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Balance

No sé cómo será el próximo año. No tengo mayor expectativa al respecto. Mucho menos propósitos. Seguro que todo irá bien.

Ando cansado y desanimado la última semana. Mañana hay una celebración navideña en la oficina. A la fiesta propiamente dicha del sábado no iré. Me da ansiedad el tumulto. No lo llevo bien aunque me caigan bien los compañeros.

Cierro este año satisfecho. Tuve algunos meses muy difíciles en lo emocional pero poco a poco con esfuerzo (y el apoyo y cariño de la pandilla) he restablecido (hasta donde se puede) el equilibrio que necesito para sentirme cómodo. Tengo que seguir trabajando en eso. Cuando me descuido me derrumba.

Todavía no decidimos qué prepararemos de navidad. Regalos ya hay bajo el árbol.

Aquí es mejor

En Reality is Broken su autora dice que las personas se vuelcan cada vez con más frecuencia en juegos de video porque la realidad se quedó corta como fuente de emociones. El mundo sobre-estimulado ya no puede tolerar la frustración y la monotonía de la cotidianidad moderna. Su propuesta, descrita en el libro, consiste en ludificar la realidad para que ofrezca los retos, recompensas y satisfacciones que los juegos de video son tan efectivos en proporcionar. Suena bien. La idea es repensar cada actividad humana como un juego y luego sobreponer un sistema de reglas, misiones y puntos (mediado por aparatos electrónicos muy probablemente interconectados) que controlen su realización y registren el progreso de sus participantes. Las llamadas redes sociales son un ejemplo no totalmente intencional de esta estrategia. La actividad que pretenden enriquecer/reemplazar es la socialización misma. A cambio de atención y alimentación del flujo informativo, ofrecen vínculos, interacción y retroalimentación inmediatas. Con muy poco esfuerzo mitigan la (temible) soledad. Mi sensación, sin embargo, es que este esfuerzo no es opcional cuando se trata de crear vínculos perdurables con otras personas. No es algo que se pueda de verdad obviar y sustituir con sobre-conexión intensa. Sin duda las redes son útiles para sostener/crear algunas conversaciones y algunos tipos de relaciones, pero debido a las restricciones que sus administradores imponen para incentivar su uso (al fin y al cabo antes que nada son negocios) generan una suerte de minimalismo social basado en la urgencia (de saber, de tener, de recibir, de decir, de estar y ser). Esto sin duda determina la calidad y el carácter de las relaciones que generan. Las redes sociales no son herramientas neutras. Sus diseños están basados en ideas concretas del funcionamiento de la sociedad. Personalmente prefiero las viejas herramientas descentralizadas (como los blogs o el email) que no limitan mi control de la información que intercambio a través de ellas ni me imponen condiciones de acceso reducidas. Hay un precio a pagar (en audiencia o disponibilidad, por ejemplo), pero me siento más cómodo y tranquilo aquí.

Chiste

A raíz del relato de DeWitt, Jaime me hizo caer en cuenta de lo siguiente: en tanto que el Test de Turing es relativo a la inteligencia del ser humano promedio (o sus capacidades cognitivas, o lo que sea), si esta medida se reduce lo suficiente puede llegar un momento cuando el Test de Turing se torne trivial. ¿Qué nos garantiza que la inteligencia humana es más o menos estable en el tiempo o por lo menos no decreciente?

Alan Turing cuando era feliz.

Otra posibilidad, más aterradora: es posible que aunque la inteligencia humana no decrezca sustancialmente, la civilización avance en una dirección en la que los protocolos sociales se normaticen tanto como para que sea sencillo programarlos en máquinas.

Al principio pensé que era un chiste pero ya no estoy tan seguro de que sea un chiste. Si es un chiste es uno bien-bien oscuro. Seguro que Turing se pondría triste. Yo también me pongo triste a veces por cosas así.