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Ratón

Hay un ratón en Sing que consistentemente durante toda la película trata mal a sus compañeros de trama: una banda de cantantes aficionados mayoritariamente de buen espíritu que quieren alcanzar la fama. Al principio lo hace solo con desprecio y burla pero más adelante su comportamiento indirectamente desencadena la desgracia que cierra el segundo tercio de la historia. Y no sé si admirar o incomodarme de que pese a esto nunca recibe su merecido. Incluso después de la desgracia sus compañeros lo aceptan como parte del grupo y hasta el final sus comentarios y actitud prepotente persisten impunemente. Ni un gesto de arrepentimiento. No me quedó claro si su escena final era una forma de indicar que su castigo sería inminente. Un personaje intrigante, en todo caso.

Fuera del tiempo

Hace treinta años que se murió Philip K. Dick. Cuando uno es así como es uno es fácil sentir complicidad cercanía al leer lo que Dick escribió. Escribió muchas cosas y todo lo que escribió se siente no sólo cercano sino verdadero a un nivel súper primario. Yo lo leo ocasionalmente. No he sido sistemático con él como si he sido con otros autores porque a veces me altera mucho leerlo y no quiero que se me acabe tan rápido para que no se muera de verdad. Lo que Dick dice en todas sus historias es que uno está aquí y lo que está afuera es difuso y difícil de agarrar pero de todas maneras uno trata porque el espíritu humano y ajá. Uno quiere vivir entonces uno no se deja aplastar por la realidad que a veces parece tan elusiva y falsa. Hay mucha miseria y mucho dolor. Hay tedio. Todo es tremendamente confuso. Las personas son muy pequeñas dentro del gran esquema cósmico y así es muy complicado inventarse un propósito perdurable para lo que uno es o representa o lo que sea, pero aún así todos lo intentan con una tosudez brutal. Hay gente que dice que Dick estaba loco pero yo no creo que una persona desequilibrada pueda hacer todo lo que él hizo. A mí me parece que hay personas que tienen esa sensibilidad, que entienden mejor que el resto ciertas cosas muy básicas de lo que somos porque las ven sin esfuerzo. Viven en una perspectiva privilegiada, adelantados o incluso fuera del tiempo. Grothendieck les decía mutantes. No mencionaba a Dick en su lista de dieciocho mutantes pero seguro que si lo hubiera conocido ahí estaría (o de pronto no porque Grothendieck era bien raro). Otra cosa que creo que a Dick le preocupaba era la comunicación con los demás. Que uno pueda decir cosas y quien quiera que lo oiga de verdad reciba lo que uno le dice entre todo el ruido que hay. Y también que le crean, que es todavía más difícil. Dick insistía muchísimo en ese miedo a la desconexión. A veces sugería que había algo intrínseco en las máquinas, en la tecnología y el uso que le dan los que la controlan, que nos aisla cada vez más a los unos de los otros o al menos limita nuestro contacto genuino, sin filtros impuestos por alguien más.

Philip K. Dick
Philip K. Dick cuando no sabía escribir.

Sábado (Lumet)

Se murió Sidney Lumet. Hacía unas películas que me atormentaban mucho basadas en proponer disyuntivas éticas complicadísimas y medio imposibles de resolver sin tener que reconstruir desde escombros media estructura moral propia. Para católicos apóstatas llenos de culpas, cobardías y angustias como yo eso es casi cine de terror. El heroísmo, para Lumet, exigía ser consecuente. No había grandes premios al final más allá de cierta satisfacción por haber hecho lo correcto y no haber renunciado pese a la magnitud de la amenaza. La redención era una necesidad constante y presente, no una promesa. Los riesgos del héroe eran inmensos y en más de una ocasión sucumbía, pero incluso en el fracaso el héroe era admirable por su fidelidad a sus principios. Lumet no era un director de grandes ideas sino de preocupaciones inmensas, terribles. En sus películas había que tomar decisiones dolorosas y luego vivir con ellas. Los héroes de Lumet no vencían a sus monstruos. Su valentía consistía en negarse a ignorarlos, en señalarlos, o incluso en rendirse ante ellos sin jamás perder la conciencia de que estaban ahí. Nunca hay certezas. Todo siempre puede salir peor. Renunciar a la esperanza, empero, no es una opción.

You’re beginning to believe the illusions we’re spinning here. You’re beginning to believe that the tube is reality and that your own lives are unreal. You DO whatever the tube tells you: you dress like the tube, you eat like the tube, you raise your children like the tube, you even think like the tube. This is mass madness, you maniacs. In God’s name, you people are the real thing, WE are the illusion.