En los rincones de The Amazing Spider-Man, entre escenas, en los trasfondos, se siente el fantasma de la mitología que reinicia/niega. Conversaciones que evaden las palabras correctas, arenas de lucha libre vacías, persecuciones vengadoras que fracasan, promesas de recompensa por fotografías de la amenaza que nunca son reveladas. Detalles sutiles que sugieren que la historia pudo ser (y de hecho fue) otra. Ese reconocimiento casi tranquilo de su condición de secuela ofuscada le permite ser, con acierto, melancólica y renovadora simultáneamente.