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Los datos vienen de acá. Clic en los mapas para agrandar.

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Hoy quería explicar bien, haciendo los cálculos, de dónde salen los componentes principales del Análisis de Componentes Principales pero el catarro no me dejó. Diré en cambio que este es un método de exploración estadística multidimensional que, en su versión más básica, toma un colección de vectores de dimensión alta y encuentra hiperplanos encajados de dimensiones bajas en los cuales los vectores se proyecten preservando en esa sombra tanta estructura como sea posible. Cuando las condiciones son favorables se puede reducir la dimensión hasta un punto donde sea posible graficarla y así apreciar cómo se relacionan los dotos y también qué pasa con las correspondientes dimensiones cuando se aplanan.

Para seguir con las gráficas educativas tomé la tabla de los datos de SABER 11 por áreas por colegios y le apliqué un análisis de componentes principales para intentar verlos en un plano (en el contexto de lo dicho arriba, aquí cada vector es un colegio y sus dimensiones corresponden a sus resultados promedio en cada una de las ocho áreas). La correlación es tan alta entre las áreas que bastan dos dimensiones para capturar el 90% de la varianza de los datos.

Aquí está una gráfica de todos los colegios proyectados en este plano:

pca

La gracia del análisis de componentes principales es mirar cómo se ven otros factores conocidos en ese nuevo espacio que intenta atrapar todas las dimensiones al tiempo. Aquí, por ejemplo, están sólo los colegios públicos:

pca-publicos

Realmente los ejes de este plano no tienen ningún significado así que nada nos dice que un punto esté bajo cero o sobre cero en tal o cual eje. Para eso tendríamos que proyectar las dimensiones originales en este plano y así intentar detectar relaciones más precisas entre los puntos y los factores considerados. Antes de llegar allá, miremos los colegios privados:

pca-privados

A diferencia de los públicos, que se concentran fuertemente en una zona, los privados están mucho más dispersos, aunque la mayoría también se acumula en más o menos la misma área. El tercer cuadrante es prácticamente exclusivo de colegios privados. Para intentar entender qué es lo que los diferencia a nivel de puntajes en las áreas necesitamos proyectar las dimensiones originales en este plano. Eso es lo que hago a continuación:

pca-todos

Esta gráfica parece sugerir que el inglés, la matemática, el lenguaje y la filosofía inciden fuertemente en la dispersión hacia la izquierda y abajo que diferencia a ciertos colegios privados de la masa homogénea general. Esto refuerza lo detectado acá. Los colegios públicos, en cambio, se encuentran mayoritariamente concentrados por debajo del promedio (el origen del plano) en casi en todas las áreas.

Un ejercicio pendiente es conseguir algún índice de condición socioeconómica de los estudiantes de cada colegio y repetir el ejercicio para ver cómo se distribuyen los diferentes “estratos” en el plano y con respecto a cada área.

(Como siempre, clic en las imágenes para verlas más grandes.)

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Hoy publicaron esto sobre las pruebas Pisa en politikón. Punto clave:

Lo que sí que puede hacer PISA es mostrar que países con alumnos con altas diferencias socioeconómicas consiguen que sus alumnos no tengan diferencias en sus rendimientos educativos y que, además los tengan elevados. Este sería el caso de Japón, Corea, Canadá, Suiza y los Países Bajos, para poner algunos ejemplos. Parece que una de las principales características que todos estos países tienen en común – y que en España le queda camino para recorrer- es la autonomía de centro sobre el contenido curricular. El hecho que cada centro educativo pueda decidir sobre el currículum en función de las características de su alumnado facilita la mejora de sus competencias. Igualmente, otra de las características que estos países con “buena nota” y poca desigualdad disfrutan es de un amplio sistema de evaluación con el objetivo de mejorar y no de controlar.

Ahí lo importante es entender que esa autonomía no implica abandono (que es como parece que se implementa en Colombia) sino, al contrario, acompañamiento muy cercano a través de la formación y asesoría permanente de maestros y directivos, así como estándares mínimos en cuanto a instalaciones físicas y libros disponibles. Estas vainas no se mejoran con declaraciones de intenciones sino con inversión sustanciosa y muy bien organizada.

Melo escribe acá sobre los resultados de Pisa para Colombia.

Como siempre con estos exámenes lo clave es no quedarse en el análisis superficial de rankings de mejores y peores (en últimas medio intrascendentes) y pensar en qué es lo que esos datos, al ser estudiados a fondo, pueden aportar para el diseño nacional de políticas de educación. En el caso particular de Pisa los resultados incluyen información valiosa sobre las condiciones socioeconómicas de los estudiantes y su relación con la escuela. Para saber que en Colombia la educación no anda bien no se necesita mirar los rankings de Pisa. Lo justo sería aprovechar la información detallada que acompaña los resultados para ofrecer un diagnóstico más profundo del problema.

Financiaciones

En los comentarios de la entrada de hoy sobre la educación superior Andrés insiste mucho y con razón en lo costosas que resultan las universidades para quien quiera que deba sostenerlas. El estado de Oregón en los EEUU propone costear sus universidades públicas comprometiendo un porcentaje del salario futuro de sus graduados por veinte años. Suena razonable. (Y fuerza a las universidades de paso a preocuparse seriamente por el futuro de sus estudiantes.) Otra opción que valdría la pena considerar.

Bosquejo de un alegato rabioso contra la innovación

¿Cuántas “innovaciones” habrán generado las políticas públicas que dicen “promover la innovación”? Por otro lado: ¿Cuántos políticos y empresarios amigos se habrán beneficiado financieramente de esas políticas? La “innovación” es un término que moderniza procesos industriales (o científicos) mediante un cambio de nombre (y gracias a ese cambio recibe subsidios o beneficios fiscales). Ejemplo diciente (vía Carolina Montealegre): El ahora infame programa Agro Ingreso Seguro “facilitaba procesos de innovación en las unidades productivas”, según el documento Conpes 3582 de 2009. En ese sentido la “innovación” hace parte de la misma familia que encabezan los derivados de la palabra “emprendimiento”. El juego consiste en crear la ilusión de que un modelo de desarrollo industrial reconocido como exitoso es independiente del contexto logístico y socio-cultural que lo permitió y por ende es reproducible en cualquier lado con un poco de buena onda y voluntad (en este caso hablamos, creo, de la singularidad del Valle del Silicio). La ilusión se sustenta sobre la adopción de terminología sublimadora superficial que sugiera (sin sustento alguno) que la implementación del modelo está efectivamente en marcha (con todas las promesas implícitas). Curiosidad: Antes “innovar” quería decir “Volver algo a su anterior estado.” Otra curiosidad: El ascenso (cíclico) del término.

Planos de una propuesta de misión tripulada a Marte de 1963

Especulación científica (2): reflexiones adicionales

  1. Aunque inicialmente Andrés dijo que no tenía nada que decir al respecto de la columna, al final sí tenía. Me alegra. Sin embargo, sus críticas son mayoritariamente de forma (según él mi identidad y educación son relevantes — no estoy de acuerdo). Sólo fui capaz de detectar una al respecto del contenido de la columna. Andrés dice que mi propuesta de darle prioridad en la financiación pública a la investigación que se enfoca en resolver problemas locales “lo dejó perplejo”. En respuesta argumenta que la ciencia funciona mediante redes transnacionales, como si darle prioridad a los problemas locales propiciara el aislacionismo. No veo por qué tendría que ser así. Priorizar la atención a los problemas locales sin duda debería ser acompañado de un impulso a la colaboraciones internacionales dentro de esas líneas de interés. Como él mismo dice: “esos problemas metegeohidroeco, curiosamente, tienen soluciones que son “trans”, que transfieren y atraviesan, que arrancan aquí, van variando levemente en Venezuela, un poco más en Brasil y curiosamente llegan incluso hasta Suiza o Finlandia en algún nivel”. Totalmente de acuerdo. Con más veras habría que fortalecer los nexos. Mi reclamo no es por un nacionalismo científico (esa sugerencia de que yo pedía algo como “la verdadera ciencia venezolana” es casi insultante — por no hablar de “el arte alemán de Hitler”), sino por una política científica pública que tome en cuenta antes que nada las necesidades locales y las obvias limitaciones de presupuesto a la hora de adjudicar fondos. El comentario de Jaime expresa mi posición muy bien.
  2. Como dice Sergio, “la carga de la prueba” no me corresponde. Cuando un ateo dice que no cree en Dios, no es su responsabilidad, como asumen algunos creyentes, demostrar que Dios no existe. Mi columna pregunta por qué tenemos que darle plata pública a los científicos. Esa inversión, si entiendo bien, presupone que el país recibe algo a cambio. ¿Qué recibe? ¿Cómo se beneficia? ¿Se beneficia con cualquier inversión o sólo con algunas? No creo que esas seas preguntas inaceptables ni que superen los límites de la libertad de expresión, como sugirió un comentarista en Twitter. Me parece una pregunta importante que merece una respuesta menos emotiva. A los científicos que piden más plata les corresponde explicar por qué la necesitan y cómo beneficia al país. Mi posición, de nuevo resumiendo, es que estoy seguro de que hay frentes de investigación que definitivamente requieren inversión pública, pero no creo que todo investigador, sólo por el hecho de investigar y publicar juiciosamente, deba recibir plata del estado colombiano.
  3. Por cierto, y ya que nadie la ha señalado, una posible razón para ofrecer financiación pública a investigadores sin distingo de área es que facilita la importación o repatriación de profesores de buen nivel y esto a su vez, al menos en principio, contribuye a mejorar la calidad de la educación superior. Suena bien. Podría ser cierto. Pregunta: ¿Qué tanto impacto tendrá en la calidad de la educación? (No es claro por qué un investigador de buen nivel tiene que ser un docente de igual nivel. Conozco algunos francamente atroces y otros, como Andrés, muy buenos.) Otra: ¿La reducción de carga docente a investigadores no iría en detrimento de este beneficio? Y finalmente: ¿Es suficiente esa razón para justificar la inversión en general?
  4. Pregunta no totalmente al margen: ¿Cuántos proyectos científicos colombianos subsisten a punta de donaciones privadas?
  5. Ayer viendo el documental sobre la vida de Ayrton Senna me sorprendieron mucho las escenas de las reuniones entre pilotos y directivos caprichosos donde se decidían y modificaban regular y arbitrariamente las reglas de juego. Aunque era de esperarse, nunca había pensado en la existencia de ese aspecto del deporte. Senna, como buen joven samurai honorable, despreciaba el nivel político del deporte y recordaba con nostalgia sus años como principiante, cuando todo el mundo competía por el placer de manejar los carros lo mejor posible. En contraste, su gran rival, Alain Prost, era particularmente hábil sacando provecho de ese metajuego. Tengo la impresión de que muchas de las respuestas más dogmáticas a la columna obvian la dimensión política de la ciencia. Predomina la idea ingenua de que los científicos son un club internacional mayoritariamente compuesto por nerds amistosos, progresistas y colaboradores que trabajan por un mundo mejor y lo que los motiva es el placer por descubrir (o algo de ese estilo). La verdad es que las prioridades e intereses de la ciencia, en tanto que actividad humana, se mueven de acuerdo a caprichos, mezquindades y juegos de poderes. Esta tendencia se ha acentuado en los últimos años con las exigencias de publicación a todo costo y cada vez más plata disponible. Esta es una razón adicional para mirar con mucha atención la inversión pública en ciencia. Si los científicos quieren jugar como Prost están en todo su derecho, pero no a costa de la plata de los contribuyentes.
  6. En respuesta a uno de los reclamos de Gabriel: Moises Wasserman se refirió al recién nombrado director de Colciencias como “cuota política” hace pocos días en un foro (ver párrafo final). El Espectador lo reiteró en su editorial al respecto de la semana pasada. La razón es que el nuevo director anunció que condiciona la reparación de Colciencias a la reelección de Santos. Igual de pronto es un tipo idóneo (parece que no está tan mal), pero lo cierto es que Santos ha usado Colciencias como regalo político desde que se posesionó. Y en general Colciencias casi siempre ha tenido ese papel. Las pocas veces que no ha pasado, los directores de todos modos han terminado atrapados en los líos burocráticos que heredaron. En parte debido a esto la ciencia colombiana nunca ha tenido un mapa de ruta serio.
  7. La buena noticia es que, si le creemos al sondeo rápido de Germán, la necesaria transición hacia ciencia relevante para el país entre jóvenes científicos colombianos ya está dándose naturalmente.
  8. Y para los que vienen aquí con ganas de violencia (o a llamarme “fascista”), los invito a ver las mejores escenas de Bruce Lee.

Nota: A la 1:26 de la madrugada del miércoles 26 de septiembre los comentarios han sido deshabilitados. Me cansé de los juicios de carácter y las acusaciones infundadas. Si quieren, continúen la discusión en otro lado. El blog de Carolina puede ser un buen lugar.

Redistribución de la beca indígena

El estado colombiano otorga cada año becas universitarias a los resguardos indígenas. Cada resguardo recibe un cierto número de becas en función al número de habitantes. Las becas están asignadas a universidades públicas específicas. Cada beca incluye, además de admisión y matrícula, plata para vivir sin pasar necesidades durante el tiempo que sean estudiantes (que si son hábiles se puede extender por más de una década) en la capital del departamento o en Bogotá o Medellín. Cada resguardo tiene autonomía a la hora de decidir a quién otorga las becas. Es un programa social con buenas intenciones, como todos.

En un resguardo indígena cerca del pueblo las becas las otorga el cacique a dedo. El cacique tiene un negocio con las becas que sobran cada año por simple falta de interesados (Supongo que la excusa es que si no se asignan todas las becas su número podría reducirse el año siguiente). Por una suma relativamente modesta considerando la magnitud del producto, o tal vez por unos cuantos votos para consolidar su poder político en la comunidad, la mamá trabajadora de un joven bachiller del pueblo que de otra manera jamás habría ido a la universidad (y que en términos prácticos está más desprotegido que el indígena promedio de la zona) adquiere una acreditación de su hijo como indígena seguida de la consabida beca.

Esto permite que el programa sea al mismo tiempo aprovechado indirectamente por personas que lo valoran y abusado por los regentes tradicionales de sus supuestos destinatarios. ¿Quién pierde?

Fraude

Un culebrero cristiano cobra 3.8 millones de pesos al distrito por un ritual para conjurar el buen clima. Resultado: escándalo y (hasta justa) indignación en los medios. Un poetarro vaca sagrada establecida que vive de sus penosas y provincianas glorias de juventud cobra 38 millones a la alcaldía de Bogotá por hacer un libro homenaje lamentable compuesto de plagios de viejas entrevistas, citas sin mayor criterio editorial y correos electrónicos agramáticos (como es usual en él, por lo demás), y todo el mundo calladito.

Decía Alejandro Gaviria que la defensa de la supuesta sabiduría de los brujos evidencia una tradición anti-científica arraigadísima en el establecimiento intelectual colombiano que ha dificultado enormemente el progreso (hacia cualquier lado) del país. ¿Y qué hay de estos otros señores que tienen secuestrada la cultura al servicio de una red clientelista de artistoides mediocres especializados en el endoelogio y la jeringonza? ¿Qué hay de ese fraude abierto e impune? Las políticas públicas de promoción de la cultura en Colombia funcionan como un sistema de financiación de un par de pequeñas burbujas de sinvergüenzas zalameros compitiendo por quién se queda con más. Las no-públicas, ahora que lo pienso, también. El establecimiento intelectual no sólo apoya esta estructura sino que, en este caso, hace parte de ella. Todo el enramado está diseñado para fortalecer ese club (tradicionalísimo) de favores, aplausos, plata fácil y mamaditas a punta de, por ejemplo, libros escritos para nadie y eventos sociales autocomplacientes. La producción y difusión de cultura y arte de calidad es una prioridad menor si es que es una prioridad. Lo importante es que la plata siga fluyendo a los bolsillos de los sospechosos de siempre.

Las razones por las que lo anterior está relacionado con el atraso social y sobre todo educativo del país son evidentes.