Ayer fuimos a la marcha de las mujeres que organizaron en Toronto en solidaridad con la correspondiente en Washington. Me gustó el ambiente y aprecié el sentido de responsabilidad que muchos comparten acá por prevenir que algo como lo que está pasando en Estados Unidos se reproduzca, aunque también noté con incomodidad que la mayoría de las presentes eran personas blancas, educadas, del lado favorecido de la desigualdad, como nosotros (exceptuando lo blancos). Esto no debería sorprenderme: la protesta es un privilegio más. Pero no deja de ser curioso que en los cantos se preciaran de ser un ejemplo de diversidad. Más diversidad, pensaba ayer, encuentro cada día en mi tranvía matutino.