Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

progresos

Trece meses

Durante el primer mes de su segundo año Laia empezó a caminar. Sobre esto ya he escrito. Después de la novedad inicial siguió un período de cautela experimental que parece haber terminado hoy, tal vez para celebrar el nuevo mes de vida: desde por la mañana ha estado caminando por la sala evitando apoyos y sin dirigirse específicamente hacia nada. Por primera vez parece preferir caminar a gatear. Otra de las novedades de este mes es que empezó a usar palabras con propósito. Dice “agua” cuando quiere agua (suena “abua”). También usa el signo correspondiente en lenguaje de señas cuando la palabra no le sale. Por otro lado responde a varias frases, reconoce palabras, sabe partes de la cara y las señala, lanza pelotas, abraza sus muñecos y les da besos, sabe cuándo puede jugar con Gonta y cuándo no, reconoce e inteactúa con personas por Skype, entiende vagamente cómo se usa el iPad, nos imita. Aprende montones sin que sintamos que le enseñamos. Siempre está atenta a lo que hacemos, pero le gusta contar con cierta independencia/distancia. Es necia, hiperactiva y rebelde. Las noches siguen siendo duras. Ocasionalmente no duerme. La comida también es toda una guerra, aunque la reproducción de videos en el computador ha ayudado mucho. Pocoyó nunca falla. Aunque es exigente cuidarla (y no siempre tengo la disposición emocional correcta), cada vez me parece más maravilloso todo. Al principio mi conexión con ella era complicada. Pensaba que estaba en desventaja por ser el papá (que es, para ella, casi como ser nada). Ahora he empezado a sentir un vínculo personal muy fuerte. Cada vez me usa menos como un sucedáneo de la mamá. Tenemos nuestra propia relación y nuestras propias actividades. Somos un equipo. Prefiere a la mamá en general (se adoran), pero tiene juegos que son sólo conmigo. En medio de todo eso ha adoptado muchos de mis gestos. Me reconozco en ella. Jugamos entre las siestas, las comidas, las cambiadas de pañal y los baños. También cantamos y bailamos. Nos protegemos mutuamente. Tenemos nuestro plan de ir a la cafetería. Ella se sienta junto a mí y nos comemos un scone de queso con arándanos entre los dos mientras me tomo un café. Las dependientes del café nos conocen y saludan. Laia saluda a todo el que entra. Algunos responden. Los canadienses son jodidos. Los viejos son generalmente más receptivos. Quiero salir más con ella ahora que empiece a caminar con más seguridad. Hay algo en la actitud de Laia, en su forma feliz de acercarse a todo y todos, con buen ánimo, sin prevenciones, que me hace mucho bien. Mi hermana dice, y creo que tiene razón, que estoy enamorado. Es muy agradable sentir (o tener cerca) todo ese cariño y asombro. Es un gran privilegio acompañarla en estos primeros años y verla crecer. Tengo muchísima suerte.

Caminar

El sábado por la tarde, cuando volvimos de comer en el parque, Laia empezó a caminar. Estábamos en la sala. Mónica jugaba con ella en el piso y yo estaba leyendo algo en el escritorio. Mónica me dijo que me estaba perdiendo algo importante. Me volteé y Laia daba un paso tras otro con mucha torpeza pero también con decisión. Cuando finalmente se cayó, aplaudió. Estaba feliz. Creo que entendía que lo que estaba haciendo era, si no importante, por lo menos especial y digno de emoción. Después de esa primera vez siguió intentando, cada vez más temeraria, aumentando la longitud y frecuencia de los pasos, como midiendo sus nuevos límites (o evaluando sus súper poderes recién descubiertos). Hoy domingo por la mañana amaneció más cauta, pero ya hacia el final de la tarde intentaba correr hacia Mónica pegando un salto hacia sus brazos al puro final, cuando el equilibrio la abandonaba.

Once meses

Laia cumplió once meses el sábado. La última semana fue una de las más pesadas que ha tenido. Su sueño fue muy irregular y lloraba mucho durante las noches. Finalmente el viernes regresó a la programación habitual. Mi sospecha es que todo está conectado con su nivel altísimo de actividad. Le gusta estar despierta y en acción. El sueño se opone a su agenda actual. Este mes ha sido de muchos experimentos alimenticios pues se ha vuelto difícil que se concentre en la comida, así que lo hemos intentado todo, desde comida india hasta rollitos primavera pasando por duraznos enteros y pho, no siempre con éxito. La nueva política es que coma de lo que quiera que estemos comiendo. No sé por qué me conmueven tanto las comidas familiares en las que todos comemos lo mismo. Cada vez es más evidente que somos tres y que la tercera (que todavía no supera los setenta centímetros de altura) ya dejó de ser un apéndice y empezó a tomar decisiones que a veces nos afectan a todos. A veces asusta y a veces desconcierta. Ayer precisamente, mientras la cargaba, tuve uno de esos momentos recurrentes en los que me sorprende muchísimo la relación biológica entre los dos. No es tan fácil de asimilar. Cuando lo siento me da vértigo. Pienso en cadenas de animales descendiendo desde el inicio del tiempo y en nuestro lugar en ese proceso. Todavía no es suficientemente autónoma pero se mueve mucho y quiere entender qué es todo (con la boca como laboratorio de análisis preliminar). Exige muchísima atención. Con la muerte casi total de mi vieja cámara se han reducido las fotos. Uso el iPad pero no es lo mismo. Creo que ya se reconoce en las fotos, o al menos su cara le parece suficientemente familiar para reírse emocionada cada vez que la ve. Le encanta que nos acostemos en la cama para que ella haga monerías entre los dos. Salta, se intenta parar, se va de espaldas, se lanza con todo contra la cara (a morder), baila y se muere de la risa. Gonta le dedica una hora diaria de atención y deja que ella le haga vainas que yo jamás podría permitirme sin recibir sendo mordisco. Plinio a veces la tolera, dependiendo de su estado de ánimo. En la piscina ahora conoce a más personas. Sigue en su política de saludar a todo el que pase así no todos respondan. Los canadienses no miran ni le hablan tanto a los niños como los mexicanos. Son mucho más prevenidos. Me da rabia que no se permitan verlos, especialmente cuando los niños hacen tanto esfuerzo para que los tomen en cuenta. Ahora estamos en la lucha para que entienda que ciertos libros son de ella y otros no tanto (por lo pronto). Aunque todavía no ha deshojado ninguno valioso ya estoy preparándome para ese día. No demora.

Diez meses

Laia cumplió diez meses hoy. Pesa ocho punto un kilos y mide sesenta y seis centímetros. Es cortica pero sigue en su curva de crecimiento sin desvíos (un poco por debajo de la media). Este último mes estuvo lleno de progresos y aventuras. Lo que resta del año estaremos tranquilos en la casa. O bueno, tan tranquilos como permite su nivel de actividad, que por estos días es altísimo. Controlarla es casi imposible. Al final de la jornada no doy más. Un progreso liberador reciente es que se aprendió a tomar sola el tetero. Un retroceso angustiante: dejó de comer con entusiasmo y aprendió a escupir la comida no sabemos si por juego o por disgusto (esperamos que sea temporal). Un progreso que requiere atención es su afición a ponerse de pie con ayuda de cualquier apoyo e intentar caminar. Cada día se siente más activa, presente y atenta.

Aztlán (3): Laia

Nieta y abuela

Durante los diez días mexicanos Laia volvió a ver a su abuela paterna (que la recibió cuando nació) y aprendió a pasar de estar acostada a estar sentada y de estar sentada a estar parada (esto último usando apoyos). Una vez parada, se sostiene, agarrada de soportes (como muebles o personas), por un par de minutos. Si le doy las manos, da pequeños pasos. Al gateo le falta pero arrastrada se mueve adonde quiera. También aprendió a saludar/llamar con la mano a desconocidos (le encanta producir reacciones en la gente, y en México todo el mundo respondía), a aplaudir y a tomar sin ayuda de su vaso de agua. Los dos incisivos superiores salieron en algún punto indeterminado entre Cancún y el Distrito Federal. Cada vez repite más sonidos y gestos.

Nueve meses

Laia y Remolacha

Laia saluda su imagen en el espejo, le gusta verse y tocar el espejo mientras sigue el reflejo de su mano. Hace dos días empezó a responder a los besos al aire con protobesos huecos que encadenados hacen una buena imitación de jabalí mueco. Los dientes han permitido que sea todavía más aventurera en sus comidas. Come arepa con soltura y deja la rama de apio en hilachas. Adora el aguacate a cucharadas. Hoy le presentamos la remolacha. Mónica le da a probar casi todo lo que come. En consecuencia, ahora pide cuando comemos frente a ella. Es caprichosa, exigente y terca. Aunque no gatea, rueda con mediana precisión hasta donde quiere e incluso se arrasta por tramos cortos si es necesario. Últimamente usa mantas o el babero para esconderse y luego aparecer súbitamente para su propia sorpresa. El vocabulario avanza lento (dice papa, mama, tete y algo que significa gonta), pero el arsenal fonético crece cada día. Todavía se emociona cuando los gatos se acercan y entra en éxtasis cuando interactúan con ella. Si la transmisión de video es clara, le responde a las personas que le hablan por Skype. En la piscina la zambullimos y la hacemos moverse por debajo del agua como un torpedo por unos segundos. También se sostiene sola contra el borde de la piscina con las manos por períodos cortitos y patalea como si nadara cuando quiere ir en alguna dirección específica (por lo general hacia alguna bola). Uno de sus deportes favoritos es escalarme agarrándose de mi pelo y morderme la nariz. Hoy me imitaba cuando le sacaba la lengua. A final de mes viajaremos a conocer el mar.

Laia y Remolacha
Mi demonia adorada.

Diente

Y aquí guarda la compostura (y el diente).

Sexto ciclo lunar

Ahora vivimos temporalmente en el planeta helado. Las salidas a la calle son difíciles pues la limpieza de las aceras es pobre. Cada vez el carrito nos parece menos práctico pero el uso del canguro no es confiable sobre el suelo congelado. Una solución no muy óptima es conseguir un trineo de madera para arrastrar a la niña. Estamos en ello. Igual a veces salimos los tres, caminando con cuidado de la mano. Gajes de vivir en un mundo donde olvidaron que las personas caminan. Laia come y masca. Le damos pedazos grandes de patilla y pera. Le gustan mucho las frutas jugosas. Laia hace muchos ruidos pero se restringe al sistema fonético klingon. Sólo sabe comunicarse a los gritos. Por las mañanas intercala gritos y pedos por la boca (no sé cómo más describirlo) hasta que nos despertamos. Cada vez parece más cómoda sentada aunque todavía no es muy estable. Cuando le dan comida con cuchara quiere apoderarse de la cuchara. Pese a la evidencia, Mónica sigue convencida de que la niña no crece. Lo mismo decía del Gonta, que ya pesa como diez kilos. Este viernes a medio día tenemos la séptima visita al pediatra y tercera ronda de vacunas.

Quinto ciclo lunar

Laia completó su quinto ciclo lunar el domingo. Los principales progresos son físicos. Tiene fuerza en las piernas y le gusta sostenerse en pie con un poco de ayuda de mis manos en las caderas. También disfruta estar sentada. Las conversaciones son cada vez más largas y los sonidos más complejos. Se emociona mucho cuando le hablan y responde a gritos muy agudos y cortantes. Es sociable y calmada. Sonríe fácil. Atiende cuando otras personas le dicen algo. Hace una semana larga que le está saliendo su primer diente. Un incisivo inferior pero no de los centrales. Esto ha dificultado el sueño. Un chupo parece mermar la molestia.

*

El viaje a Toronto fue tranquilo. No hizo mucho frío. Caminamos la cuota usual y vimos a Juan Pablo en el barrio chino. La exposición de Diego Rivera y Frida Kahlo en la galería de arte de Ontario me impactó mucho. No pensé que una exposición sobre ellos me pudiera llegar a conmover. Iba desprevenido y me dio durísimo. Creo que la pérdida del embarazo de Kahlo en Detroit nos conectó mucho con los personajes. Hay mucha tristeza y mucho amor en su historia. La exposición logra mostrar eso sin restregar sentimentalismos. No sé cómo hace. Está muy bien armada.

*

Ahora mismo Santiago está de visita. Vino a sustentar su tesis. A Laia le llama la atención Santiago probablemente por lo alto y por la barba. Con Santiago fuimos a la casa de su asesor a cenar. Laia fue obviamente el centro de atención.

*

Laia ha probado: granada, granadilla, uchuva, blueberry (?), calabaza, manzana y lenteja. A casi todo le hace mala cara e intenta escupir. Durante el próximo mes tendremos que empezar a incluir sólidos en su dieta.

Cuarto ciclo lunar

Ahora se duerme sola. Ese es su mayor avance. Se duerme fácil, sin bailes eternos por toda la casa. Sería casi revolucionario de no ser porque tuvo una regresión (sospechamos que es producto de la gripa) y la regularidad a la hora de comer fue la mayor damnificada. Esto obviamente me angustia porque mi religión se basa en garantizar que coma cada X horas (con X inamovible), y en el estado de conmoción actual eso es casi imposible de garantizar (para cualquier X razonable). Sergio dice que me falta carácter.

*

El viaje a Nueva Orleans fue agradable. Laia disfruta el contacto y la interacción con otras personas y allá había gente y distracciones por todos lados (cosa que es más difícil ofrecerle acá en la casa). Eso contribuyó a que durmiera mejor y estuviera en general de muy buen ánimo. Durante una caminata larga por Magazine Street la acomodé en el cargador de tal manera que mirara hacia adelante. Una vez superó el vértigo del espacio infinito frente a ella parecía maravillada con la vista. También, luego, vimos nubes desde arriba.

*

La gripa ha resultado suave. Queremos creer que los anticuerpos frescos en la leche de Mónica hacen la diferencia. Tenemos una solución salina para que baje los mocos y cada vez que podemos entra al baño durante las duchas a respirar vapor. De paso, empezamos a ducharla con nosotros. Le encanta el chorro de agua en la espalda y se ríe cuando le cae en la cabeza y el agua le corre por la cara. Hoy, aprovechando que la tina está recién lavada, estuvo hundida en agua hasta el cuello jugando con unos animales de caucho (publicidad de laboratorios clínicos) que le trajo mi mamá.

Laia (un poco bizca) y las peligrosas beignets de Café du Monde.

Alegría

Tercer ciclo lunar

Cada vez la risa es más frecuente aunque creo que todavía no me reconoce totalmente. Tampoco reconoce su nombre. A veces duerme bien y a veces duerme mal. Todavía no entendemos de qué depende. Los manuales proponen la creación de una rutina pero mi impresión es que la rutina (si se le puede llamar así) la impone ella. Igual no es malo: es divertido adaptar la vida a los designios de una pequeñita déspota sonriente que hace globos de baba. Hace un par de días estuvimos hasta las dos y media de la madrugada conversando. Creo que me quedé dormido antes que ella.

El control de las manos ha mejorado muchísimo. También su visión. Ahora puede tocar lo que quiere tocar (dentro de un margen de error de unos cinco centímetros). Adora los móviles. Queremos llenar el techo con todos los que podamos encontrar. La ropa que antes parecía inmensa ahora apenas le queda. Ya empezamos a usar la ropa que corresponde a los tres a seis meses y a prescindir de la otra.

Hace un par de días, durante el baño, redescubrió sus pies.

Janak vino a visitarla por cinco días. Jugamos Dance Central 2. Nos fue conferida la misión de asegurarnos de que Laia pronuncie apropiadamente las palabras “out”, “about” y “sorry”. Según Janak, el acento canadiense sobre esas palabras es fonéticamente ofensivo para el angloparlante de bien.

La licencia de maternidad de Mónica termina hoy. Mañana regresa al trabajo. Este año (“académico”) Laia será mi única ocupación. Tal vez escriba y programe por las noches, dependiendo del cansancio. Durante los primeros días iré con Laia a la universidad al mediodía para que reciba un almuerzo. De resto, la alimentación diaria dependerá de mi habilidad con los teteros y su disposición a la resignación. Esperamos que no sea necesario utilizar leche de fórmula. Durante el último mes Mónica se ordeñó regularmente y tenemos una buena provisión en el congelador. A ver cuánto aguanta.

Primer ciclo lunar

Esta madrugada se fue mi mamá. Hace un rato se reportó en Bogotá. Llegó a Ontario cuatro días antes del nacimiento de Laia. Participó en el (inevitable drama del) parto y asesoró con éxito a Mónica en el asunto de las tetas y la leche, que es siempre complicado, doloroso y sobre todo angustiante los primeros días. También nos tranquilizó cuando Laia tuvo un conato de menstruación durante la primera semana. Una abuela pediatra tiene sus ventajas.

*

Hoy a las cuatro y media la niña cumplió cuatro semanas. Cada vez duerme mejor por las noches. Durante el día tiene varios momentos largos de calma despierta cuando mira cosas y mueve las manos sin esperar leche a cambio. Cuando tiene hambre o algo la incomoda (e.g., el calor, la mierda, la humedad, los gases) es furia pura.

*

Entre las muecas involuntarias que hace es fácil detectar aquellas que más tarde se convertirán en gestos con mensajes controlados y precisos. Es como entrever sus palabras.

*

En comparación a su mamá tengo muy poco para ofrecerle. Le hablo y juego cuando está calmada. La cuido mientras duerme. Preparo su baño. Cambio sus pañales en la madrugada. Canto y bailo para tranquilizarla. Improviso conversaciones dadaístas entre muñecos. La entretengo cuando Mónica necesita descansar. Nada que pueda asociar directamente a mí (lo que quiera decir eso para ella). Por lo pronto nuestro vínculo es débil y cualquier progreso merece júbilo. Cuando me mira lo hace con extrañeza, tal vez intentando aclarar, al igual que yo, cuál es exactamente mi papel en su sistema de satisfacción de necesidades o, más simple, a cuenta de qué merezco su atención y por cuánto tiempo. Pocas veces actúa como si me reconociera. Cuando lo hace me siento la persona más afortunada del mundo. (Y cuando no también, ahora que lo pienso.)