento la relación entre Israel y Palestina constituyen un callejón con salida directa al abismo.

Sobrevuelo

Durante el último mes vi Pacific Rim y Upstream Color. También leí Red Handed y me zampé de un golpe Shadowrun Returns. Los recomiendo con cautela.

Stoker

mia wasikowska

Pensaba en la ducha que con qué derecho puede uno hablar mal de una película que lo cautivó y entretuvo sin reproches durante una hora y tanto así más tarde, recostado en el sofá, la trama se deshaga al primer intento de recordarla. No pensaba en Stoker en realidad, pero a falta de otro lugar escribo eso acá. Stoker todavía resiste a un día de verla. Es una película estilizada con una estética visual y una edición pensadísimas. Hay varias tomas menores que lograron intrigarme: perspectivas extrañas en diálogos, o movimientos de cámaras súbitos en medio de lo que sería por lo general estático. Es sutil en su narración pero sabe ser salvajemente explícita un par de veces para dejar claro que habla en serio. La violencia es más sugerida que representada. El escenario es intrigante y los personajes son robustos, no se dejan estereotipar al primer ni segundo tercio. Varias veces me pregunté ¿y ahora qué va a pasar? con curiosidad genuina. El guión controla la información con gusto, sin trucos sucios. La primera película en inglés de Park se resiste a la presión anglo por sobre explicarlo todo. Tal vez el cierre no es desconcertante pero es lo suficientemente bien construído como para que sea satisfactorio. Y la cara de Mia Wasikowska es preciosa. Sólo por eso la volvería a ver otra vez.

Rústicos

Como en otras de las películas del nuevo cine de terror francés, en Calvaire la amenaza se manifiesta en el mundo rústico, fuera de la seguridad certificada de las ciudades, pero el manejo visual, aunque novedoso y cuidado, evade la brutalidad explícita de las películas francesas (sello característico de la escuela). En cambio, intercala el martirio del protagonista (un joven cantante de ancianatos en manos de un posadero afable pero desequilibrado) con escenas extremistas de la típica (?) vida bucólica belga, como la iniciación sexual de un adolescente con un cordero (bajo la supervisión animada de familiares y amigos) y un baile improvisado e inquietante en una taberna. El campo en las películas del nuevo cine de terror francés es un territorio no sólo desconocido e incomprensible sino devastado socialmente (la deuda con The Hills Have Eyes et al. es innegable). Quienes lo habitan son personas con limitaciones cognitivas y/o mentales, desconectadas de la realidad y sumidas en hábitos malsanos y códigos morales corruptos. Salir de la ciudad es siempre el primer error.

Largas agonías

El llamado nuevo cine de terror francés es sangriento. Dentro del género del cine de terror sangriento, el cine de terror francés es notablemente sangriento. Uno de sus ingredientes recurrentes es una mujer lavada entera en sangre (propia y ajena) que suelta un aullido rabioso hacia la entidad real o figurada que permitió su martirio. A diferencia de Saw, Hostel y similares, en el centro del nuevo (ya no tan nuevo) cine de terror francés no está la tortura sino el asalto. Las protagonistas son sitiadas y reducidas por amenazas incontenibles e incomprensibles ante las que la única respuesta aceptable es la brutalidad recíproca. La acción se inicia rápido, sin preámbulos empáticos, y la violencia desatada asciende sin pudores comerciales hasta el clímax del cierre (que por lo general destruye cualquier expectativa de redención). La tensión se sostiene sobre la capacidad de resistencia de los personajes. A partir de cierto punto, la inclemencia del castigo los libera de sus limitaciones físicas.

Las cinco películas canónicas del nuevo cine de terror francés son Haut tension (2003), Ils (2006), À l’intérieur (2007), Frontière(s) (2007) y Martyrs (2008).

Aunque producidas independientemente, las cinco están repletas de puntos de contacto y en conjunto conforman un comentario mordaz a los temores del cómodo urbanita (¿francés?) contemporáneo. En Haut tension dos estudiantes universitarias son acechadas por un plomero sucio, gordo y burdo. En Ils una pareja de intelectuales franceses aislados culturalmente en Rumania reciben una visita de cortesía de los salvajes nativos. En À l’intérieur una mujer embarazada es atrapada en su propia casa por una psicópata empeñada en hacerle una cesárea a tijera. En Frontière(s) un grupo de muchachos de la banlieue parisina escapan de la ciudad en medio de disturbios pero son capturados por una familia caníbal neonazi. Y en Martyrs… bueno, de Martyrs es mejor no decir nada.

Algunos también incluyen en esta lista a la belga Calvaire (2004). La veré mañana.