Hoy Laia cumple siete meses. Esta semana pasó del grito esporádico a la articulación descontrolada y constante de sonidos, especialmente cuando alguien cerca habla. Ayer dijo varias veces “Ta-ta”. Ya asumí que se refiere a mí. En la piscina conversa con cualquiera que le preste atención. Ha tenido unas cuantas noches difíciles últimamente. Sospechamos que tiene que ver con la llegada inminente de un diente. La piscina la deja exhausta y duerme muy bien durante el día. Ayer me di cuenta de que ahora llora por antojos y no sólo por necesidades fisiológicas básicas. Llora porque Plinio no se acerca lo suficiente o la ignora. También llora porque no le traigo el juguete que quiere. Hoy, mientras jugábamos en la sala, un halcón inmenso se paró por un par de segundos en el árbol frente a la ventana. Creo que iba tras las torcazas residentes. Cuando me levanté para mirarlo mejor levantó vuelo de nuevo entre la nevada.