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Ruidos

Los ruidos que usted (usted) oye en el patio a esta hora o a cualquier otra hora pero especialmente a esta hora (y no solo en el patio ni hace como una hora) son el último (siempre último) recurso de la realidad para establecer una conexión sustanciosa y duradera con su consciencia (que es la consciencia de todos, o sea de nadie). Aunque mensaje, los ruidos no tienen significado para una estructura cognitiva limitada como la suya. De hecho, la realidad aprovecha esta imposibilidad esencial para acceder de forma directa a centros de proceso primitivos en su cerebro a cargo del (des)control de sentimientos y son esos sentimientos (de confusión, curiosidad, miedo, desolación, gozo, vértigo) y su imprecisión lo más parecido a una interpretación del código una vez es asimilado fisiológicamente. En breve, los ruidos dicen, reiteran y refrendan la impermanencia intrascendencia como condición fundamental para existir.

Asesinos

Dos películas de asesinos de la vida real. Primera, Snowtown. A ésta llegué por culpa de Jorge, que mencionó la historia en un comentario: en un pueblo del sur de Australia durante los años noventa, un tal John Bunting convenció a un grupo de vecinos para que lo apoyaran en una cruzada personal. Bunting decidía más o menos arbitrariamente quien era culpable, el crimen (por lo general alguna forma de pedofilia) y su pena. Usualmente elegía personas que conocía. Las víctimas eran torturadas sin misericordia (mutiladas, electrocutadas, quemadas, destripadas) antes de ser asesinadas. Luego las escondían en barriles llenos de ácido clorhídrico. Por casi diez años se salieron con la suya. Snowtown es narrada desde la perspectiva de James, el hijo de una de las mujeres de Bunting. A medida que la historia se desarrolla, Bunting le revela progresivamente a James (y de paso al espectador confundido) sus aficiones secretas y finalmente lo induce a participar (¿A James o al espectador?). Apoyado por Bunting, James mata a dos de sus hermanos. En el centro de la película, más que los crímenes, está la relación tensionante entre Bunting y James. Es una película intrigante y cruda.

Snowtown

Segunda, 復讐するは我にあり (Vengeance is mine). Ésta es basada en los crímenes de Akira Nishiguchi, un embaucador japonés que asesinó a cinco (o seis) personas durante los años sesenta y robó a otras tantas. La película contiene algunos de los asesinatos más burdos y por lo mismo realistas que he visto en cine. Nishiguchi era un sociópata normativo que abusaba de la confianza de las personas para manipularlas, robarlas y matarlas a discreción. Su desapego emocional era absoluto. Era torpe, descuidado y cínico. Sabía que esa vida implicaba ciertos riesgos pero la amenaza de morir en la horca no lo intimidaba. Podría decirse que incluso lo ilusionaba. Estaba orgulloso de las libertades que podía permitirse. La película sigue su vida y la de su familia. Está llena de episodios incómodos de presenciar. En un arco lateral, la mujer de Nishiguchi, con quien tiene dos hijos, acosa sexualmente a su suegro (un católico fervoroso lleno de culpas — me queda la duda de si el catolicismo de la familia de Nishiguchi era mal visto en ese entonces en Japón) mientras Nishiguchi huye de la ley. En otro arco, Nishiguchi conoce a una mujer anciana que asesinó a alguien en su juventud para deshonra de su familia pero especialmente de su hija (a quien Nishiguchi seguidamente conquista, preña y estrangula). Ya en la cárcel su papá lo visita y Nishiguchi le dice que debió matarlo en lugar de matar a los otros. El papá le responde que él sabe que no podría pues Nishiguchi sólo puede matar a quien nunca le ha hecho daño. En la escena final, el papá y la mujer de Nishiguchi, ahora pareja, lanzan sus huesos cremados desde la cima de una montaña. Los huesos, sin embargo, se resisten a caer y flotan congelados en el aire. El simbolismo se me escapa.

Compliance

Mi experiencia de Compliance fue determinada seriamente por el efecto del pastorcito mentiroso. Me explico: estamos tan acostumbrados a ver películas “Basadas en la vida real” donde los guionistas toman libertades para convertir la historia en una trama digerible y comercializable que cuando encontramos una película que se toma esa premisa en serio, cuando de verdad se ciñen a lo que pasó incluso si lo que pasó es absolutamente inverosímil/incomprensible, nuestra primera reacción es dudar de la capacidad de los guionistas para ofrecernos esa papilla regurgitada a la que estamos acostumbrados. Como consecuencia, ver la película se convirtió en un conflicto constante entre mis expectativas narrativas y la inverosimilitud brutal de la historia real. Me tomó más de dos tercios de la película entender que era improbable que un equipo de guionistas razonables (que estrenan películas en Sundance) montaran un guión sobre una situación tan absurda sin que ese absurdo no fuera sino un retrato (casi) exacto de algo que había pasado en realidad (recomiendo seguir el enlace sólo después de ver la película). La advertencia al inicio (GIGANTE) no bastó.

Una vez asumí consciencia de la inevitable realidad de lo que pasaba, Compliance se volvió una película devastadora. Todavía no sé qué pensar de lo que cuentan ahí.

Rutina apocalíptica

Creo que no me molestaría que el mundo se acabara de repente en diez días siempre y cuando no fuera doloroso. Hay mundos acabándose todo el tiempo en todas partes pero casi nadie piensa en eso. Ciertos mundos se terminan en medio de mucho dolor y mucha confusión. En otros el sufrimiento es apenas perceptible. El mundo es un concepto muy frágil que se sostiene, ahora que Dios no existe, sobre la idea de que TODOS compartimos una experiencia objetiva muy complicada de aislar pero evidente para los sentidos. Esta idea se sostiene a su vez sobre la ilusión de que el lenguaje (entendido ampliamente) nos permite transmitir con claridad estados mentales. Cuando hablamos de el mundo nos referimos, en realidad, a esta red de intercambios de mensajes. Dado que los mensajes tienen un radio de alcance limitado dentro de la red, es más preciso hablar de varios mundos que de un único mundo. El fin de un mundo es la destrucción de las condiciones que permitían compartirlo y la consecuente inutilidad de las palabras. En cada soledad hay uno.

Take Shelter

Take Shelter

Un señor tiene pesadillas vívidas protagonizadas por una tormenta que lo destruirá todo. Las pesadillas son particulares porque perduran durante la vigilia. El señor, con una historia de esquizofrenia en su familia, teme por su salud mental. En particular teme por una crisis que lo aleje para siempre de su mujer y su hija (solitaria en su sordera). Son miedos comprensibles. Sea porque la amenaza de la tormenta es real o sea porque se está volviendo loco, le queda poco tiempo. Por eso su desesperación no es opcional ni atenuable. La única reacción posible es la urgencia absurda por encontrar un refugio para salvarlas. La amenaza es incontrovertible e incomunicable porque abarca instancias de su consciencia que están fuera del alcance del análisis racional. La pregunta no es si el miedo es real sino si la percepción es fiel a lo que pretende representar o si, para ponerlo de otro modo, la realidad es interior o (al menos someramente) compartida. ¿Estamos aislados en nuestras experiencias y sentimientos? No hay respuesta buena a esas preguntas. Nunca. Instintivamente las evadimos porque por fortuna no hay muchos momentos de la vida donde tenga sentido preguntarse si todos estamos sintonizados en el mismo canal, pero si un momento así llega (Dios nos guarde) la única respuesta sensata (?) es una especie de confianza frágil en que la maquinaria que sostiene el cosmos sea suficientemente consistente (o misericordiosa) como para asegurar la existencia de una sola vivencia a la vez local y amplia que permita conectar lo que somos con lo que son y sienten los demás.

Percepción

¿Cómo se llamará ese fenómeno que hace que ante una combinación de ruidos recurrentes pero no necesariamente concertados distingamos, casi de inmediato, una especie de ritmo unificador? ¿Pasará lo mismo con los estímulos visuales? ¿Cuánto de lo que pensamos que vemos o sentimos será organización creativa interna de información en principio disconexa (o incluso inconsistente)? ¿Y si la realidad es una alucinación colectiva controlada por rangos de tolerancia del cerebro para otorgar sentido a un flujo insuficiente de estímulos? ¿Qué está realmente allá afuera? ¿Qué ve Laia cuando me mira?

Diagnóstico

El doctor le dijo que o estaba embarazada o estaba muerta pero embarazada no podía estar porque el cáncer había acabado con el útero hacía dos años y la muerte era, sí, una posibilidad, pero remota.

Para ciertas personas la vida es un acto de fe constante en la realidad de la experiencia.

Le escribió a su hermano y le dijo que quería visitarlo para discutir su funeral pues todo parecía indicar que estaba muerta y quería estar segura de que la ceremonia fuera compatible con su afiliación religiosa y su visión cosmogónica general. Pidió que su hermano le enviara una copia de las palabras que leería para aprobar la redacción y énfasis.

En vida había sido reservada con respecto a su relación con Dios. Pero ahora no tenía sentido preservar las apariencias. Se arrepentía de su vergüenza.

En su carta de despedida para Tatiana le pidió perdón por abandonarla en la mitad del viaje, tanto literal como figuradamente.

El médico la visitaba a diario para reconfirmar el diagnóstico. Quería escribir un artículo al respecto. Tomaba muestras de su cuerpo. Hacía preguntas incómodas. Tocaba sus partes. Abusaba.

No siento nada.

Por las noches, cuando todos se iban, pensaba en las promesas de soledad tras la muerte. Seguro que era mejor que esto. Vivir la mentira.

La diferencia entre la vida y su ausencia es sobre todo perceptible en la intensidad de la luz y su tono.

Con la muerte, la realidad y el tiempo colapsan.

Debe existir una definición precisa de lo que significa partir. El manual estaba plagado de capítulos en blanco.

Moonrise Kingdom

La infancia es un estado de consciencia transdimensional hermético, inaccesible desde la adultez. Progresivamente, las realidades paralelas (en ocasiones mutuamente contradictorias) que constituyen la niñez convergen a las malas en la que será la interpretación estable del mundo. La angustia adolescente es una consecuencia de la pérdida irrecuperable de esa multiexistencia, una suerte de mutilación psico-sensorial. (La eventual esquizofrenia es un mecanismo desesperado de defensa.)

Los protagonistas de Moonrise Kingdom están al borde del colapso, lo presienten. Aunque no lo admitan, saben que su fuga no prosperará. La aventura y la batalla son la vida y su fracaso. Viajan al final del mundo concebible para verlo sucumbir desde una posición aventajada ante la fuerza del sitio del tiempo. Su propósito es crear juntos, con todo lo poco que tienen, una memoria genuinamente propia que los conecte para siempre: un reino junto al mar que guarde su momento de verdad.

We loved with a love that was more than love.

Fuera del tiempo

Hace treinta años que se murió Philip K. Dick. Cuando uno es así como es uno es fácil sentir complicidad cercanía al leer lo que Dick escribió. Escribió muchas cosas y todo lo que escribió se siente no sólo cercano sino verdadero a un nivel súper primario. Yo lo leo ocasionalmente. No he sido sistemático con él como si he sido con otros autores porque a veces me altera mucho leerlo y no quiero que se me acabe tan rápido para que no se muera de verdad. Lo que Dick dice en todas sus historias es que uno está aquí y lo que está afuera es difuso y difícil de agarrar pero de todas maneras uno trata porque el espíritu humano y ajá. Uno quiere vivir entonces uno no se deja aplastar por la realidad que a veces parece tan elusiva y falsa. Hay mucha miseria y mucho dolor. Hay tedio. Todo es tremendamente confuso. Las personas son muy pequeñas dentro del gran esquema cósmico y así es muy complicado inventarse un propósito perdurable para lo que uno es o representa o lo que sea, pero aún así todos lo intentan con una tosudez brutal. Hay gente que dice que Dick estaba loco pero yo no creo que una persona desequilibrada pueda hacer todo lo que él hizo. A mí me parece que hay personas que tienen esa sensibilidad, que entienden mejor que el resto ciertas cosas muy básicas de lo que somos porque las ven sin esfuerzo. Viven en una perspectiva privilegiada, adelantados o incluso fuera del tiempo. Grothendieck les decía mutantes. No mencionaba a Dick en su lista de dieciocho mutantes pero seguro que si lo hubiera conocido ahí estaría (o de pronto no porque Grothendieck era bien raro). Otra cosa que creo que a Dick le preocupaba era la comunicación con los demás. Que uno pueda decir cosas y quien quiera que lo oiga de verdad reciba lo que uno le dice entre todo el ruido que hay. Y también que le crean, que es todavía más difícil. Dick insistía muchísimo en ese miedo a la desconexión. A veces sugería que había algo intrínseco en las máquinas, en la tecnología y el uso que le dan los que la controlan, que nos aisla cada vez más a los unos de los otros o al menos limita nuestro contacto genuino, sin filtros impuestos por alguien más.

Philip K. Dick
Philip K. Dick cuando no sabía escribir.

Sábado y domingo (En directo)

Recuerdo que hace algunos años, tras el incidente Pezón de Janet Jackson, salió a relucir el hecho más o menos obvio de que los eventos que se transmiten en directo realmente no se transmiten en directo. O sí, casi, pero no de inmediato. Además del tiempo que transcurre entre la captura de la imagen y su transmisión, hay un período breve cuando tiene lugar la producción, que permite, entre otras cosas, aplicar ciertas medidas de censura o elegir los mejores ángulos. A raíz del atisbo de teta en pleno Super Bowl se discutió la posibilidad de extender este delay unos segundos más. En respuesta, el pueblo teledependiente en pleno pidió respeto a su dignidad de espectador/consumidor/producto. Cinco segundos eran tolerables pero quince eran demasiados. El pueblo teledependiente exigió (y exige) inmediatez. Las transmisiones en directo ofrecen la ilusión de que la captura del instante retratado no ha sido manipulada. En ese sentido, funciona similar a la captura aficionada de video improvisada (por lo general granulosa, sin foco, movida y sucia) que es cada vez más popular como documento de apoyo en cubrimiento de noticias violentas (aquí algo más al respecto). Al tiempo que la postproducción digital es cada vez más poderosa, barata y extendida, se generan formatos que supuestamente nieguen la existencia de intervención. Subsiste, increíblemente, la idea absurda de que el video es más robusto como documento testimonial que, por poner un ejemplo, la fotografía. Uno de mis temas favoritos, uno del que si tuviera el músculo me gustaría escribir algún día algo extenso y bien documentado, es el proceso mediante el cual se desarrollaron las técnicas de fotografía fantasmal a principio del siglo pasado. Creo que ya he hablado de esto (ahora no encuentro el enlace): una vez la fotografía se consolida como una herramienta documental, surge una comunidad mayoritariamente centrada en Inglaterra y luego Norte América (y que paradójicamente tiene al inventor de Sherlock Holmes (paradigma de la racionalidad estilo Pierce) entre sus seguidores más apasionados) que utiliza trucos de edición y revelado (sumados a la credibilidad en ese momento incuestionable de la fotografía) para demostrar la existencia de fantasmas. Estas técnicas (o sus limitaciones) permiten la creación de la idea visual del fantasma como un ente antropomórfico difuso semitransparente y pálido que antes no existía. De cierta manera, el llamado ectoplasma (supuesto material polimórfico del que estaban compuestas las manifestaciones espectrales) es también un producto de estas técnicas: se ha sugerido que nació como una explicación a manchas inexplicables en las fotografías fantasmales. Estas manchas, claro, eran explicables fácilmente una vez se reconocían los juegos de doble exposición, superposición y sobreexposición que eran necesarios para producir el efecto deseado (y aquí deseado va en cursivas porque, como sugerí antes, los fotógrafos involucrados en realidad no sabían qué era lo que querían mostrar). Una vez establecidas como parte del fenómeno sobrenatural, los fotógrafos procedieron a desarrollar métodos que enriquecieran las manchas y les permitieran ejercer cierto control sobre el aspecto de las mismas. Como sea, el punto es que los métodos de captura de la inasible realidad objetiva (ese sueño) son de inmediato secuestrados por aquellos que quieren decidir el carácter de la realidad (incluso se podría decir que todo aspirante a representador de la realidad tiene ese propósito), pero aún así la masa teleadicta ilusa aspira a la adquisición de la verdad a través de estos medios altamente retocables y, con ese propósito, otorga valor agregado (en ocasiones paga por ese derecho) a presenciar transmisiones en directo de eventos sobre la transmisión en diferido de los mismos (aquí aprovecho para preguntar si existirá algún mecanismo psicológico/neurológico que recompense la sensación de inmediatez sobre la de presenciar el mismo hecho en pasado). Esto sin mencionar el sentido de comunidad global que genera la combinación de estas transmisiones con medios instantáneos de interacción social en línea (que a su vez exigen que los medios de comunicación que los alimentan con temas reaccionen cada vez más rápido a lo que ocurre (sin importar el sacrificio en sustancia)). Para cerrar, digamos que esto son unas notas para un proyecto de ensayo (que probablemente nunca escribiré) para así disculpar la dispersión descarada. Culpen al calor.

Viernes

Terminé el temario del curso, escribí, en broma, THE END en uno de los tableros, y en respuesta mi pequeño auditorio secuestrado por cuatro meses estalló en un aplauso aliviado.

Sigo enfermo. Qué bueno que ya llegó el fin de semana.

Time heals

I don’t miss him anymore. Most of the time, anyway. I want to. I wish I could but unfortunately, it’s true: time does heal. It will do so whether you like it or not, and there’s nothing anyone can do about it. If you’re not careful, time will take away everything you have ever lost, and replace it with knowledge. Time is a machine: it will convert your pain into experience. Raw data will be compiled, will be translated into a more comprehensible language. The individual events of your life will be transmuted into another substance called memory and in the mechanism something will be lost and you will never be able to reverse it, you will never again have the original moment back in the uncategorized, preprocessed state. It will force you to move on and you will not have a choice in the matter.

—Charles Yu, How to live safely in a science fiction universe

Predicciones

Iremos al espacio. Y un hombre barbado llegará a la ciudad con noticias de planetas ya extintos. Y la virgen se aparecerá en dieciocho lugares del mundo simultáneamente gracias a la magia de Internet. Y dos niños descubrirán las ruinas de una ciudad de gnomos en una cueva en Extremadura. Y un jugador de fútbol reconocido internacionalmente desaparecerá por tres días y regresará con alas y un mensaje del Señor. Y un cantante mexicano de balada romántica ya olvidado regresará con una producción inspirada en música celta y será la sensación en Rumania. Y todos moriremos por diez segundos y volveremos a nacer con nueva sabiduría. Y se demostrará cientificamente la existencia de fantasmas. Y nacerá un niño que no sale en las fotos. Y un volcán alpino borrará a Grenoble del mapa. Y diez magnates de la industria del entretenimiento serán secuestrados y posteriormente decapitados en directo por CNN en español. Y no habrá canción del verano por un olvido inexcusable de la secretaria de marketing de Sony Music. Y nacerá un oso polar que habla en el zoológico de Berlín, pero será asesinado por un ambientalista fundamentalista afgano. Y descubrirán en Chile una sustancia viscosa y negra que muestra preocupantes señales de consciencia. Y nacerá Sudán del Sur, pero vivirá poco: morirá ahogada en sangre. Y volverán los que alguna vez se fueron, pero no los reconoceremos por la barba. Y sucesivos terremotos destuirán Santafé. Y será revelado el verdadero propósito de la franquicia Hello Kitty. Y Fermilab volverá a ganar importancia internacional por culpa de un accidente que involucra viajes en el tiempo y pizza. Y el papa Benedicto usará La Voz de Dios por primera vez en la historia. Y aparecerá de la nada un programa de televisión revolucionario de bajo costo que renovará nuestra escala de valores morales una vez más. Y el presidente de Irán sacará un disco de discursos extremistas musicalizados por Fat Boy Slim. Y reconceptualizaremos Latinoamerica a diario. Y, en medio de un ataque psicótico, un presentador de televisión en decadencia electrocutará a su audiencia en vivo. Y Kurt Cobain resucitará y se irá a vivir a África con los Pigmeos. Y un estudio sueco demostrará que la felicidad es un juego de suma cero. Y todo el mundo empezará a tomar al hombre más pequeño del mundo en serio luego de un trágico incidente en Tokio. Y un pastor en Albania demostrará que P=NP mientras desayuna pero no le dará mayor importancia. Y aparecerán quince películas secretas de Hitchcock, incluyendo una revisión de Don Quijote como Western protagonizada por Paul Newman. Y será desarrollada una variedad de papaya resistente a todo tipo de clima. Y unos economistas ingleses anunciarán que el futuro ya pasó. Y encontrarán a un guerrillero vietnamita atrapado en un ascensor de servicio del Empire State Building desde hace cuarenta años. Y sufriremos el primer asalto de La Armada de los Doce Monos. Y los malos recibirán su merecido pero prometerán regresar. Y los muertos nos llamarán por teléfono para decir adios. Y seremos olvidados a escala cósmica. Y un ritual matrimonial playero en Los Angeles terminará en desastre cuando La Bestia Dormida Bajo El Mar Por Eones despierte en respuesta a una redacción descuidada de los votos. Y seremos buenos, más felices, exitosos y mejores, pero no servirá de nada. Y un jerarca de la iglesia ortodoxa anunciará que Dios ya no nos quiere más. Y las personas se sentirán cada vez más abandonadas entre toda esta multitud. Y el cinismo no retrocederá un paso en su proyecto de dominación ideológica mundial. Y habrá nuevas esperanzas que justifiquen esto. Y, a veces, el fantasma de los arrepentimientos futuros no sabrá que decir. Y la vida pasará por donde pueda pasar. Y ya nada nos sorprenderá, nunca más.

If only this world was a clean board of lines and intersections. If only time was a sequence of considered moves and not a chaos of slippages and blunders.

—David Mitchell, The thusand autumns of Jacob de Zoet

[Flash 9 is required to listen to audio.]

Illusion

If you prick me, I hurt. But then I am I suppose the sum of all the thoughts and delusions and feelings which I hold. In a sense I am the fiction I choose to be. At the same time I am the ghoul or the harmless young man others take me for. I am what the rock dropping on my head makes me. I am my lungs breathing. My memory remembering. My desires reaching. My audience reacting with an impacient sneer. I am all those things. Are they illusions? I do not know. And that I think is the point. That we never do know for certain. There are so many points from which different lenses are focusing upon us and we are the picture in each one of them. Those lenses may even be the several instants of our whole lives focusing simultaneously on us — creating what? A monster? A human being? A prismatic delusion? Those lenses may be the several places and spaces in which we have lingered our whole lives and in one single moment they suddenly bear down, focus upon us. It is this multiplicity of our singleness which I think gives the illusory depth to living. What we consider deep and abiding is perhaps the result of technique rather than a Creator’s purpose. So much for religion. But even mathematics works from the same basic source, these underlying techniques. Man walks on the crust, the surface, and he draws conclusions that may be nothing at all. The thing that seems more real is that we are here and what we do with each other. But where we are and what we do with each other have been subjected to that sum of allowable knowledge and know-how which diminishes the very life in us. Our material means or lack of them, our belief in this or that ideology, our needs, our wants, they take up more room in us that do humane considerations. When they do not, one, of course, is elevated into sainthood. Or trampled down. Day-to-day reality is therefore itself any illusion created by the mass of our needs, our ideas, our wants. Transform the needs, the ideas, the wants, and at once, as though with a magic wand, you transform the available reality. To write as though only one kind of reality subsists in the world is to act out a mentally retarded mime, for a mentally deficient audience. If I am an illusion, then that is a delusion what is very real indeed.

—Dambudzo Marechera, Black Sunlight

Del individuo como variable de estado del procedimiento

El individuo propone un test para comprobar si su participación en el experimento es necesaria. No lo dice de esa manera, pero esa es la implicación de su solicitud. Permito hablar al individuo no sin antes advertirle que su declaración afectará de manera impredecible el resultado de la investigación en curso. El individuo duda, me pide tiempo para pensar, un cuaderno y un lápiz. Le ofrezco un bolígrafo. Un bolígrafo está bien, dice. Escribe un testamento. El individuo tiene rutinas precisas determinadas por el protocolo. El protocolo se adapta no sólo al individuo sino a mí, que lo observo y analizo. El protocolo me dice quién soy y por qué estoy aquí. El individuo no tiene acceso al protocolo. Por seguridad, yo sólo tengo acceso al protocolo localmente: puedo ver lo que necesito ver. El individuo recibe agua a las diez de la mañana y un pequeño refrigerio a las once. A las doce debe escribir descripciones de momentos específicos de su vida elegidos al azar. Los llama sus memorias. A la una almuerza conmigo en una mesa del anexo. El individuo cree que me llamo Manuel. El protocolo me ordena incentivar la familiaridad entre el individuo y yo; debo hacerlo creer que somos una pareja normal. El individuo está convencido de que está enfermo, el protocolo lo convenció, y llama al experimento “el tratamiento”. En la minuta debo hacer la aclaración constante de esta nomenclatura, para asegurarme de que los evaluadores no pierdan de vista la naturaleza de nuestra relación. El individuo me llama “mi amor”. En respuesta yo la llamo por su nombre, que omito en este documento por mero pudor. El día que escribo este pequeño texto cumplo ocho años conviviendo con el individuo. El individuo deja la puerta abierta al entrar al baño y a veces grita desde la ducha para pedirme la toalla. Por las noches, dormida, me abraza y musita cosas en un idioma que no entiendo ni reconozco. El individuo teme morir de repente. De eso me habla durante el desayuno. Le digo que no tiene nada que temer. El doctor es optimista, le recuerdo. Soy mal actor. El individuo me dice que le preocupa mi estado emocional. No estoy autorizado para ser sincero, debo seguir el protocolo, así que le digo que entiendo su preocupación pero tengo confianza en la efectividad del tratamiento. Le pido que se tome la pastilla. El individuo está nuevamente reacio a ingerir la dosis diaria. Dice que le arrebata la úlcera. Insisto. El individuo me toma la mano y me dice que me promete recuperarse. Le digo, fiel al protocolo, que no tiene que prometerme nada. Le reitero que estoy con ella. Le aseguro que no me voy a ir. Registro los cambios anímicos y psicológicos del individuo en la minuta. Cada entrada incluye un aparte destinado a reflexionar sobre la manera como mi relación con el individuo modifica mi percepción propia, mi noción de lo que soy. Procuro ser cuidadoso en este aparte pues en el instructivo señalan que tiene una importancia crítica. El individuo me llama desde la cama y pide leche. El individuo dice que quisiera salir al patio a tomar el sol. Le recuerdo que el doctor (mi expresión para referirme al protocolo dentro del experimento) prefiere que las horas de exposición a la radiación se reduzcan al máximo. El individuo me dice que no se siente débil. El individuo añora momentos de los dos que no ocurrieron. Regresa sobre ellos a diario. Por las noches, especialmente. Apenas asiento. Ya lo dije: soy mal actor. El individuo cree que nos conocimos en Marbella. El individuo cree que vivimos en un pueblo al sur de Francia. El individuo piensa que una vez, antes de la enfermedad, tuvimos una vida feliz. El individuo cree que fuimos los padres de un niño pequeño que murió ahogado en una piscina de un hotel tropical en su país natal, un niño que tenía sus ojos y mi boca. El individuo llora por las noches cuando recuerda al niño. En su mesa de noche tiene una foto del niño con los dos. Hay montañas al fondo. No me reconozco. Finjo lágrimas. Finjo que la quiero. Finjo que estoy en mi vida, que es la suya. Finjo que esta realidad simulada me importa en sí misma. Sus progresos son mis progresos, sus recaídas me duelen. Finjo hasta convencerme de que su enfermedad es real y pienso que un día la veré morir porque aunque el doctor es optimista nunca nos ofrece mayor certeza. Siempre me aclara que no hemos salido del período crítico. El individuo tose y me dice que le duele el pecho. A veces encuentro sangre en la taza del baño pero el protocolo me ordena que no pregunte, que la ignore. A veces, mientras duerme, deja momentáneamente de respirar. El protocolo dice que es normal. El individuo teme que me canse de esta vida, que la abandone. Le prometo que no lo haré. La necesito, le confieso, y soy absolutamente sincero cuando lo digo: me aterra la posibilidad de que muera pero el experimento de alguna manera continúe. No sabría qué sería de mí.