El otro día pensé que si se tratara de admirar a alguien en este mundo, y no estoy seguro de que de eso se trate, yo admiraría a William T. Vollmann. Pero más que admirarlo lo envidio. Me preguntan que por qué. Respondo que me impresiona y atrae su capacidad para interactuar con el mundo, su falta de prevención al hablar con cualquier persona y preguntar cualquier cosa, y su esfuerzo constante por entender y, sobre todo, valorar lo que ve. Eso sin mencionar su energía inagotable o su hambre de experiencias. Que luego además de todo eso sea capaz de transmitir lo que piensa al respecto con esa prosa que parece, ya escrita, tan fácil, tan libre de pretenciones y tranquila, me hace casi que odiarlo pero procuro no hacerlo porque eso me obligaría a renunciar a la satisfacción de leerlo, que siempre es mucha.