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política

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La gracia de los sistemas políticos democráticos es que permitan la coexistencia de opiniones diferentísimas dentro de un contexto donde se pueda discutir y llegar dentro de lo posible a acuerdos. Entre más diverso el espectro de posiciones representadas, menos probabilidad de que se imponga alguna ideología maximal.

Cuando bajo presión se pretende colapsar el espectro y forzar que tome una forma y cardinalidad determinadas se atenta directamente contra ese principio esencial. La polarización, el caso más extremo de colapso previo a la dictadura, pretende que todo participante (tanto representantes como electores) tome partido en una de dos direcciones mutuamente excluyentes bajo discursos (y ocasionalmente amenazas veladas) que convierten al opuesto en agresor. Quien rehusa someterse a la disyuntiva forzada es presentado como un agresor doble o cripto-oponente (esgrimiendo la premisa de que el que calla (o no toma partido) otorga (¿A quién? Al otro)).

Ayer la senadora electa Claudia López expuso en varios medios su decisión de no respaldar ni a Zuluaga ni a Santos en la segunda vuelta (lo mismo, por cierto, dijo Antonio Navarro). Aunque Santos le parece preferible a Zuluaga, López no se siente capaz (por la razón que sea) de apoyar con su voto al candidato presidente. Tras anunciar su posición y darle consejos a Santos para fortalecer su candidatura, López ha sido obviamente tachada de traidora, paraca y uribista en las sombras, entre otras delicias. Varios declararon con vehemencia imbécil que si Santos es derrotado será responsabilidad de López.

Y es como si olvidaran cuál es el papel de López y por qué fue elegida. López no estará en el Senado para servir de palanca sino como barrera de contención. Su trabajo desde hace varios años se ha concentrado en una oposición muy seria, fiera y frentera de ese bloque de políticos que inicialmente respaldaron y coronaron a Uribe y ahora (al menos parcialmente) sostienen a Santos. Quienes le piden a Claudia López que se declare temporalmente santista para prevenir el ascenso de Zuluaga están esencialmente pidiéndole que renuncie a su independencia, a su razón de ser en el congreso como garante incómoda de que esa diversidad de opiniones deseable no sea completamente aplanada por el juego mezquino de poder entre Uribe y Santos.

Lo importante es que cada cual pueda votar por quien quiera (no importa la razón) o incluso, si así desea, no votar. Eso es lo que es necesario defender si de verdad el propósito es fortalecer la tal democracia.

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Hoy vi a Pascual Gaviria recopilando los resultados de las elecciones al Senado en ciudades colombianas para comparar cómo le había ido al partido de Uribe (Centro Democrático) en relación al partido de Santos (Partido de la U).

Dado un municipio, una forma de comparar las fuerzas relativas entre los dos partidos es calcular un índice del estilo $$ \frac{CD – LU}{CD + LU} $$ donde CD son los votos en el municipio para Centro Democrático y LU los votos para el Partido de la U. El rango de este índice va de -1 a 1. Cuando es -1 quiere decir que La U recibió votos y Centro Democrático no recibió ni uno. Cuando es 1 quiere decir que Centro Democrático recibió votos y La U no recibió ninguno. Cuando el índice es cero quiere decir que sacaron el mismo número de votos. Puntos intermedios representan diferentes proporciones a favor de uno u otro (negativos para La U y positivos para Centro Democrático).

Ad portas de la elección presidencial no viene mal revisar estos índices pues aunque la estructura de la elección es distinta las contiendas a nivel local son similares. Por ejemplo: un municipio donde los votos de Santos son más que el doble de los de Uribe (i.e., indice ≤-0.33) es uno donde es muy complicado que Uribe (o sea su títere, Zuluaga) se imponga. Al contrario, lo mas probable (al menos ingenuamente) es que Santos se fortalezca (por ejemplo sumando los votos que recibió Cambio Radical, el partido de su fórmula vicepresidencial (o los conservadores que se han declarado santistas)). Mejor dicho, este tipo de análisis podría servir para saber cuáles son los votos que realmente están en juego y cuales están más asegurados.

En este primer gráfico represento el número de municipios dado el índice. La barra dice: en este rango de índices hay tanto por ciento de municipios y en estos municipios ganaron tales partidos en esta proporción.

lu.vs.cd

Un problema obvio de este gráfico es que los municipios tienen diferente fuerza electoral dependiendo de su tamaño y al final lo que importa es cuántos votos se suman (no cuántos municipios se ganan). Así, tal vez el gráfico correcto debería representar en las barras el número de votos (en municipios con tal índice) y cómo esos votos se distribuían entre los distintos partidos. Ese es el que viene a continuación:

cd.v.lu.votos

Hay 5.601.216 votos a la derecha del cero y 5.324.366 a la izquierda. El aporte partido conservador parece decisivo. Santos debería estar preocupado.

La gran duda es cómo se moverán esos colores entre las barras el próximo domingo.

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Está buena esta gráfica de Miguel Olaya comparando a los candidatos presidenciales de acuerdo a sus respuestas al cuestionario de Congreso Visible.

Una opción alternativa es considerar las respuestas de los candidatos como un vector numérico y medir distancias entre ellos. Remplacé los “SÍ” con 1 y los “NO” con 0. Para llenar las respuestas vacías de algunos candidatos puse 0.5 (porque pareciera que la falta de respuesta fue usada como punto medio entre las dos opciones – “ni SÍ ni NO”). Calculé la distancia euclídea tradicional. Aquí está el código en R. Este es el resultado (entre el número es más alto, más diferentes los vectores de respuestas):

Si ese número de verdad significa algo (altamente discutible), los candidatos más “distantes” son Zuluaga y Peñalosa y los más “cercanos” son Santos y Zuluaga. Por otro lado, eso también se ve en los gráficos de Olaya, que tienen un significado más claro.

Detalle curioso: de acuerdo a las distancias, Peñalosa y López son tan “cercanos” (o tan “distantes”) como Ramírez y Santos o Zuluaga y Ramírez. Peñalosa es el candidato más cercano a López (y viceversa). Zuluaga y Santos empatan en la competencia por ser los más cercanos a Ramírez (pero son todavía más cercanos entre ellos).

No sé cómo habrán diseñado el programa de apareamiento los de Congreso Visible. Probablemente lo hicieron también usando coincidencias en respuestas. Quién sabe cómo habrán tomado en cuenta la opción de declarar la importancia de cada pregunta. Es chévere la idea aunque tal vez habría valido la pena un cuestionario más extenso y amplio y menos coyuntural.

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Decía Héctor Abad en una columna que era bueno que la campaña presidencial fuera “aburrida” porque eso quería decir que se hablaría de asuntos más sustanciosos.

Pero no se habla de nada.

Se habla de consultorías con estafadores, acosadores y difamadores profesionales. También de sus obras, a las que pese a la intención más que evidente de perturbar y desviar la discusión política (¡necesaria, urgente!) se les otorga un altísimo valor de verdad y atención. Todo se reduce a desinformaciones sobre la posibilidad de que cada candidato sea un criminal o al menos títere de un criminal (o del imbécil de Uribe, que es considerado todavía peor).

Cualquier posibilidad de debate público se evade por estrategia.

A veces se habla de que no se habla de nada, como para que quede claro el vacío.

Que quede claro que nada importa porque la victoria no depende de ideas ni propuestas sino de quién logre sumar más apoyos (a punta de acuerdos más bien oscuros) entre los doscientos o trescientos tipos (a lo más) que canalizan, filtran y distribuyen el botín público.

Pero claro, estas elecciones son importantes. “¡Se decide todo!”, dicen los ansiosos que sienten que siempre están en la coyuntura.

De pronto no se decide nada. De pronto ya todo está decidido y de verdad da lo mismo quién gane entre los dos señores, seamos justos, que pueden ganar.

Cuánta confianza en la farsa.

Es muy jodido atender a las noticias de la campaña presidencial colombiana y no terminar hundido en un pesimismo que sólo admite el cinismo más amargo como antídoto. Así empezaba y terminaba esta entrada. Era sólo esa frase. Se convirtió en esto.

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ihh

Un mapa con el índice invertido de Herfinhahl-Hirschman a nivel municipal. El índice invertido de Herfinhahl-Hirschman sirve para estimar el número de partidos efectivos en competencia en un lugar. Para obtenerlo usé (con algunas dudas) el vector de votos para cada partido al senado (nueve partidos) más los votos en blanco con cada número dividido por el total de votos válidos.

Calcularlo es bien sencillo (sospecho que eso ha ayudado mucho a su popularización): dado $v=(v_1, v_2, \ldots, v_{m})$, el vector de proporciones de votos, el índice es

$$ \text{IndHH}(v) = \frac{\left(\sum v_i\right)^2}{\sum v_i^2}.$$

En economía, donde nació, generalmente se usa el denominador (ese es el no invertido), pero en ciencia política se prefiere esta versión tal vez un poco más explícita. Mónica Pachón (excabeza de Congreso Visible) dice que a nivel municipal el índice no es muy elocuente. Suelto el mapa con esa advertencia. Es más una curiosidad que otra cosa.

(Secretamente, más que calcular el índice, el propósito de este ejercicio era probar este código de Mike Bostock para hacer mapas con zoom. Todavía hay varias cosas que no me quedan claras y tuve algunos problemas calibrando la ampliación, pero ahí anda.)

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Ahora el mapa de votos del senado también incluye una opción para ver cómo le fue a nivel municipal a cada candidato.

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Mapa con partidos ganadores de las elecciones al Senado a nivel municipal. No sobra decir que ese no es necesariamente el partido del candidato con mayor número de votos del municipio. Eso tal vez lo mire después (en otro juguete o una extensión de este) candidato a candidato.

Aquí tengo una lista con todo lo que he hecho sobre las elecciones parlamentarias del domingo pasado así como enlaces a las tablas de datos que he descargado y organizado. Seguirá creciendo poco a poco hasta que me aburra.

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cord.sucre
Votos al senado en Córdoba y Sucre, marzo de 2014. (Los correspondientes al país completo están acá.) Tuit para recordar.

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partido.contra.partido

Lo que quería ver, y no estoy seguro de ver bien, es cómo compiten los partidos entre ellos a nivel municipal. Supongo que hay mejores formas de “visualizar” algo así pero este es mi primer (y fallido) intento. Cada mini-gráfica es una nube de puntos (uno por cada municipio) donde las coordenadas están dadas por las proporciones de votos al senado en ese municipio para los dos partidos correspondientes a su posición en la cuadrícula. En el triángulo superior están las correlaciones esas mismas variables (la interpretación de estas correlaciones ya no la tengo tan clara como cuando las generé, si es que alguna vez la tuve clara). Creo que esperaba ver algún patrón o irregularidad que fuera difícil de apreciar de otro modo, pero creo que no es mucho lo que se ve más allá de lo obvio. Algo que parecen sugerir los gráficos es que los partidos “tradicionales” y sus derivados (i.e., los cuatro primeros) apelan al mismo tipo de votante (lo que permite mayor concentración en el centro de la mini-gráfica) mientras que los partidos minoritarios en realidad no compiten entre ellos: hay pocos municipios en los que ambos sean relativamente fuertes. Pero de nuevo ese es el tipo de cosas que no necesitan un diagrama tan complicado para verlas (si es que se ven).

Me preguntaba Daniel Vaughan por qué hice el gráfico si no sabía bien como leerlo y me puso a pensar en la metodología improvisada y casi artesanal de estos procesos de exploración de datos, tan alejada, en últimas, del análisis formal y estructurado (casi de receta) que promueven los economistas. Supongo que la respuesta corta es que el propósito de estas búsquedas es encontrar perspectivas que iluminen los datos (que permitan verlos ampliamente y ojalá de alguna forma “renovada”) y a veces (casi siempre) hay que escalar al mirador sin saber muy bien qué se verá y qué no. Tal vez lo otro que pasa es que mi intención con la mayoría de los gráficos que hago no es demostrar nada. Eso me permite experimentar sin preocuparme demasiado por entender hacia dónde voy. El reto técnico de aprender a armar el gráfico que quiero a veces paga solo el paseo.

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El caos institucional colombiano expuesto en un detalle mínimo: la registraduría tiene un código numérico para identificar municipios y corregimientos departamentales donde monta puestos de votación. El Dane también cuenta con un código númerico para identificar lugares poblados. Increíblemente (o no tanto) estos códigos no tienen nada que ver el uno con el otro. Otro similar: los códigos de colegios que usa la secretaría de educación del distrito son diferentes de los códigos que maneja el Icfes.

En aras de facilitar las traducciones idiotas que exigen las burocracias, aquí armé una tabla de municipios con el código del dane y el de la registraduría. Esto es con el apoyo de Alejandro Peláez y Daniel González.

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Aquí dejo para descarga libre las tablas de votaciones a representantes a la cámara a nivel municipal. Una por cada departamento (más la de la circunscripción de los exiliados.) No creo que haga con ellas pero los programitas que escribí para bajar las otras se adaptaban fácil para bajar estas. Y ya puestos, por qué no.

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Hoy un gráfico de la distribución del Senado recién elegido y un nuevo intento (con más información) de representar el dominio territorial de cada partido.

(Raspé de la página de la registraduría los votos para cada candidato en cada departamento. Este es un pequeño subproducto de esos datos. Planeo hacer algo más grande a nivel de candidatos antes de que se acabe la semana.)

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Aquí un gráfico con la distribución del Senado que parieron las elecciones de 2010 más un estimado de los departamentos donde los partidos tuvieron candidatos fuertes (¿algo así como dominio territorial?). A ver qué pasa hoy.

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A Colombia se le nota la falta de democracia en que no hay encuestas serias para elecciones parlamentarias. Entre el caudillismo y la reelección, las elecciones presidenciales colombianas son cada vez más idiotas y predecibles. Las parlamentarias, por su parte, son oscuras y esencialmente desinformadas. Pese a su importancia, parece que las posibles distribuciones de fuerzas en el congreso no merecen la atención de las encuestadoras y sus clientes de los medios (o si la merecen, lo disimulan muy bien). Me pregunto si esto estará relacionado con la naturaleza regional de las elecciones parlamentarias y el desprecio del centro (que hace encuestas, noticieros y periódicos) a las provincias. Si a esto se le suma la opacidad de las actividades en el congreso, realmente hay muy poca información disponible afuera para que el ciudadano pueda estudiar sus alternativas. Esto reduce las elecciones a meros concursos de popularidad muy superficial, que obviamente favorecen a los escasos “líderes de opinión” (con foco mediático permanente – en el grafo de candidatos al senado su identidad es más o menos evidente (¡cuánto elitismo se siente al explorar el grafo!)) y a los políticos profesionales con cara de tortuga entronados en sus curules (y sus regiones) desde hace milenios. No sorprende que el voto en blanco resulte atractivo para tantos.

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Me gusta la idea detrás de Congreso Visible. Siempre me ha gustado. Es un proyecto importante con buenísimas intenciones y que merecería mucha más atención. Problema: la interfaz no es muy práctica y no parece ser muy útil para hacer revisiones panorámicas. En particular, es muy difícil saber cúanta información realmente tienen.

Ayer por curiosidad estuve viendo qué datos tenían sobre los candidatos al congreso para las elecciones de este año y descubrí con agrado que contaban con un API para hablar directamente con su base de datos. Después de cacharrear un rato en R para desenredar el JSON que devuelve el API armé una tabla que condensa la mayoría de los datos que me interesaban (lo único que no incluí fueron las notas biográficas y los conteos de proyectos propuestos por los candidatos que ya han sido congresistas (un indicador pésimo de desempeño)). Tienen mucha menos información de la que pensaba: datos biográficos básicos no están disponibles y también hay problemas elementales, como la ausencia de un campo para el departamento en los candidatos para la cámara.

Lo que más me impresionó, sin embargo, fue lo escasa que es la información de votaciones a proyectos de ley de los candidatos que ya han sido congresistas. Apenas registran cinco proyectos de ley recientes (estatuto de la ciudadanía juvenil (?), justicia penal militar (fuero militar), reforma a la justicia del ejecutivo, implementación del TLC con Estados Unidos (Ley Lleras 2.0), ley estatutaria de reforma a la salud) y por lo general no cuentan con las votaciones para cada uno de ellos por parte de cada candidato-congresista. Dado que es Congreso Visible asumo que si no tienen registro de esas votaciones no es por desinterés.

La tabla me deja con la sensación de que realmente ejercer algún nivel de vigilancia ciudadana sobre los congresistas colombianos es una tarea imposible: ni siquiera se puede saber con claridad cómo votan por los proyectos de ley que discuten. Según entiendo esta es información pública (si no lo es, debería serlo) y sin embargo no hay un mecanismo sencillo para acceder a ella. ¿Si no la tiene Congreso Visible (que lleva años en esas) qué esperanza puede tener un ciudadano común de saber cómo vota su congresista?

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Por culpa del mapa de homicidios, ayer me crucé con varias personas que se rehusan a aceptar datos (si es que los leen) cuando estos ponen en duda (o incluso cuando no demuestran contundentemente) la mitología política asumida. Frente a una tendencia clara de reducción de homicidios en un cierto período responden con teorías de conspiración de bolsillo y se sostienen (so pena de sonar enajenados o agüevados) en sus narrativas populares de los baños de sangre apocalípticos y la violencia desatada (¡la más alta de la historia!). Una mujer proponía ayer que la reducción de la tasa de homicidios entre 2002 y 2010 se debió (en las narrativas fáciles todo siempre se explica de un escobazo con un solo factor, en lugar de reconocer que detrás hay siempre una red compleja de condiciones no siempre controlables y altamente aleatorias) a manipulaciones perversas de la “tasa demográfica” (?) en la registraduría, para poner un ejemplo. Otros no pueden aceptar los datos porque consideran que la práctica de los “falsos positivos” (un eufemismo periodístico horrible y ya extendidísimo para referirse al asesinato metódico de muchachos por parte de miembros de las Fuerzas Militares para hacerlos pasar por guerrilleros caídos en combate, acreditar éxitos operativos y ganar permisos, recompensas y condecoraciones) debería amplificar contundentemente las estadísticas de homicidios en general (aunque en la práctica correspondan a menos del 3% de los homicidios cometidos en un año). Y es verdad que estos crímenes son una atrocidad inaceptable, una vergüenza. Y son todavía peores cuando se reconfirma todavía hoy que dentro de las Fuerzas Militares son percibidos como errores casi exculpables de la guerra. Pero yo no me atrevería a decir que el resto de homicidios (en la escala de decenas de miles cada año — las tasas de homicidio, incluso ahora que están en caída, siguen siendo preocupantes) son menos serios. Los conteos son burdos e inexactos (a veces incluso tendenciosos) pero ayudan a poner las historias que nos contamos en perspectiva, a contrastarlas, a cuestionarlas. Aprender a leer números y tomarlos en cuenta no limita ni pervierte. No nos debilita. No deforma el mundo (ese está afuera, no en las tablas, y hay que volver a él siempre). Tampoco nos convierte en cínicos. Es una habilidad valiosa (una de tantas) para no perderse en las exageraciones y vaguedades comunes en discursos políticos. Las gráficas y las tablas no son generadores automáticos de conclusiones incontrovertibles sino plataformas para discutir y tomar distancia ocasional. No podemos sobrevalorarlas pero tampoco desestimarlas.

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Homicidios 2012 y 2013
Clic para agrandar. Datos de la policía colombiana. También hay unos de medicina legal que se supone que son distintos pero esos no los tengo. Como siempre, todo lo que se necesita para generarlo está acá.