Rango Finito

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Revoluciones

Laia encontró este papel entre los estantes de libros y me lo dio. No sé para qué lo pongo aquí. De pronto para recordarme lo distinto que soy de lo que me gustaría ser. Mucho por cambiar.

Flotador

Los sábados va a la piscina una señora con su hijo en silla de ruedas. El niño está postrado. No se mueve. No reacciona. Mira hacia arriba siempre, atrapado en un salvavidas naranja inmenso: una gran cabeza inexpresiva y flotante. La señora lo integra a todas las actividades en la piscina excepto por esas en las que es necesario interactuar con otros niños. Cuando hay juegos con pelotas ella se hace discretamente en una esquina con su hijo y le habla. No sé qué le dirá. Se nota que le habla mucho. Nunca conversa con nadie más. Yo sufro de incomodidad patológica ante niños así. Me angustio de solo verlos. No es nada claro cuál es su nivel de consciencia de lo que pasa aunque asumo que puede ser alto, lo que simplemente quiere decir que el niño sabe que es diferente y de pronto incluso sabe que lo suyo no es algo que se pueda solucionar. Debe ser durísima la vida de la mamá.

Mirza

Desde que hay francotirador permanente en la azotea del edificio vivimos más tranquilos. Es un bosnio simpático, se llama Mirza. Mirza mató a mucha gente en su juventud pero no se ufana de ello; para eso tiene sus tatuajes. Me ha contado que tiene dos hijos (una niña y un niño) pero no sabe dónde están. Mirza piensa que la civilización como la conocemos está llegando a su fin. En enero acampó dos semanas en un bosque para poner a prueba sus habilidades de supervivencia. Como vengo de Colombia, cree que tenemos un pasado oscuro similar y está convencido de que ese pasado nos une. A veces, se sienta conmigo en las mecedoras del balcón y me dice: «Let’s talk of war, friend». Cuando Mirza habla de la guerra habla sobre todo de sus amigos muertos. Eso es la guerra para él. La semana pasada me dijo que yo no sabía afeitarme y me llevó a comprar cuchillas de afeitar de verdad. Ahora quiere enseñarme a afeitarme. La guerra le enseñó que el aseo personal es muy importante. Mirza dice: «one bullet is never enough, friend». Le confesé mi miedo a morir y me respondió que la primera vez no se sentía nada. Antes de venir a Canadá, vivió unos años en el centro de África trabajando para un amigo que tenía un negocio allá. Le fue bien en África. Ya lleva casi doce años acá y todavía le queda de esa plata. Mirza dice que las putas son mejores que las novias porque con ellas todo está claro desde el principio. El sábado vi a Mirza saliendo del “Yoga Shack” del barrio con su colchoneta morada entre una bolsa de Walmart. Fun fact: Mirza colecciona yoyos.

Hay otros mundos

Miguel Gualdrón resucita tras leer El Rey Pálido ¶ Laura Acosta defiende a la Tigresa de Oriente ¶ Inés Gallo recomienda Person, de Sam Pink ¶ Jorge Aranda recuerda a un amigo muerto ¶ Tatiana Luján piensa en las enfermedades de los viejos de su familia ¶ Gloria Esquivel responde un cuestionario de Sophie Calle ¶ El papá de Óscar Rodríguez descubre una partida de bautismo que lo vuelve dos años mayor ¶ Constantino Villegas confronta a los gramáticos apocalípticos ¶ Y Helen DeWitt publica un cuento titulado Recovery en Electric Literature.

Juegos

Juguemos a que todo está bien y las personas con quienes nos cruzamos están vivas y sienten cosas que son independientes de nuestros propios sentimientos y percepciones. (You are a splendid butterfly.) De hecho existen incluso cuando abandonan nuestro rango de interacción. (It is your wings that make you beautiful.) Aceptemos la posibilidad de que sus motivaciones no nos involucren ni sirvan a las nuestras. (And I could make you fly away.) Reconozcamos que nuestras acciones pueden afectarlas emocionalmente aún si esa no es nuestra intención. (But I could never make you stay.) No nos pertenecen ni controlamos lo que son, no importa lo que sugiera la evidencia.

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Meteorito

Decían en las noticias que una anciana fue asaltada por un halcón que intentó robarle su perro. Al sentir el ataque, la anciana se lanzó sobre el perro, de alguna raza pequeñaja, y recibió las garras del halcón en su espalda. Gracias al apoyo de los vecinos, fue llevada prontamente a un hospital, donde se recupera mientras un sobrino cuida del perro algo magullado tras sobrevivir al peso de su dueña. Esto pasó a pocas cuadras de mi casa, en la esquina donde cayó un meteorito el año pasado más o menos por esta misma época.

Lunes (Correo de mi mamá)

I. se mató hace dos dias en un accidente de moto.

Se sumará a los innumerables muertos e incapacitados que el motociclismo produce en estos pueblos de la costa. Pero I. no solo se mató en una moto, a ella la vida la atropelló desde pequeña.

A los 10 años quedó embarazada y tuvo una niña que se crió junto a ella como si fueran dos hermanitas. El papá de la niña tenía 13 años y nunca salió de sus asombro de pensar que había sido capaz de procrear una hija en su primer intento de explorar el sexo con la vecinita y amiga de toda la vida.

Posteriormente, I. trató de terminar sus estudios de primaria. Dejó el bachillerato por la mitad. Se enganchó con varios hombres en su vida. De uno de ellos obtuvo otro hijito. Trató de beberse la vida. Había acelerado tanto que no le dió tiempo de nada. Terminó bajo las ruedas de un carro conducido por un ex juez borracho y drogadicto.

Llego viva al hospital con una pierna destrozada. Los medicos lucharon por salvarle la pierna. Hicieron hasta lo imposible pero no lo consiguieron.

Amputaron la pierna y eso fue un golpe mortal para ella. Se encerró dentro de si misma, no pronunciaba palabra y finalmente se murió de pena moral a los tres dias de la cirugía.

Tenia 27 años, dos hijos y un nieto.

Cuando quedó embarazada a los 10 años, no habia tenido su primera menstruación. Jugaba en la mesita de mi consultorio y la mamá me dijo: “¿No le parece que la niña esta como barrigona?”. Yo, por llevarle la idea, la acosté para examinarla e inmediatamente pense que la niña tenia un tumor de ovario o algo peor.

La ecografia nos mostró un embarazo de mas de 6 meses. Ella estaba tan asombrada y asustada como nosotras.

Sábado

No me acuerdo de qué quería hablar así que voy a improvisar. Anoche, mientras tejía, vi una película en televisión, en un canal mexicano que entra por temporadas, de un hombre que decide que no quiere seguir viviendo con la mujer con la que ha vivido por los últimos veintisiete años porque se siente infeliz, siempre se ha sentido infeliz, pero realmente no tiene ninguna justificación para explicarle a esta mujer por qué ha decidido dejarla, lo que le parece injusto con ella. Esa es toda la película. En la descripción decía que era una comedia. La mujer apenas aparece en dos escenas. Dos conversaciones en baños cortas que dejan clarísimo para cualquiera que las ve menos para él por qué ese señor se tiene que ir. El ochenta por ciento de la película transcurre en baños, en rutinas de mañana, entre la cama, el armario y el baño y de regreso al armario. Frente al espejo. Hay espejos/reflejos en casi todas las escenas. Frente al espejo son los momentos más duros de la película, que no son realmente duros pero pretenden, al menos, ser intensos. El actor está muy bien elegido. Es un señor ahí sin identidad que habla entre dientes y se está quedando calvo y cualquiera diría que es sincero cuando dice que no está satisfecho con su vida, que está cansado, que al menos cuando dice eso no actúa. Yo creo que tiene cáncer. Tal vez por eso lo eligieron. Hay una parte, casi al principio, antes de bañarse, donde el señor orina pero el chorro no sale directo hacia adentro de la taza sino que primero se demora y apenas gotea, como si le doliera, y luego sale desviado y salpica por todos lados, así que el señor tiene que contenerlo, lo que parece dolerle aún más, y sentarse en la taza para no seguir salpicando, y mientras orina sentado limpia el suelo y se limpia las piernas con papel higiénico; luego se mira al espejo como molesto, como angustiado. Al final de la película, creo que no destruyo nada si revelo esto, el señor no se va.

Viernes (Lecturas)

Irene tiene problemas con su desnudez pública. Laura y Pedro escriben poemas. Joe Milutis explora el uso de esto. René lee The Pale King. Javier lee Against The Day (y no es el único, Martín Cristal también anda en ello (¡y hace diagramas ilustrativos!)). Kunkel sobre David Wallace muerto (y Jim Santel sobre lo que Franzen opina sobre el mismo tema). Gloria no sabe cómo hacer las paces son sí misma. Roger propone una lista de expresiones prohibidas. Lucía y la videotienda mítica en Kioto. Iñigo comenta los archivos de Guantánamo.
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Es difícil encontrar buenas lecturas en español. Hay poquísimos sitios bien hechos que compilen con cariño y cuidado lecturas variadas. Algunas cosas buenas pasan en blogs y pasan, por tanto, mayoritariamente desapercibidas porque ahora ya nadie enlaza nada (entre otras porque los blogs entraron en decadencia ya que de cierta manera van en contra del nuevo dogma). A los periódicos, por su parte, ya no les interesa publicar contenido perdurable, artículos bien armados que se sostengan y digan cosas. Con HermanoCerdo intentamos proponer una fuente de lecturas, pero la búsqueda de autores que escriban cosas bonitas gratuitamente es un lío (y en particular, es casi imposible encomendar artículos). Además nuestro impacto es pequeño. Me gustaría que habláramos menos de libros y más de gente y cosas de verdad pero nuestros contribuyentes son estudiantes de literatura, con todo lo malo y lo malísimo que tiene eso. Etiqueta Negra prometía y llegó lejos pero siento que perdió el filo. Algo parecido pasó con Gatopardo y de Letras Libres ni hablemos. En Colombia, El Malpensante hace el esfuerzo, pero cojea y se especializó en publicar firmas e intelectuales. Arcadia se siente provinciana y condescendiente. Casi todo, la verdad, se siente provinciano. Dicen que Orsai está bien, pero se rehusa a existir seriamente en línea (y lo que vi no me emocionó tanto (aunque sea menos provinciana que el resto)). Hacen falta publicaciones que intenten abarcar más que el círculo de amistades de sus editores. No, miento, eso es casi inevitable. Mejor: tal vez hacen falta más publicaciones que no estén bajo el control de literatos, que son una peste y casi nunca tienen algo sustancioso que decir. Eso ya sería un buen paso.

Lunes (Tren)

Estoy en el tren. De nuevo hay nieve afuera. También hay cráteres gigantescos junto a silos abandonados. Oigo a las mujeres que están justo atrás mío hablar. Hablan mientras se sientan. No se encuentran. No deciden dónde ni cómo sentarse. Hablan y hablan. Son dos mujeres gigantes, madre e hija, vestidas de negro en estricto luto preventivo. No caminan, se contonéan. La madre, que difícilmente cabe en su silla, está preocupada. “I’m scared”, dice. Se lo confiesa al tiqueteador y también al señor que pasa ofreciendo golosinas y bebidas. Les dice que está preocupada y que este es un viaje de emergencia. Vamos a ver a mi mamá, dice. “It seems she’s not gonna make it”. El del carrito de golosinas dice que lo siente. No saben cuándo regresarán y a veces pareciera que no saben a dónde van. Están preocupadas, ambas, y asustadas. Piden cerveza. Creo que están un poco tomadas. Siento el tufo desde acá entre los eructos de la madre, que todavía no se encuentra y no puede dejar de hablar porque, supongo, hablar la calma, la distancia de la despedida inminente, de su temido encuentro con la muerte. Ahora mismo habla de su hermano, se pregunta si su hermano también llegará a London. “There is no excuse for him not to come to see grandma when she’s in… in this condition.” Está molesta de antemano. Le molesta que su hermano haya tratado así a la abuela, que no esté ahora para ella cuando la abuela siempre estuvo para todos. Dice grandma y mom indistintamente. Las mamás se vuelven abuelas con los años. Eructo. Eructo. Sorbo de cerveza. Le explican al del carrito que por eso necesitan cerveza, porque la abuela se va a morir y ellas quieren alcanzar a verla. La hija le pregunta a su madre si está bien. La madre dice que no se preocupe por ella. La hija le dice que se preocupa por ella desde que tenía diez años. Me pregunto si viven juntas. Eructo. Suena como una rana o como un coro de ranas. Le cuesta respirar, se nota. Suspira, aspira, suspira. Cierra los ojos. A veces parecería, por las cosas que dice, que realmente no está aquí, en el tren, sino que está en otro sitio y desde allá, lejos, le habla a su hija sin entender del todo lo que está pasando. Abraza su cartera con las dos manos entrelazadas y creo que intenta rezar en silencio. Alguien le dice a la hija por teléfono que están rezando por la abuela. Que todos rezan por la abuela enferma aunque saben que no lo logrará. “It seems she’s not gonna make it”, es la tercera vez que lo dicen. Llevamos veinte minutos en el tren.

Los sospechosos habituales

(Least Wanted está lleno de joyas como esta)

The meaning is in the swinging

As I swung gently by my heels in the thick fat fucking breeze of sheer humidity, I had a clear view of the court and could see and hear all that went out there. So this is humankind. Swinging. Backwards and forwards. Swinging through history. These are my people. I am their people too. Crucified upside down by my heels. My Golgotha a chickenyard. Father! Father! Why the fucking shit did you conceive me? You have no meaning. I have no meaning. The meaning is in the swinging. And that is ridiculous. Absurd. Ha! That fucking bitch, my mother, why did you open up to receive him? After that annunciation, that lecherous gleam of his single glittering eye. Did you writhe and shake our history’s shirt front? As now I grind my teething people in a cocoon. Swinging. Swinging in a cocoon of chickenshit. Europe was my head, crammed together with Africa, Asia and America. Squashed and jammed together in my dustbin head. There is no rubbish dump big enough to relieve me of my load. Swinging upside down, threatening to burst the thin roof of my brains. Those years of my travels. Years of innocence and experience. Motherfucking months of twiddling my thumbs with insecurity. In search of my true people. Yes, in search of my true people. But whenever I went I did not find people but caricatures of people who insisted on being taken seriously as people. Perhaps I was on the wrong planet.

In the wrong skin.

Sometimes.

And sometimes all the time. You know. In the wrong skin.

This black skin.

—Dambudzo Marechera, Black Sunlight