Rango Finito

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tranquilidad

La elocuencia del pasado

Fotos para acompañar la columna de hoy.

Cambios

Pronto la niña caminará y saldremos al parque a jugar con las fuentes de agua que activan durante el verano. La luz del sol cada vez es más alta. Los árboles reverdecen y pequeñas flores rompen la nieve. Creo que me he acostumbrado al silencio de los días. La desconexión general ha sido muy agradable. La soledad es tranquila. Cada vez valoro más mi tranquilidad. P., nuestra única amiga en la ciudad, fue despedida de su trabajo como superintendente/administradora del edificio y por ende expulsada del apartamento donde había vivido por ocho años. Le dieron siete días para irse. Lleva una semana viviendo en la casa de su hermana. El domingo nos vimos para desayunar.

Laia

Largo día. Laia nació a las 4:33 de la tarde. Pesó 2995 gramos y midió 51 centímetros. Es pequeñita. Tres horas antes estábamos en la plazoleta de comidas de un centro comercial comiendo sopa de tomate y jugo de naranja con zanahoria. Mónica había tenido contracciones pero no eran suficientemente regulares así que no estábamos seguros de que fuera el momento. Pensábamos que era falsa alarma y que Laia nacería, como su hermano mayor, el día que cumpliera cuarenta semanas, o sea el miércoles. Finalmente el dolor de las contracciones convenció a Mónica de ir al hospital. El parto fue rápido pero también salvaje. Ahora son las 11:40 de la noche y tanto Mónica como Laia duermen a suspiros. Ya la niña recibió su primer baño. Es suave y tranquila. Cuando está despierta mira a su mamá con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido. Mañana inicio mi curso en la universidad. Es un curso de cálculo integral de un mes y medio (dos horas diarias) para estudiantes de matemáticas y física. Terminé de preparar la primera serie de lecciones (para mañana: el teorema de valor medio y sus consecuencias revisitados formalmente) y la primera tarea esta misma mañana. Serán seis semanas muy intensas. Estoy cansado y feliz. Más feliz que cansado.

Core Dump

There before him, a glittering toy no Star-Child could resist, floated the planet Earth with all its peoples.” (Satélite de destrucción masiva)

Estoy sentado sin camisa en el sofá negro. Tengo treinta y cinco años y veintiún días. A partir de cierto punto de la vida se inicia la cuenta regresiva. Desde el balcón veo Marte, Júpiter y Venus. Cuando era niño quería irme de este planeta y vivir en el espacio. En el espacio había robots, tranquilidad y soledad. El sofá negro no es una nave espacial ni una máquina del tiempo. Mi cuerpo no es una nave espacial. Cuando era niño había armarios que eran máquinas del tiempo. Vivimos en una ciudad que está situada fuera del tiempo. Mi apartamento es una estación suborbital en caída permanente. No hay viento en el vacío. Me comunico con los hombres a través de transcripciones digitalizadas de mi consciencia. (Pero no hay respuesta.) El dispositivo antigravitacional facilita la vida de los gatos así como su alimentación. Mi contacto con seres humanos es limitado y estrictamente controlado para prevenir contaminación. El gato negro flota profundo en la recámara exterior. Comimos hamburguesa en el bar de la esquina. La mesera tenía pelo negro, ojos verdes y labios rojos dispuestos en una cabeza ovalada sobre un vestido con patrones azules. Se llamaba Pam. Número catorce en la nómina del bar. Es casi real. Huele al perfume de una compañera de universidad. Nunca sirven mayonesa en el bar. Siempre debo pedírsela a quien atiende, lo que es incómodo, pero en el caso de Pam no me molesta en absoluto. Quisiera decirle a Pam que se siente con nosotros y nos cuente quién es y por qué está aquí un viernes por la noche trabajando en este bar de viejos. En la calle hay perros amarrados que esperan a sus amos frente al supermercado desde hace varios días. Tienen hambre y sed. El televisor del bar es seis veces más grande que el nuestro pero proyecta la misma nada. Los jugadores de baloncesto universitario son muy jóvenes para estar muertos. Extraño conversar con entidades orgánicas. No entiendo qué tiene de malo masturbarse en público. Es lo que hacen todos. Afuera están los osos, migran en bandadas hacia el norte. Como ellos, prefiero el invierno. Se parece más a mí.

Miércoles (Ruidos Blancos)

El olor a pasto húmedo. El cuervo inmenso en el árbol que hace la venia y dice taca-taca-ta. El sueño del gato. La invasión imparable de las hormigas. El rumor de las obras que se acercan. La intranquilidad. Las lluvias esporádicas que sostienen el color del cielo. El corte suave del tomate que es sólo jugo y semillas. Un vaso que se revienta al contacto con el agua. El frío en los pies. La serenidad del árbol verde que nos mira desde afuera. La percepción cambiante del tiempo con sus horas disparejas y sus eternidades acotadas entre los oficios. La espinaca fresca. El chorro de agua caliente en la espalda. El recorrido de la luz sobre la sala. Las lecturas anidadas que vuelven la cotidianidad un texto. Los códigos frágiles que sostienen la estructura. El frío del gato en la ventana. La menta en el enjuague bucal. El ruido de agua que no se ve. Los bichos misteriosos en la tina del baño. Las almohadas frescas contra la cara. Las noticias vacías que exigen que todos las miren y admiren. La canela en el agua humeante. Las instrucciones para las máquinas. Los conteos. Los pájaros. Las recurrencias. Lo que no fue.

Domingo

Verde y azul. Desayuno en el balcón. Huevos coddled con pan, té con especias y jugo de naranja con banano. En el supermercado, la portada de un tabloide revela que Bin Laden estaba high on heroin cuando lo encontraron y que su mujer lo traicionó (ratted by his wife). Abajo de un fotomontaje de su cara rabiosa dice que pidió clemencia y lloró cuando lo ejecutaron. ¿Y quién no lo haría? Al lado del tabloide una revista nos confirma lo que ya sospechábamos: Angelina engañaba a Brad con una criada. Quien se sorprenda con esto no ha seguido la historia de cerca. Ahora, de vuelta en la casa, preparamos un tajine mixto con verduras y pedazos de pollo, res y cordero. Me gustó este reportaje (parte de esta lista). A veces me encantaría poder dedicarme a investigar y escribir cosas así.