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Abraham Lincoln: Vampire Hunter

El culto a los Grandes Hombres Muertos es una de nuestras flaquezas como especie. Su presencia falsa nos conmina a aceptar destinos anacrónicos. En contraprestación, y gracias al cándido desvanecimiento de sus defectos, devienen en referencias éticas de uso amplio — herramienta esencial del político moralista aspiracional. Aunque usualmente el proceso es más sutil, los GHM adquieren, a medida que las generaciones distorsionan su memoria, dimensiones sobrenaturales. Abraham Lincoln: Vampire Hunter explicita este proceso natural desde la parodia, pero incluso en la parodia es posible detectar trazas de solemnidad y magnificación sinceras en la historia (al fin y al cabo es producida desde el culto). Este aspecto político del producto (la excepcionalidad general de Lincoln) cala más profundo en el espectador desprevenido que la idea vulgar de vincular la defensa de la esclavitud al vampirismo (para así al cierre reforzar la tesis tendenciosa de que con la guerra civil se acabó la explotación de los negros en Norteamérica.)

Las peleas con hacha muy buenas, eso sí.

Abraham Lincoln a sus 32 años.

Take Shelter

Take Shelter

Un señor tiene pesadillas vívidas protagonizadas por una tormenta que lo destruirá todo. Las pesadillas son particulares porque perduran durante la vigilia. El señor, con una historia de esquizofrenia en su familia, teme por su salud mental. En particular teme por una crisis que lo aleje para siempre de su mujer y su hija (solitaria en su sordera). Son miedos comprensibles. Sea porque la amenaza de la tormenta es real o sea porque se está volviendo loco, le queda poco tiempo. Por eso su desesperación no es opcional ni atenuable. La única reacción posible es la urgencia absurda por encontrar un refugio para salvarlas. La amenaza es incontrovertible e incomunicable porque abarca instancias de su consciencia que están fuera del alcance del análisis racional. La pregunta no es si el miedo es real sino si la percepción es fiel a lo que pretende representar o si, para ponerlo de otro modo, la realidad es interior o (al menos someramente) compartida. ¿Estamos aislados en nuestras experiencias y sentimientos? No hay respuesta buena a esas preguntas. Nunca. Instintivamente las evadimos porque por fortuna no hay muchos momentos de la vida donde tenga sentido preguntarse si todos estamos sintonizados en el mismo canal, pero si un momento así llega (Dios nos guarde) la única respuesta sensata (?) es una especie de confianza frágil en que la maquinaria que sostiene el cosmos sea suficientemente consistente (o misericordiosa) como para asegurar la existencia de una sola vivencia a la vez local y amplia que permita conectar lo que somos con lo que son y sienten los demás.

Senna

O como en Senna, un documental de 2010 dirigido por Asif Kapadia.

Sinopsis: Un samurai joven, carismático y honorable, devoto de las enseñanzas de Buda, demuestra su talento en duelos de espada en numerosos combates hasta que es contratado por un clan legendario comandado por un guerrero reconocido por su desprecio del código. La rivalidad entre ambos samurai es inmediata y marca sus vidas por muchos años hasta que el viejo samurai deserta, se une a otro clan y amenaza las tierras de su antiguo señor. Entonces el ya no tan joven samurai debe demostrar su valor como guerrero y líder. El resultado de la batalla, sin embargo, es confuso. El traidor escapa vivo y se retira en una granja. Dos años más tarde el ya no tan joven samurai muere en un duelo contra sí mismo. Acaba de cumplir 34 años.

Safe

safe

Sinopsis: una niña perdida que guarda un secreto valioso en su memoria es protegida por un ronin honorable pero alcoholizado que escapa de su pasado.

Antes de convertirse en arte culto, las películas de samurai eran entretenimiento popular sublimado en occidente debido a la dificultad para atravesar la distancia cultural. La estructura y contenido narrativo de las películas de samurai no pretendían ser elevados o profundos, simplemente eran fieles a una tradición que a su vez representaba modelos de vida arraigados, igual que las películas de vaqueros. Nadie en Japón iba a ver películas de samurai para ser iluminado.

El género de una película determina su línea argumental e impone restricciones en los posibles arquetipos de sus personajes. Una película de género es siempre previsible, pero su previsibilidad, más que un defecto, es una condición sobre la cual es construída. Sabemos que el ronin honorable pero alcoholizado encuentra su redención en la niña perdida. Sabemos que sobrevivirán. Sabemos que el ronin debe enfrentar su pasado. También sabemos que todo está conectado: el encuentro entre la niña y el ronin es accidental pero significativo.

La religión del ronin es el fatalismo. Sin un señor a quien servir, rinden su vida a su destino.

Las películas de acción son súbditas de la agilidad. La trama debe avanzar. Los personajes son elementos secundarios que ejecutan las coreografías, las confrontaciones y el discurso moral elegido que determina la historia. La fortaleza de una película de acción está en el control del ritmo. El ritmo es la única prioridad.

아저씨

Los coreanos saben hacer películas de venganza, eso es claro hace años. La venganza en las películas coreanas no es dulce ni satisfactoria. La venganza es sucia y excesiva. Si acaso libera al vengador de culpas o remordimientos, pero no lo salva. Por eso su éxito es siempre melancólico, casi resignado. Saben que lo que hacen no resuelve nada pero no pueden evitarlo. Son animales heridos. Prefiero esa aproximación a la venganza que la que pretende excusarla.

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El manejo de cámaras de esta película tiene una vitalidad y presencia particulares, en especial durante las escenas de acción. Ejemplo: cuando el protagonista salta por una ventana la cámara salta con él. Creo que nunca había visto algo así.

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Cuesta creer que Won Bin, aquí convertido en máquina de matar, sea el mismo muchacho retardado de la trágica 마더.

The Raid: Redemption

Dos aproximaciones críticas al cine de pelea: en la primera, idealista, conservadora, los combates, aunque centrales, deben ser enmarcados dentro de una historia medianamente cuidada, donde los personajes evidencien humanidad y motivaciones íntimas más allá de la supervivencia primaria. Roger Ebert, en su crítica, adscribe esta perspectiva y, por ende, The Raid: Redemption lo decepciona. Es una buena reseña.

La aproximación cínica, por su parte, reconoce con cierto alivio que la naturaleza del cine de pelea se opone a la construcción de personajes y narrativas (el fracaso recurrente de proyectos que pretenden mezclar homogeneamente ambos aspectos es evidente) y, en consecuencia, su prioridad debe ser maximizar sin compasión el número de hostias por minuto, como dirían en la España. Esta escuela propugna el aprecio por la coreografía de la violencia en sí misma, sin amagos de historia que la desplacen, y por tanto aplaude The Raid: Redemption como cumbre indudable del género incluso si su desprecio absoluto por la narrativa a veces se confunde con desprecio por el espectador, a quien no ofrece el más mínimo vínculo emocional que sostenga su atención, como si fuera un personaje más para matar.

Bellflower

Quien asume el riesgo de enamorarse lo hace bajo la presunción falsa de que está capacitado para mitigar o al menos sobrevivir a los daños potenciales de la decisión (si es que hay tal). Nadie genuinamente enamorado le teme al desamor aunque el desamor sea la norma y a su paso sólo deje desolación.

Así el fin del amor sea tantas veces también el fin del mundo.

Porque qué queda por vivir cuando se acaba el futuro de los dos.

The Amazing Spider-Man

En los rincones de The Amazing Spider-Man, entre escenas, en los trasfondos, se siente el fantasma de la mitología que reinicia/niega. Conversaciones que evaden las palabras correctas, arenas de lucha libre vacías, persecuciones vengadoras que fracasan, promesas de recompensa por fotografías de la amenaza que nunca son reveladas. Detalles sutiles que sugieren que la historia pudo ser (y de hecho fue) otra. Ese reconocimiento casi tranquilo de su condición de secuela ofuscada le permite ser, con acierto, melancólica y renovadora simultáneamente.

Another Earth

¿Y si existiera una copia de mi mismo en otro lugar, una copia indistinguible de mí mismo que compartiera mi vida pero no fuera yo en tanto que… ¿Qué me define? ¿Quiénes somos exactamente? ¿En qué sentido somos únicos y en quién pensamos cuando pensamos en nosotros mismos? ¿Y si la identidad es de pronto una pluralidad de alguna manera explícita? Another Earth habla, creo, sobre la distancia con respecto a lo que somos y nos determina. Es algo en lo que no solemos pensar, pero cuando nos miramos y reflexionamos sobre nuestro estado individual en el universo necesariamente nos alejamos, asumimos una posición extraña en la que somos el objeto que piensa el objeto que se piensa. Nada impide que seamos varios. Que ese objeto sea sólo una versión posible entre otras, cada cual con sus particularidades pero al mismo tiempo unificadas bajo esto que somos en últimas al principio y al final, más o menos como somos el mismo pese al paso del tiempo. ¿Quién muere cuando morimos y qué queda? ¿De quién es la culpa que siento y de quién son las acciones que despiertan esa culpa? De pronto por eso es frecuente enfrentar momentos que se sienten fuera de lugar. Inconscientemente sabemos que en realidad hay un orden y así como hay historias que son inconfundibles de lo que sentimos que somos, hay otras que podrían ser distintas y quizás podrían ser reubicadas hasta encontrar la que realmente nos corresponde. Esto naturalmente es independiente de la satisfacción que recibimos de la vida. Va mucho más allá. Hay dolores correctos, hay desengaños necesarios, hay alegrías que no empatan. Constantes y variables. ¿Cuántos somos cuando somos todo lo que podemos ser? ¿Qué podría ser distinto sin que perdiéramos nuestra consciencia de ser alguien particular?

Another Earth
Tal vez somos sólo lo que no podemos ser.

Lake Mungo

En mi teoría de bolsillo de lo sobrenatural que pretendí ilustrar parcialmente en Inframundo, la muerte es un portal a una existencia fuera de la línea del tiempo que arrastra/rodea al espacio. Esto permite que dos reencarnaciones consecutivas no se ciñan al orden cronológico o incluso convivan en un mismo lapso de tiempo. Lo mismo aplica a los fantasmas y sus efectos asociados. La onda de la muerte es expansiva en toda dimensión concebible. Los condenados a muerte hablan con sus espectros arrepentidos un mes antes de su ejecución, se prometen cosas. Una casa es protegida por el espíritu en pena del niño que nacerá en ella medio siglo más tarde. Los fantasmas son tristeza, impotencia y nostalgia, pero también ansiedad y desconcierto ante el abismo incomprensible del futuro.

Lake Mungo Muerta
Siempre es posible regresar.

Lunes (El dilema del mecánico)

El dilema del mecánico (modificado un épsilon por su servidor para propósitos experimentales) dice que un hombre poderoso le da la oportunidad de matar a un amigo suyo (alguien cercano, que a usted le importe, cuya ausencia seguro le dolerá) de la manera que usted prefiera. Tiene una semana. Su vida no corre riesgo. Si se rehusa o no cumple, alguien más lo hará (no hay manera de prevenir esto) y entonces, el hombre le advierte, no hay garantía sobre la calidad o circunstancias de la muerte de su amigo. En particular, es altamente probable que sufra, que sea humillado, torturado y sometido a vejaciones inimaginables. Por supuesto, la reacción inmediata ante semejante propuesta sería rechazarla ofendido en honor a la amistad (y al principio universal que le da cierto valor esencial a la vida humana), sin embargo ésta no es una decisión fácil. Su inacción no salvará a su amigo de la muerte y, como dice el hombre, tal vez usted le pueda ofrecer un final más digno. ¿Qué haría usted?

Sábado

No me acuerdo de qué quería hablar así que voy a improvisar. Anoche, mientras tejía, vi una película en televisión, en un canal mexicano que entra por temporadas, de un hombre que decide que no quiere seguir viviendo con la mujer con la que ha vivido por los últimos veintisiete años porque se siente infeliz, siempre se ha sentido infeliz, pero realmente no tiene ninguna justificación para explicarle a esta mujer por qué ha decidido dejarla, lo que le parece injusto con ella. Esa es toda la película. En la descripción decía que era una comedia. La mujer apenas aparece en dos escenas. Dos conversaciones en baños cortas que dejan clarísimo para cualquiera que las ve menos para él por qué ese señor se tiene que ir. El ochenta por ciento de la película transcurre en baños, en rutinas de mañana, entre la cama, el armario y el baño y de regreso al armario. Frente al espejo. Hay espejos/reflejos en casi todas las escenas. Frente al espejo son los momentos más duros de la película, que no son realmente duros pero pretenden, al menos, ser intensos. El actor está muy bien elegido. Es un señor ahí sin identidad que habla entre dientes y se está quedando calvo y cualquiera diría que es sincero cuando dice que no está satisfecho con su vida, que está cansado, que al menos cuando dice eso no actúa. Yo creo que tiene cáncer. Tal vez por eso lo eligieron. Hay una parte, casi al principio, antes de bañarse, donde el señor orina pero el chorro no sale directo hacia adentro de la taza sino que primero se demora y apenas gotea, como si le doliera, y luego sale desviado y salpica por todos lados, así que el señor tiene que contenerlo, lo que parece dolerle aún más, y sentarse en la taza para no seguir salpicando, y mientras orina sentado limpia el suelo y se limpia las piernas con papel higiénico; luego se mira al espejo como molesto, como angustiado. Al final de la película, creo que no destruyo nada si revelo esto, el señor no se va.

Sábado

Vimos Sucker Punch y la pasamos bien. Las películas hay que juzgarlas de acuerdo a sus aspiraciones, a lo que pretenden ser, y Sucker Punch es perfecta en su género. Lo consolida. Le da sentido. El género de Sucker Punch es el thriller psicosexual de explotación gótico-sf-fantástico adolescente con intermedios musicales (Población: un (1) habitante). La fortaleza de Sucker Punch es la habilidad sobrenatural de Zack Snyder para montar escenas, musicalizarlas y colorearlas, para abusar de la gramática cinematográfica y poner el estilismo más desbordado a su servicio, de rodillas (en esta ocasión, además, libre de compromisos con historias ajenas por adaptar). Snyder monta secuencias donde, sin razón alguna, la cámara atraviesa espejos y continúa viajando por el espacio reflejado limpiamente, sin alardeos. Eso es Snyder en modo sutil. Aunque se podría pensar en razones, tal vez no sea del todo gratuito. Se podría pensar que en tanto que Sucker Punch transcurre dentro de la fantasía evasora/negadora de su protagonista, el mundo y su reflejo son indistinguibles en homenaje velado a mi colega Charles Dodgson. De ahí que los espejos no sean barreras. Tal vez la mayor debilidad de Sucker Punch sea su sentido de la historia, su desprecio por lograr un cierto nivel de coherencia global que nos convenza. Es una historia escrita por un niño. Si tuviera plata y talento me dedicaría a hacer películas así. Debe ser divertidísimo.

Luego del cine fuimos al mercado y compramos sobrebarriga. Al llegar a la casa llamé a mi abuela en Bogotá para que me recordara su receta. La acompañamos, como ordena la tradición, con papas chorreadas. Quedó rica. Hacía once años que no me comía una sobrebarriga.

(El 80% de la zona central de Londres, Ontario, luce así.)

Jueves

Tengo puesta la camiseta de MeetUp que me regaló Mercedes. Por la mañana me sentí un poco mal así que al medio día Mónica vino a acompañarme. Comimos hígado del que hice ayer. Por la tarde necesitaba un poco de entretenimiento ligero (y aire), así que a las tres fuimos a ver The Sorcerer’s Apprentice. Resultó mejor de lo que esperaba, pero debo advertir que yo no esperaba nada. Luego de cine fuimos a la librería de usados en Richmond y compré algunos libros de Roald Dahl para Mauricio (The Twits, The Witches, The BFG y Going Solo, que es más para mí). También compramos The Wind in the Willows y una engendro llamado The Bad Child’s Book of Beasts/More Beasts for Worse Children/A Moral Alphabet. Mónica, por su parte, compró una guía de aves de norteamérica para identificación en campo. Ah, sí: por la mañana, temprano, encargué un Kindle Wi-Fi en Amazon. Llegará al tiempo con el parto.