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Auge y declive

Esta entrada describe acertadamente un aspecto del ciclo vital de las “redes sociales” y por qué su éxito las aniquila. Un fragmento:

Finalmente todos llegan a que, si se pasa el tiempo suficiente en un lugar y este se hace muy concurrido, se piensa un poco más en la imagen que se ha construido y proyectado a los lectores regulares, por lo que el espacio otrora reservado a pocos hoy resulta muy ruidoso para exponerse y nuevamente comienza la búsqueda de nuevos canales para continuar con “las conversaciones importantes” en las que se es un poco más uno mismo y un poco menos lo que los demás esperan.

Niño o niña

Un bebé es tomado por niño a menos que lleve una prenda o un accesorio que explícitamente demuestre que es niña. Los colores para niña son dos a lo más. Una niña debe cubrir su torso en la piscina. Las niñas deben ser decoradas. Llamar niña a un niño puede ser tomado como una ofensa pues implica dudar de su (incipiente) virilidad. Llamar niño a una niña es usualmente tolerable pues la femineidad no es un valor en sí mismo. El protocolo sugiere pedir disculpas en caso de confusión. El sexo de un bebé debe ser, en lo posible, detectable a simple vista.

Un día en la vida de una niña de 1952. (Aquí está la versión para niños.)

Como de la familia

Nadie había señalado hasta ahora el hecho para mí obvio de que la explotación de una menor de edad, con o sin violaciones y maltratos físicos, es una atrocidad inaceptable. Cuando los hermanos de Mónica Sánchez dicen que la niña era bien tratada se refieren a que era tratada de acuerdo a su condición. Y esa condición, aún hoy, no los perturba. Incluso la describen como un acto de generosidad por parte de su familia. Esa es la perspectiva predominante. La explotación es aún tolerada y elogiada siempre y cuando el abuso no sea excesivo.

Evaluación de pares

Coursera está utilizando métodos de evaluación de pares (?) para que los estudiantes reciban retroalimentación de su trabajo (y de paso una calificación). Retroalimentación, subrayo, de pares, es decir de otros estudiantes en las mismas condiciones. En el curso de Análisis de Datos la evaluación de los proyectos fue un completo desastre debido a esta metodología experimental. No creo que haya muchos cursos introductorios en los cuales un sistema de evaluación de pares tenga sentido. Tal vez, y solo tal vez, en talleres de escritura. (En cursos básicos de matemática sería impensable: el principal problema de la mayoría de los estudiantes de cursos de matemática, en mi experiencia, es que no saben diferenciar una solución correcta de uno incorrecta (por eso se equivocan y no lo notan).) La variedad de preparación de los estudiantes de los cursos masivos en línea sólo empeora el resultado. La evaluación de pares tiene sentido a nivel de especialistas experimentados, no de principiantes. En el foro del curso hay varios defensores de este tipo de evaluación. Dicen que evaluar los trabajos ajenos permite explorar otras perspectivas para afrontar los mismos problemas (y así aprenden más). No dudo que haya quien le saque provecho al ejercicio pero estoy seguro de que, si ese es el propósito, se podría hacer de otra forma, sin que constituya la única respuesta que reciba el estudiante en relación a su trabajo.

Alternativas a Google Reader

Con Sergio estamos probando tiny tiny rss como posible sustituto de Google Reader. La importación de feeds fue trivial. Por lo pronto parece una buena opción. Lo modificamos ligeramente para que haga algunas cosas que nos gustan. No tiene sentido seguir dependiendo de empresas para contar con un lector de noticias. La próxima desactivación de Google Reader es una nueva evidencia de la transición de una internet de creadores/contribuidores descentralizados a una de proveedores/canalizadores centralizados de contenidos.

Deshumanizados

Creo que fue Desmond Tutu el que dijo que cuando una comunidad adopta políticas deshumanizantes hacia algún sector de la población, quienes son más deshumanizados por estas políticas no son los miembros del sector agredido sino su complemento: aquellos que toleran y/o respaldan la agresión.

Corrales de palabras

En la columna de hoy (basada en un texto que escribí hace un año largo para una revista mexicana que nunca supe si fue publicado) continúo mi alegato contradictorio sobre la naturaleza de las llamadas redes sociales (contradictorio en gran parte porque yo soy sin duda un usuario intenso de twitter). En esta oportunidad me concentro en los llamados “trending topics” y su uso para facilitar el acceso a la conversación masiva y sostener cautiva a la audiencia. Los “trending topics” también sirven para que la masa de usuarios legitime intereses impuestos como propios. Casi nada se sostiene vigente sin un guiño de aprobación de medios establecidos (ya sea directamente como instituciones o a través de personajes adscritos a estas). Luego de enviar la columna pensé que lo que describo no aplica sólo a redes sociales sino (con algunos matices) al concepto de las modas en general (lo que quiera decir eso). Siempre el juego es cómo convencer a la gente de que quiere algo que otros quieren que quieran. Otra vaina: estas críticas no pretenden convencer a nadie de que abandone las redes sociales (ni siquiera yo lo hago) pero tal vez sí me gustaría que desencadenaran reflexiones sobre la forma como se usan y lo que entregamos (y recibimos) cuando las usamos. No sobra insistir: las redes sociales no son herramientas neutrales. Su objetivo no es conectar al mundo sino convertir lo que quiera que hagamos ahí en capital para sus dueños e inversionistas. Esa siempre será su motivación.

El camino hacia el asombro

La columna de hoy le hace eco a esta charla que Federico Ardila dio en Bogotá en diciembre pasado sobre la importancia de la educación matemática en la escuela. En este problema hay dos frentes complementarios: por un lado está la detección, promoción y aprovechamiento del talento matemático disponible y por otro lado está la necesidad de subir el nivel general de la educación matemática y repensar la estrategia de enseñanza. Usualmente cuando a alguien le gusta la matemática (sea por talento innato o por cualquier otra razón) no requiere mayor estímulo para aprender (aunque sí tal vez para avanzar más allá de lo elemental y no perder el ánimo, cosa que hacen muy bien programas como las olimpiadas matemáticas y otros parecidos). La batalla dura es crear el gusto entre aquellos que no lo tienen de fábrica. Esta es una situación que todo maestro de cualquier área enfrenta regularmente: cómo lograr que los estudiantes aventajados se sientan impulsados y los demás reciban el apoyo que necesitan para avanzar y de paso apreciar lo que aprenden. Con frecuencia el maestro soluciona este problema ofreciendo un material genérico de nivel medio-alto, que no toma en cuenta las particularidades de sus estudiantes. Esto es algo que el sistema de educación masiva promueve con sus estándares rígidos de evaluación. El resultado de esta estrategia es nefasto en ambos frentes: los aventajados se aburren y la mayoría se pierde para siempre en dificultades que el maestro ni siquiera contempla como posibles. En matemática, el pénsum con énfasis en el formalismo temprano y la mecanización del manejo simbólico dificulta todavía más todo lo que he descrito. Tal vez un pénsum matemático escolar enfocado enteramente hacia la resolución de problemas específicos (que evolucionen a medida que son resueltos hacia grados cada vez más elaborados de abstracción justificada) y no hacia la adquisición directa de conceptos desprovistos de motivaciones sólidas contribuiría a hacer todo muchísimo más accesible y menos intimidante. Una primera tarea para los interesados sería pensar en los contenidos de un pénsum así y cómo implementarlo. A veces tengo la impresión de que por pretender enseñar tanto nadie está realmente aprendiendo nada.

Contenidos ágiles y conocimiento libre

La columna de hoy es una respuesta a esta columna tendenciosa y/o desinformadísima de Carlos Granés publicada ayer. El asunto es extenso así que decidí restringirme a dos puntos específicos: el primero es que la piratería no es consecuencia de los activistas sino, más que nada, de la ineptitud de los comerciantes que se niegan a ofrecer alternativas digitales de sus productos (o se adaptan a una lentitud pasmosa). Lo segundo es que Granés mete en el mismo costal de la libertad de la información a varios grupos disímiles (piratas, activistas de diferentes líneas, vándalos enmascarados) y los describe como utopistas moralistas e ingenuos anticapitalistas con propensión al crimen (muy en la línea de Fernando Savater y Vargas Llosa, por cierto). Las imprecisiones evidentes en su párrafo dedicado a Aaron Swartz (a quien designa como símbolo más visible de ese conglomerado que imagina) dejan clarísimo que no sabe de qué habla (omite, por ejemplo, que la red de MIT es abierta y por ende es perfectamente legítimo entrar a la universidad, conectarse y bajar un par de artículos de JSTOR — Swartz abusó de la infraestructura descargando volúmenes muy grandes de golpe, no por bajar nada en particular. Por algo JSTOR finalmente se desligó del proceso contra Swartz). Este perfil en Slate es un buen punto de partida para hablar educadamente de los méritos y fallas de Swartz. Aquí su manifiesto de acceso abierto a documentos gubernamentales y académicos y aquí una columna de Jorge Orlando Melo sobre el acceso abierto a publicaciones académicas en Colombia.

Dilemas de la ciberenseñanza

La columna de hoy va sobre los cursos abiertos masivos en línea. Es una idea viejísima que ha sido revitalizada por los adelantos recientes en infraestructura de comunicaciones. Por curiosidad he asistido a un par de cursos en ese formato. Ahora mismo tomo el curso de análisis de datos en Coursera y recién me registré para el curso de aprendizaje creativo que ofrece el MediaLab de MIT. Los que he tomado me gustan porque sirven de guía para avanzar en el estudio de un tema (usualmente técnico), pero al tiempo no me gustan porque los encuentro monstruosamente superficiales y simplistas en sus explicaciones para justificar los métodos que explican (la matemática complacientemente vaga me incomoda). La audiencia amplia obliga a sostener la clase en un nivel más bien bajo para mi gusto. Esto es algo que he sentido cuando dicto cursos con más de cincuenta estudiantes. Es muy difícil apuntar al nivel correcto cuando la interacción personal con los estudiantes es tan limitada. En cursos de más de cien personas los estudiantes están por su cuenta. La diferencia entre estos con un curso en línea, por ende, es insignificante. Y creo que con práctica la metodología se puede mejorar. Me encantaría hacer el experimento de dictar uno.

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Carnaval de enlaces relacionados: Aquí hay una discusión entre los extremos que describo en la columna • Una discusión sobre el tema en Bloggingheads entre Tamar Szabo Gendler and Clay Shirky (y un comentario) • Este artículo de Alan Ryan contrastando a detalle ambas perspectivas me gusta mucho • El primer curso abierto masivo en línea fue un libroEste es un artículo sobre la historia de la educación a distancia en Colombia • Una de las formas como Coursera pretende oficializar y capitalizar sus cursos • La posición de un entusiasta utópico más o menos genérico • Este es un artículo razonablemente escéptico al respecto de estos cursos y su lugar en el sistema universitario • Pese a las críticas, Wisconsin está pensando en abrir la posibilidad de otorgar créditos por cursos gratuitos en línea • Aquí la Universitat Oberta de Catalunya ofrece su posición institucional al respecto • Reflexiones sobre los “MOOCs” de Stanford (Vía @angelamars).

Científicos postergados

La columna de hoy trata sobre la incertidumbre laboral que define la vida del científico joven hoy en día. Luis Noriega y Clara Osorio me ayudaron a afinarla y reducir mi tendencia al alarmismo apocalíptico. Su título, una propuesta de Luis, es una referencia al cuento del brujo postergado de Borges. Muy apropiado. El sistema basado en contratos temporales flotantes fuerza a muchas personas talentosas a dejar la disciplina y es un desperdicio de recursos y entrenamiento en general. Esto contradice el discurso sobre la prioridad de la ciencia, la educación y la tecnología en el contexto económico actual. ¿Si es tan prioritario por qué tanto desperdicio? En las jerarquías científicas más altas hay mucha gente con buena voluntad pero también hay mucho cinismo y mezquindad alrededor. Es fácil dejarse tentar por la mano de obra barata que con tanto entusiasmo ofrecen los aprendices y los “postaprendices”. La vocación científica tiene una buena carga de pasión. Hay muchísimas promesas implícitas falsas y poquísima claridad con los muchachos que apenas inician sus carreras. Alguien en twitter me dice que mi columna es un plagio/traducción de este artículo de The Economist. Hay montones de artículos sobre eso en todas partes (recibo enlaces a otros en los comentarios). Supongo que es una estudiante que no ha llegado al momento de su vida profesional donde uno descubre esos problemas sin necesidad de leer revistas. En mi caso personal, la decisión de abandonar las aspiraciones académicas fue motivada principalmente por mi deseo de estar con Mónica y ver crecer a mis hijos. Me cansé de estar lejos y frustrado con lo que hacía. Ahora cuido a la chiquita y cuando tengo tiempo escribo, estudio matemática, y miro mis opciones laborales sin afán. Mónica, por su parte, persiste en sus investigaciones con mucha disciplina. Es muy productiva. A veces es duro y la presión es grandísima pero disfruta lo que hace y es buena en ello. Las condiciones laborales nos preocupan pero nos hemos acomodado y vivimos como queremos vivir, no nos podemos quejar. Algo aparecerá después. Así funciona. Cuando deje de funcionar supongo que buscaremos algo distinto. Afuera de la academia hay bastantes cosas. En últimas, como me dijo Clara ayer, uno trabaja en lo que le dé trabajo.

Obediencia ciega

La columna de hoy es sobre Compliance, una película que mencioné acá en el blog hace unos días. En esa entrada hablé de las dificultades inherentes a ver algo así. Realmente es muy difícil. Aquí estuvimos dos veces a punto de desistir. Nos sentimos insultados. Finalmente perseveramos por el puro morbo masoquista de entender en qué consistía el complot así todo pareciera traído de los cabellos. Generalmente mencionan el experimento Milgram como referente del fenómeno que ilustra la película. Todavía no estoy seguro de que sea exactamente lo mismo. De pronto es un factor. Para mí lo crucial es la cesión de poder (¿voluntaria? ¿sutilmente impuesta? ¿flagrantemente impuesta?) a instituciones diseñadas para potencialmente oprimirnos, así como la confusión relacionada entre obediencia y respeto (a esas mismas instituciones).

Por si las moscas, aquí de nuevo el enlace a la página en wikipedia sobre esa serie de crímenes.

Manufactured Landscapes

Minas de Niquel, Sudbury, Ontario, Canada

Más documentales. Manufactured Landscapes usa las fotografías en gran formato de Edward Burtynsky para hablar sobre la intervención humana del entorno natural. Los recursos se explotan y se transforman en bienes de consumo o bienes inmuebles o infraestructura general para ser usados y finalmente reciclados o desechados en un ciclo no muy óptimo que sostiene frágilmente el proyecto de no estoy muy seguro qué. Supongo que algunos podrán llamarlo progreso o desarrollo pero esos son términos tramposos que prefiero evitar. En algunas regiones del planeta, los abanderados del capitalismo urbano, este proceso se inició antes de que hubiera consciencia de la escasez de recursos. Otros apenas llevan un par de décadas ahí. China es un ejemplo dramático. En cuarenta años han pasado de ser un país de campesinos a uno de obreros concentrados en complejos industriales adjuntos a las ciudades donde se produce todo lo que el mundo consume. Mil millones de habitantes se avalanzan a las ciudades y el país se embarca en proyectos mastodónticos para suplir las nuevas necesidades de la población (necesidades creadas por el cambio de estrategia económica, claro está). En últimas China aspira a justo lo que el establecimiento político mundial ha venido promoviendo desde el final de las guerras mundiales (lo que importaba no era que fueran democráticos sino capitalistas para que dejaran de ser una amenaza). Que los países desarrollados ahora exijan mesura es hipocresía. Ahora: la amenaza ambiental no es una ficción. La pregunta es qué hacer. Y la respuesta no puede ser algunos sí y otros no.

Planta de procesamiento de pollo, Dehui, Provincia de Jilin, China

Abraham Lincoln: Vampire Hunter

El culto a los Grandes Hombres Muertos es una de nuestras flaquezas como especie. Su presencia falsa nos conmina a aceptar destinos anacrónicos. En contraprestación, y gracias al cándido desvanecimiento de sus defectos, devienen en referencias éticas de uso amplio — herramienta esencial del político moralista aspiracional. Aunque usualmente el proceso es más sutil, los GHM adquieren, a medida que las generaciones distorsionan su memoria, dimensiones sobrenaturales. Abraham Lincoln: Vampire Hunter explicita este proceso natural desde la parodia, pero incluso en la parodia es posible detectar trazas de solemnidad y magnificación sinceras en la historia (al fin y al cabo es producida desde el culto). Este aspecto político del producto (la excepcionalidad general de Lincoln) cala más profundo en el espectador desprevenido que la idea vulgar de vincular la defensa de la esclavitud al vampirismo (para así al cierre reforzar la tesis tendenciosa de que con la guerra civil se acabó la explotación de los negros en Norteamérica.)

Las peleas con hacha muy buenas, eso sí.

Abraham Lincoln a sus 32 años.

Atrapa un millón (para la ciencia)

Ahora que España, como dice Germán, se volvió un país del tercer mundo, los científicos buscan maneras alternativas para financiar sus investigaciones:

—¡Atención que nos jugamos ciento quince mil euros!, ¿eh, parejita? —dice Carlos Sobera, el presentador de Atrapa un millón, el programa de TV donde muchos españoles, cada vez más, buscan llevarse fajos de euros apelando al saber y el azar.

La cámara desciende en picado. A la derecha, el conductor. A la izquierda, dos que se abrazan: los hermanos Luisa y Juan Botella. La parejita que busca llevarse más de cien mil euros. Él es periodista; ella, genetista. Se presentaron al programa con una misión: conseguir los euros necesarios para que Luisa pueda continuar pagando a su equipo de investigación.