Rango Finito

Un blog para Mauricio Arturo

twitterfotoshermanocerdotechnogogytemasjuegos

televisión

Core Dump

There before him, a glittering toy no Star-Child could resist, floated the planet Earth with all its peoples.” (Satélite de destrucción masiva)

Estoy sentado sin camisa en el sofá negro. Tengo treinta y cinco años y veintiún días. A partir de cierto punto de la vida se inicia la cuenta regresiva. Desde el balcón veo Marte, Júpiter y Venus. Cuando era niño quería irme de este planeta y vivir en el espacio. En el espacio había robots, tranquilidad y soledad. El sofá negro no es una nave espacial ni una máquina del tiempo. Mi cuerpo no es una nave espacial. Cuando era niño había armarios que eran máquinas del tiempo. Vivimos en una ciudad que está situada fuera del tiempo. Mi apartamento es una estación suborbital en caída permanente. No hay viento en el vacío. Me comunico con los hombres a través de transcripciones digitalizadas de mi consciencia. (Pero no hay respuesta.) El dispositivo antigravitacional facilita la vida de los gatos así como su alimentación. Mi contacto con seres humanos es limitado y estrictamente controlado para prevenir contaminación. El gato negro flota profundo en la recámara exterior. Comimos hamburguesa en el bar de la esquina. La mesera tenía pelo negro, ojos verdes y labios rojos dispuestos en una cabeza ovalada sobre un vestido con patrones azules. Se llamaba Pam. Número catorce en la nómina del bar. Es casi real. Huele al perfume de una compañera de universidad. Nunca sirven mayonesa en el bar. Siempre debo pedírsela a quien atiende, lo que es incómodo, pero en el caso de Pam no me molesta en absoluto. Quisiera decirle a Pam que se siente con nosotros y nos cuente quién es y por qué está aquí un viernes por la noche trabajando en este bar de viejos. En la calle hay perros amarrados que esperan a sus amos frente al supermercado desde hace varios días. Tienen hambre y sed. El televisor del bar es seis veces más grande que el nuestro pero proyecta la misma nada. Los jugadores de baloncesto universitario son muy jóvenes para estar muertos. Extraño conversar con entidades orgánicas. No entiendo qué tiene de malo masturbarse en público. Es lo que hacen todos. Afuera están los osos, migran en bandadas hacia el norte. Como ellos, prefiero el invierno. Se parece más a mí.

Telegobierno

Más obviedades: que la extensión de la televisión y otros medios de acceso y consumo sencillo promuevan un ejercicio de la política y el gobierno mediante el espectáculo (o que recurre a técnicas publicitarias para difundir su gestión o propuestas) no puede ser una excusa para que la política y el gobierno se vuelvan actividades que existen solamente como espectáculo o con el espectáculo complaciente como fin último. En un caso concreto, la transmisión en directo de eventos gubernamentales, legislativos o diplomáticos, con todos sus beneficios democratizantes, puede transformarse con facilidad en un escenario donde los servidores públicos se rinden al telepúblico (o aprovechan su telepresencia para fortalecer su imagen) en lugar de ejercer su labor. No se me ocurre una manera sencilla de impedir o al menos controlar este fenómeno pernicioso que no implique sacrificar apertura informativa. ¿Cuál debería ser el límite?

Martes (Hay que luchar por el control)

El paquete de cable básico tiene un canal de acuario en alta definición que parece real, con bailarinas y esos bagres en miniatura que limpian el vidrio. También tiene un canal del atardecer eterno (con un bucle insultante de menos de treinta segundos pero no lo suficientemente insultante para no verlo ayer por cerca de una hora) y otro de la vista desde el balcón de la cabaña hacia el lago (cuya periodicidad es menos obvia pero también frecuente). No tenemos el canal chimenea, para ese hay que pagar. Estos canales son incluídos en el paquete básico como canales de control dentro de estudios de medición de audiencia, todo el mundo lo sabe. La popularidad de los canales de control, sin embargo, ha aumentado ostensiblemente en los últimos años debido a la costumbre cada vez más común (e impulsada por las autoridades al elegir a la televisión como el medio de alerta temprana por excelencia) de nunca apagar el televisor bajo ninguna circunstancia. En cuanto a contenido, estos canales son evidentemente superiores a casi cualquier cosa disponible a las tres y media de la mañana (o incluso a medio día). También son perfectos para acompañar reuniones sociales y horas de falsa desconexión. Esto, sin embargo, impide tomarlos en serio como individuos control dentro de los (demoniacos) estudios estadísticos que sirven de base para el desarrollo de estrategias de mercadeo y manipulación que mejoren los índices de audiencia de los canales comerciales. Desde hace varios años se discute en agencias y universidades cuál debería ser la esencia del canal control. Qué debería ofrecer. Cuál debería ser su medida de audiencia con respecto a las demás. Qué debería decirnos sobre la audiencia y sus intereses. Piénselo: el canal control debería ser suficientemente atractivo como para capturar audiencias desprevenidas pero no debería motivar de manera alguna su sintonización ulterior. Una escuela que gana fuerza en la teoría del mercadoanálisis audiovisual teletransmitido dice que todo canal control deja de servir a su propósito al cabo de un par de meses. Varios estudios al respecto parecerían comprobarlo. La hipótesis principal para explicar este fenómeno sugiere que hemos llegado a cierta etapa de desarrollo cultural global donde un producto televisivo, no importa su naturaleza, no necesita ofrecer mayor estímulo para sostener por tiempo indefinido a una audiencia fiel. La quietud del ruido blanco es suficiente. Como resultado, algunas compañías contemplan la posibilidad de ampliar su densidad publicitaria de manera progresiva durante los próximos seis años.

Martes

Llueve ceniza. Huele a carne asada. Dicen que son los incendios en la ciudad. La radio transmite anuncios automatizados de manera esporádica entre bips y baladas viejas. Promesas de calma. Sitios y horarios de distribución de víveres y servicio crematorios. Una mujer que llora y pide a Dios por la suerte de sus hijos, desaparecidos en el primer bombardeo. Instrucciones para sobrevivir a un ataque biológico. Lista de refugios con vacantes. Ayer no llovió pero cayeron volantes rojos con amenazas y nombres. La sabana no es segura. Los perros están nerviosos: sienten el rumor de los tanques. He iniciado un cuaderno nuevo donde consigno en limpio los progresos de las últimas semanas. Será lo único que me lleve. Eso y el diccionario. No sé todavía para qué. Qué sentido tiene seguir. El viejo dice que se queda. A nadie le importa. Ni a mí. Se quiere morir. Lo entiendo. En últimas es sensato. Casi no puede caminar. ¿Qué futuro le espera? La casa es nuestra. La doctora no volvió. Las enfermeras huyeron tras la estampida de avestruces. El viejo dice que nos engañan. “Se burlan de nosotros, no sé por qué no pueden verlo”. En la televisión, por las noches, sólo hay musicales y películas de terror.

Viernes (Números)

Nadie durmió. Ni siquiera los gatos. Es el miedo. Vimos televisión toda la noche. Primero series policiacas con muchos cuerpos descompuestos y luego ese programa de la persona que lee números en desorden para asegurarse de que hay alguien ahí, atento. No sabemos si es una mujer o un hombre. Tenemos varias apuestas al respecto. El programa no se inicia ni se termina formalmente. Da la impresión de continuar mientras no es transmitido aunque supongo que la persona debe tener períodos de descanso para comer e ir al baño. O tal vez son varias personas exactamente iguales que toman turnos. La tecnología de la clonación humana está mucho más avanzada de lo que reconoce la ortodoxia científica. Todo el mundo sabe eso. De ahí los laboratorios en islas artificiales, el culto de Los Eternos, y esas noticias frecuentes de los muertos que regresan sin memoria. Los números se acumulan. A medida que los dice cruzan la pantalla a velocidades variables y se van acomodando en una pila cuyo tamaño de fuente se reduce a medida que la pila crece. Algunos números son negros y otros son rojos. En la sesión de anoche hubo apenas siete números rojos. Generalmente son más. Siempre hay más negros, los rojos son especiales, los acompaña con una entonación distinta, más alegre, pero la proporción nunca es tan desigual. En dos horas de transmisión, la persona, que nunca mira la cámara y parece estar sentada en una silla rígida particularmente incómoda, alcanza a leer dos mil números. Hace pausas entre cada cifra y también cuando cambia de página o toma un sorbo de agua de una botella de vidrio sin marca. Nunca la he visto superar el número cien mil, pero hay historias que se cuentan entre los seguidores más fieles de números larguísimos, todos rojos. Durante un tiempo pensé que era parte de algún código, que quería transmitirnos un mensaje, todo el mundo piensa eso ingenuamente la primera vez, pero ahora creo que es posible que sea algo más serio y profundo, algo que debería preocuparnos más allá del morbo de saber de qué se trata. ¿Un índice? ¿Un conteo? ¿Una rifa? ¿Un bingo? El viejo dice que cuando la transmisión se detiene en nuestro canal continúa en otros canales u otros lugares. Nunca se detiene de verdad. Él, por ejemplo, la encontró alguna vez a las cuatro de la madrugada en Disney Channel, pero entonces era animado. Alguien más, no recuerdo quién, pude haber sido yo mismo, me dijo que vio a la persona leyendo los números a la entrada de un centro comercial hace algunos años, antes de la guerra. No había cámaras por ningún lado.

Miércoles

Terminé de leer The Pale King esta mañana. Tal vez luego diga algo al respecto. Por lo pronto transcribo las notas rápidas que tomaba al cierre de cada capítulo para no perderme. Soñé que Pedro Poitevin escribía una novela y me la enviaba para leerla. Me daba mucha envidia porque tenía “peleas de verdad”. No desayuné. El plan es empatar lo que estamos haciendo con el trabajo de Anand en el contexto diferencial o algo así. Almorcé una milanesa de cerdo con ensalada. Hablé con Laura y Carolina por la tarde. Preparé una sopa de miso con honguitos largos blancos (siempre olvido el nombre) y tofu por la noche. Me gusta, siempre me ha gustado, licuar zanahora en jugo de naranja. Unas niñas secuestradas gritan y lloran en la televisión. El secuestrador (y asesino serial en desarrollo) les dice que son unas malagradecidas. También vimos Modern Family. Simpático.

Algunas lecturas: Íñigo reseña Inside Job, Shantha lee poesía, Lola reseña los libros que lee, Nanda comparte secretos matrimoniales, Vega se burla de quienes escribimos diarios, los mexicanos invaden Wondermark, Henry Sánchez “El Forrest Gump Colombiano” llega a México (aquí entrevista extensa (altamente recomendada)), y Constatación brutal del presente, la novela de Javier Avilés, se podrá comprar en Colombia.

Miércoles (El Profeta)

We are all of us brothers, dice El Profeta por televisión. Cuando estoy cansado pero no puedo dormir veo televisión en la sala de recreo o juego ajedrez. Siempre hay alguien en la sala de recreo dispuesto a una partida. También hay gatos. La doctora dice que son terapéuticos pero prefiero a los perros que viven afuera. Son más humanos. Cuando se acaba la programación comercial se inician los programas religiosos subvencionados por el estado. El Profeta es de lejos mi favorito. El Profeta no propone conversiones, le parecen innecesarias pues en su opinión la misericordia infinita de Dios no exige expresiones de devoción sino la práctica de la bondad. Tampoco promete curaciones milagrosas. El Profeta es un hombre preocupado, dice que vamos por mal camino y que debemos reconsiderar nuestra situación como individuos, nuestra desconexión. Esta perspectiva, nos confiesa, lo angustia. Una fracción significativa del discurso recurrente del Profeta gira en torno a la fé en la existencia de los demás. Esa es una idea que me gusta. El Profeta dice que la fé en Dios es innata, hace parte de la condición humana básica, pero que la fé en el otro, en su individualidad, en su complejidad, en su estatus de igualdad con respecto a nosotros, requiere un esfuerzo que no puede ser compensado con piedad. El Profeta dice que el hombre piadoso que olvida a su prójimo, el que cae en el pecado del solipsismo por darle prioridad al culto al Señor, merecería el infierno si el infierno existiera, porqué él es de la escuela que dice que el infierno es un concepto falso, un error de interpretación popularizado por una mala traducción de las escrituras. Anoche El Profeta decía que la comunión no debe ser un ritual de cada domingo, sino un ejercicio cotidiano y constante por compartir, por encontrarnos con el otro y, al reflejarnos, reconocer explícitamente el valor de su presencia y nuestra propia alteridad.

Normal

Estoy de nuevo en mis quince años. Veo televisión. En la televisión hay un hombre que promete milagros. El hombre nos dice que debemos creer y yo creo. El hombre nos pide que cerremos los ojos y nos tomemos el vaso de agua previamente tele-bendecido y le pidamos al Señor que se compadezca de nosotros, pecadores, y aprecie nuestro fervor y nuestro amor. Ámame, Señor. Protégeme, Señor. Auxíliame, Señor. Cúrame, Señor, que todo lo puedes. Heme aquí, Señor, dispuesto a recibirte en mí, a reconocerte como mi Salvador y mi Guía. Cierro los ojos con fuerza y enfoco mi voz hacia el cielo y pronuncio la oración en voz alta y con fe, pero no siento el abrazo del Señor. El Señor está ahora en ti, hermano, dice el hombre de la televisión, y aunque eso es todo lo que pido no lo siento: sigo vacío. Ya llevo quince años así. Esto no puede ser normal.