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tedio

La meticulosa confección del asombro

Lo siguiente parece sadismo, pero en realidad es didáctica afilada.

En su segunda tarea del curso, recién iniciados en el arte sutil de las sucesiones y las series, los estudiantes recibieron la misión de calcular el límite de $$\sum_{n=1}^\infty nx^n,$$ para $|x|<1$. En este momento, el único método a su disposición es la fuerza bruta: calcular sumas parciales y rezarle con convicción a Shiva, también llamado El Destructor, para que los guíe. Con un poco de esfuerzo, sin embargo, la estrategia utilizada con la serie geométrica general da resultado. Para estudiantes de primer año con un curso de cálculo diferencial de bajísimo nivel, este es un ejercicio medianamente complicado. Es frustrante y puede ser confuso si la notación no es cuidadosa. Por lo mismo, su conquista es gratificante. El ejercicio está en la tarea para garantizar el sufrimiento lúdico que requiere por definición un cálculo "de honores". También está ahí para crear el momento dramático de esta semana y, tal vez, la ansiada sensación de ganancia. Hoy, usando la recién demostrada prueba de la razón para convergencia absoluta de series, es fácil ver que la serie de arriba converge absolutamente para $|x|<1$ (y diverge en otro caso). Una vez ahí les recordé que la prueba de convergencia no nos dice nada sobre el valor de la serie pero que, afortunada o desgraciadamente, esa es su tarea para este miércoles. Mañana definiré las series de potencias y jugaré con radios de convergencia. Al final enunciaré sin demostración (tal vez refiera al Spivak a los curiosos) el resultado que reza que una serie de potencias puede ser derivada (o integrada) término a término en su intervalo de convergencia. El miércoles, luego de que entreguen la tarea, como una manera de ilustrar la representación de funciones utilizando series de potencias, tomaré la bien conocida $$\sum_{n=1}^\infty x^n=\frac{x}{1-x},$$ para $|x|<1$. Luego, como si fuera cualquier cosa, calcularé la derivada a ambos lados y multiplicaré por $x$. Me van a odiar.

Panding Fatherhood

Pierdo las semanas sin entender muy bien cómo. Me despierto con Mónica y me acuesto a media noche y cuando me acuesto pienso: otro día sin hacer nada. Este pensamiento me agobia y no me deja dormir muy bien. A veces me despierto de madrugada y pienso que necesito cambiar eso de alguna manera. No me siento bien. Durante el día procuro hacerlo pero entre el calor y el desánimo pierdo el poco impulso. No sueño nada por estos días. Miro la panza de Mónica e intento imaginar a Mauricio fuera. Ya falta poco. Espero demasiado de Mauricio. Espero que me saque del tedio. Quiero tenerlo a mi lado y poder tocarlo. Quiero ver cómo es. A veces me distraigo hablando con los distantes. Otras veces me distraigo hablando conmigo mismo y proponiéndome cosas, planes, para aprovechar el tiempo libre que ahora tengo y desperdicio. El martes nació Lorelei, la hija de Jana y Clifton. Hace unas horas recibí sus primeras fotos. Es linda. Me emociona y me alegra. Lorelei es un preámbulo a la realidad inminente de Mauricio. Hoy fuimos a Walmart a comprar un coche para él. Mónica quiere uno que permita ver al niño mientras uno camina con él. Increiblemente, muy pocos modelos de coches de precio razonable cuentan con esa posibilidad. Por desgracia el modelo está agotado en el almacén, pero no hay prisa así que regresaremos el próximo fin de semana. Tampoco encontramos el horno microondas que queríamos. El viaje al centro comercial fue prácticamente perdido. Qué pesado es moverse en una ciudad que desprecia el transporte público y sus usuarios. Nunca había vivido en un sitio así. De vuelta en la casa vimos My Fair Lady y luego A Bronx Tale. De comida horneé un lomo de cerdo con puré de manzana. Quedó bien, pero no era lo que esperaba.

El incidente II

Es posible, sin embargo, que esté subvalorando la naturaleza del incidente. Tal vez, sólo tal vez (con estas cosas (con casi todas) la certeza es sinónimo de ingenuidad), el incidente no es un evento puntual sino que, en realidad, su ocurrencia modifica sensiblemente la (ejem) topología del espacio de valores y prioridades que sostiene nuestro sistema de decisión personal (siempre) en desarrollo. Así, en lugar de definirnos, el incidente nos inspira. El incidente no es importante por ser el cénit de lo que somos sino porque nos enseña que podemos ser más; crea objetivos y misiones; nos motiva a escapar del tedio y ser no lo que tenemos que ser sino lo que merecemos ser.

También es posible, claro está, que el incidente sea todo esto. Que nunca dejemos de estar sumergidos en él.

El incidente

Dicen, con más o menos cierta razón, que la vida de cualquier persona se puede resumir en un sólo incidente. Uno que puede o no ser claro para la persona en cuestión. Un incidente que no contento con simbolizar, comprime la vida entera de esta persona en unos cuantos minutos de plenitud que podríamos llamar existencial aunque probablemente haya un mejor adjetivo para eso. Pero estas cosas siempre hay que pensarlas en retrospectiva porque uno no puede pasarse la vida dedicado a esperar el momento definitivo/definitorio cuando por fin todo sea claro y podamos ser lo que estamos destinados a ser. No, uno no puede vivir así.

Por otro lado, sería triste saber que ya pasó lo que tenía que pasar y de aquí en adelante sólo queda tedio, resignación e inercia.

(Cómo me gusta usar la palabra inercia.)