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No retorno

En esta entrada Andrés Villaveces habla del final del paro de empleados en la Universidad Nacional. También hay una presentación de Andrés hablando al respecto y una carta de Fernando Zalamea que ojalá no cayera en saco roto ahora que el paro terminó. Aquí un aparte de la entrada:

A nivel personal, llegué a un punto de no retorno con la Universidad. Mantuve las clases (en un curso plenamente, en otro a medias) durante este tiempo, sabiendo que me expongo al hacerlo a un escarnio por parte de gente que en una Universidad (lugar que debería ser lo más libre y libertario del mundo – tomo esas palabras de mi colega y amigo Fernando Zalamea) se atribuye actuar autoritariamente en nombre de supuestos comités.

Mi relación con la Universidad Nacional no volverá a ser la misma después de este paro. Es algo análogo a haber vivido un episodio de roce con la muerte, pero a nivel de toda la universidad. Un grupo de fascinerosos secuestró la universidad, impidió la entrada de los estudiantes y profesores a sus aulas y laboratorios, a sus oficinas y lugares de encuentro, a sus gimnasios y dojos, a sus cafés y corredores. No volveré a quedarme tan callado como en el pasado cuando sucedan atropellos contra nuestra universidad pública – aquella que (gracias al trabajo impresionante de algunos) aún logra mantenerse entre “lo mejor” a nivel nacional – el mediocre nivel nacional, quién sabe por cuánto tiempo más. No aguantaré más ausentismo de estudiantes, más excusas blandas, y en la medida de lo posible trancaré a quienes maltraten la planta física de nuestra universidad.

Por cierto, Andrés acaba de abrir nuevo blog.

Las dificultades para aspirar

La columna de hoy debió llamarse “El puente está quebrado” pero ese título sólo se me ocurrió hoy por la mañana. Está basada en dos estadísticas que el rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla, soltó en Twitter sobre la poca presencia de egresados de colegios públicos en la universidad (1 y 2 (acabo de darme cuenta de que en la columna escribí 2337 y no 2373, pero bueno). Aquí hay un cuadro de postulaciones y admisiones a la Universidad Nacional desde 2010 que me sirvió para calcular los porcentajes que puse en la columna. Generalmente tras esos números vienen los lamentos sobre la baja calidad de la educación pública básica y media (aquí un análisis muy completo de las dificultades a ese nivel, así como algunas propuestas para mejorar la situación) pero creo que el esquema de admisiones y programas académicos de la Universidad Nacional contribuye muy poco a impulsar a los estudiantes de colegios públicos a presentarse y de seguro hay formas en las que la Nacional podría aumentar el número de aspirantes que provienen de colegios públicos sin que eso implique reducir sus exigencias de admisión. Ayer por ejemplo pensaba que debería haber una forma en la que una persona del común pudiera tomar oficialmente y por bajo costo cursos de la Nacional de vez en cuando sin estar inscrito en ningún programa (si cumple prerrequisitos y hay cupos disponibles en tales cursos (en muchos hay)). Podría montarse un esquema de admisión alternativo basado en el número de créditos acumulados mediante este sistema (con requisitos de promedio y cosas así). En fin, son ideas. La universidad no se puede quedar de brazos cruzados esperando a que la calidad de los colegios públicos y las circunstancias personales de los estudiantes mejoren. Es jodido justificar la existencia de una universidad pública fuertemente subsidiada a la que los estudiantes de colegios públicos no son admitidos casi que por norma. El sistema educativo público colombiano necesita rutas sólidas entre sus diferentes niveles y la Universidad Nacional (por su tamaño y nivel académico) debería ser uno de sus nodos de intercambio más centrales y activos. Hace poco Andrés citó a su papá diciendo que “la Universidad Nacional es estatal pero no es pública”. Me pregunto si se refería al menos parcialmente a este tipo de vainas.