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sonrisas

Espejo

Hoy Laia descubrió el estampado que tenía en la camiseta cuando la cargué frente al espejo. Mirando su reflejo tocó el ratoncito en el estampado con un dedo. Después agarró la camiseta con las dos manos y la estiró para poder verlo bien directamente (aunque patas arriba). Me miró sorprendida y sonrío.

Segundo ciclo lunar

La semana pasada le di de comer a Laia por primera vez. El tetero de leche ordeñada no fue suficiente para saciarla. Mónica tuvo que intervenir. El uso del tetero implica un cambio de protocolo serio para ella. Todavía no se adapta del todo a la nueva opción y a veces duda (con razón) de que pueda recibir comida sin su mamá cerca. Mi impresión es que el ángulo de recepción es clave. Todavía no lo domino. De todas maneras me emociona poder participar en su alimentación. Necesitamos tener el sistema perfeccionado a principios de octubre, cuando Mónica vuelve a trabajar.

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La mamá y la hermana de Mónica estuvieron dos semanas con nosotros. Viajamos a varios sitios del suroeste de Ontario en un carro que alquilaron. Los paseos eran pesados para Laia y sospecho que más contra ella que con ella. Las travesías por carretera, sin posibilidad de darle de comer en el acto como está acostumbrada, fueron fuente frecuente de llanto. Al final logramos sincronizar mejor los tiempos y asegurarnos de que comiera muy bien (y sacara los correspondientes gases) antes de arrancar. La omnipresencia de Tim Hortons, ese símbolo de la vida canadiense, facilitó las pausas para cambiarla y darle de comer con comodidad en medio de los viajes.

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El curso que empezó el día que nació Laia terminó mejor de lo que pensé. Sólo dos estudiantes de veintiocho reprobaron. El examen parcial había sido un desastre pero para el final se esforzaron mucho más y el resultado fue mucho más cercano al que esperaba. No es divertido jugar el papel de verdugo cruel, especialmente cuando la intención al preparar las evaluaciones y los evaluados es exactamente la contraria. Al final varios estudiantes fueron a mi oficina a agradecerme la experiencia. Uno me pidió una carta de recomendación para un trabajo dentro de la universidad. Varios me preguntaron por qué no tenía cuenta en Facebook. Al descubrir que había pasado el curso, un estudiante soltó lágrimas de emoción.

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La mañana del día que le di tetero por primera vez, recién levantada, Laia empezó a sonreir regularmente en respuesta a conversaciones. Hasta entonces las pocas sonrisas parecían reflejos involuntarios y no particularmente predecibles. Ahora son reacciones reproducibles. Le hablo, abro la boca y hago una gran

A

y ella me mira con sorpresa y sonríe. Un par de veces tuve la impresión de que intentó imitar mi gesto, pero todavía tengo mis dudas. Necesito aumentar el tamaño de muestra para confirmarlo. Tras siete semanas de sentirme desconectado de su realidad interior, las sonrisas regulares parecen puentes de acceso directo (de conexión activa) a su mundo emocional. Soy particularmente sensible a estos progresos.

Alegría

Laia y su buen ánimo mañanero.

Live being true to the single purpose of the moment

Laia
Agoté mi cuota mensual de 300Mb en Flickr. Recurriré a galerías como esta hasta el final del mes.