Rango Finito

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Rústicos

Como en otras de las películas del nuevo cine de terror francés, en Calvaire la amenaza se manifiesta en el mundo rústico, fuera de la seguridad certificada de las ciudades, pero el manejo visual, aunque novedoso y cuidado, evade la brutalidad explícita de las películas francesas (sello característico de la escuela). En cambio, intercala el martirio del protagonista (un joven cantante de ancianatos en manos de un posadero afable pero desequilibrado) con escenas extremistas de la típica (?) vida bucólica belga, como la iniciación sexual de un adolescente con un cordero (bajo la supervisión animada de familiares y amigos) y un baile improvisado e inquietante en una taberna. El campo en las películas del nuevo cine de terror francés es un territorio no sólo desconocido e incomprensible sino devastado socialmente (la deuda con The Hills Have Eyes et al. es innegable). Quienes lo habitan son personas con limitaciones cognitivas y/o mentales, desconectadas de la realidad y sumidas en hábitos malsanos y códigos morales corruptos. Salir de la ciudad es siempre el primer error.

Largas agonías

El llamado nuevo cine de terror francés es sangriento. Dentro del género del cine de terror sangriento, el cine de terror francés es notablemente sangriento. Uno de sus ingredientes recurrentes es una mujer lavada entera en sangre (propia y ajena) que suelta un aullido rabioso hacia la entidad real o figurada que permitió su martirio. A diferencia de Saw, Hostel y similares, en el centro del nuevo (ya no tan nuevo) cine de terror francés no está la tortura sino el asalto. Las protagonistas son sitiadas y reducidas por amenazas incontenibles e incomprensibles ante las que la única respuesta aceptable es la brutalidad recíproca. La acción se inicia rápido, sin preámbulos empáticos, y la violencia desatada asciende sin pudores comerciales hasta el clímax del cierre (que por lo general destruye cualquier expectativa de redención). La tensión se sostiene sobre la capacidad de resistencia de los personajes. A partir de cierto punto, la inclemencia del castigo los libera de sus limitaciones físicas.

Las cinco películas canónicas del nuevo cine de terror francés son Haut tension (2003), Ils (2006), À l’intérieur (2007), Frontière(s) (2007) y Martyrs (2008).

Aunque producidas independientemente, las cinco están repletas de puntos de contacto y en conjunto conforman un comentario mordaz a los temores del cómodo urbanita (¿francés?) contemporáneo. En Haut tension dos estudiantes universitarias son acechadas por un plomero sucio, gordo y burdo. En Ils una pareja de intelectuales franceses aislados culturalmente en Rumania reciben una visita de cortesía de los salvajes nativos. En À l’intérieur una mujer embarazada es atrapada en su propia casa por una psicópata empeñada en hacerle una cesárea a tijera. En Frontière(s) un grupo de muchachos de la banlieue parisina escapan de la ciudad en medio de disturbios pero son capturados por una familia caníbal neonazi. Y en Martyrs… bueno, de Martyrs es mejor no decir nada.

Algunos también incluyen en esta lista a la belga Calvaire (2004). La veré mañana.

Demasiada felicidad

Estampilla rusa honrando a Sofia Kovalévskaya. Desgraciadamente, los rusos sólo reconocieron su valor cuando logró por sus propios medios hacerse a un lugar en la sociedad matemática europea.

La columna de hoy es una invitación a leer a la gran Alice Munro (y de paso hablar de Со́фья Васи́льевна Ковале́вская).

Alice Munro es una evangelista esencial de mi religión. Regalo sus libros como si fuera testigo de Jehová. Los compro a docenas, así estén repetidos, en la librería de usados del centro. Alice Munro es mi refugio, nada me falta.

Como complemento a la columna, recomiendo Dimension y Wenlock Edge, dos de los relatos compilados en Too Much Happiness (En el archivo de la New Yorker hay muchos más). Si los leen y luego de leerlos sienten que quieren gritar pero no saben por qué, me encantaría hablar de ellos en los comentarios. También podemos hablar de esta preocupante noticia.

Resultado de la última visita a la librería de usados del centro.

The cabin in the woods

Son reglas. Siempre son reglas. Cada pieza encaja, dicen. Nada es arbitrario. La convención sirve a un propósito. La reiteración de estereotipos y giros es inevitable. Hay un orden y un sentido. Alguien debe morir. Cuestionar su pertinencia es necio: nuestra existencia está en juego. La trama nos antecede. Es impuesta. Está escrita en el lenguaje arcano de nuestros instintos más básicos y hay una razón para que esté ahí. Nos protege del miedo. Contiene la amenaza. No podemos olvidar le pacto. La estructura del sacrificio es una exigencia de lo que estaba antes del tiempo: lo eterno, lo innombrable, aquello que juzga, castiga y observa. Cumplimos su voluntad para conjurar su ausencia.

The Cabin in The Woods
Su sueño es frágil.

Niño

Por lo general preferimos no mencionarlo, pero en el fondo de la casa, en esa habitación pequeña junto a la cocina que mi abuelo usaba de depósito de herramientas y armerillo, hay un armario que nadie abre por temor a que vuelva a aparecer el niño. Cuando aparece, el niño tiene una granada en la mano. Aunque es evidente que habla, el niño no emite sonido alguno. Elige un interlocutor y le habla. A veces es posible reconocer palabras, leerlas en sus labios. Me dice “papá”. Se ríe. Sonríe. Muestra su granada nueva y grande. La ostenta. Apenas le cabe en las manos. Se nota que pesa. Luego, de un golpe, saca el seguro y se ríe más con risa y mirada de niño malvado que todavía no sabe en qué consiste su maldad. No hay manera de impedir que esto pase. Una vez el niño aparece, alguien en la casa debe resignarse a verlo explotar.

Martes

Leí varios cuentos hoy. Más y más cuentos de terror. En ninguna parte de este libro advierten que estos son cuentos de terror. Deberían. No sobra. Mejor prevenir. Leí uno, tal vez el que más me impactó, de un señor psicorrígido que se levanta un día y encuentra un campamento de guerra en el primer piso de su casa, con soldados, putas, muertos, heridos, sangre y música a todo volumen. Con dificultad, el señor intenta, en medio del desastre, proseguir con su triste rutina. Admiro la frialdad tranquila de los narradores de Ungar.

Interior: consultorio odontológico

A: Abra la boca.
B: No puedo. No debo.
A: Le digo que la abra. No tenga miedo.
B: Lo hago para protegerlo doctor. Usted no entiende.
A: Estoy acostumbrado, creame. Nada que tenga ahí adentro podrá sorprenderme.
B: Mire, doctor, yo sé que mi mujer le dijo que tenía que verme, pero mi mujer no sabe lo que dice y usted no está preparado para esto. Al menos no por lo pronto. Tal vez más tarde. Tal vez nunca. No estoy seguro de que nadie esté preparado para esto.
A: Me subestima, Benavides. Yo soy un profesional de mi oficio. Tengo más de veinte años de experiencia. Me actualizo con frecuencia. No hay nada para lo que no esté preparado. He visto esa boca muchas veces y he visto otras mucho peores. Abra, le digo. Todo va a estar bien.
B: Por favor, doctor. Esta vez es distinto. Usted no tiene que hacer esto.
A: Su mujer no me perdonaría que no lo revisara, Benavides. Le prometí que lo haría y pienso cumplirlo. Mire: aquí donde me ve yo estoy salvando su matrimonio. Y usted sabe que necesita esto. Su señora está muy preocupada. No se ponga nervioso. ¿Quiere un poco de xilocaína?
B: No, doctor, no es eso. Usted de verdad no sabe de qué habla. Lo estoy haciendo por usted.
A: No se preocupe por mí. Venga, déjeme ver. Abra, diga “Aaaa”.
B: No, por favor, no… aah…
A: Eso. No oponga resistencia. Déjeme. ¿María Cecilia, me puedes prender el aspirador, reina?
B: ¡AAAaghhhh!
A: ¡Cielo Santo!
B: ¡AAAAArrgghhaaaahhhhhhhh!
A: ¡Dios Bendito, EstoNoPuedeSer!
B: ¡Ghrhaaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
A: ¡No, María Cecilia, no! ¡No se acerque! ¡Sálvese usted! ¡Sálvese, mujer! ¡Huya ahora que…
B: Oghrughuaahh…
A: ¡AAAAAaaaaaaaaaargh!
B: ¡Ghuah-Ghuah-Ghuah!
A: (Respiración entrecortada.)
B: (Expiración.)
A: (Respiración entrecortada. Sangre. Gritos de horror en el pasillo contiguo.)