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propósito

Regret

So you want to kill yourself. That’s good. That’s PURPOSE. I’m not going to try to change your mind. I trust you: you’ve thought about it and really know what you’re getting into because, let me tell you, death is not easy, nice or final. It hurts like hell and you feel, trust me on this one, that it will never end (and in a way it doesn’t—the agony is eternal). Thus I assume you’ve considered your options and after some analysis you’ve come to the conclusion that dying is the only way out of your current (and most certainly tragic) situation. I am actually kinda proud of you for being so mature and rational about this. I respect you. Most folks come here saying that they want to kill themselves and when I ask if they’ve gone over the prerequisites they’re like what the fuck, boet, I thought you were gonna help me, so I have to tell them that my services are only for those who have done the deeds. I am not really judging them nor doubting their sincerity. I understand my position: they pay, I facilitate their demise. I don’t care if they’re dead or alive, but I want to minimize the chances of regret. It’s happened to me before: they die and then they come back complaining about the aftershit. It’s not as good as they hoped it would be. There is no heaven. I hate the food. The music is cheap. What did they do to my grandmother. That sort of crap. Or they’ve just realized that there was a trivial solution to their stupid personal dilemma but now it’s too late for that and they hate me for having so effectively done my part. That’s what I try to prevent. I don’t like ghosts flying around my room at night, screaming in sorrow and calling me names. It’s exhausting. I already have my wife and children for that.

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Tecnogogía

Una universidad alemana en 1600
La vida cotidiana en una universidad alemana en 1600

El sistema educativo entero está podrido. Sus problemas son diversos y todos muy graves. Hay una desconexión seria entre los programas que se ofrecen y los empleos disponibles/habilidades valoradas afuera. En las universidades, la enseñanza está en manos de empleados temporales mal pagados. Los profesores de tiempo completo son contratados para investigar y por ende su lista de publicaciones académica (no su compromiso con la educación, no su aptitud para enseñar) es el criterio prioritario a la hora de seleccionarlos. Los estudiantes, mientras tanto, son abandonados a su suerte en cursos cada vez más numerosos e impersonales; más filtros de selección burdos que facilitadores de aprendizaje. Los títulos que otorgan no acreditan conocimiento o competencias sino estatus. La estructura de las universidades y colegios (sus formatos, su organización e incluso algunos de sus contenidos) está esencialmente congelada desde hace décadas. Su renuencia a adaptarse es activa. La estabilidad es, claro, cómoda. La carrera académica es una pirámide que se alimenta del talento y aspiraciones de jóvenes idealistas a los cuales, cada vez con más frecuencia, se mantiene en condiciones de subempleo para siempre. Para colmo, la producción científica de las universidades no tiene mayor difusión en el mundo exterior. La fe en la academia (en sus alcances y su valor), se basa en una mezcla (proporciones por aclarar) de elitismo, cinismo e ingenuidad.

Tal vez exagero. Tal vez no todo está tan mal y hay esperanza. De pronto es sólo mi pesimismo crónico que no me deja ver la luz. Y aquí al lado está mi cinismo forzándome a escribir las tres oraciones anteriores. La educación es un tema que me preocupa porque donde me ven yo tenía la ilusión de ser un educador. Eso era lo que yo quería hacer y cada vez parece más difícil de lograr pese a mi disposición e interés. Lo que yo quería era trabajar en una universidad y dictar clases de matemáticas y temás relacionados. Tantas y tan variadas como fuera posible. La carrera de las publicaciones y la investigación bajo presión, en cambio, me llama poquísimo la atención, y eso disminuye mis posibilidades de éxito casi a cero. Despertar la curiosidad, intereses y talentos de personas que inician su formación me parece una labor mucho más edificante, sustanciosa y valiosa socialmente. Aquí hablo un poco más al respecto dentro del contexto de la educación en matemáticas.

Afortunadamente, no soy el único que piensa estas cosas. Cada vez es más frecuente encontrar, dentro y fuera de la academia, reflexiones sobre la decadencia evidente y la urgencia de una renovación radical. En Technogogy quiero recolectar algunas de esas voces que señalan los problemas del sistema académico y proponen otras maneras de plantear la educación. Más adelante me gustaría implementar/aplicar estas ideas en proyectos educativos concretos tal vez en Colombia.