Creo que no me molestaría que el mundo se acabara de repente en diez días siempre y cuando no fuera doloroso. Hay mundos acabándose todo el tiempo en todas partes pero casi nadie piensa en eso. Ciertos mundos se terminan en medio de mucho dolor y mucha confusión. En otros el sufrimiento es apenas perceptible. El mundo es un concepto muy frágil que se sostiene, ahora que Dios no existe, sobre la idea de que TODOS compartimos una experiencia objetiva muy complicada de aislar pero evidente para los sentidos. Esta idea se sostiene a su vez sobre la ilusión de que el lenguaje (entendido ampliamente) nos permite transmitir con claridad estados mentales. Cuando hablamos de el mundo nos referimos, en realidad, a esta red de intercambios de mensajes. Dado que los mensajes tienen un radio de alcance limitado dentro de la red, es más preciso hablar de varios mundos que de un único mundo. El fin de un mundo es la destrucción de las condiciones que permitían compartirlo y la consecuente inutilidad de las palabras. En cada soledad hay uno.