Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

promesas

10

Sofía y el Terco

La primera película de Andrés Burgos me gusta por lo mismo que me gusta el cine de Wes Anderson. Sofía y El Terco es cuidadosa y tiene estilo. Cada detalle es decidido. Es personal y caprichosa al nivel justo. Su sencillez la fortalece. Permite disfrutar los juegos formales, las restricciones y la atención a las tomas, los objetos, los colores, las luces, la música, los escenarios, los paisajes, los chistes y la gran antena parabólica montada sobre una casa en medio del campo. ¿Ya dije los colores? La película, sostenida sobre la disrupción temporal de una rutina, de un método, es en contraste metódica en su planteamiento y realización. También es infantil en el sentido muy serio en el que los mejores libros infantiles lo son: amplia, expansiva, propone un mundo; la trama, como corresponde, es engañosamente simple: una mujer atrapada en su vida de ama de casa decide emprender un viaje a escondidas de su marido para conocer el mar. Todo sale mal y todo sale bien. Varias historias se plantean en el trasfondo. No hay pretensiones de realismo o grandes ideas ni desgastes con transgresiones o denuncias. En cambio hay dulzura sincera, reglas estrictas y aprecio y respeto por el medio y sus posibilidades narrativas. Deja buen sabor, admiración y ganas de más.

Firefly

Firefly
Serenity

Esta línea de Jubal Early en el último episodio de Firefly bien podría ser el epitafio de la serie:

I like the way the walls go out. Gives you an open feeling. Firefly is a good design. People don’t appreciate the substance of things. Objects in space. People miss out on what’s solid.

Creatividad e innovación

Aquí una conferencia breve de Emmett Stinson sobre el papel de la crítica dentro del nuevo reino de los creativos. En este párrafo creo que Stinson describe bien cuál es el problema de la clase creativa en general:

The paradigm of creativity no longer needs the critic, because “creatives” are not interested in criticism or in systematic critical thinking or even the history of art, since being creative is about being in an amnesiac and ever-present state of possibility—a constant state of a potential coming to fullness that ultimately reflects the hyperproductivity of a globalised, networked post-historical global monoculture. Indeed, creativity is, for better or worse, simply the cultural equivalent of what is perhaps neoliberalism’s favourite word—innovation, and the modern paradigm of the creative individual more or less adheres to a model of entrepreneurship, albeit an entrepreneurship in which the return on investment is perpetually delayed, perhaps until death and even beyond.