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Nunca listos

La columna de hoy trata sobre los soldados regulares: jóvenes que por no terminar el colegio son premiados con veintidós entre dieciocho y veinticuatro meses de servicio militar obligatorio, casi siempre asignados a zonas de combate. Los políticos y militares con frecuencia anuncian que se adelanta un proceso de “profesionalización” de las fuerzas armadas. Nunca son muy claros al respecto. Generalmente se refieren al reemplazo de soldados bachilleres (que no van a zonas de combate, claro) por soldados profesionales (personas que se ofrecen en principio voluntariamente y reciben un salario). De los regulares poco se habla, excepto cuando (como pasó hace tres años) el consejo de estado exige que no vayan a combate pues no están suficientemente preparados. En ese caso, el comandante de las fuerzas militares responde que eso dejaría a más de la mitad de los hombres activos fuera de combate (76,42% del ejército y 50% de la armada en 2009). Luego, claro, el consejo de estado rectifica y los soldados obligados siguen al frente, arriesgando sus vidas a la fuerza por una sociedad que los castiga por ser pobres.

Estos diez sin nombre eran soldados regulares, por ejemplo.

Enlace adicional: ley del servicio militar obligatorio.

Tratamiento

Son jóvenes. Doce semanas de entrenamiento y directo al monte. Les dicen que están preparados. Los engañan. La zona está infestada. No reconocen las señales de riesgo que anuncian el ataque. El ruido blanco que corta el chirrido de los grillos y reconfigura el silencio. Los he visto actuar, es mi trabajo: los dientes flotantes despedazan a su víctima en segundos. Su diseño es óptimo. El elegido se deshace en un murmullo de sangre y vísceras que parece levitar momentáneamente mientras es digerido por el enjambre. Quienes sobreviven hablan del abrazo de calor acogedor que súbitamente desgarra la carne y del ronroneo de la nube lechosa que los envuelve y reduce a esos muñones purulentos de pensamiento puro que ahora flotan frente a mí protegidos por burbujas psicogénicas. Somos el futuro, nos advierten con insistencia.

Waiting

(Raiding party waiting for the word to go)