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política

Neutro

A estas alturas todavía hay quienes exigen neutralidad al periodismo y se escandalizan cuando un medio toma partido como si fuera una traición al oficio. Con el mismo tono y argumentos se presenta seguidamente al difuso centro político como la alternativa superior, ecuánime.

Robert Fisk dice que el periodismo debe ser neutral, sin sesgos y siempre estar del lado de los que sufren. La exigencia de neutralidad rotunda (la doctrina del fairness and balance que nos tiene con el señor naranja en el trono de Washington) evade con prurito antiséptico la exposición de conflictos y crea, en palabras de Fisk, “una versión verbal de la realidad virtual”.

En política la misma aspiración deviene en falta de compromiso, renuencia al conflicto, glorificaciones de la meritocracia y ensoñaciones de limpieza metodológica. Una posición usualmente estéril o al servicio de agendas más activas.

Ingenuidad

La política me supera. No tengo la cabeza para digerir lo que pasa ni mucho menos alcanzar un nivel de comprensión que me permita tal vez aportar algo más que angustia y confusión a una situación ya de por sí bastante angustiante y confusa. A veces intento convencerme de que es intrascendente y que nada de lo que está pasando tendrá consecuencias que me afecten directamente, pero por otro lado el alcance del poder de los señores de Washington es tal que sentirse blindado por estar del lado correcto de una frontera podría ser un pecado de ingenuidad capital.

Diligencia

No sé si leer las acciones de Trump como torpeza general o como estrategia astuta de desestabilización por saturación informativa. La consecuencia en ambos casos puede ser la misma, pues es claro que Trump no juega a plazos demasiado largos, así que incluso con motivaciones más o menos claras sus decisiones pueden desbocarse al cabo de semanas. Lo más aterrador, por lo pronto, es la diligencia con la que el personal de los servicios de control fronterizo se volcó a cumplir y llenar detalles de una orden ejecutiva a medio redactar diseñada para convertir el racismo y la xenofobia en política de estado. Esto solo puede empeorar.

Optimismo

Me cuesta mucho mantener el optimismo pero siento que es una obligación hacer el ejercicio de sostener una perspectiva que abra caminos y sugiera una posibilidad aunque sea pequeña de mejores futuros, de un avance; entre otras porque sé que en el gran esquema soy un privilegiado y debido a esto tengo más opciones de afectar positivamente mi entorno amplio que muchas otras personas a mi alrededor. También sé que si me dejo ser converjo rápidamente hacia un estado entre el cinismo y el derrotismo donde mi depresión se establece y prospera sin dificultad. Desde ahí solo sé destruir y resentir. Así que cada día me levanto, pienso en el día que arranca y me comprometo (especialmente ahora, cuando todo parece derrumbarse) a resistir mis instintos y ser alguien de valor o bondad para los demás (o siquiera para algunos demás) así no sepa bien qué tengo para ofrecer.

Trump

Y todo cae pero en cierta forma todo también perdura. Al fin y al cabo los señores atenuados que hoy entonan himnos triunfales son los mismos que han decidido quién es más, quién menos y qué importa desde siempre. Como me dijo Sergio esta mañana: esto es apenas un cambio de modales.

Pensaba hace un rato, durante la fila para el café, que hace algunas décadas surgió un movimiento ciudadano que resistió a esos señores y les aclaró que había límites. Ha surgido varias veces en diferentes momentos con diferentes grados de éxito. Este en particular fue provechoso y efectivo y produjo cambios sustanciales (aunque no totalmente satisfactorios) en la forma como las personas en este lado del mundo abordan ciertas diferencias. Algunos murieron en esa lucha. En su cenit fue un movimiento amplio que incluía no solo a los oprimidos sino a una fracción de los tradicionalmente privilegiados. Y supongo que mantener la inercia es difícil pero llegado un punto el movimiento se concentró en alcanzar lo que parecía un punto medio conciliatorio: un acuerdo resignado en el que las ideas viejas y los odios que las motivaban perduraban en la intimidad de sus anfitriones pero eran gradualmente desterradas de la conversación pública. Una vez ahí el movimiento se desvaneció casi por completo y volvió a ser un asunto que sólo concernía a los sistemáticamente oprimidos e ignorados (a través de desigualdades históricas que se asumían como naturales y por tanto inevitables). Tal vez el error del movimiento amplio fue creer que la pelea terminaba ahí. En ese silencio rencoroso había suficientes nutrientes para un retorno rabioso dadas las condiciones óptimas que un señor como Trump, con su total desprecio por la humanidad y dignidad de quienes considera sus inferiores, supo materializar aprovechando la ansiedad de atención de los medios idiotas (tan objetivos, tan neutrales, tan cautos) que usó libremente como megáfono.

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Me decían hace poco que la política de libros libres de impuestos era ingeniería social. Lo correcto, según mi corresponsal, era la propuesta actual de cobrar impuestos por unos artículos que, al menos en Colombia, ya son de por sí un lujo. El argumento, según entendí, es que si solo los ricos compran libros pues no se afecta a los pobres clavándole un cinco por ciento de impuesto a su venta. Que este aumento de precio dificulte todavía más el acceso a libros de por sí exiguo de la mayoría de la población es irrelevante. Y ni hablar de considerar subsidios para, en cambio, reducir precios. La razón por la que oficializar el statu quo en cuanto a acceso (o falta de) a libros por medio de impuestos a su venta no es también considerado ingeniería social se me escapa. Tal parece que la etiqueta únicamente aplica a propuestas de corte progresista que promueven cambios en el funcionamiento o estructura del sistema social y nunca a la consolidación y refuerzo de lo establecido, aunque lo segundo también sea clara y tradicional ingeniería.

Encuestas a la alcaldía de Bogotá (2)

Agregación de las encuestas de intención de voto por los candidatos a la alcaldía de Bogotá:

encuestas.24oct

Esta es una continuación de un ejercicio iniciado acá. En Twitter solté actualizaciones con cada encuesta publicada. En esta última agrego los porcentajes finales de las curvas de regresión local. Como siempre me interesa más la descripción de los datos que la predicción. En este caso, la interacción entre el avance y la caída de las campañas con el paso del tiempo. O la constancia, como en el caso de Pacho Santos que deja la campaña en el mismo nivel en el que arrancó y compitiendo duro con el voto incierto.

Encuestas a la alcaldía de Bogotá

En los gráficos que siguen combino la información de todas las encuestas de intención de voto para la alcaldía de Bogotá usando curvas de regresión. Para la estimación con líneas rectas uso una regresión robusta y para las curvas una regresión local:

encuestas2015.lineas
encuestas2015.curvas

Para comparar, aquí lo mismo con las encuestas para las elecciones de 2011 que ganó Gustavo Petro.

encuestas2011.lineas
encuestas2011.curvas

Las líneas horizontales son los resultados finales (en porcentaje de votos) para cada candidato.

No estoy seguro de qué tan correcto sea mezclarlas con semejante desparpajo.

Ñapa: aquí una gráfica de las líneas en la elección anterior usando solo las encuestas previas a octubre de 2011, para verlas más o menos en el mismo estado en el que se encuentran las de este año:

elecciones2011.lineas.pre

Ya para ese punto era clara la victoria de Petro, parecería.

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diferencia.resultados

Para cada municipio tomo el total de votos depositados y para cada uno de los dos candidatos calculo la proporción de votos que le corresponden (un número entre cero y uno). Lo hago en primera y segunda vuelta por separado y después resto el valor de primera vuelta del de segunda vuelta. El resultado es un número que, para cada candidato, me dice cómo mejoró (o empeoró, si es menor que cero) su resultado en el municipio. En el gráfico están las distribuciones de estos valores para los dos candidatos de la segunda vuelta. Los puntos sugieren potencial electoral de los municipios. La caja difuminada es la representación tradicional de distribuciones de valores numéricos. Los colores son las regiones que usa el Banco de la República.

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Esta gráfica se podría llamar “Por qué Santos ganó”:

diferencias.participación.segunda

Y aquí está la tabla con el conteo de votos a nivel municipal hasta donde va a las 11:30pm de hoy.

A ver en qué termina ese tal proceso de paz.

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En el anterior gráfico me dio la impresión de que la diferencia de abstenciones confundía más de lo que ayudaba así que aquí va uno en el que uso en su lugar la abstención para las presidenciales (en porcentaje sobre el potencial electoral a nivel municipal). Describen fenómenos ligeramente distintos pero relacionados. El efecto es similar:

Diferencia en resultados y abstención

Clic para agrandar. Agregué colores y tamaños a los municipios de acuerdo a su potencial electoral.

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La gracia de los sistemas políticos democráticos es que permitan la coexistencia de opiniones diferentísimas dentro de un contexto donde se pueda discutir y llegar dentro de lo posible a acuerdos. Entre más diverso el espectro de posiciones representadas, menos probabilidad de que se imponga alguna ideología maximal.

Cuando bajo presión se pretende colapsar el espectro y forzar que tome una forma y cardinalidad determinadas se atenta directamente contra ese principio esencial. La polarización, el caso más extremo de colapso previo a la dictadura, pretende que todo participante (tanto representantes como electores) tome partido en una de dos direcciones mutuamente excluyentes bajo discursos (y ocasionalmente amenazas veladas) que convierten al opuesto en agresor. Quien rehusa someterse a la disyuntiva forzada es presentado como un agresor doble o cripto-oponente (esgrimiendo la premisa de que el que calla (o no toma partido) otorga (¿A quién? Al otro)).

Ayer la senadora electa Claudia López expuso en varios medios su decisión de no respaldar ni a Zuluaga ni a Santos en la segunda vuelta (lo mismo, por cierto, dijo Antonio Navarro). Aunque Santos le parece preferible a Zuluaga, López no se siente capaz (por la razón que sea) de apoyar con su voto al candidato presidente. Tras anunciar su posición y darle consejos a Santos para fortalecer su candidatura, López ha sido obviamente tachada de traidora, paraca y uribista en las sombras, entre otras delicias. Varios declararon con vehemencia imbécil que si Santos es derrotado será responsabilidad de López.

Y es como si olvidaran cuál es el papel de López y por qué fue elegida. López no estará en el Senado para servir de palanca sino como barrera de contención. Su trabajo desde hace varios años se ha concentrado en una oposición muy seria, fiera y frentera de ese bloque de políticos que inicialmente respaldaron y coronaron a Uribe y ahora (al menos parcialmente) sostienen a Santos. Quienes le piden a Claudia López que se declare temporalmente santista para prevenir el ascenso de Zuluaga están esencialmente pidiéndole que renuncie a su independencia, a su razón de ser en el congreso como garante incómoda de que esa diversidad de opiniones deseable no sea completamente aplanada por el juego mezquino de poder entre Uribe y Santos.

Lo importante es que cada cual pueda votar por quien quiera (no importa la razón) o incluso, si así desea, no votar. Eso es lo que es necesario defender si de verdad el propósito es fortalecer la tal democracia.

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Hoy vi a Pascual Gaviria recopilando los resultados de las elecciones al Senado en ciudades colombianas para comparar cómo le había ido al partido de Uribe (Centro Democrático) en relación al partido de Santos (Partido de la U).

Dado un municipio, una forma de comparar las fuerzas relativas entre los dos partidos es calcular un índice del estilo $$ \frac{CD – LU}{CD + LU} $$ donde CD son los votos en el municipio para Centro Democrático y LU los votos para el Partido de la U. El rango de este índice va de -1 a 1. Cuando es -1 quiere decir que La U recibió votos y Centro Democrático no recibió ni uno. Cuando es 1 quiere decir que Centro Democrático recibió votos y La U no recibió ninguno. Cuando el índice es cero quiere decir que sacaron el mismo número de votos. Puntos intermedios representan diferentes proporciones a favor de uno u otro (negativos para La U y positivos para Centro Democrático).

Ad portas de la elección presidencial no viene mal revisar estos índices pues aunque la estructura de la elección es distinta las contiendas a nivel local son similares. Por ejemplo: un municipio donde los votos de Santos son más que el doble de los de Uribe (i.e., indice ≤-0.33) es uno donde es muy complicado que Uribe (o sea su títere, Zuluaga) se imponga. Al contrario, lo mas probable (al menos ingenuamente) es que Santos se fortalezca (por ejemplo sumando los votos que recibió Cambio Radical, el partido de su fórmula vicepresidencial (o los conservadores que se han declarado santistas)). Mejor dicho, este tipo de análisis podría servir para saber cuáles son los votos que realmente están en juego y cuales están más asegurados.

En este primer gráfico represento el número de municipios dado el índice. La barra dice: en este rango de índices hay tanto por ciento de municipios y en estos municipios ganaron tales partidos en esta proporción.

lu.vs.cd

Un problema obvio de este gráfico es que los municipios tienen diferente fuerza electoral dependiendo de su tamaño y al final lo que importa es cuántos votos se suman (no cuántos municipios se ganan). Así, tal vez el gráfico correcto debería representar en las barras el número de votos (en municipios con tal índice) y cómo esos votos se distribuían entre los distintos partidos. Ese es el que viene a continuación:

cd.v.lu.votos

Hay 5.601.216 votos a la derecha del cero y 5.324.366 a la izquierda. El aporte partido conservador parece decisivo. Santos debería estar preocupado.

La gran duda es cómo se moverán esos colores entre las barras el próximo domingo.

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Está buena esta gráfica de Miguel Olaya comparando a los candidatos presidenciales de acuerdo a sus respuestas al cuestionario de Congreso Visible.

Una opción alternativa es considerar las respuestas de los candidatos como un vector numérico y medir distancias entre ellos. Remplacé los “SÍ” con 1 y los “NO” con 0. Para llenar las respuestas vacías de algunos candidatos puse 0.5 (porque pareciera que la falta de respuesta fue usada como punto medio entre las dos opciones – “ni SÍ ni NO”). Calculé la distancia euclídea tradicional. Aquí está el código en R. Este es el resultado (entre el número es más alto, más diferentes los vectores de respuestas):

Si ese número de verdad significa algo (altamente discutible), los candidatos más “distantes” son Zuluaga y Peñalosa y los más “cercanos” son Santos y Zuluaga. Por otro lado, eso también se ve en los gráficos de Olaya, que tienen un significado más claro.

Detalle curioso: de acuerdo a las distancias, Peñalosa y López son tan “cercanos” (o tan “distantes”) como Ramírez y Santos o Zuluaga y Ramírez. Peñalosa es el candidato más cercano a López (y viceversa). Zuluaga y Santos empatan en la competencia por ser los más cercanos a Ramírez (pero son todavía más cercanos entre ellos).

No sé cómo habrán diseñado el programa de apareamiento los de Congreso Visible. Probablemente lo hicieron también usando coincidencias en respuestas. Quién sabe cómo habrán tomado en cuenta la opción de declarar la importancia de cada pregunta. Es chévere la idea aunque tal vez habría valido la pena un cuestionario más extenso y amplio y menos coyuntural.

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Decía Héctor Abad en una columna que era bueno que la campaña presidencial fuera “aburrida” porque eso quería decir que se hablaría de asuntos más sustanciosos.

Pero no se habla de nada.

Se habla de consultorías con estafadores, acosadores y difamadores profesionales. También de sus obras, a las que pese a la intención más que evidente de perturbar y desviar la discusión política (¡necesaria, urgente!) se les otorga un altísimo valor de verdad y atención. Todo se reduce a desinformaciones sobre la posibilidad de que cada candidato sea un criminal o al menos títere de un criminal (o del imbécil de Uribe, que es considerado todavía peor).

Cualquier posibilidad de debate público se evade por estrategia.

A veces se habla de que no se habla de nada, como para que quede claro el vacío.

Que quede claro que nada importa porque la victoria no depende de ideas ni propuestas sino de quién logre sumar más apoyos (a punta de acuerdos más bien oscuros) entre los doscientos o trescientos tipos (a lo más) que canalizan, filtran y distribuyen el botín público.

Pero claro, estas elecciones son importantes. “¡Se decide todo!”, dicen los ansiosos que sienten que siempre están en la coyuntura.

De pronto no se decide nada. De pronto ya todo está decidido y de verdad da lo mismo quién gane entre los dos señores, seamos justos, que pueden ganar.

Cuánta confianza en la farsa.

Es muy jodido atender a las noticias de la campaña presidencial colombiana y no terminar hundido en un pesimismo que sólo admite el cinismo más amargo como antídoto. Así empezaba y terminaba esta entrada. Era sólo esa frase. Se convirtió en esto.