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televisión

Distracción

Olvidé escribir ayer. Me distrajo la televisión. Estamos viendo la nueva serie de moda sobre asesinos seriales en Netflix. Se me ocurre ahora que es una serie sobre la forma que toman los sentimientos cuando se dejan crecer sin las resistencias naturales que impone la vida en comunidad. Porque aunque la mayoría de las acciones son en últimas manifestaciones de sentimientos, también hay en cada acción un acto interno de resistencia para atenuar el impulso primario hasta que sea aceptable, hasta que reconozca (dentro de lo posible) a los otros como iguales, especialmente en lo que concierne a la experiencia de la tristeza y el dolor.

Calabaza

El lunes festivo duró poco y engendró una infección en el ojo derecho así que mañana por la tarde debo ir a mi médica a que me revise e impida que pierda mi preciado ojo. La casa está más limpia después de la limpiada de ayer pero el lavaplatos de nuevo está a reventar. Supongo que después del médico vendré a la casa a resolver eso. Había algo más sobre lo que quería escribir, no sé qué sería. Se refundió. Hace poco terminamos de ver la primera temporada de Defenders en Netflix. No ofrece mayor cosa, aunque me gusta la asociación de superhéroes reacios, casi que involuntarios. Cada vez el armatoste cinemático de Marvel se siente más endeble. Por el lado bueno, M. hizo una tarta de calabaza que quedó apenas. Me la como despacio para que la felicidad dure y, bueno, porque la dieta continúa.

Tronos

Daragh hizo en su blog una revisión minuciosa del estado de Game of Thrones al borde de una nueva (¿penúltima?) temporada. De paso comparte algunas de sus teorías conspiratorias sobre lo que está por llegar.

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Hablando de Mickey Mouse hace unos días vi una serie de cortos viejos de Mickey con Minnie y Minnie lloraba en por ahí dos de cada tres. Mickey nunca causa el llanto de Minnie, solo es quien debe padecer el genio de ese animalito temperamental que tiene por pareja o prospecto de pareja, jamás es claro. En algunos de los cortos ni siquiera se entiende por qué llora Minnie. Solo llora, pierde el control y Mickey la mira desde la aceptación compasiva de aquel que ha aprendido que que ese es el precio de su amor. Pero lo que más me impactó fue un corto en el que Minnie y su perrita lloraban y lloraban pues unas galletas se les quemaron en el horno y Mickey y Pluto buscaban formas para consolarlas. Finalmente ambos salen corriendo de la casa y vuelven con un regalo. Minnie lo abre es una canasta variada de productos Nabisco. Ante la sorpresa, Minnie abraza a Mickey emocionada y deja ipso facto de llorar.

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Pensaba anoche, al terminar de ver la cuarta temporada de House of Cards, en la paradoja de despreciar intensamente a los Underwood por su corrupción y vileza y al tiempo admirar y casi envidiar su visceralidad: su compromiso rotundo con los sentimientos más o menos primarios y naturales que otros procuramos (¿sin razón?) aplacar. Por ejemplo su entrega sin pudores a la ambición. Más de una vez he lamentado mi resistencia timorata al desenfreno.

Ideas para Pocoyó

El episodio en el que Pocoyó llora de verdad • El episodio en el que Pocoyó mata a Pato accidentalmente con una pistola cargada que encuentra junto a un árbol • El episodio en el que se discute que Pocoyó es el único humano que sobrevivió a una hecatombe nuclear • El episodio en el que Ely entiende que está hecha para complacer ciertos requisitos vagos de corrección política • El episodio en el que se descubre que Pato no existe • El episodio en el que Pocoyó pregunta compulsivamente por sus papás y nadie sabe nada • El episodio en el que una fiesta de cumpleaños de Ely termina en tragedia • El episodio en el que se comen a Fred El Pulpo a la gallega • El episodio en el que Ely debe elegir entre perder sus piernas o perder su vida • El episodio-homenaje póstumo a Stephen Fry • El episodio en el que se revela que al final de cada episodio Caterpilar muere y es reemplazada por una nueva • El episodio en el que Pajarodó se va y no vuelve • El episodio en el que Pocoyó debe aceptar que ninguna amistad es para siempre • El episodio en el que Pocoyó dice que nada tiene sentido • El episodio en el que Pocoyó acepta que el cáncer nunca se irá.

Ética escatológica

La columna de hoy es un comentario breve sobre la serie The Walking Dead. Por complementar, enlaces a vainas que escribí hace varios años sobre 28 Weeks Later, [•Rec], Planet Terror, American Zombie, Day of the Dead, Diary of the Dead y I Am Legend, cuyo libro homónimo inspiró a Romero para crear Night of the Living Dead.

Atrapa un millón (para la ciencia)

Ahora que España, como dice Germán, se volvió un país del tercer mundo, los científicos buscan maneras alternativas para financiar sus investigaciones:

—¡Atención que nos jugamos ciento quince mil euros!, ¿eh, parejita? —dice Carlos Sobera, el presentador de Atrapa un millón, el programa de TV donde muchos españoles, cada vez más, buscan llevarse fajos de euros apelando al saber y el azar.

La cámara desciende en picado. A la derecha, el conductor. A la izquierda, dos que se abrazan: los hermanos Luisa y Juan Botella. La parejita que busca llevarse más de cien mil euros. Él es periodista; ella, genetista. Se presentaron al programa con una misión: conseguir los euros necesarios para que Luisa pueda continuar pagando a su equipo de investigación.

Lostalgia

El último proyecto de Santiago Ortiz es Lostalgic, una visualización del guión de Lost utilizando la información disponible en Lostpedia. En Creative Applications lo entrevistan al respecto:

I believe books, movies and in general stories could be visualized in ways persons not only will learn about the contents, the context and the structure of the narrative but will actually read in a different ways the story, or, if you want, will read another story out of the atoms and molecules of the allegedly analyzed one (and I use the word ‘read’ in the most wide hermeneutical possible sense). These aren’t new ideas at all, for many that’s exactly what literature and art criticism should do: build new meaning out of the previously existing one. When it comes to create interactive visualization, or, in general, interactive creation based on pre-existent narrative material, I think there are multiple unexplored ways to create new meaning, new stories… or to re-tell the same story (which is as impossible as to take a bath twice in the same river, as Borges perfectly explained in his Pierre Menard, Author of Quixote story). ‘Re-telling’ has been explored in digital arts but not so much in visualization.

Estupidez cósmica

De nuevo vemos Breaking Bad. No siempre tenemos el coraje para ver Breaking Bad. Breaking Bad a veces supera nuestra tolerancia ética. Es una serie difícil de ver porque su argumento se sostiene sobre malas decisiones enlazadas en cadenas pesadísimas que prometen El Horror, y El Horror cada tanto llega para recordarnos que existe. Esas malas decisiones son el producto de una suerte de estupidez cósmica que cuesta entender con compasión o empatía, incluso cuando las motivaciones que canalizan esas decisiones son, si no nobles, al menos comprensibles, y los personajes son tan genuinamente humanos que logran que sus desgracias duelan de verdad. Los dilemas morales serios son con frecuencia irresolubles pero dentro del espectro de remedos de solución hay selecciones que reducen un algo el riesgo de desastre. En Breaking Bad todos los personajes dedican lo mejor de ellos a exprimir lo peor de sí mismos. Esperar la caída de El Horror es angustiante. Saber que todo obedece a un Plan (sea interno o externo) me perturba todavía más.

Rumbos

El fin de semana pasado vimos la segunda temporada del Juego de tronos. Hace un año, cuando terminamos de ver la primera, Mónica leyó de golpe los cinco libros disponibles de la serie y quedó en las mismas. Yo sólo leí tres y me planté. No puedo con las tramas sin rumbo.

La adaptación para televisión corrige algunos defectos de la versión original. Casi todas las modificaciones que proponen son para bien. Los escritores de televisión son eficientes y organizados y tienen, en general, más respeto por su audiencia (y la historia) que el señor Martin, que hace años abandonó cualquier pretensión de control sobre sus tramas.

La única motivación de Martin es expandir la serie en tantos libros como pueda, abusando de cliffhangers falsos y giros dramáticos por lo general basados en la aniquilación súbita de personajes aparentemente centrales. Su prosa es apenas funcional. Su técnica narrativa, primitiva.

Mi teoría es que La canción de hielo y fuego siempre fue pensada para ser una serie de televisión o una película. O al menos siempre aspiró a convertirse en eso. Que haya sido inicialmente publicada como un libro es un accidente debido a las dificultades obvias para entrar en contacto con productores y convencerlos de que una historia a medias tiene potencial. El éxito del libro era necesario para que tomaran a Martin en serio.

El acierto principal de la adaptación consiste en ignorar las arbitrariedades de Martin y tomar su nudo de pseudo-arcos como un mapa de ruta factible de ser modificado, o (usando mi metáfora narrativa favorita) como un campo vectorial lleno de sifones (piensen en Arya, Sam, Bran, Brienne, ¿sigo?) en busca de una curva-solución suficientemente amplia (y razonablemente continua) que aproveche al máximo la riqueza del mundo que describe (sin duda su mayor virtud). De esto ya había hablado. Los guionistas saben que es riesgoso seguir a Martin a ciegas: probablemente su serie de libros se desmorone en la última o penúltima entrega (si es que Martin no sufre un infarto antes).

Core Dump

There before him, a glittering toy no Star-Child could resist, floated the planet Earth with all its peoples.” (Satélite de destrucción masiva)

Estoy sentado sin camisa en el sofá negro. Tengo treinta y cinco años y veintiún días. A partir de cierto punto de la vida se inicia la cuenta regresiva. Desde el balcón veo Marte, Júpiter y Venus. Cuando era niño quería irme de este planeta y vivir en el espacio. En el espacio había robots, tranquilidad y soledad. El sofá negro no es una nave espacial ni una máquina del tiempo. Mi cuerpo no es una nave espacial. Cuando era niño había armarios que eran máquinas del tiempo. Vivimos en una ciudad que está situada fuera del tiempo. Mi apartamento es una estación suborbital en caída permanente. No hay viento en el vacío. Me comunico con los hombres a través de transcripciones digitalizadas de mi consciencia. (Pero no hay respuesta.) El dispositivo antigravitacional facilita la vida de los gatos así como su alimentación. Mi contacto con seres humanos es limitado y estrictamente controlado para prevenir contaminación. El gato negro flota profundo en la recámara exterior. Comimos hamburguesa en el bar de la esquina. La mesera tenía pelo negro, ojos verdes y labios rojos dispuestos en una cabeza ovalada sobre un vestido con patrones azules. Se llamaba Pam. Número catorce en la nómina del bar. Es casi real. Huele al perfume de una compañera de universidad. Nunca sirven mayonesa en el bar. Siempre debo pedírsela a quien atiende, lo que es incómodo, pero en el caso de Pam no me molesta en absoluto. Quisiera decirle a Pam que se siente con nosotros y nos cuente quién es y por qué está aquí un viernes por la noche trabajando en este bar de viejos. En la calle hay perros amarrados que esperan a sus amos frente al supermercado desde hace varios días. Tienen hambre y sed. El televisor del bar es seis veces más grande que el nuestro pero proyecta la misma nada. Los jugadores de baloncesto universitario son muy jóvenes para estar muertos. Extraño conversar con entidades orgánicas. No entiendo qué tiene de malo masturbarse en público. Es lo que hacen todos. Afuera están los osos, migran en bandadas hacia el norte. Como ellos, prefiero el invierno. Se parece más a mí.

Telegobierno

Más obviedades: que la extensión de la televisión y otros medios de acceso y consumo sencillo promuevan un ejercicio de la política y el gobierno mediante el espectáculo (o que recurre a técnicas publicitarias para difundir su gestión o propuestas) no puede ser una excusa para que la política y el gobierno se vuelvan actividades que existen solamente como espectáculo o con el espectáculo complaciente como fin último. En un caso concreto, la transmisión en directo de eventos gubernamentales, legislativos o diplomáticos, con todos sus beneficios democratizantes, puede transformarse con facilidad en un escenario donde los servidores públicos se rinden al telepúblico (o aprovechan su telepresencia para fortalecer su imagen) en lugar de ejercer su labor. No se me ocurre una manera sencilla de impedir o al menos controlar este fenómeno pernicioso que no implique sacrificar apertura informativa. ¿Cuál debería ser el límite?

Martes (Hay que luchar por el control)

El paquete de cable básico tiene un canal de acuario en alta definición que parece real, con bailarinas y esos bagres en miniatura que limpian el vidrio. También tiene un canal del atardecer eterno (con un bucle insultante de menos de treinta segundos pero no lo suficientemente insultante para no verlo ayer por cerca de una hora) y otro de la vista desde el balcón de la cabaña hacia el lago (cuya periodicidad es menos obvia pero también frecuente). No tenemos el canal chimenea, para ese hay que pagar. Estos canales son incluídos en el paquete básico como canales de control dentro de estudios de medición de audiencia, todo el mundo lo sabe. La popularidad de los canales de control, sin embargo, ha aumentado ostensiblemente en los últimos años debido a la costumbre cada vez más común (e impulsada por las autoridades al elegir a la televisión como el medio de alerta temprana por excelencia) de nunca apagar el televisor bajo ninguna circunstancia. En cuanto a contenido, estos canales son evidentemente superiores a casi cualquier cosa disponible a las tres y media de la mañana (o incluso a medio día). También son perfectos para acompañar reuniones sociales y horas de falsa desconexión. Esto, sin embargo, impide tomarlos en serio como individuos control dentro de los (demoniacos) estudios estadísticos que sirven de base para el desarrollo de estrategias de mercadeo y manipulación que mejoren los índices de audiencia de los canales comerciales. Desde hace varios años se discute en agencias y universidades cuál debería ser la esencia del canal control. Qué debería ofrecer. Cuál debería ser su medida de audiencia con respecto a las demás. Qué debería decirnos sobre la audiencia y sus intereses. Piénselo: el canal control debería ser suficientemente atractivo como para capturar audiencias desprevenidas pero no debería motivar de manera alguna su sintonización ulterior. Una escuela que gana fuerza en la teoría del mercadoanálisis audiovisual teletransmitido dice que todo canal control deja de servir a su propósito al cabo de un par de meses. Varios estudios al respecto parecerían comprobarlo. La hipótesis principal para explicar este fenómeno sugiere que hemos llegado a cierta etapa de desarrollo cultural global donde un producto televisivo, no importa su naturaleza, no necesita ofrecer mayor estímulo para sostener por tiempo indefinido a una audiencia fiel. La quietud del ruido blanco es suficiente. Como resultado, algunas compañías contemplan la posibilidad de ampliar su densidad publicitaria de manera progresiva durante los próximos seis años.

Martes

Llueve ceniza. Huele a carne asada. Dicen que son los incendios en la ciudad. La radio transmite anuncios automatizados de manera esporádica entre bips y baladas viejas. Promesas de calma. Sitios y horarios de distribución de víveres y servicio crematorios. Una mujer que llora y pide a Dios por la suerte de sus hijos, desaparecidos en el primer bombardeo. Instrucciones para sobrevivir a un ataque biológico. Lista de refugios con vacantes. Ayer no llovió pero cayeron volantes rojos con amenazas y nombres. La sabana no es segura. Los perros están nerviosos: sienten el rumor de los tanques. He iniciado un cuaderno nuevo donde consigno en limpio los progresos de las últimas semanas. Será lo único que me lleve. Eso y el diccionario. No sé todavía para qué. Qué sentido tiene seguir. El viejo dice que se queda. A nadie le importa. Ni a mí. Se quiere morir. Lo entiendo. En últimas es sensato. Casi no puede caminar. ¿Qué futuro le espera? La casa es nuestra. La doctora no volvió. Las enfermeras huyeron tras la estampida de avestruces. El viejo dice que nos engañan. “Se burlan de nosotros, no sé por qué no pueden verlo”. En la televisión, por las noches, sólo hay musicales y películas de terror.