Debido a su habilidad para ignorar la materia (o evadirla, o despreciarla), los neutrinos escapan de una supernova antes que la luz (que está compuesta por partículas más dadas a la interacción). El efecto práctico es una señal detectable: una brisa de neutrinos que contraintuitivamente (si aceptamos la relatividad como intuición) precede (¡por horas!) al avistamiento de la explosión. Como si la estrella (ya muerta) quisiera asegurarse de que no nos perdamos el esplendor de su partida.