Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

percepción

Take Shelter

Take Shelter

Un señor tiene pesadillas vívidas protagonizadas por una tormenta que lo destruirá todo. Las pesadillas son particulares porque perduran durante la vigilia. El señor, con una historia de esquizofrenia en su familia, teme por su salud mental. En particular teme por una crisis que lo aleje para siempre de su mujer y su hija (solitaria en su sordera). Son miedos comprensibles. Sea porque la amenaza de la tormenta es real o sea porque se está volviendo loco, le queda poco tiempo. Por eso su desesperación no es opcional ni atenuable. La única reacción posible es la urgencia absurda por encontrar un refugio para salvarlas. La amenaza es incontrovertible e incomunicable porque abarca instancias de su consciencia que están fuera del alcance del análisis racional. La pregunta no es si el miedo es real sino si la percepción es fiel a lo que pretende representar o si, para ponerlo de otro modo, la realidad es interior o (al menos someramente) compartida. ¿Estamos aislados en nuestras experiencias y sentimientos? No hay respuesta buena a esas preguntas. Nunca. Instintivamente las evadimos porque por fortuna no hay muchos momentos de la vida donde tenga sentido preguntarse si todos estamos sintonizados en el mismo canal, pero si un momento así llega (Dios nos guarde) la única respuesta sensata (?) es una especie de confianza frágil en que la maquinaria que sostiene el cosmos sea suficientemente consistente (o misericordiosa) como para asegurar la existencia de una sola vivencia a la vez local y amplia que permita conectar lo que somos con lo que son y sienten los demás.

Percepción

¿Cómo se llamará ese fenómeno que hace que ante una combinación de ruidos recurrentes pero no necesariamente concertados distingamos, casi de inmediato, una especie de ritmo unificador? ¿Pasará lo mismo con los estímulos visuales? ¿Cuánto de lo que pensamos que vemos o sentimos será organización creativa interna de información en principio disconexa (o incluso inconsistente)? ¿Y si la realidad es una alucinación colectiva controlada por rangos de tolerancia del cerebro para otorgar sentido a un flujo insuficiente de estímulos? ¿Qué está realmente allá afuera? ¿Qué ve Laia cuando me mira?

Los colores del mundo

El orden de aparición de términos para los colores (de acuerdo a observaciones de Brent Berlin y Paul Kay en 1969 que casi corroboraban, sin saberlo, observaciones previas de Lazarus Geiger en 1867 (!)) es generalmente blanco y negro → rojo → verde ↔ amarillo → azul. Para 1800 todos estos términos estaban desde hace mucho tiempo disponibles en el idioma inglés, pero aún así las frecuencia de uso de los términos se sostenían en ese orden primigenio natural. Aquí un zoom de la gráfica en inglés desde 1800 hasta 1820, justo antes del inicio del misterioso ascenso del azul:

Mónica me hizo caer en cuenta de lo extraño que es que para ese momento el orden de frecuencia todavía corresponda con el orden original. Si mi interpretación del libro de Deutscher es correcta, el orden original está relacionado con la utilidad práctica de tener términos para cada color y esta utilidad práctica a su vez estaría relacionada con la distribución de colores en la vida cotidiana de las personas (el cielo, por cierto, no hace parte de la vida cotidiana, es sólo un telón). Parecería entonces que hasta bien entrados en el siglo diecinueve (¿la revolución industrial, quizás?) la paleta de colores prácticos (lo que quiera decir) de la vida cotidiana no cambió significativamente y de hecho el gráfico podría ser una buena manera de argumentar por qué surgieron en ese orden (según Deutscher eso todavía no está claro): precisamente porque ese era el orden en el que eran necesarios para colorear el mundo hasta 1820.

Mejor dicho: no es que el conteo de frecuencias refleje el orden sino que el orden es explicado burdamente por el conteo de frecuencias.

Autorretrato de Anders Zorn de 1896. Aquí mi amigo Sonat Süer muestra cómo autopintarlo utilizando la paleta de colores que Zorn lleva en el cuadro.

Dado lo anterior, reformulemos la pregunta que hacía al final de la entrada pasada: ¿qué pasó en el mundo hacia 1800 para que la paleta de colores útiles de repente requiriera mayor uso del azul?

Ejercicio computacional semisencillo: recopilar un archivo de cuadros figurativos digitalizados en buen formato que cubra con suficiente detalle la producción desde, por decir algo, 1500 hasta la actualidad (esto, creo, es lo complicado) y calcular, como con n-gramas (esto debería ser mucho más fácil), el porcentaje de uso de una lista de colores básicos (normalizando tonos, claro está). ¿Cuál será el gráfico correspondiente? ¿Se relacionará con el orden primigenio? ¿Será detectable el ascenso (lingüístico) del azul? ¿El orden de predominancia cambiará sustancialmente con el tiempo? ¿Qué tan distintas serán las distribuciones de colores de la pintura producida en Europa y la producida en China?

La casa muda

De lo que quisiera que habláramos, si hay alguien que pueda leerme allá afuera, es de la identidad de la cámara. Porque cuando la toma es sostenida y activa, cuando su posición adquiere el papel de presencia, es necesario preguntar quién antes de adentrarse en los porqués. Quién anda ahí y qué quiere de mí. A través de quién veo. Quién filtra y otorga sentido. Quién modula la verdad. Lo que yo veo en La casa muda es una cámara en alianza con una consciencia trastornada e incapaz de ser fiel a la realidad que presencia. El lente es sincero y por eso miente. La cámara de La casa muda deforma y no se rinde a la exigencia de representar sin antes interpretar, lo que puede ser percibido como una traición por aquel que ingenuamente espera complicidad testimonial.

La casa muda
La fotografía es manipulación.

Diseño

Con los años he aprendido a apreciar el valor del diseño como un mediador/facilitador/amplificador del acceso a contenidos y la interacción con los mismos. Es común despreciar o ignorar el diseño bajo el argumento de que no es sustancioso o no aporta, sólo decora; no creo que sea así. El diseño enriquece el texto y le permite existir y aprovechar el medio sobre el cual es transmitido. Entre mis amigos, creo que Miguel y Juan Diego entienden eso muy bien y saben utilizarlo (aunque el blog del primero desmerezca en ese sentido). Entre las publicaciones en línea con diseños que admiro están Fray y Triple Canopy. Cuando se hace seriamente (lo que es difícil), el diseño dice cosas (o al menos ofrece pistas) sobre el contenido que alberga y sus intenciones. En su esencia es organización creativa a un nivel que no se limita a la simple disposición o forma de los componentes (quería utilizar la palabra semántica en esta oración pero no supe dónde ponerla). El buen diseño transmite sentido complementario al texto y lo refuerza. Los instintos estéticos básicos (naturales o aprendidos) a los que apela son en realidad mecanismos sofisticados de acceso y procesamiento de información. Si el cerebro es hardware y el texto es código, el diseño es un conglomerado de protocolos/etiquetas para facilitar la compilación, ejecución y aprovechamiento pleno de los programas descritos por el código.