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tiempo

Definición

Y así es como llegamos a este momento y lo dejamos pasar sin parsimonia ni nostalgia, sin apego alguno, porque qué sentido tiene anclarse a un instante: nada que importe puede pasar mientras el tiempo no pasa; todo pasa cuando el tiempo ya ha pasado, en la ficción que montamos para sentirnos definidos e inmutables: algo esencial que perdure en medio del caudal vacío que nos transforma y arrastra.

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Alguna vez fuimos otros y esos otros que fuimos no recuerdan lo que serán aunque el futuro los contiene enteramente. A través del recuerdo los veo y conjuro. Siento a través de ellos lo que alguna vez sentí y pese a que la distancia es infranqueable todavía puedo entenderlos pues capturan un fragmento de lo que soy. Me pierdo con facilidad en ese juego de reflejos.

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Me gustaría poder aprovechar mejor el tiempo. Siento que lo desperdicio en tonterías. Cualquier día de estos me muero.

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Al principio la adultez no es un estado del individuo sino un conflicto ocasional, un golpe súbito, que fuerza resignaciones silenciosas en todas las dimensiones del espectro de lo alcanzable. Cada tanto, una fragilidad esencial es puesta en evidencia de una forma tan brutal y categórica que la única respuesta posible es una sonrisa a medio emitir que abra la trocha hacia el convencimiento forzado de que tal vez nada es tan serio ni tan rotundo. Una paradoja: pese a los golpes, el resto del tiempo persiste no sé si idiotamente la ilusión de la juventud perenne y de un futuro propio y sabio donde todos estos pequeños golpes y derrotas tengan de repente valor o sentido o ambos a la vez de ser posible. Así nos salvamos, supongo, de la amargura.

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Ya las crisis no son lo que eran. La vida tranquila y semi-estructurada en torno a una rutina de trabajo y crianza tiene sus beneficios físicos y emocionales. Hace mucho que no me da frío en lo pies y no pienso tanto en lo que no soy ni seré. Casi todo el tiempo se me va en lo que debo hacer. Lo dejo ir con gusto.

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Esta galería en Flickr es una belleza. No tengo ni idea de cuál es el contexto de esas fotos pero me encantan. Este es el fotógrafo. A veces, cuando miro las fotos que tomo, intento imaginar qué se sentirá verlas cuando ninguna de las personas o lugares que están ahí existan. Intento imaginar que todo ha sido destruido y el único vínculo que me queda con esos mundos y esa gente son las fotos. Hay un cuento de Hemon sobre eso en su primer libro. Creo que ese fue el cuento de Hemon que me conectó con él: un hombre exiliado en Chicago reconoce su vida en Sarajevo entre unas fotos de las ruinas. Hoy toma muy poco tiempo crear ruinas. Una ciudad puede ser barrida de pleno en menos de un mes sin recurrir a nada particularmente drástico. Como sea, a veces pienso eso y no sé si hay que estar triste o aliviado de que algo persista. Qué sería de todos los niños en esa galería. Cuánto de sus vidas todavía nos rodea. O cuán poco.

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Y qué es el tiempo, de qué está hecho, cómo se ensambla y a qué responde. Dónde está el tiempo y a quién pertenece. Cómo es transferido/compartido de una realidad a otra para establecer simultaneidades esporádicas (¿en qué dimensión? ¿en cuántas?) que ofusquen la soledad que constituye al hombre. Qué mecanismo lo crea [al tiempo]. En un universo vacío de consciencia qué determina su sentido [el del tiempo]. Cuál es el antónimo de la compacidad primigenia que irradió nuestra presencia para que el tiempo se multiplicara con cada realidad engendrada.

Peregrino

Si el pasado que se consolida en el recuerdo es un territorio, todos somos peregrinos intentando encontrar nuestro lugar en memorias ajenas repletas de presencias previas (a veces maltrechas y agresivas) que tenían la misma aspiración de establecerse y perdurar. Lo que hace Scott Pilgrim es concretar esas expediciones dentro del pasado propio y el de los demás mediante batallas (físicas) a muerte por los presentes que queremos habitar y hospedar.

Diez meses

Laia cumplió diez meses hoy. Pesa ocho punto un kilos y mide sesenta y seis centímetros. Es cortica pero sigue en su curva de crecimiento sin desvíos (un poco por debajo de la media). Este último mes estuvo lleno de progresos y aventuras. Lo que resta del año estaremos tranquilos en la casa. O bueno, tan tranquilos como permite su nivel de actividad, que por estos días es altísimo. Controlarla es casi imposible. Al final de la jornada no doy más. Un progreso liberador reciente es que se aprendió a tomar sola el tetero. Un retroceso angustiante: dejó de comer con entusiasmo y aprendió a escupir la comida no sabemos si por juego o por disgusto (esperamos que sea temporal). Un progreso que requiere atención es su afición a ponerse de pie con ayuda de cualquier apoyo e intentar caminar. Cada día se siente más activa, presente y atenta.

Dimensionalidad

Para referirse a personajes sustanciosos y realistas, bien construídos, los comentaristas de libros y películas usan la expresión personajes tridimensionales. Siendo justos deberían ser tetradimensionales. Un personaje tridimensional suena casi necesariamente estático, a menos que sea una de las criaturas del mundo plano.

Ocho meses

De repente aprendió a dar vueltas acostada. Llevaba un par de meses intentando que lo hiciera sin éxito, explicándole qué mover, cómo poner los brazos, y de pronto un día aprendió por su cuenta. Creo que entiende el logro porque sonríe orgullosa con cada giro. Ayer por la noche Mónica le dijo algo sobre “su papá” y ella respondió “papá”. En la piscina, mientras tanto, patalea con fuerza para impulsarse hacia el balón. Se lleva bien con el agua aunque todavía no se atreve a lanzarse desde el borde ni entiende el concepto de hacer burbujas (dos de los ejercicios usuales). En la comida cada vez somos más arriesgados. Esta semana comió un platito del sancocho de carne y pollo que hicimos el domingo. Ayer le hicimos un estofado de carne de res con cebolla, pimentón y zanahoria a ver qué opina. Su comida favorita es la berenjena al horno con lentejas. También le gusta comer pedazos de patilla. El martes fuimos al pediatra y sigue dentro de su curva de crecimiento. El pediatra dijo que era muy buena señal que lo mirara con extrañeza y buscara a la mamá. Ahora estira los brazos para pedir que la carguen. También grita para pedir cosas o llamar la atención. La mayor parte del día estamos en la sala con sus juguetes. A veces pongo música y cantamos. Le leo poco. Debería leerle más. Apenas el clima mejore quiero salir al menos una vez al día a caminar. El encierro es pesado para los dos. Sospechamos que viene un diente en camino pero no está confirmado. Últimamente se ríe mucho cuando hago el gesto de lanzarme a morderle las manos. Por las mañanas, recién levantada, la acuesto entre nosotros dos y por la cara parecería que es la niña más feliz del mundo. Con la consciencia, sin embargo, han llegado las primeras frustraciones: Gonta se va, los juguetes no están suficientemente cerca, no la dejo jugar con cables, Plinio no la determina. Llora desconsolada. Hoy la calmé usando una media como títere. Quedó impresionadísima. Este mes empezó a usar la tercera talla de pañal.

Treinta y seis

La primera mitad de este año estuve esperando que Laia naciera sana y la segunda mitad he estado dedicado a cuidarla y acompañarla en la casa. Esa es mi alegría. Es lindo verla crecer aunque también me angustia nuestra inestabilidad. Confío con cautela en que todo saldrá bien y encontraremos nuestro lugar. La ansiedad me incapacita cada tanto. Me cuesta darle la vuelta a mis últimos doce años y mirar sus conclusiones positivamente. La muerte de Mauricio me descompensó muchísimo. No puedo evitar pensar que desperdicié diez años de mi vida empeñado en algo muy grande para lo que nunca tuve el nivel de compromiso necesario y cuyos beneficios a estas alturas (tras renunciar) son dudosos. En consecuencia cualquier atisbo de proyecto me hace sentir inseguro de mis capacidades. Todo me supera. Refundí el ánimo. Como manda el cliché procuro apreciar las experiencias que rodearon ese proceso: las personas y lugares que he conocido, las historias, los varios aprendizajes. Supongo que de poder hacerlo tomaría más o menos las mismas decisiones otra vez. De todos modos me siento triste, frustrado y decepcionado de mí. Me gustaría poder ofrecerle a Mónica y Laia una mejor versión de lo que soy.

2013

Un detalle de esta foto de hoy.

Tercer ciclo lunar

Cada vez la risa es más frecuente aunque creo que todavía no me reconoce totalmente. Tampoco reconoce su nombre. A veces duerme bien y a veces duerme mal. Todavía no entendemos de qué depende. Los manuales proponen la creación de una rutina pero mi impresión es que la rutina (si se le puede llamar así) la impone ella. Igual no es malo: es divertido adaptar la vida a los designios de una pequeñita déspota sonriente que hace globos de baba. Hace un par de días estuvimos hasta las dos y media de la madrugada conversando. Creo que me quedé dormido antes que ella.

El control de las manos ha mejorado muchísimo. También su visión. Ahora puede tocar lo que quiere tocar (dentro de un margen de error de unos cinco centímetros). Adora los móviles. Queremos llenar el techo con todos los que podamos encontrar. La ropa que antes parecía inmensa ahora apenas le queda. Ya empezamos a usar la ropa que corresponde a los tres a seis meses y a prescindir de la otra.

Hace un par de días, durante el baño, redescubrió sus pies.

Janak vino a visitarla por cinco días. Jugamos Dance Central 2. Nos fue conferida la misión de asegurarnos de que Laia pronuncie apropiadamente las palabras “out”, “about” y “sorry”. Según Janak, el acento canadiense sobre esas palabras es fonéticamente ofensivo para el angloparlante de bien.

La licencia de maternidad de Mónica termina hoy. Mañana regresa al trabajo. Este año (“académico”) Laia será mi única ocupación. Tal vez escriba y programe por las noches, dependiendo del cansancio. Durante los primeros días iré con Laia a la universidad al mediodía para que reciba un almuerzo. De resto, la alimentación diaria dependerá de mi habilidad con los teteros y su disposición a la resignación. Esperamos que no sea necesario utilizar leche de fórmula. Durante el último mes Mónica se ordeñó regularmente y tenemos una buena provisión en el congelador. A ver cuánto aguanta.

Diagnóstico

El doctor le dijo que o estaba embarazada o estaba muerta pero embarazada no podía estar porque el cáncer había acabado con el útero hacía dos años y la muerte era, sí, una posibilidad, pero remota.

Para ciertas personas la vida es un acto de fe constante en la realidad de la experiencia.

Le escribió a su hermano y le dijo que quería visitarlo para discutir su funeral pues todo parecía indicar que estaba muerta y quería estar segura de que la ceremonia fuera compatible con su afiliación religiosa y su visión cosmogónica general. Pidió que su hermano le enviara una copia de las palabras que leería para aprobar la redacción y énfasis.

En vida había sido reservada con respecto a su relación con Dios. Pero ahora no tenía sentido preservar las apariencias. Se arrepentía de su vergüenza.

En su carta de despedida para Tatiana le pidió perdón por abandonarla en la mitad del viaje, tanto literal como figuradamente.

El médico la visitaba a diario para reconfirmar el diagnóstico. Quería escribir un artículo al respecto. Tomaba muestras de su cuerpo. Hacía preguntas incómodas. Tocaba sus partes. Abusaba.

No siento nada.

Por las noches, cuando todos se iban, pensaba en las promesas de soledad tras la muerte. Seguro que era mejor que esto. Vivir la mentira.

La diferencia entre la vida y su ausencia es sobre todo perceptible en la intensidad de la luz y su tono.

Con la muerte, la realidad y el tiempo colapsan.

Debe existir una definición precisa de lo que significa partir. El manual estaba plagado de capítulos en blanco.