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2013

Un detalle de esta foto de hoy.

Tercer ciclo lunar

Cada vez la risa es más frecuente aunque creo que todavía no me reconoce totalmente. Tampoco reconoce su nombre. A veces duerme bien y a veces duerme mal. Todavía no entendemos de qué depende. Los manuales proponen la creación de una rutina pero mi impresión es que la rutina (si se le puede llamar así) la impone ella. Igual no es malo: es divertido adaptar la vida a los designios de una pequeñita déspota sonriente que hace globos de baba. Hace un par de días estuvimos hasta las dos y media de la madrugada conversando. Creo que me quedé dormido antes que ella.

El control de las manos ha mejorado muchísimo. También su visión. Ahora puede tocar lo que quiere tocar (dentro de un margen de error de unos cinco centímetros). Adora los móviles. Queremos llenar el techo con todos los que podamos encontrar. La ropa que antes parecía inmensa ahora apenas le queda. Ya empezamos a usar la ropa que corresponde a los tres a seis meses y a prescindir de la otra.

Hace un par de días, durante el baño, redescubrió sus pies.

Janak vino a visitarla por cinco días. Jugamos Dance Central 2. Nos fue conferida la misión de asegurarnos de que Laia pronuncie apropiadamente las palabras “out”, “about” y “sorry”. Según Janak, el acento canadiense sobre esas palabras es fonéticamente ofensivo para el angloparlante de bien.

La licencia de maternidad de Mónica termina hoy. Mañana regresa al trabajo. Este año (“académico”) Laia será mi única ocupación. Tal vez escriba y programe por las noches, dependiendo del cansancio. Durante los primeros días iré con Laia a la universidad al mediodía para que reciba un almuerzo. De resto, la alimentación diaria dependerá de mi habilidad con los teteros y su disposición a la resignación. Esperamos que no sea necesario utilizar leche de fórmula. Durante el último mes Mónica se ordeñó regularmente y tenemos una buena provisión en el congelador. A ver cuánto aguanta.

Diagnóstico

El doctor le dijo que o estaba embarazada o estaba muerta pero embarazada no podía estar porque el cáncer había acabado con el útero hacía dos años y la muerte era, sí, una posibilidad, pero remota.

Para ciertas personas la vida es un acto de fe constante en la realidad de la experiencia.

Le escribió a su hermano y le dijo que quería visitarlo para discutir su funeral pues todo parecía indicar que estaba muerta y quería estar segura de que la ceremonia fuera compatible con su afiliación religiosa y su visión cosmogónica general. Pidió que su hermano le enviara una copia de las palabras que leería para aprobar la redacción y énfasis.

En vida había sido reservada con respecto a su relación con Dios. Pero ahora no tenía sentido preservar las apariencias. Se arrepentía de su vergüenza.

En su carta de despedida para Tatiana le pidió perdón por abandonarla en la mitad del viaje, tanto literal como figuradamente.

El médico la visitaba a diario para reconfirmar el diagnóstico. Quería escribir un artículo al respecto. Tomaba muestras de su cuerpo. Hacía preguntas incómodas. Tocaba sus partes. Abusaba.

No siento nada.

Por las noches, cuando todos se iban, pensaba en las promesas de soledad tras la muerte. Seguro que era mejor que esto. Vivir la mentira.

La diferencia entre la vida y su ausencia es sobre todo perceptible en la intensidad de la luz y su tono.

Con la muerte, la realidad y el tiempo colapsan.

Debe existir una definición precisa de lo que significa partir. El manual estaba plagado de capítulos en blanco.

Primer ciclo lunar

Esta madrugada se fue mi mamá. Hace un rato se reportó en Bogotá. Llegó a Ontario cuatro días antes del nacimiento de Laia. Participó en el (inevitable drama del) parto y asesoró con éxito a Mónica en el asunto de las tetas y la leche, que es siempre complicado, doloroso y sobre todo angustiante los primeros días. También nos tranquilizó cuando Laia tuvo un conato de menstruación durante la primera semana. Una abuela pediatra tiene sus ventajas.

*

Hoy a las cuatro y media la niña cumplió cuatro semanas. Cada vez duerme mejor por las noches. Durante el día tiene varios momentos largos de calma despierta cuando mira cosas y mueve las manos sin esperar leche a cambio. Cuando tiene hambre o algo la incomoda (e.g., el calor, la mierda, la humedad, los gases) es furia pura.

*

Entre las muecas involuntarias que hace es fácil detectar aquellas que más tarde se convertirán en gestos con mensajes controlados y precisos. Es como entrever sus palabras.

*

En comparación a su mamá tengo muy poco para ofrecerle. Le hablo y juego cuando está calmada. La cuido mientras duerme. Preparo su baño. Cambio sus pañales en la madrugada. Canto y bailo para tranquilizarla. Improviso conversaciones dadaístas entre muñecos. La entretengo cuando Mónica necesita descansar. Nada que pueda asociar directamente a mí (lo que quiera decir eso para ella). Por lo pronto nuestro vínculo es débil y cualquier progreso merece júbilo. Cuando me mira lo hace con extrañeza, tal vez intentando aclarar, al igual que yo, cuál es exactamente mi papel en su sistema de satisfacción de necesidades o, más simple, a cuenta de qué merezco su atención y por cuánto tiempo. Pocas veces actúa como si me reconociera. Cuando lo hace me siento la persona más afortunada del mundo. (Y cuando no también, ahora que lo pienso.)

|∆t|=∆t

Hoy en el bus al hospital pensaba que el tiempo distancia a las personas mucho más que el espacio. Es imposible volver intacto de un para siempre. La rigidez del tiempo defiende a los nostálgicos (o sea a todos) de la decepción del regreso a lo que ya no es.

Distancias

La abuela pediatra y Laia.

Cosmopolis

1. Cronenberg minimal es todavía Cronenberg. 2. Los personajes de Don DeLillo son construídos a partir de oraciones reiteradas y conversaciones monologadas (internas o externas) donde la norma es la interrupción incómoda. (Mi próstata es asimétrica.) Cronenberg implementa ese efecto en cine usando una aproximación casi teatral (creo que funciona, pero me toma tiempo adaptarme al ritmo que este esquema propone (su irrealidad flagrante me irrita, especialmente al comienzo)). El ochenta y tres por ciento de Cosmopolis pasa en una limosina fantasma que cruza una ciudad que quiere pero no alcanza a ser Nueva York (y de hecho es claramente Toronto). 3. Interrupciones. Nadie nunca dice todo lo que quiere decir. No hay tiempo. La información se acumula y la capacidad de procesamiento es limitada. El ruido arrasa incluso cuando es filtrado por el revestimiento de corcho (que convierte todas las voces participantes en inquietantes (¿por lo muertas?) voces en off). Tampoco hay acción. La intensidad se condensa en las palabras. 4. Una línea temática de Cosmopolis es el paso y la percepción del tiempo. Alguno de los personajes sugiere que en tanto que la realidad se desliza dentro de un sistema financiero supervisado/registrado/modulado (?) por máquinas capaces de aprovechar subdivisiones más y más finas del segundo, nuestra experiencia de la misma resulta canalizada a través de esa consciencia dinámica expansiva. (Tenía la cita correspondiente en el libro marcada de mi Kindle, pero mi Kindle acaba de morir bajo mi propio peso durante el almuerzo.) 5. Por otro lado, dado que las máquinas están diseñadas para predecir estados futuros del sistema, la confusión temporal sugerida en el cuarto numeral es todavía más acentuada. Los algoritmos crean el tiempo (o por lo menos lo preceden). 6. Al margen: el Big Bang es, de acuerdo a esta propuesta fenomenológica, la división del universo entre tiempos subjetivos y lugares objetivos. 7. Reflexión breve: nuestra capacidad (y velocidad) de acceso, procesamiento y manipulación efectiva de información determina nuestro lugar en la pirámide social (o al contrario). Problema: su adquisición nos convierte en esclavos de las abstracciones que creamos para ganar control. Su realidad súbita nos satura y/o reduce a operarios. 8. Cosmopolis es un viaje brutal hacia la ilusión de una calma consignada en el pasado. 9. Dice DeLillo en Libra (y yo maltraduzco): “Las tramas traen su propia lógica. Existe una tendencia de las tramas a moverse hacia la muerte. Él [no importa quién] creía que la idea de la muerte está tejida en la naturaleza de cada trama. Una trama narrativa no es menos que una conspiración de hombres armados. Entre más angosta sea la trama de una historia, más probable que llegue a la muerte. La trama en la ficción, creía, es la forma como localizamos la fuerza de la muerte fuera del libro, la confrontamos, la contenemos. Los antiguos representaban batallas falsas para imitar las tempestades en la naturaleza y reducir su miedo a los dioses que batallaban en el cielo.”

Cosmopolis Haircut
There is a world inside the world.

Another Earth

¿Y si existiera una copia de mi mismo en otro lugar, una copia indistinguible de mí mismo que compartiera mi vida pero no fuera yo en tanto que… ¿Qué me define? ¿Quiénes somos exactamente? ¿En qué sentido somos únicos y en quién pensamos cuando pensamos en nosotros mismos? ¿Y si la identidad es de pronto una pluralidad de alguna manera explícita? Another Earth habla, creo, sobre la distancia con respecto a lo que somos y nos determina. Es algo en lo que no solemos pensar, pero cuando nos miramos y reflexionamos sobre nuestro estado individual en el universo necesariamente nos alejamos, asumimos una posición extraña en la que somos el objeto que piensa el objeto que se piensa. Nada impide que seamos varios. Que ese objeto sea sólo una versión posible entre otras, cada cual con sus particularidades pero al mismo tiempo unificadas bajo esto que somos en últimas al principio y al final, más o menos como somos el mismo pese al paso del tiempo. ¿Quién muere cuando morimos y qué queda? ¿De quién es la culpa que siento y de quién son las acciones que despiertan esa culpa? De pronto por eso es frecuente enfrentar momentos que se sienten fuera de lugar. Inconscientemente sabemos que en realidad hay un orden y así como hay historias que son inconfundibles de lo que sentimos que somos, hay otras que podrían ser distintas y quizás podrían ser reubicadas hasta encontrar la que realmente nos corresponde. Esto naturalmente es independiente de la satisfacción que recibimos de la vida. Va mucho más allá. Hay dolores correctos, hay desengaños necesarios, hay alegrías que no empatan. Constantes y variables. ¿Cuántos somos cuando somos todo lo que podemos ser? ¿Qué podría ser distinto sin que perdiéramos nuestra consciencia de ser alguien particular?

Another Earth
Tal vez somos sólo lo que no podemos ser.

Lake Mungo

En mi teoría de bolsillo de lo sobrenatural que pretendí ilustrar parcialmente en Inframundo, la muerte es un portal a una existencia fuera de la línea del tiempo que arrastra/rodea al espacio. Esto permite que dos reencarnaciones consecutivas no se ciñan al orden cronológico o incluso convivan en un mismo lapso de tiempo. Lo mismo aplica a los fantasmas y sus efectos asociados. La onda de la muerte es expansiva en toda dimensión concebible. Los condenados a muerte hablan con sus espectros arrepentidos un mes antes de su ejecución, se prometen cosas. Una casa es protegida por el espíritu en pena del niño que nacerá en ella medio siglo más tarde. Los fantasmas son tristeza, impotencia y nostalgia, pero también ansiedad y desconcierto ante el abismo incomprensible del futuro.

Lake Mungo Muerta
Siempre es posible regresar.

Existencias

Cuando las personas están muertas no piensan mucho en el futuro por razones obvias que no entraré a discutir acá. El futuro es un asunto que concierne a las personas vivas. Podría decirse incluso que cuando las personas dejan de pensar en el futuro están muertas así parezca que están vivas. A muchas personas las mata el apego al pasado. A otras las mata el cáncer, que es como el pasado encarnado y rabioso. También están quienes mueren en accidentes de tránsito, ahogadas en el mar o en una cuna de una unidad de cuidados intensivos. Casi nadie merece morir pero igual todo el mundo muere. El pasado nunca deja de crecer. El futuro se acaba.

Metas

Antes uno quiere TODO y luego se resigna progresivamente a fracciones más ínfimas de ese TODO porque la vida le enseña que de tanto aspirar al final no queda sino el aire, y eso.

Yo entiendo de corazón a las personas que renuncian a vivir aunque si tuviera elección preferiría ser uno de esos que no se dejan aturdir por el primer atisbo de fracaso.

Propósitos

El propósito implícito de este año consistía en reestablecer los vínculos con la vida. Era intentar eso o matarse. Ganó vivir.

De todas maneras ayer, mientras caminábamos por el Golden Gate hasta que la neblina nos cubrió y San Francisco se deshizo, pensé en proponerle a Mónica que saltáramos juntos. Nadie nos vería. Nadie sabría qué pasó.

Hoy durante la comida con Jaime ella decía que nuestro propósito para el año que se inicia es encontrar/armar una vida. No sabemos dónde ni en qué circunstancias. Nos gustaría establecernos en Canadá. Queremos un lugar donde podamos asentarnos y estar tranquilos. Cada vez parece menos sensato proseguir en la búsqueda de oportunidades laborales académicas en un mundo universitario piramidal que se basa en ofrecer contratos temporales de mala calidad (llamados eufemísticamente “postdocs” mientras el marrano es joven) destinados a sostener los ocios ombliguistas de la élite dudosa de privilegiados que cuentan con plazas permanentes y donde la educación seria, amplia y respetuosa de los jóvenes ya hace tanto que dejó de ser una prioridad institucional. Sin duda hay maneras más provechosas y satisfactorias de ocupar la (poca) juventud que nos queda.

Mensaje

Hoy Mauricio me mandó un mensaje. Lo dejó en la calle, a la salida de la estación de tren en Kitchener. Sabía que pasaría por ahí. Sabía que lo vería y lo reconocería. El mensaje decía que estábamos bien, que él nos quería y que vivía dentro de nosotros, en el amor grandísimo que acumulamos durante los pocos días que nos visitó. Pensé en el mensaje todo el día. Intenté entender por qué precisamente hoy. No sé. Pensé en hablarle a mis estudiantes de Mauricio pero me contuve. Quería compartir con ellos algo útil. Decirles que hay felicidad incluso en las tristezas más devastadoras. Pensé en nuestro hijito todo el día como si al pensarlo lo abrazara y lo llevara conmigo. De vuelta a la estación, ya de noche, me paré en el mismo sitio donde recibí el mensaje esta mañana, miré hacia arriba, me quedé parado ahí dos minutos, respirando las nubes, y seguí caminando. No me sentí triste, no esta vez. Me sentí tranquilo. Agradecido, incluso. Lo vi junto a mí. Lo sentí cerca. Por fuera del tiempo pero casi aquí.

Sábado

No me acuerdo de qué quería hablar así que voy a improvisar. Anoche, mientras tejía, vi una película en televisión, en un canal mexicano que entra por temporadas, de un hombre que decide que no quiere seguir viviendo con la mujer con la que ha vivido por los últimos veintisiete años porque se siente infeliz, siempre se ha sentido infeliz, pero realmente no tiene ninguna justificación para explicarle a esta mujer por qué ha decidido dejarla, lo que le parece injusto con ella. Esa es toda la película. En la descripción decía que era una comedia. La mujer apenas aparece en dos escenas. Dos conversaciones en baños cortas que dejan clarísimo para cualquiera que las ve menos para él por qué ese señor se tiene que ir. El ochenta por ciento de la película transcurre en baños, en rutinas de mañana, entre la cama, el armario y el baño y de regreso al armario. Frente al espejo. Hay espejos/reflejos en casi todas las escenas. Frente al espejo son los momentos más duros de la película, que no son realmente duros pero pretenden, al menos, ser intensos. El actor está muy bien elegido. Es un señor ahí sin identidad que habla entre dientes y se está quedando calvo y cualquiera diría que es sincero cuando dice que no está satisfecho con su vida, que está cansado, que al menos cuando dice eso no actúa. Yo creo que tiene cáncer. Tal vez por eso lo eligieron. Hay una parte, casi al principio, antes de bañarse, donde el señor orina pero el chorro no sale directo hacia adentro de la taza sino que primero se demora y apenas gotea, como si le doliera, y luego sale desviado y salpica por todos lados, así que el señor tiene que contenerlo, lo que parece dolerle aún más, y sentarse en la taza para no seguir salpicando, y mientras orina sentado limpia el suelo y se limpia las piernas con papel higiénico; luego se mira al espejo como molesto, como angustiado. Al final de la película, creo que no destruyo nada si revelo esto, el señor no se va.

Mistakes


Tim is off on a search to rescue the Princess. She has been snatched by a horrible and evil monster.

This happened because Tim made a mistake.

Not just one. He made many mistakes during the time they spent together, all those years ago. Memories of their relationship have become muddled, replaced wholesale, but one remains clear: the Princess turning sharply away, her braid lashing at him with contempt.

He know she tried to be forgiving, but who can just shrug away a guilty lie, a stab in the back? Such a mistake will change a relationship irreversibly, even if we have learned from the mistake and would never repeat it. The Princess’s eyes grew narrower. She became more distant.

Our world, with its rules of causality, has trained us to be miserly with forgiveness. By forgiving too readily, we can be badly hurt. Buf it we’ve learned from a mistake and become better for it, shouldn’t we be rewarded for the learning, rather than punished for the mistake?

What if our world worked differently? Suppose we could tell her: “I didn’t mean what I just said,” and she would say: “It’s okay, I understand,” and she would not turn away, and life would really proceed as though we had never said that thing? We could remove the damage but still be wiser for the experience.

Tim and the Princess lounge in the castle garden, laughing together, giving names to the colorful birds. Their mistakes are hidden from each other, tucked away between the folds of time, safe.