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Sospechoso

¿Por qué las compañías de cosméticos siguen haciendo champú para adultos que irrita los ojos si ya hace varias décadas que Johnson y Johnson descubrió la fórmula para un champú que no lo hace? ¿Para qué quieren que cerremos los ojos mientras nos duchamos? ¿Qué intentan ocultar? ¿De qué trampa capitalista nos distraen? Sospechen por principio de todo producto que los obligue a cerrar los ojos al usarlo.

No más lágrimas
Anuncio del champú “no más lágrimas” de Johnson & Johnson de 1956.

Matones patentes

La columna de hoy describe (muy) a grandes rasgos el desastre que han desencadenado dentro de la industria tecnológica gringa las patentes de software. El dato sobre el gasto de Google y Apple el año pasado que menciono proviene de un artículo reciente en el New York Times. Esta es la cita completa:

In the smartphone industry alone, according to a Stanford University analysis, as much as $20 billion was spent on patent litigation and patent purchases in the last two years — an amount equal to eight Mars rover missions. Last year, for the first time, spending by Apple and Google on patent lawsuits and unusually big-dollar patent purchases exceeded spending on research and development of new products, according to public filings.

El año pasado un intento de reforma del sistema de patentes se hundió en el congreso. Aquí un buen reportaje de lo que pasó, con intrigas y trucos sucios al por mayor. También el año pasado, This American Life dedicó un programa entero al asunto. Vale muchísimo la pena. Este artículo largo (pdf) de Michele Boldrin y David K. Levine para el Banco de la Reserva Federal de St. Louis presenta a detalle el problema (con análisis económicos y demás juguetes) y al final propone abolir el sistema de patentes del todo, sin compasión. Para terminar la lista de enlaces, un cómic coincidencialmente publicado el jueves en Saturday Morning Breakfast Cereal que ilustra el absurdo a la perfección.

Algo que no dije en la columna (y que tal vez debí) es que el matoneo se ha extendido del software a otras industrias, como la biotecnología. (El caso de las farmacéuticas es otro universo completo, por cierto.) Esto es particularmente relevante en el caso colombiano, ya que el TLC firmado con Estados Unidos contemplaba, hasta donde sé, compromisos para el país con respecto a patentes de este tipo. Cuando entienda bien cuáles fueron estos compromisos (pp. 15-17) tal vez vuelva sobre ello en otra columna.

La empresa de la patente de la agenda para reuniones que menciono en la columna es Microsoft. Pero, siendo justos, si lo que hizo Microsoft en su momento se compara con las gracias actuales de Apple y Google en cuanto a patentes y abusos legales en general, Microsoft es un angelito.

Guarapo

Ayer por accidente compramos guarapo en el mercado hipster del pueblo. Guarapo de té. Una botella de 355 mililitros cuesta 3.75 dólares más impuestos. Carísimo. La descripción del producto es “té vivo burbujeante”. Lo hacen en Montreal. El empaque es muy cuidado, al igual que el diseño, sencillo y elegante. No sabíamos qué era y por eso lo compramos. Era guarapo, tal cual. Esto se llama buen marketing. Lo promueven como beneficioso para la digestión y la energía. A los bichos que producen la fermentación los reintroducen como Symbiolife™. Una botella contiene alrededor de 280 millones. Recomiendan tomar una botella al día y no más de una. Luego de comprar las dos botellas (una con sabor a limonaria y otra con sabor a flor de jamaica) para acompañar el burek de espinaca y queso del puesto bosnio, descubrimos que no es aconsejado para mujeres embarazadas o lactantes, así que ayer me tomé el mío y hoy el que le correspondía a Mónica. El guarapo de piña que hicimos hace unos meses era comparable en textura y sabor, aunque tal vez un poco más dulce. De ese Mónica, aunque embarazada, sí tomó. Nunca subestimen el poder de las advertencias en etiquetas.

Complete Solutions Manual

La disponibilidad de soluciones pulidas (comercializadas por las mismas empresas que publican los libros de texto) libera al estudiante del riesgo de la (inofensiva) frustración reiterada (modulada con pistas, conversaciones y sugerencias eventuales) que conduce a la comprensión sólida de los conceptos y técnicas. Asimismo contribuye a la consolidación de la fe perversa en la solución única, que despoja a la matemática de su faceta creativa y la reduce a la repetición irreflexiva.