Después de tanto tiempo dando vueltas por el hemisferio occidental por primera vez tenemos (módulo un par de vueltas burocráticas de rutina que tomarán un mes y algo) permiso para quedarnos para siempre en un país. Parece poco y tal vez lo es, pero es agradable salir de ese estatus flotante en el que siempre hay una amenaza implícita de expulsión cada dos o tres años. Este cambio de condición también refuerza nuestra decisión de establecernos en Canadá. Nos gusta vivir acá.