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redacción

El argumento inverso

Un problema frecuente entre los estudiantes que apenas se inician en sus cursos de matemática avanzada es el vicio del argumento inverso para demostrar cosas. Si quieren demostrar que una expresión es cierta, entonces inician la prueba con la expresión a demostrar y la desarrollan/transforman hasta que llegan a una expresión que conocen y saben verdadera. Luego cantan victoria.

Muchas veces el argumento inverso oculta una demostración genuina (y en ese sentido es útil), pero siempre existe el riesgo de que la cadena de implicaciones no sea bidireccional, en cuyo caso sólo se demuestra que una expresión conocida es una consecuencia formal de la expresión a demostrar. Si además se toma en cuenta que una afirmación falsa implica cualquier cosa, incluyendo afirmaciones verdaderas, entonces el argumento inverso puede terminar fácilmente validando expresiones falsas.

Mi impresión es que este vicio no es producto de dificultades lógicas arraigadas (casi todos los estudiantes entienden rápidamente cuál es el problema una vez alguien lo señala) sino de malas prácticas al escribir matemática promovidas por cursos enfocados en la mecanización de técnicas sin reflexión alguna sobre los procesos subyacentes. Si la escritura de matemáticas no se presenta/promueve como una explicación para alguien más (que debe entender el proceso sin contar con la presencia del autor) entonces la redacción predominante es la misma de las hojas de borrador, donde el argumento inverso es sin duda alguna una herramienta válida de exploración preliminar.

Jueves

Hizo calor. Ocho huevos. Otra gallina muerta. Aviones de combate sobrevuelan la sabana. Vienen de las bases del sur. Desde la terraza vemos las luces del bombardeo pero no oímos los gritos de los muertos. Los gritos no llegan tan lejos. Ni siquiera por la radio. Mañana es el examen final del curso. Sesenta por ciento de la nota final. Comí sopa de tortilla y yogurt de postre. Los gatos juegan y retozan en la sala. Las oraciones son cortas. El propósito de las oraciones cortas es negar el compromiso con el contenido del texto. La brevedad simple es una forma de distancia. Es mi manera de decir que no estoy. Las oraciones podrían ser autogeneradas. No hay misterio en su gramática. Admiten una lectura automática. Es la prosa de la evasión. Tal vez sí son autogeneradas. No requieren esfuerzo. Es posible que yo no sea quien las redacta. Alguien podría hacerlo por mí sin que lo notara. O nadie. Un programa. Llamé a unos vecinos que ofrecen el servicio de asesoría para preparar formularios de impuestos. Tienen volantes publicitarios en una cajita que cuelga de un árbol frente a su casa. “In your neighbourhood tax services“. Declarar impuestos es como ir al médico. La enfermedad es la complejidad y sutileza de las reglas. El año pasado lo intentamos sin ayuda y fue catastrófico. Tenemos cita el lunes. Janak me habla de sus enredos psicosexuales con espías e intelectuales en Lisboa. También hay rusos borrachos que fueron expulsados de todos los bares. Lisboa anuncia que está en quiebra. Europa la rescata para rescatarse a sí misma. Japón se contonea una vez más. Óscar tiene un sismógrafo en el culo. En Colombia protestan por las protestas donde protestan por protestar. Todo el mundo lee un libro titulado Sex at Dawn. El libro dice que las imposiciones culturales pervierten adaptaciones biológicas naturales. También dice que al inicio de los tiempos todos andabamos desnudos y los orgasmos no despertaban culpas ni celos. Como en el paraíso. Oí a Dan Savage hablar de ese libro. Oí conversaciones privadas por accidente. Hay mujeres a las que les gusta ver hombres en bragas. Mucho mejor si son las bragas de su hermana. Podría decir cualquier cosa y sabría igual. Podría decir braga. Podría decir concupiscencia o incluso practicarla. Esa es la virtud de estas oraciones cortas y sin comas. Digo virtud sin convencimiento. Escribo como puedo y lo que puedo. Pero no lo siento. Cumplo un deber apenas.