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Vacío

Me preguntó mi supervisor en el trabajo que cuáles eran mis objetivos de desarrollo personal y profesional dentro de la empresa. Algo para definir criterios de evaluación. Le intenté explicar que yo poco pensaba en esos términos. Que las carreras no eran algo que me preocupara y que lo que me importaba, sobre todo, estar en un lugar a gusto y entretenido. Ojalá con suficiente libertad de maniobra. De resto, que si quiero manejar equipos más grandes o tomar decisiones a niveles superiores o tener más responsabilidades, pues no sé. Lo voy mirando a medida que se dé. En últimas él sabe que yo termino trabajando de cualquier forma mucho más de lo que debería, o por lo menos cubriendo asuntos que en realidad no me corresponden, solo porque siento que me afectan y sufro desde siempre de horror vacui existencial. Esa, ahora que lo pienso, es posiblemente la virtud (si se le puede llamar virtud a eso) que me hace más o menos valioso dentro de empresas pequeñas todavía en proceso de invención.

Alimentación

Ya miércoles. Fuimos a comer pizza después de recoger a la niña. Por lo general M. la recoge pero hoy iba tarde así que salí yo a la carrera de la oficina a rescatarla. No es tan lejos, en realidad, así que a las cinco y media ya estaba con ella. La pizzería es una nueva del barrio, junto a la carnicería ecuatoriana, donde venden pizza cuadrada y honda con sabores paranormales (es decir, que no se adaptan a las leyes de la naturaleza de la pizza). No estaba mala la pizza pero por error nos dieron una grande en lugar de una pequeña así que nos sobró más de la mitad. La guardamos en una cajita y sospecho que eso comeremos por los próximos dos días. En el trabajo hoy había salmón o pollo con varias ensaladas. Se podía uno u otro y yo me fui por el salmón porque el pollo era una tajadita miserable, pero el salmón resultó reseco así que no sé si tomé una buena decisión. Sospecho que en un mundo paralelo estoy aquí mismo decepcionado del pollo. Pocas veces es mala la comida en el trabajo (un par de días en los seis meses largos que llevo; tienen un servicio que trae un restaurante distinto cada día, lo que asegura si no calidad por lo menos diversidad) y la verdad es que salvo por la proteína animal el resto estaba más que bien.

Sol

Ando inapetente de lectoescrituras tal vez por culpa de la calor, que llegó con fuerza hace pocos días tras un mes de lances tímidos. Queda apenas un mes para el quinto cumpleaños de Laia, quien anda de buen paladar y entusiasmada con las letras. Hoy le pedí que me escribiera SOL, le di un par de pistas, y volvió con SOL en un papel. Quiero ver cuánto aprende sin ajustarla dentro de un método, a punta de puro interés propio (y exposición). A esta edad aprenden más rápido de lo que asimilan que aprendieron y muchas veces el verdadero problema es cómo inculcarles la seguridad que necesitan para sentir que saben lo que todavía no saben que saben. En el trabajo hoy cumplí tres meses, o sea que ya estoy por fuera del período de prueba, sea lo que sea que eso signifique. El ambiente sigue siendo entretenido y agradable; aprendo vainas cada día. Por las noches leemos con Laia el primer volumen de His Dark Materials de Philip Pullman. El oso la maravilla e intriga tanto como a mí cuando lo leí por allá hace veinte años, recién traducido al español. Hace un par de semanas compramos pasajes para visitar Barcelona a final de agosto. Espero aprovisionarme de libros largos en español que resistan al menos dos años de lecturas para antes de dormir.

Trabajo

Estoy contento con mi nuevo trabajo. El cambio fue una buena decisión. Ya lo sospechaba pero no cae mal una corroboración empírica. Durante estas primeras semanas trabajé en un pequeño proyecto para refinar un sistema de recomendaciones que ya está en revisión y ahora estoy trasteando el flujo que sostiene el sistema de recomendaciones básico a una extensión interna de luigi adaptada a la infraestructura de la empresa. Por lo pronto me gustan el ambiente y los problemas. Las personas con las que colaboro a diario son amigables y dedicadas. Saben lo que hacen y saben explicarlo. Todo el mundo se siente muy comprometido. Las reuniones son escasas y rabiosamente al punto. Estoy entusiasmado con los proyectos que vienen y la empresa tiene el balance de desorden y madurez técnica en el que me siento a gusto. Que el viaje a la casa tome veinte minutos menos es ya de arranque un gran beneficio, pero resultó no ser el único.

Clausuras

Renuncié a mi trabajo. Estuve ahí por dos años y tres meses. Fue una buena escuela donde fui tratado muy bien en general y, para mi sorpresa. bastante valorado. Me deja, además, un grupo de buenos amigos que espero poder seguir cultivando aunque dejemos de vernos con tanta frecuencia. A principios de marzo empezaré a trabajar armando modelos en un contexto bien distinto, más cercano a las aplicaciones más comunes del aprendizaje estadístico. A ver cómo me va con esos nuevos retos.

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Uno de los grandes logros del capitalismo consiste en convencer a un montón de gente de que hay algo virtuoso en trabajar, incluso cuando el pago de este trabajo sea apenas suficiente para sostener un estilo de vida sin mayores libertades y su ejercicio requiera sacrificios personales regulares (por ejemplo en el tiempo dedicado a los hijos o en general a la vida emocional). En cierto sentido, el logro se resume en un desprecio amplio del ocio y el descanso, hasta el punto en que hay personas que hablan con orgullo de todas las tantas horas que le dedican a su trabajo y lo poco que duermen. Lo ideal, en realidad, sería trabajar lo mínimo posible.

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Día de trabajo en la casa. Me gusta poder tomar ocasionalmente un día de soledad. Por lo general siento que son productivos. Me ayudan a enfocarme en lo que quiero hacer y cómo organizarlo. En la oficina, entre el tumulto y las reuniones, me cuesta concentrarme y avanzar en los proyectos grandes, donde todavía hay muchos detalles por aclarar.

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Hace poco mi hermano Daniel dijo que le gustaría leer algo sobre mi transición de la academia a la industria. He pensado y no hay mucho por lo pronto que pueda decir. Me siento todavía un principiante pero, en breve, ha sido muchísimo menos traumática de lo que pensaba que sería. De hecho no ha sido nada traumática. Mi trabajo es estimulante y agradable. Juego con nuevas ideas cada semana. También descubro herramientas y tengo la libertad para hacer pruebas con la montaña de datos que recolectamos. Es una labor la vez creativa, lúdica y formal, y en ese sentido no es muy lejana a la matemática, pero con objetivos más o menos concretos (aunque amplios) que por un lado orientan las búsquedas y por otro lado me obligan a mantener siempre los pies en la tierra a punta de versiones que estén tan cerca del uso práctico como sea posible. También involucra un resto de trabajo en equipo y organización estructurada de proyectos, lo que es más nuevo para mí. En un día normal dedico la mitad del tiempo a desarrollar y diseñar infraestructura para el procesamiento y análisis de los datos de forma distribuida y eficiente, lo que me ha ayudado a ganar confianza y la dosis justa de neurosis para empezar a escribir código legible, sencillo y funcional, y el resto del tiempo hago análisis (algunos pequeños, otros inmensos, de muchos tipos y énfasis) sobre los datos. Gran parte del trabajo de ese lado consiste en replantear y organizar preguntas (propias o ajenas) de tal forma que sean abordables y su potencial respuesta conduzca a decisiones o soluciones sensatas (implementables, robustas y simples), y hacer todo tipo de exploraciones descriptivas usando mezclas de agregaciones, estadísticas de orden y gráficos sumados a técnicas básicas de regresión, aglomeración y clasificación. Ocasionalmente uso métodos más elaborados cuando es necesario profundizar en las conclusiones. No sabría decir cuánto de lo que hago hoy viene de lo que aprendí en todos mis años en universidades. Formalmente tal vez muy poco más allá del álgebra lineal y el cálculo. Informalmente creo que de mi vida anterior traigo cierta disposición para aprender que viene muy bien en estos ambientes en los que todo cambia tan rápido, una habilidad bien forjada para detectar/predecir rápido errores, y el gusto paciente por mirar problemas desde tantas perspectivas como se pueda, sin casarse con herramientas o métodos de antemano y apuntándole siempre a lo más sencillo disponible.

O Canada!

Cierro las ventanas temprano para que la pólvora no despierte a la niña. Los fuegos artificiales oficiales en el parque retumban media hora y luego reciben respuestas en varios rincones de la ciudad. Ahora todo está tranquilo otra vez. Me tomó un tiempo pero cada vez aprecio más la calma del barrio nocturno y la presencia sanadora de los árboles en la calle. Ya es julio de nuevo. Hace un año estábamos iniciando la última semana de embarazo y mi mamá estaba a punto de llegar. Vimos la pólvora desde la azotea del edificio. Intenté tomar fotos pero ninguna salió. Creo que en ese momento todavía no entendíamos cómo cambiaría la vida con Laia. Quiero decir: todo el mundo sabe que la vida cambia, pero el carácter del cambio es casi imposible de comprender antes del parto. Supongo que en gran parte implica una ampliación de la consciencia. En ciertos sentidos Laia nos ha vuelto más pragmáticos y menos conflictivos y pacientes. Su existencia también es punto central de cualquier conversación sobre nuestras alternativas de vida cuando el trabajo de Mónica acá se termine en un año. Aunque no tenemos mayores ambiciones profesionales (en mi caso de hecho no tengo nada parecido a una profesión), nos gustaría contar con los medios para ofrecerle a Laia una infancia agradable. Dónde y cómo será la gran duda de este año. Ojalá que pronto encontremos nuestro próximo rumbo.

Científicos postergados

La columna de hoy trata sobre la incertidumbre laboral que define la vida del científico joven hoy en día. Luis Noriega y Clara Osorio me ayudaron a afinarla y reducir mi tendencia al alarmismo apocalíptico. Su título, una propuesta de Luis, es una referencia al cuento del brujo postergado de Borges. Muy apropiado. El sistema basado en contratos temporales flotantes fuerza a muchas personas talentosas a dejar la disciplina y es un desperdicio de recursos y entrenamiento en general. Esto contradice el discurso sobre la prioridad de la ciencia, la educación y la tecnología en el contexto económico actual. ¿Si es tan prioritario por qué tanto desperdicio? En las jerarquías científicas más altas hay mucha gente con buena voluntad pero también hay mucho cinismo y mezquindad alrededor. Es fácil dejarse tentar por la mano de obra barata que con tanto entusiasmo ofrecen los aprendices y los “postaprendices”. La vocación científica tiene una buena carga de pasión. Hay muchísimas promesas implícitas falsas y poquísima claridad con los muchachos que apenas inician sus carreras. Alguien en twitter me dice que mi columna es un plagio/traducción de este artículo de The Economist. Hay montones de artículos sobre eso en todas partes (recibo enlaces a otros en los comentarios). Supongo que es una estudiante que no ha llegado al momento de su vida profesional donde uno descubre esos problemas sin necesidad de leer revistas. En mi caso personal, la decisión de abandonar las aspiraciones académicas fue motivada principalmente por mi deseo de estar con Mónica y ver crecer a mis hijos. Me cansé de estar lejos y frustrado con lo que hacía. Ahora cuido a la chiquita y cuando tengo tiempo escribo, estudio matemática, y miro mis opciones laborales sin afán. Mónica, por su parte, persiste en sus investigaciones con mucha disciplina. Es muy productiva. A veces es duro y la presión es grandísima pero disfruta lo que hace y es buena en ello. Las condiciones laborales nos preocupan pero nos hemos acomodado y vivimos como queremos vivir, no nos podemos quejar. Algo aparecerá después. Así funciona. Cuando deje de funcionar supongo que buscaremos algo distinto. Afuera de la academia hay bastantes cosas. En últimas, como me dijo Clara ayer, uno trabaja en lo que le dé trabajo.

Tercer ciclo lunar

Cada vez la risa es más frecuente aunque creo que todavía no me reconoce totalmente. Tampoco reconoce su nombre. A veces duerme bien y a veces duerme mal. Todavía no entendemos de qué depende. Los manuales proponen la creación de una rutina pero mi impresión es que la rutina (si se le puede llamar así) la impone ella. Igual no es malo: es divertido adaptar la vida a los designios de una pequeñita déspota sonriente que hace globos de baba. Hace un par de días estuvimos hasta las dos y media de la madrugada conversando. Creo que me quedé dormido antes que ella.

El control de las manos ha mejorado muchísimo. También su visión. Ahora puede tocar lo que quiere tocar (dentro de un margen de error de unos cinco centímetros). Adora los móviles. Queremos llenar el techo con todos los que podamos encontrar. La ropa que antes parecía inmensa ahora apenas le queda. Ya empezamos a usar la ropa que corresponde a los tres a seis meses y a prescindir de la otra.

Hace un par de días, durante el baño, redescubrió sus pies.

Janak vino a visitarla por cinco días. Jugamos Dance Central 2. Nos fue conferida la misión de asegurarnos de que Laia pronuncie apropiadamente las palabras “out”, “about” y “sorry”. Según Janak, el acento canadiense sobre esas palabras es fonéticamente ofensivo para el angloparlante de bien.

La licencia de maternidad de Mónica termina hoy. Mañana regresa al trabajo. Este año (“académico”) Laia será mi única ocupación. Tal vez escriba y programe por las noches, dependiendo del cansancio. Durante los primeros días iré con Laia a la universidad al mediodía para que reciba un almuerzo. De resto, la alimentación diaria dependerá de mi habilidad con los teteros y su disposición a la resignación. Esperamos que no sea necesario utilizar leche de fórmula. Durante el último mes Mónica se ordeñó regularmente y tenemos una buena provisión en el congelador. A ver cuánto aguanta.

Tecnogogía

Una universidad alemana en 1600
La vida cotidiana en una universidad alemana en 1600

El sistema educativo entero está podrido. Sus problemas son diversos y todos muy graves. Hay una desconexión seria entre los programas que se ofrecen y los empleos disponibles/habilidades valoradas afuera. En las universidades, la enseñanza está en manos de empleados temporales mal pagados. Los profesores de tiempo completo son contratados para investigar y por ende su lista de publicaciones académica (no su compromiso con la educación, no su aptitud para enseñar) es el criterio prioritario a la hora de seleccionarlos. Los estudiantes, mientras tanto, son abandonados a su suerte en cursos cada vez más numerosos e impersonales; más filtros de selección burdos que facilitadores de aprendizaje. Los títulos que otorgan no acreditan conocimiento o competencias sino estatus. La estructura de las universidades y colegios (sus formatos, su organización e incluso algunos de sus contenidos) está esencialmente congelada desde hace décadas. Su renuencia a adaptarse es activa. La estabilidad es, claro, cómoda. La carrera académica es una pirámide que se alimenta del talento y aspiraciones de jóvenes idealistas a los cuales, cada vez con más frecuencia, se mantiene en condiciones de subempleo para siempre. Para colmo, la producción científica de las universidades no tiene mayor difusión en el mundo exterior. La fe en la academia (en sus alcances y su valor), se basa en una mezcla (proporciones por aclarar) de elitismo, cinismo e ingenuidad.

Tal vez exagero. Tal vez no todo está tan mal y hay esperanza. De pronto es sólo mi pesimismo crónico que no me deja ver la luz. Y aquí al lado está mi cinismo forzándome a escribir las tres oraciones anteriores. La educación es un tema que me preocupa porque donde me ven yo tenía la ilusión de ser un educador. Eso era lo que yo quería hacer y cada vez parece más difícil de lograr pese a mi disposición e interés. Lo que yo quería era trabajar en una universidad y dictar clases de matemáticas y temás relacionados. Tantas y tan variadas como fuera posible. La carrera de las publicaciones y la investigación bajo presión, en cambio, me llama poquísimo la atención, y eso disminuye mis posibilidades de éxito casi a cero. Despertar la curiosidad, intereses y talentos de personas que inician su formación me parece una labor mucho más edificante, sustanciosa y valiosa socialmente. Aquí hablo un poco más al respecto dentro del contexto de la educación en matemáticas.

Afortunadamente, no soy el único que piensa estas cosas. Cada vez es más frecuente encontrar, dentro y fuera de la academia, reflexiones sobre la decadencia evidente y la urgencia de una renovación radical. En Technogogy quiero recolectar algunas de esas voces que señalan los problemas del sistema académico y proponen otras maneras de plantear la educación. Más adelante me gustaría implementar/aplicar estas ideas en proyectos educativos concretos tal vez en Colombia.

Viernes (Santo)

Es festivo en Canadá, pero Mónica tenía que ir al laboratorio a recolectar tejido (eufemismo para el sacrificio ritual de roedores mutantes y subsecuente extracción de cerebros), así que fuimos juntos. Trabajé en su oficina mientras tanto. Por la tarde descansamos en la casa. No hay nada abierto. Haré unas pastas para la comida. Ya las hice. Ya me las comí. Esta es Mónica en modo biohazard:

Viernes (Examen)

Algunas ideas y preguntas sueltas: (1) A medida que la cobertura educativa aumenta, la educación (en especial la pública) se ve forzada, por simple falta de recursos (siempre serán pocos), a implementar procesos de industrialización de la labor didáctica. No me parece que haya nada malo en eso en principio pero: (2) ¿Cuál es el papel del maestro en este nuevo contexto donde el contacto directo con el estudiante es incidental y escaso? (3) ¿Cómo garantizar que la educación no pierda calidad en un sistema donde la proporción estudiantes/maestros es cada vez mayor? (4) Por lo pronto, la logística de la educación ha sido un problema lateral, algo que se deja (casi que) a discreción del maestro y en pocas ocasiones se explora con cuidado como comunidad. La idea burda es que una persona que dicta un curso para treinta personas debe ser capaz de adaptar su curso a un auditorio con doscientas. Se exige escalabilidad instantánea. ¿No sería conveniente, en aras de mantener niveles de enseñanza dignos, someter la logística de la enseñanza (y en particular el problema de escala) a un análisis cuidadoso en lugar de persistir en la improvisación? (Si hay investigación al respecto, no ha encontrado la manera de llegar a las aulas.) (5) ¿Cuál es el propósito de la educación universitaria? ¿Cuál es el aporte de la educación universitaria a la sociedad en pleno? ¿O es sólo un lujo? ¿Qué es lo que esperamos que un estudiante gane en las aulas? ¿Prestigio? ¿Disciplina? ¿Conocimiento? ¿Lenguaje? ¿Habilidades? ¿Sabiduría? ¿Resistencia? ¿Tolerancia? ¿Conciencia? ¿Responsabilidad? ¿Contactos? ¿Oficio? ¿Estatus? (6) ¿Qué es lo que realmente enseñamos (si es que enseñamos algo)? (7) No sobra preguntarse cuál es el sentido de ampliar ilimitadamente la cobertura universitaria. En sociedades como la colombiana una persona sin educación universitaria es indigna y está condenada al subempleo. La educación universitaria es un símbolo de casta. Es la diferencia, seamos crudos, entre ser esclavo o ser esclavista. Algunos promueven la idea de que, para generar movilidad social, la cobertura universitaria debe ser universal. Creo que esa es una solución falsa. Más importante que expandir la cobertura universitaria es expandir el número de opciones de acceder a un empleo y reducir, al tiempo, la estructura esclavista (¿cómo?). (8) Me preocupa el desprecio por la educación básica y la tendencia a creer que sus fallas se pueden reparar durante la etapa siguiente (si acaso). (9) La educación y la investigación deberían ser asuntos que se trataran aparte. El modelo de educadores/investigadores funciona y produce resultados en sociedades industrializadas o en una etapa alta del proceso de industrialización. Pero incluso en sociedades industrializadas este modelo pervierte el sistema. Es evidente que hay conexiones entre una labor y la otra, pero la pretensión de que son la misma cosa ha convertido los centros de enseñanza en lugares repletos de maestros que tienen a la educación como última prioridad aunque sea su misión principal. (10) Asisto al examen final de mis estudiantes en el coliseo de la universidad. Dos exámenes transcurren simultáneamente. El coliseo es dividido en zonas. Nos corresponden cinco de las diez. Somos ocho. El coordinador comanda el dispositivo cuyo objetivo principal es reducir la probabilidad de trampa. Somos nosotros contra ellos. Al final siempre se trató de esto. Setecientos estudiantes tomaron este curso. Ciento veinte asistieron a mi clase. Apenas sé el nombre de veinte o treinta. Reconozco a algunos más de cara, pero es difícil encontrarlos entre la multitud. Los veo entrar. Me gustaría saludarlos. Al cierre, mientras recibo los exámenes, un par se acercan y me dan las gracias por mi trabajo. Otro me dice que disfrutó mucho mi clase. No sé su nombre. Me pregunto, mientras los veo resolver las preguntas, qué aprendieron en este curso y cuál era su objetivo a largo plazo si es que había alguno. También me gustaría saber en qué consistió mi labor o, mejor, si lo que hice tendrá un impacto en su futuro o si perdieron su tiempo conmigo y esto hace parte de una farsa elaborada para otorgar un título (nobiliario) después de unos años. No creo que haya sido así. Espero que no sea así. Me esfuerzo por que no sea así, por que quede algo más. Por eso me cuesta entender que mi trabajo, todo mi trabajo, en últimas se reduzca a prepararlos (desde la distancia de mis lecciones masivas) para un examen de dos horas y media (el sesenta por ciento de su nota final) donde les pedirán, entre otras cosas, que deriven de dos maneras distintas el volumen de un mismo sólido de revolución. Eso sería una estafa. Eso no sería justo con ellos, sus aspiraciones y su dedicación. Eso no puede ser lo que está en juego aquí.

Miércoles

Día largo. Interminable, casi. El tren de regreso a London se detuvo varias veces en el medio de la nada sin mayor explicación. Odio esos tiempos muertos. Me siento irrespetado como usuario del sistema. Pago lo suficiente como para que me garantizaran puntualidad. Al principio de la clase le entregué a los estudiantes una pequeña guía socrática que recorre con amabilidad los conceptos principales del curso que tal vez les sirva para estudiar para el examen. En algunos cursos que dicté en Urbana hacía eso cada semana. “Things you should know about life“, los llamaba. Incluía citas de libros de entrenamiento samurai o similares. Era mi época de obsesión compulsiva con el libro que Mishima escribió sobre el Hagakure. Hacer de golpe un resumen entero del curso me costó. Espero que lo aprecien. Dediqué la clase a proponer problemas de exámenes viejos y discutir cómo se harían, o al menos cuáles serían las herramientas principales para resolverlos. Fue provechoso y hasta entretenido. Continuaré proponiendo ejercicios el viernes. Mañana debo lavar ropa y cocinar por la tarde. Estoy cansadísimo.