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Aupado

Ya en cuatro o cinco conversaciones he oído variantes de una teoría de conspiración según la cual el impulso de Petro es (parcialmente) promovido por el combo de Uribe para generar una segunda vuelta donde Duque cuente con un opositor en sus términos, que refuerce la disyuntiva de la que tanto se han beneficiado. Y no sé, se me hace que esas teorías además de concederle a Uribe una capacidad de maniobra política casi ilimitada (y una inevitabilidad fatalista que lo sostiene en el centro de la conversación, lo que ciertamente le conviene), le terminan de paso desconociendo méritos a la campaña de Petro y realidad a las bases en las que se asienta su discurso: la decepción amplia que él canaliza tan bien. Desde mi desconexión es poco claro que Duque tendría una victoria fácil ante Petro, en parte porque creo que el valor evidente del proceso de paz puede llevar a varios grupos por lo pronto distantes hacia su lado cuando de veras corresponda decidir. Algunos de hecho dicen que, de acuerdo a las encuestas y resultados de las elecciones para congreso más consultas, Petro sería el único con alguna esperanza ante Duque. Ni idea. Con tanta variabilidad (y tanta torpeza al fondo) todavía hay suficiente tiempo para que el panorama dé un par de vuelcos más. Me impresiona mucho en todo caso el rechazo visceral que entre tanto progresista despierta Petro incluso cuando se contrasta con el pelafustán de Duque y su patrón. Serían más comprensibles rechazos equivalentes, aunque a mi parecer Uribe sea varias escalas más despreciable que Petro incluso en su peor versión.

Petro

Gustavo Petro es un genio político. No sé si gane o pierda en las presidenciales, pero está claro que logró demoler, con una jugada simple pero muy bien calibrada, la inercia que hacía hasta hace poco parecer a Sergio Fajardo como la opción competente para enfrentar a la derecha rabiosa. La movida fue organizar una consulta de precandidatos presidenciales paralela a las elecciones parlamentarias. De la Calle había organizado la suya hace unos meses, pero por fuera de una jornada electoral masiva, lo que lo hace parecer, en términos de votos, un alfeñique. Fajardo decidió concertar con López y Robledo, desaprovechando la oportunidad de plantar en la mesa un par de millones de votos que lo dejaran incontestable (aunque sospecho que un pleito prolongado entre esos tres los hubiera en cualquier caso inter-aniquilado). Petro en cambio, lento pero seguro, montó un referendo contra un señor Caicedo oriundo de Santa Marta, y los votos llovieron porque votar en una consulta de esas tiene un costo mínimo a nivel de cada votante (y no había otra consulta compitiendo por votantes similares) pero simbólicamente, al aglomerarse, se puede proponer como una demostración de ventaja evidente ante candidatos sin votos en la mano.

Puede que esta ventaja sea imaginaria. Puede que incluso los verdes, en la práctica, hayan demostrado mayor efectividad electoral con sus resultados en el senado, donde duplicaron curules gracias en parte a la participación de Mockus. Nada de eso importa porque estas lides dependen bastante de percepciones e intepretaciones mediatizadas, y a ese nivel ahora mismo no hay nada que compita con Petro y sus tres millones y tantas papeletas no fotocopiadas. Le quedará difícil a Fajardo remontar. Y si De la Calle, Fajardo y Petro se enfrentan Duque la tendrá barata. Tal vez Vargas Lleras se meta en la pelea por la segunda vuelta gracias a su reconocida maquinaria. Será derecha contra derecha, y en ambos lados fuerte oposición al proceso de paz recién parido. Si Petro logra concertar con Fajardo o De la Calle tal vez haya una alternativa, pero incluso en esas condiciones será una elección sufrida. Hay que empezar a pensar en cómo salvar el proceso de paz.

Nada

Otra vez aquí. A veces me asomo a mi recolector de blogs con la esperanza de que alguno haya renacido para no sentirme tan solo o para recuperar momentáneamente la ilusión de concurrencia que alguna vez fue tan placentera, aunque creo que seguiría sintiéndome solo de cualquier modo porque esta soledad no se quita con blogs ni pantallitas ni mucho menos concurrencias. Creo que eso es todo lo que tengo para decir hoy. Me siento mal porque sé que entrar a estos espacios tan distantes de la acogedora realidad colapsada en flujos sociales exige esfuerzo y hasta sacrificio cuando no valentía, así que es injusto que como recompensa reciban apenas esto, tan nada. Para eso quedarse del otro lado atento a la siempre inminente próxima insolencia del imbécil que gobierna ese país fallido al sur de acá.

(Por cierto, al respecto de eso pensaba que tal vez llegue un momento cuando Twitter tendrá que decidir entre Trump y la gente. Por lo pronto parece preferir a Trump. Supongo que se ve bien en la hoja de vida: Parlante de Donald Trump (2013 – Presente). No sé qué tal sonará eso en unos tres años, cuando sus decisiones y majaderías le cuesten la vida a suficientes personas.)

Choque

Es tarde y quiero dormir pero antes de eso quería dejar algo escrito acá.

Anoche dormí junto a la niña, en su cama auxiliar para visitas, y me despertaron mis urgencias intestinales por ahí a las cinco. Desde entonces estuve ocasionalmente pendiente de las noticias desde Barcelona, intentando entender, a través de reportes escuetos y el ruido de las opiniones que abundan en todas las direcciones, qué pasaba durante el referendo. A media mañana de Toronto, mientras descansaba por Laia en el parque, era claro que la guardia civil había llegado con órdenes de arrasar y eso hicieron. Era una fase del proceso, podría decirse. Algo si no predicho por lo menos esperado (lo que no lo hace menos doloroso). La cadena de provocaciones montada por Puigdemont et al. estaba destinada a generar una respuesta salvaje de los imbéciles en Moncloa y así pasó. Tal vez antes de lo planeado. Tal vez por fuera de lo previsto. Da igual. El resultado fue óptimo: la barbarie policial consolidó la movilización y a partir de ahí daba lo mismo cuántos votaban y por qué; lo que importaba era el acto de resistencia: la respuesta enérgica a los opresores. Ya los políticos se encargarían, al final del día, de otorgarle el significado que conviniera. Así es como Puigdemont salió hace unas horas a anunciar que la jornada fue un éxito y el proceso para declarar la independencia entra en marcha. Cuentas inconstatables de votos fueron seguidamente publicadas arrojando un cómodo noventa por ciento de aprobación con un número de votos que alcanza el cuarenta y tanto por ciento del censo electoral. Una fantasía, pero da lo mismo todo. Los números son decoración en una decisión que requería más los heridos y disturbios que los votos. Lo que sigue es tan incierto como ayer pero más enrarecido (aunque los hay que celebran). Se viene una huelga y Dios sabe qué siga después. Hoy todos perdieron salvo las derechas de ambos bandos, revitalizadas por los patriotismos y la confusión. Quiero creer que sus posiciones de ventaja son frágiles.

Por lo pronto me gustaría ver a Rajoy caer. Cualquier ruta al diálogo que de verdad necesita Catalunya pasa por ahí.

Neutro

A estas alturas todavía hay quienes exigen neutralidad al periodismo y se escandalizan cuando un medio toma partido como si fuera una traición al oficio. Con el mismo tono y argumentos se presenta seguidamente al difuso centro político como la alternativa superior, ecuánime.

Robert Fisk dice que el periodismo debe ser neutral, sin sesgos y siempre estar del lado de los que sufren. La exigencia de neutralidad rotunda (la doctrina del fairness and balance que nos tiene con el señor naranja en el trono de Washington) evade con prurito antiséptico la exposición de conflictos y crea, en palabras de Fisk, “una versión verbal de la realidad virtual”.

En política la misma aspiración deviene en falta de compromiso, renuencia al conflicto, glorificaciones de la meritocracia y ensoñaciones de limpieza metodológica. Una posición usualmente estéril o al servicio de agendas más activas.

Ingenuidad

La política me supera. No tengo la cabeza para digerir lo que pasa ni mucho menos alcanzar un nivel de comprensión que me permita tal vez aportar algo más que angustia y confusión a una situación ya de por sí bastante angustiante y confusa. A veces intento convencerme de que es intrascendente y que nada de lo que está pasando tendrá consecuencias que me afecten directamente, pero por otro lado el alcance del poder de los señores de Washington es tal que sentirse blindado por estar del lado correcto de una frontera podría ser un pecado de ingenuidad capital.

Diligencia

No sé si leer las acciones de Trump como torpeza general o como estrategia astuta de desestabilización por saturación informativa. La consecuencia en ambos casos puede ser la misma, pues es claro que Trump no juega a plazos demasiado largos, así que incluso con motivaciones más o menos claras sus decisiones pueden desbocarse al cabo de semanas. Lo más aterrador, por lo pronto, es la diligencia con la que el personal de los servicios de control fronterizo se volcó a cumplir y llenar detalles de una orden ejecutiva a medio redactar diseñada para convertir el racismo y la xenofobia en política de estado. Esto solo puede empeorar.

Optimismo

Me cuesta mucho mantener el optimismo pero siento que es una obligación hacer el ejercicio de sostener una perspectiva que abra caminos y sugiera una posibilidad aunque sea pequeña de mejores futuros, de un avance; entre otras porque sé que en el gran esquema soy un privilegiado y debido a esto tengo más opciones de afectar positivamente mi entorno amplio que muchas otras personas a mi alrededor. También sé que si me dejo ser converjo rápidamente hacia un estado entre el cinismo y el derrotismo donde mi depresión se establece y prospera sin dificultad. Desde ahí solo sé destruir y resentir. Así que cada día me levanto, pienso en el día que arranca y me comprometo (especialmente ahora, cuando todo parece derrumbarse) a resistir mis instintos y ser alguien de valor o bondad para los demás (o siquiera para algunos demás) así no sepa bien qué tengo para ofrecer.

Trump

Y todo cae pero en cierta forma todo también perdura. Al fin y al cabo los señores atenuados que hoy entonan himnos triunfales son los mismos que han decidido quién es más, quién menos y qué importa desde siempre. Como me dijo Sergio esta mañana: esto es apenas un cambio de modales.

Pensaba hace un rato, durante la fila para el café, que hace algunas décadas surgió un movimiento ciudadano que resistió a esos señores y les aclaró que había límites. Ha surgido varias veces en diferentes momentos con diferentes grados de éxito. Este en particular fue provechoso y efectivo y produjo cambios sustanciales (aunque no totalmente satisfactorios) en la forma como las personas en este lado del mundo abordan ciertas diferencias. Algunos murieron en esa lucha. En su cenit fue un movimiento amplio que incluía no solo a los oprimidos sino a una fracción de los tradicionalmente privilegiados. Y supongo que mantener la inercia es difícil pero llegado un punto el movimiento se concentró en alcanzar lo que parecía un punto medio conciliatorio: un acuerdo resignado en el que las ideas viejas y los odios que las motivaban perduraban en la intimidad de sus anfitriones pero eran gradualmente desterradas de la conversación pública. Una vez ahí el movimiento se desvaneció casi por completo y volvió a ser un asunto que sólo concernía a los sistemáticamente oprimidos e ignorados (a través de desigualdades históricas que se asumían como naturales y por tanto inevitables). Tal vez el error del movimiento amplio fue creer que la pelea terminaba ahí. En ese silencio rencoroso había suficientes nutrientes para un retorno rabioso dadas las condiciones óptimas que un señor como Trump, con su total desprecio por la humanidad y dignidad de quienes considera sus inferiores, supo materializar aprovechando la ansiedad de atención de los medios idiotas (tan objetivos, tan neutrales, tan cautos) que usó libremente como megáfono.

8

Me decían hace poco que la política de libros libres de impuestos era ingeniería social. Lo correcto, según mi corresponsal, era la propuesta actual de cobrar impuestos por unos artículos que, al menos en Colombia, ya son de por sí un lujo. El argumento, según entendí, es que si solo los ricos compran libros pues no se afecta a los pobres clavándole un cinco por ciento de impuesto a su venta. Que este aumento de precio dificulte todavía más el acceso a libros de por sí exiguo de la mayoría de la población es irrelevante. Y ni hablar de considerar subsidios para, en cambio, reducir precios. La razón por la que oficializar el statu quo en cuanto a acceso (o falta de) a libros por medio de impuestos a su venta no es también considerado ingeniería social se me escapa. Tal parece que la etiqueta únicamente aplica a propuestas de corte progresista que promueven cambios en el funcionamiento o estructura del sistema social y nunca a la consolidación y refuerzo de lo establecido, aunque lo segundo también sea clara y tradicional ingeniería.

Encuestas a la alcaldía de Bogotá (2)

Agregación de las encuestas de intención de voto por los candidatos a la alcaldía de Bogotá:

encuestas.24oct

Esta es una continuación de un ejercicio iniciado acá. En Twitter solté actualizaciones con cada encuesta publicada. En esta última agrego los porcentajes finales de las curvas de regresión local. Como siempre me interesa más la descripción de los datos que la predicción. En este caso, la interacción entre el avance y la caída de las campañas con el paso del tiempo. O la constancia, como en el caso de Pacho Santos que deja la campaña en el mismo nivel en el que arrancó y compitiendo duro con el voto incierto.

Encuestas a la alcaldía de Bogotá

En los gráficos que siguen combino la información de todas las encuestas de intención de voto para la alcaldía de Bogotá usando curvas de regresión. Para la estimación con líneas rectas uso una regresión robusta y para las curvas una regresión local:

encuestas2015.lineas
encuestas2015.curvas

Para comparar, aquí lo mismo con las encuestas para las elecciones de 2011 que ganó Gustavo Petro.

encuestas2011.lineas
encuestas2011.curvas

Las líneas horizontales son los resultados finales (en porcentaje de votos) para cada candidato.

No estoy seguro de qué tan correcto sea mezclarlas con semejante desparpajo.

Ñapa: aquí una gráfica de las líneas en la elección anterior usando solo las encuestas previas a octubre de 2011, para verlas más o menos en el mismo estado en el que se encuentran las de este año:

elecciones2011.lineas.pre

Ya para ese punto era clara la victoria de Petro, parecería.

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diferencia.resultados

Para cada municipio tomo el total de votos depositados y para cada uno de los dos candidatos calculo la proporción de votos que le corresponden (un número entre cero y uno). Lo hago en primera y segunda vuelta por separado y después resto el valor de primera vuelta del de segunda vuelta. El resultado es un número que, para cada candidato, me dice cómo mejoró (o empeoró, si es menor que cero) su resultado en el municipio. En el gráfico están las distribuciones de estos valores para los dos candidatos de la segunda vuelta. Los puntos sugieren potencial electoral de los municipios. La caja difuminada es la representación tradicional de distribuciones de valores numéricos. Los colores son las regiones que usa el Banco de la República.

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Esta gráfica se podría llamar “Por qué Santos ganó”:

diferencias.participación.segunda

Y aquí está la tabla con el conteo de votos a nivel municipal hasta donde va a las 11:30pm de hoy.

A ver en qué termina ese tal proceso de paz.

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En el anterior gráfico me dio la impresión de que la diferencia de abstenciones confundía más de lo que ayudaba así que aquí va uno en el que uso en su lugar la abstención para las presidenciales (en porcentaje sobre el potencial electoral a nivel municipal). Describen fenómenos ligeramente distintos pero relacionados. El efecto es similar:

Diferencia en resultados y abstención

Clic para agrandar. Agregué colores y tamaños a los municipios de acuerdo a su potencial electoral.