Rango Finito

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rutina

Necesidades primarias

La rutina es sencilla: comer, dormir, cagar, mear, llorar a gritos. Es el precio de estar cautivo en un cuerpo tan débil. De día la segunda fase de prolonga. De noche la quinta fase es central. Mi ciclo de sueño reducido sirve de muy poco. Buena parte de la exigencia física recae directamente en Mónica, quien acepta con alegría el martirio dulce de sus reclamos crípticos a llanto tendido (única herramienta comunicativa a su disposición) así como el estado lamentable de cadera y tetas (consecuencia del esfuerzo que requiere (aprender a) alimentarla). Yo apenas sirvo de asistente logístico, cambiador de pañales, humorista y niño cantor ocasional. Cuando Laia duerme todos duermen. Mi felicidad es verla.

Sábado

No me acuerdo de qué quería hablar así que voy a improvisar. Anoche, mientras tejía, vi una película en televisión, en un canal mexicano que entra por temporadas, de un hombre que decide que no quiere seguir viviendo con la mujer con la que ha vivido por los últimos veintisiete años porque se siente infeliz, siempre se ha sentido infeliz, pero realmente no tiene ninguna justificación para explicarle a esta mujer por qué ha decidido dejarla, lo que le parece injusto con ella. Esa es toda la película. En la descripción decía que era una comedia. La mujer apenas aparece en dos escenas. Dos conversaciones en baños cortas que dejan clarísimo para cualquiera que las ve menos para él por qué ese señor se tiene que ir. El ochenta por ciento de la película transcurre en baños, en rutinas de mañana, entre la cama, el armario y el baño y de regreso al armario. Frente al espejo. Hay espejos/reflejos en casi todas las escenas. Frente al espejo son los momentos más duros de la película, que no son realmente duros pero pretenden, al menos, ser intensos. El actor está muy bien elegido. Es un señor ahí sin identidad que habla entre dientes y se está quedando calvo y cualquiera diría que es sincero cuando dice que no está satisfecho con su vida, que está cansado, que al menos cuando dice eso no actúa. Yo creo que tiene cáncer. Tal vez por eso lo eligieron. Hay una parte, casi al principio, antes de bañarse, donde el señor orina pero el chorro no sale directo hacia adentro de la taza sino que primero se demora y apenas gotea, como si le doliera, y luego sale desviado y salpica por todos lados, así que el señor tiene que contenerlo, lo que parece dolerle aún más, y sentarse en la taza para no seguir salpicando, y mientras orina sentado limpia el suelo y se limpia las piernas con papel higiénico; luego se mira al espejo como molesto, como angustiado. Al final de la película, creo que no destruyo nada si revelo esto, el señor no se va.

Viernes

Despierto a las cuatro. Vuelvo a dormirme hacia las siete. El Kindle llega a las diez. Plinio se cae a medio día. No almuerzo. Ceno pollo asado con papas fritas. Me siento cansado y no de muy buen ánimo. La familia de Mónica llega en unas horas. Por fortuna mañana es sábado. Olvidé mandar una carta hoy. Necesito imponerme una rutina de trabajo estricta. Con Mauricio se volverá todavía más importante. Pierdo mucho tiempo. Quiero editar en formato epub y mobi el libro de cuentos que he titulado provisionalmente Inframundo. Le propuse a Laura que lo ilustre cuento a cuento. Necesito retomar la preparación del ensayo sobre matemáticas y literatura que me comprometí a entregar a final de año. Necesito estudiar esquemas diferenciales. Quiero proponerle un proyecto relacionado a Rahim para mi semestre en Waterloo. Debería volver a escribir. Tengo ideas, no sé por qué lo postergo tanto. Estaba pensando en por qué dejé de escribir la columna para El Espectador. Creo que la principal razón fue que no tengo el temperamento para escribir una columna de opinión. Para escribir una columna de opinión hay que creerse lo que uno dice, se necesita seguridad y firmeza. De lo contrario el ejercicio es fútil. Me faltan certezas para escribir columnas de opinión. Y tal vez también cierto nivel de indignación. Prefiero la ficción. Es más privada y no se necesita ser un bravucón.

Jueves

Poderoso cielo azul luego de varios días nublados. Monto uno de los estantes de libros junto a mi escritorio. Lavo la ropa y las mantas para recibir a las visitas. Lavo los platos. Limpio la arenera. La rutina le da propósito a la vida. El propósito es la rutina. Trabajo buena parte del día en algo que le debo a Alejandro. Almuerzo pastas. Tengo antojo de helado de amazake. Hablo un rato con mi mamá. Le cuento una película. Me pide que deje de ver películas de esas. Empiezo, una vez más, a leer el artículo de Rahim y Tom. David Bowie y Freddy Mercury cantan Under pressure: “Can’t we give ourselves one more chance? Why can’t we give love that one more chance? Why can’t we give love? Because love’s such an old fashioned word and love dares you to care for the people on the edge of the night. And love dares you to change our way of caring about ourselves. This is our last dance. This is ourselves.” Mónica llega temprano. Hace cheesecake de chocolate blanco y frambuesa. Sergio se reporta sano y salvo desde las tierras del norte. Pocos e-mails hoy. No sé qué cenaremos esta noche. Un sánduche, tal vez. Algo ligero.