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Empleadas internas

Esta es una nueva versión del ejercicio con el índice de empleadas domésticas internas. Creo que es mejor enfocar el mapa en los departamentos y que los datos para municipios se vean en una tabla contigua. Por sugerencia de Katherine incluí la población para cada departamento/municipio mencionado.

Algo que descubrí haciendo los cálculos es que Antioquia se lleva de lejos a todos los demás departamentos en el número de municipios con más de 10.000 habitantes. Mientras que la mayoría de los departamentos centrales tienen unos 10-20 municipios en esta categoría, Antioquia suma 42. Curioso.

Y hablando de servicio doméstico, en este artículo sobre un fracaso en Silicon Valley mencionan, como evidencia de las excentricidades y excesos del muchacho emprendedor protagonista, que tenía una empleada interna. Y este es un pelao con un apartamento en el centro de San Francisco que vale más de un millón de dólares. Pone los números de Colombia en perspectiva.

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He seguido jugando con los datos de homicidios. Entre ayer y hoy armé esta página para mirar las tablas de los cincuenta municipios con mayor número de homicidios y los cincuenta municipios con la mayor tasa de homicidios (por cada 100.000 habitantes) entre 1990 y 2013 (de paso resalto los que están en ambas listas al tiempo — los nombres de esos pocos capturan bien los focos de violencia más dura cada año). Son tablas muy sencillas de calcular pero no parecen estar disponibles en un formato amigable en ningún lado. El Observatorio de Derechos Humanos de la Presidencia (más amigable Mordor que ese sitio) tiene unos PDFs viejos que cubren por ahí desde 1998 hasta 2011 pero no encontré buenas listas (mapas sí tienen — son horribles). La semana pasada las generé a la carrera una noche usando R y quedé con ganas de hacer los mismos cálculos usando únicamente javascript. Esta vez fui más metódico y el código es más claro, organizado y hasta reutilizable que el adefesio del mapa (uno aprende montones haciendo esos ejercicios de carpintería). Escribí unas funciones muy básicas para cargar tablas en formato CSV e imprimirlas, seguro no muy óptimas pero funcionales al menos. Tal vez lo use de nuevo más adelante para soltar más tablas. Todavía no sé cómo se puede volver “responsive” el gráfico que encabeza la página. Seguiré investigando. También me parece que es un poco pesada. Tal vez es demasiado pedir que el navegador cargue y procese la tabla entera. El iPad se iba colgando.

Por cierto, el mapa de homicidios ahora contiene los datos desde 1990 hasta 2013.

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Por culpa del mapa de homicidios, ayer me crucé con varias personas que se rehusan a aceptar datos (si es que los leen) cuando estos ponen en duda (o incluso cuando no demuestran contundentemente) la mitología política asumida. Frente a una tendencia clara de reducción de homicidios en un cierto período responden con teorías de conspiración de bolsillo y se sostienen (so pena de sonar enajenados o agüevados) en sus narrativas populares de los baños de sangre apocalípticos y la violencia desatada (¡la más alta de la historia!). Una mujer proponía ayer que la reducción de la tasa de homicidios entre 2002 y 2010 se debió (en las narrativas fáciles todo siempre se explica de un escobazo con un solo factor, en lugar de reconocer que detrás hay siempre una red compleja de condiciones no siempre controlables y altamente aleatorias) a manipulaciones perversas de la “tasa demográfica” (?) en la registraduría, para poner un ejemplo. Otros no pueden aceptar los datos porque consideran que la práctica de los “falsos positivos” (un eufemismo periodístico horrible y ya extendidísimo para referirse al asesinato metódico de muchachos por parte de miembros de las Fuerzas Militares para hacerlos pasar por guerrilleros caídos en combate, acreditar éxitos operativos y ganar permisos, recompensas y condecoraciones) debería amplificar contundentemente las estadísticas de homicidios en general (aunque en la práctica correspondan a menos del 3% de los homicidios cometidos en un año). Y es verdad que estos crímenes son una atrocidad inaceptable, una vergüenza. Y son todavía peores cuando se reconfirma todavía hoy que dentro de las Fuerzas Militares son percibidos como errores casi exculpables de la guerra. Pero yo no me atrevería a decir que el resto de homicidios (en la escala de decenas de miles cada año — las tasas de homicidio, incluso ahora que están en caída, siguen siendo preocupantes) son menos serios. Los conteos son burdos e inexactos (a veces incluso tendenciosos) pero ayudan a poner las historias que nos contamos en perspectiva, a contrastarlas, a cuestionarlas. Aprender a leer números y tomarlos en cuenta no limita ni pervierte. No nos debilita. No deforma el mundo (ese está afuera, no en las tablas, y hay que volver a él siempre). Tampoco nos convierte en cínicos. Es una habilidad valiosa (una de tantas) para no perderse en las exageraciones y vaguedades comunes en discursos políticos. Las gráficas y las tablas no son generadores automáticos de conclusiones incontrovertibles sino plataformas para discutir y tomar distancia ocasional. No podemos sobrevalorarlas pero tampoco desestimarlas.