Rango Finito

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soledad

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A veces la soledad se alimenta de sí misma hasta que se vuelve su principal justificación para existir y deviene en desolación o amargura. A partir de ese momento domina los días sin compasión. Y el problema, más que encontrar una salida, consiste en convencerse de que tal salida existe. Adentro todo es bruma.

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raquel_y_el_fin_del_mundo

Raquel y el fin del mundo se enmarca en la tradición del cómic alternativo semirrealista contemporáneo que es obligatoriamente rústico en su factura y melancólico en tono. Trata sobre la disolución de un grupo de amigos desde la perspectiva de quien los ve partir y no sabe cómo dejarlos ir. También hay algunas muertes. Mariana Gil Ríos, su autora jovencísima, dibuja en un estilo muy sencillo (por ratos se pasa de burdo) a blanco y negro con tonos grises en algo que parece acuarela y que ocasionalmente explota en viñetas dinámicas donde sugiere movimiento o cambios mediante colores o multiplicidades. Aunque la historia en sí es bastante minimal, se siente la intención de montar sobre ella algo grande y sustancioso. Esta ambición cauta permite que la narración no se salga de control sin que esto la fuerce a reprimirse. Es una lectura agradable con muy pocos baches. Tal vez algunos diálogos desmerecen y valdría la pena haber ahondado en el drama de la protagonista para que no pareciera una pataleta infantil tardía, pero aún así creo que cuenta lo que quiere contar y lo logra con un estilo propio y sincero. Es una buena primera novela.

Auge y declive

Esta entrada describe acertadamente un aspecto del ciclo vital de las “redes sociales” y por qué su éxito las aniquila. Un fragmento:

Finalmente todos llegan a que, si se pasa el tiempo suficiente en un lugar y este se hace muy concurrido, se piensa un poco más en la imagen que se ha construido y proyectado a los lectores regulares, por lo que el espacio otrora reservado a pocos hoy resulta muy ruidoso para exponerse y nuevamente comienza la búsqueda de nuevos canales para continuar con “las conversaciones importantes” en las que se es un poco más uno mismo y un poco menos lo que los demás esperan.

Cambios

Pronto la niña caminará y saldremos al parque a jugar con las fuentes de agua que activan durante el verano. La luz del sol cada vez es más alta. Los árboles reverdecen y pequeñas flores rompen la nieve. Creo que me he acostumbrado al silencio de los días. La desconexión general ha sido muy agradable. La soledad es tranquila. Cada vez valoro más mi tranquilidad. P., nuestra única amiga en la ciudad, fue despedida de su trabajo como superintendente/administradora del edificio y por ende expulsada del apartamento donde había vivido por ocho años. Le dieron siete días para irse. Lleva una semana viviendo en la casa de su hermana. El domingo nos vimos para desayunar.

Asesinos

Dos películas de asesinos de la vida real. Primera, Snowtown. A ésta llegué por culpa de Jorge, que mencionó la historia en un comentario: en un pueblo del sur de Australia durante los años noventa, un tal John Bunting convenció a un grupo de vecinos para que lo apoyaran en una cruzada personal. Bunting decidía más o menos arbitrariamente quien era culpable, el crimen (por lo general alguna forma de pedofilia) y su pena. Usualmente elegía personas que conocía. Las víctimas eran torturadas sin misericordia (mutiladas, electrocutadas, quemadas, destripadas) antes de ser asesinadas. Luego las escondían en barriles llenos de ácido clorhídrico. Por casi diez años se salieron con la suya. Snowtown es narrada desde la perspectiva de James, el hijo de una de las mujeres de Bunting. A medida que la historia se desarrolla, Bunting le revela progresivamente a James (y de paso al espectador confundido) sus aficiones secretas y finalmente lo induce a participar (¿A James o al espectador?). Apoyado por Bunting, James mata a dos de sus hermanos. En el centro de la película, más que los crímenes, está la relación tensionante entre Bunting y James. Es una película intrigante y cruda.

Snowtown

Segunda, 復讐するは我にあり (Vengeance is mine). Ésta es basada en los crímenes de Akira Nishiguchi, un embaucador japonés que asesinó a cinco (o seis) personas durante los años sesenta y robó a otras tantas. La película contiene algunos de los asesinatos más burdos y por lo mismo realistas que he visto en cine. Nishiguchi era un sociópata normativo que abusaba de la confianza de las personas para manipularlas, robarlas y matarlas a discreción. Su desapego emocional era absoluto. Era torpe, descuidado y cínico. Sabía que esa vida implicaba ciertos riesgos pero la amenaza de morir en la horca no lo intimidaba. Podría decirse que incluso lo ilusionaba. Estaba orgulloso de las libertades que podía permitirse. La película sigue su vida y la de su familia. Está llena de episodios incómodos de presenciar. En un arco lateral, la mujer de Nishiguchi, con quien tiene dos hijos, acosa sexualmente a su suegro (un católico fervoroso lleno de culpas — me queda la duda de si el catolicismo de la familia de Nishiguchi era mal visto en ese entonces en Japón) mientras Nishiguchi huye de la ley. En otro arco, Nishiguchi conoce a una mujer anciana que asesinó a alguien en su juventud para deshonra de su familia pero especialmente de su hija (a quien Nishiguchi seguidamente conquista, preña y estrangula). Ya en la cárcel su papá lo visita y Nishiguchi le dice que debió matarlo en lugar de matar a los otros. El papá le responde que él sabe que no podría pues Nishiguchi sólo puede matar a quien nunca le ha hecho daño. En la escena final, el papá y la mujer de Nishiguchi, ahora pareja, lanzan sus huesos cremados desde la cima de una montaña. Los huesos, sin embargo, se resisten a caer y flotan congelados en el aire. El simbolismo se me escapa.

The Queen of Versailles

El dinero tiene valor en tanto que creamos en su valor. Suena circular porque es circular. Obviamente hay sutilezas. Y no siempre fue así. Originalmente había respaldos físicos por cada billete que garantizaban en caso de necesidad su capacidad de intercambio. Luego esos respaldos fueron cayendo, reemplazados por la confianza colectiva en las instituciones que los emiten. Libre de anclas físicas la economía creció. Así llegamos a este punto donde el dinero son registros difusos en sistemas informáticos financieros. Es de esas cosas en las que es mejor no pensar, como la inevitabilidad de la muerte. Mi impresión es que los inmensamente ricos son más conscientes de la irrealidad del dinero que quienes dependemos de la administración cuidadosa de uno o dos salarios mensuales. Mejor dicho: a partir de cierta escala el dinero se gasifica y su manejo requiere o cinismo abierto o ignorancia intencional (complementada con psicoactivos). Son debilidades que es necesario asumir para poder sostener la cordura (?) dentro del absurdo del exceso.

Rutina apocalíptica

Creo que no me molestaría que el mundo se acabara de repente en diez días siempre y cuando no fuera doloroso. Hay mundos acabándose todo el tiempo en todas partes pero casi nadie piensa en eso. Ciertos mundos se terminan en medio de mucho dolor y mucha confusión. En otros el sufrimiento es apenas perceptible. El mundo es un concepto muy frágil que se sostiene, ahora que Dios no existe, sobre la idea de que TODOS compartimos una experiencia objetiva muy complicada de aislar pero evidente para los sentidos. Esta idea se sostiene a su vez sobre la ilusión de que el lenguaje (entendido ampliamente) nos permite transmitir con claridad estados mentales. Cuando hablamos de el mundo nos referimos, en realidad, a esta red de intercambios de mensajes. Dado que los mensajes tienen un radio de alcance limitado dentro de la red, es más preciso hablar de varios mundos que de un único mundo. El fin de un mundo es la destrucción de las condiciones que permitían compartirlo y la consecuente inutilidad de las palabras. En cada soledad hay uno.

Diagnóstico

El doctor le dijo que o estaba embarazada o estaba muerta pero embarazada no podía estar porque el cáncer había acabado con el útero hacía dos años y la muerte era, sí, una posibilidad, pero remota.

Para ciertas personas la vida es un acto de fe constante en la realidad de la experiencia.

Le escribió a su hermano y le dijo que quería visitarlo para discutir su funeral pues todo parecía indicar que estaba muerta y quería estar segura de que la ceremonia fuera compatible con su afiliación religiosa y su visión cosmogónica general. Pidió que su hermano le enviara una copia de las palabras que leería para aprobar la redacción y énfasis.

En vida había sido reservada con respecto a su relación con Dios. Pero ahora no tenía sentido preservar las apariencias. Se arrepentía de su vergüenza.

En su carta de despedida para Tatiana le pidió perdón por abandonarla en la mitad del viaje, tanto literal como figuradamente.

El médico la visitaba a diario para reconfirmar el diagnóstico. Quería escribir un artículo al respecto. Tomaba muestras de su cuerpo. Hacía preguntas incómodas. Tocaba sus partes. Abusaba.

No siento nada.

Por las noches, cuando todos se iban, pensaba en las promesas de soledad tras la muerte. Seguro que era mejor que esto. Vivir la mentira.

La diferencia entre la vida y su ausencia es sobre todo perceptible en la intensidad de la luz y su tono.

Con la muerte, la realidad y el tiempo colapsan.

Debe existir una definición precisa de lo que significa partir. El manual estaba plagado de capítulos en blanco.

Moonrise Kingdom

La infancia es un estado de consciencia transdimensional hermético, inaccesible desde la adultez. Progresivamente, las realidades paralelas (en ocasiones mutuamente contradictorias) que constituyen la niñez convergen a las malas en la que será la interpretación estable del mundo. La angustia adolescente es una consecuencia de la pérdida irrecuperable de esa multiexistencia, una suerte de mutilación psico-sensorial. (La eventual esquizofrenia es un mecanismo desesperado de defensa.)

Los protagonistas de Moonrise Kingdom están al borde del colapso, lo presienten. Aunque no lo admitan, saben que su fuga no prosperará. La aventura y la batalla son la vida y su fracaso. Viajan al final del mundo concebible para verlo sucumbir desde una posición aventajada ante la fuerza del sitio del tiempo. Su propósito es crear juntos, con todo lo poco que tienen, una memoria genuinamente propia que los conecte para siempre: un reino junto al mar que guarde su momento de verdad.

We loved with a love that was more than love.

Cosmopolis

1. Cronenberg minimal es todavía Cronenberg. 2. Los personajes de Don DeLillo son construídos a partir de oraciones reiteradas y conversaciones monologadas (internas o externas) donde la norma es la interrupción incómoda. (Mi próstata es asimétrica.) Cronenberg implementa ese efecto en cine usando una aproximación casi teatral (creo que funciona, pero me toma tiempo adaptarme al ritmo que este esquema propone (su irrealidad flagrante me irrita, especialmente al comienzo)). El ochenta y tres por ciento de Cosmopolis pasa en una limosina fantasma que cruza una ciudad que quiere pero no alcanza a ser Nueva York (y de hecho es claramente Toronto). 3. Interrupciones. Nadie nunca dice todo lo que quiere decir. No hay tiempo. La información se acumula y la capacidad de procesamiento es limitada. El ruido arrasa incluso cuando es filtrado por el revestimiento de corcho (que convierte todas las voces participantes en inquietantes (¿por lo muertas?) voces en off). Tampoco hay acción. La intensidad se condensa en las palabras. 4. Una línea temática de Cosmopolis es el paso y la percepción del tiempo. Alguno de los personajes sugiere que en tanto que la realidad se desliza dentro de un sistema financiero supervisado/registrado/modulado (?) por máquinas capaces de aprovechar subdivisiones más y más finas del segundo, nuestra experiencia de la misma resulta canalizada a través de esa consciencia dinámica expansiva. (Tenía la cita correspondiente en el libro marcada de mi Kindle, pero mi Kindle acaba de morir bajo mi propio peso durante el almuerzo.) 5. Por otro lado, dado que las máquinas están diseñadas para predecir estados futuros del sistema, la confusión temporal sugerida en el cuarto numeral es todavía más acentuada. Los algoritmos crean el tiempo (o por lo menos lo preceden). 6. Al margen: el Big Bang es, de acuerdo a esta propuesta fenomenológica, la división del universo entre tiempos subjetivos y lugares objetivos. 7. Reflexión breve: nuestra capacidad (y velocidad) de acceso, procesamiento y manipulación efectiva de información determina nuestro lugar en la pirámide social (o al contrario). Problema: su adquisición nos convierte en esclavos de las abstracciones que creamos para ganar control. Su realidad súbita nos satura y/o reduce a operarios. 8. Cosmopolis es un viaje brutal hacia la ilusión de una calma consignada en el pasado. 9. Dice DeLillo en Libra (y yo maltraduzco): “Las tramas traen su propia lógica. Existe una tendencia de las tramas a moverse hacia la muerte. Él [no importa quién] creía que la idea de la muerte está tejida en la naturaleza de cada trama. Una trama narrativa no es menos que una conspiración de hombres armados. Entre más angosta sea la trama de una historia, más probable que llegue a la muerte. La trama en la ficción, creía, es la forma como localizamos la fuerza de la muerte fuera del libro, la confrontamos, la contenemos. Los antiguos representaban batallas falsas para imitar las tempestades en la naturaleza y reducir su miedo a los dioses que batallaban en el cielo.”

Cosmopolis Haircut
There is a world inside the world.

Black Hole

Una enfermedad de transmisión sexual prevalente en adolescentes convierte a sus portadores en monstruos. Algunos ganan apéndices o protuberancias, otros reciben hendiduras supurantes. Son mutaciones inofensivas pero contundentes. No hay dos iguales. Los infectados con deformidades discretas se camuflan entre la población sana. Aquellos con manifestaciones particularmente visibles son discriminados y repudiados y se ocultan en las montañas alrededor de la ciudad. Llaman a su refugio Planeta Xeno. Fuman marihuana, toman cerveza, hablan, se apoyan. Tarde o temprano todos caen. La enfermedad los singulariza. Los vuelve alguien al precio (costoso) de expulsarlos de la manada uniforme y cómoda donde la aceptación nunca es un dilema. Cuesta querer y ser querido, adaptarse, encontrar un lugar. No todo el mundo está dispuesto. Requiere tolerancia, comunicación y empatía. Es más seguro sentirse incomprendido y especial así la infección sea la norma general.

deformidades
La enfermedad es la vida.

Another Earth

¿Y si existiera una copia de mi mismo en otro lugar, una copia indistinguible de mí mismo que compartiera mi vida pero no fuera yo en tanto que… ¿Qué me define? ¿Quiénes somos exactamente? ¿En qué sentido somos únicos y en quién pensamos cuando pensamos en nosotros mismos? ¿Y si la identidad es de pronto una pluralidad de alguna manera explícita? Another Earth habla, creo, sobre la distancia con respecto a lo que somos y nos determina. Es algo en lo que no solemos pensar, pero cuando nos miramos y reflexionamos sobre nuestro estado individual en el universo necesariamente nos alejamos, asumimos una posición extraña en la que somos el objeto que piensa el objeto que se piensa. Nada impide que seamos varios. Que ese objeto sea sólo una versión posible entre otras, cada cual con sus particularidades pero al mismo tiempo unificadas bajo esto que somos en últimas al principio y al final, más o menos como somos el mismo pese al paso del tiempo. ¿Quién muere cuando morimos y qué queda? ¿De quién es la culpa que siento y de quién son las acciones que despiertan esa culpa? De pronto por eso es frecuente enfrentar momentos que se sienten fuera de lugar. Inconscientemente sabemos que en realidad hay un orden y así como hay historias que son inconfundibles de lo que sentimos que somos, hay otras que podrían ser distintas y quizás podrían ser reubicadas hasta encontrar la que realmente nos corresponde. Esto naturalmente es independiente de la satisfacción que recibimos de la vida. Va mucho más allá. Hay dolores correctos, hay desengaños necesarios, hay alegrías que no empatan. Constantes y variables. ¿Cuántos somos cuando somos todo lo que podemos ser? ¿Qué podría ser distinto sin que perdiéramos nuestra consciencia de ser alguien particular?

Another Earth
Tal vez somos sólo lo que no podemos ser.

Core Dump

There before him, a glittering toy no Star-Child could resist, floated the planet Earth with all its peoples.” (Satélite de destrucción masiva)

Estoy sentado sin camisa en el sofá negro. Tengo treinta y cinco años y veintiún días. A partir de cierto punto de la vida se inicia la cuenta regresiva. Desde el balcón veo Marte, Júpiter y Venus. Cuando era niño quería irme de este planeta y vivir en el espacio. En el espacio había robots, tranquilidad y soledad. El sofá negro no es una nave espacial ni una máquina del tiempo. Mi cuerpo no es una nave espacial. Cuando era niño había armarios que eran máquinas del tiempo. Vivimos en una ciudad que está situada fuera del tiempo. Mi apartamento es una estación suborbital en caída permanente. No hay viento en el vacío. Me comunico con los hombres a través de transcripciones digitalizadas de mi consciencia. (Pero no hay respuesta.) El dispositivo antigravitacional facilita la vida de los gatos así como su alimentación. Mi contacto con seres humanos es limitado y estrictamente controlado para prevenir contaminación. El gato negro flota profundo en la recámara exterior. Comimos hamburguesa en el bar de la esquina. La mesera tenía pelo negro, ojos verdes y labios rojos dispuestos en una cabeza ovalada sobre un vestido con patrones azules. Se llamaba Pam. Número catorce en la nómina del bar. Es casi real. Huele al perfume de una compañera de universidad. Nunca sirven mayonesa en el bar. Siempre debo pedírsela a quien atiende, lo que es incómodo, pero en el caso de Pam no me molesta en absoluto. Quisiera decirle a Pam que se siente con nosotros y nos cuente quién es y por qué está aquí un viernes por la noche trabajando en este bar de viejos. En la calle hay perros amarrados que esperan a sus amos frente al supermercado desde hace varios días. Tienen hambre y sed. El televisor del bar es seis veces más grande que el nuestro pero proyecta la misma nada. Los jugadores de baloncesto universitario son muy jóvenes para estar muertos. Extraño conversar con entidades orgánicas. No entiendo qué tiene de malo masturbarse en público. Es lo que hacen todos. Afuera están los osos, migran en bandadas hacia el norte. Como ellos, prefiero el invierno. Se parece más a mí.

Fuera del tiempo

Hace treinta años que se murió Philip K. Dick. Cuando uno es así como es uno es fácil sentir complicidad cercanía al leer lo que Dick escribió. Escribió muchas cosas y todo lo que escribió se siente no sólo cercano sino verdadero a un nivel súper primario. Yo lo leo ocasionalmente. No he sido sistemático con él como si he sido con otros autores porque a veces me altera mucho leerlo y no quiero que se me acabe tan rápido para que no se muera de verdad. Lo que Dick dice en todas sus historias es que uno está aquí y lo que está afuera es difuso y difícil de agarrar pero de todas maneras uno trata porque el espíritu humano y ajá. Uno quiere vivir entonces uno no se deja aplastar por la realidad que a veces parece tan elusiva y falsa. Hay mucha miseria y mucho dolor. Hay tedio. Todo es tremendamente confuso. Las personas son muy pequeñas dentro del gran esquema cósmico y así es muy complicado inventarse un propósito perdurable para lo que uno es o representa o lo que sea, pero aún así todos lo intentan con una tosudez brutal. Hay gente que dice que Dick estaba loco pero yo no creo que una persona desequilibrada pueda hacer todo lo que él hizo. A mí me parece que hay personas que tienen esa sensibilidad, que entienden mejor que el resto ciertas cosas muy básicas de lo que somos porque las ven sin esfuerzo. Viven en una perspectiva privilegiada, adelantados o incluso fuera del tiempo. Grothendieck les decía mutantes. No mencionaba a Dick en su lista de dieciocho mutantes pero seguro que si lo hubiera conocido ahí estaría (o de pronto no porque Grothendieck era bien raro). Otra cosa que creo que a Dick le preocupaba era la comunicación con los demás. Que uno pueda decir cosas y quien quiera que lo oiga de verdad reciba lo que uno le dice entre todo el ruido que hay. Y también que le crean, que es todavía más difícil. Dick insistía muchísimo en ese miedo a la desconexión. A veces sugería que había algo intrínseco en las máquinas, en la tecnología y el uso que le dan los que la controlan, que nos aisla cada vez más a los unos de los otros o al menos limita nuestro contacto genuino, sin filtros impuestos por alguien más.

Philip K. Dick
Philip K. Dick cuando no sabía escribir.

Bestia

Tras la décimo octava víctima, La Bestia decidió hacer una pausa y reflexionar sobre el sentido de su arte. Primera conclusión: el asesinato es una necesidad primaria y precede a cualquier atisbo de análisis moral. Por eso el hombre bueno puede matar. Mientras se preparaba para acostarse, recién duchado después de una larga jornada de limpieza del sótano relleno (literalmente) de fantasmas, se preguntaba en qué punto la intención neutra, la fantasía ansiosa de poseer la vida de otro, se convertía en maldad. En el fondo sabía que era un criminal. Había estudiado la ley. Sabía que su ejecución no era totalmente limpia y había pruebas contra él. Siempre habría pruebas. Pero no eran suficientes. Cualquier implicación era, por lo pronto, circunstancial. Era cuidadoso. Sabía lo que hacía. ¿Lo sabía? Temeroso de crear patrones que lo delataran, había desarrollado un método aleatorio de selección, tratamiento y disposición de sus víctimas y se rendía con disciplina a su voluntad falsa de cálculos y generadores de la ilusión del azar. Ceder el control lo incomodaba, pero temía que su inconsciente lo delatara. También, para qué negarlo, le agradaba pensar que no era él, sino la máquina, quien exigía el sacrificio. Era liberador. Por eso no se opuso ni dudó cuando el programa le ordenó procesar a su hermana, su favorita, la menor, la artista. Era necesario, se dijo. Era su vida o mi paz. La Bestia no odiaba. Tampoco se alimentaba del dolor. Era un asesino compasivo, tranquilo, sin rencores que lo traicionaran. Matar no era placentero, sólo reducía temporalmente la angustia. Sentado en una silla frente a su cama, sin la máscara habitual, le pidió a su hermana que lo entendiera antes de someterla con una dosis de ketamina. Ella lo miró con bondad desde la ausencia, sin reclamos. Cuando sus restos aparecieron en una bodega abandonada, dispuestos en lo que parecía ser parte de un grotesco ritual arcano, lloró asqueado con llanto sincero por teléfono y luego ante el cuerpo agujereado mil veces en la morgue mientras una trabajadora social le daba palmadas inútiles en la espalda y lo intentaba convencer de que, pese a la evidencia, Mariana no había sufrido. Y qué importaba si no había sufrido si ya no estaba. Era la primera vez que podía apreciar su arte desde adentro, desde la condición de víctima impotente. Nunca antes se había permitido algo así. Ser, de alguna manera, el muerto. No sabía cómo reaccionaría. No sabía qué esperar. ¿Ese era el efecto de su arte? ¿La tristeza intransferible del que pierde lo que quiere? ¿La soledad? ¿El vacío? ¿El futuro perdido? ¿Y dónde estaba su recompensa? ¿A quién servía la maldad? ¿De dónde provenía? ¿Por qué tanto dolor? ¿No había bondad en la maldad? ¿No era siempre buena para alguien más? Atormentado, La Bestia decidió darse un tiempo para pensar y reestablecer su vida. Tal vez crear nuevos vínculos con el mundo. Tal vez pintar o escribir. Quería hacer algo realmente hermoso. Quería volver a tener ilusiones y dejar atrás su destino monstruoso. Viviría la vida que Mariana no pudo tener. En el tren hacia Toronto, con la máquina dormida en su maleta, soñó despierto que en la estación lo esperaban el amor, la nieve y el perdón.

芭比3 (Óleo en lienzo), por 黃沛涵. Parte de su serie Fleshy Fairytale.

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