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Más sobre The Amazing Spider-Man

En un guiño más, al cierre de la película, la profesora de literatura del adolescente Peter Parker dice que alguien (supongo Borges) alguna vez dijo que sólo hay seis o siete historias posibles, pero que ella cree que en realidad sólo hay una: aquella que responde a la pregunta sobre quién somos (ya sea como individuos o como sociedades, agregaría yo.) Siempre me ha parecido atractiva la manera inocente como las personas (por lo general jóvenes) se sienten definidas por un sólo momento específico de sus vidas (o una suma corta, abarcable en unidades narrativas sencillas (?)), al que retornan regularmente en busca de sentido o propósito (mea culpa). Tal vez por eso adoro proyectos como The Moth.

Tengo la impresión de que el modelo social predominante incentiva la concepción de la vida como la consecuencia de una historia fundacional personal temprana (con descubrimientos, conflictos y moralejas determinantes) que paralelamente los impulsa (hacia su destino) y ancla (a su identidad). Buena parte de los dilemas existenciales de las personas acomodadas de mi generación, entre quienes me incluyo, con frecuencia están relacionados con la incapacidad (inevitable) para saciar satisfactoriamente la necesidad (impuesta) de ser (narrativamente) extraordinarios.

Adenda: Óscar habla de algo similar acá.

The Amazing Spider-Man

En los rincones de The Amazing Spider-Man, entre escenas, en los trasfondos, se siente el fantasma de la mitología que reinicia/niega. Conversaciones que evaden las palabras correctas, arenas de lucha libre vacías, persecuciones vengadoras que fracasan, promesas de recompensa por fotografías de la amenaza que nunca son reveladas. Detalles sutiles que sugieren que la historia pudo ser (y de hecho fue) otra. Ese reconocimiento casi tranquilo de su condición de secuela ofuscada le permite ser, con acierto, melancólica y renovadora simultáneamente.