Dado un lenguaje, una noción de verdad y una entidad en el universo acerca de la cual el lenguaje esté capacitado para hablar, la teoría de la entidad es la colección de afirmaciones en el lenguaje que son ciertas al respecto de la entidad de acuerdo a la noción de verdad elegida. Las teorías acorralan a la entidad tanto como el lenguaje lo permite. Si el lenguaje no tiene manera de hablar del color, entonces el color de la entidad no será capturado por la teoría y una entidad idéntica salvo por su color será indistinguible, bajo este lenguaje, de la original. Si el lenguaje puede aislar totalmente la entidad decimos que la entidad tiene un nombre. En tanto que todo lenguaje es semánticamente limitado, toda teoría de una entidad establece en general una mónada alrededor que es potencialmente cohabitada por otras entidades de la misma clase cuyas diferencias con la entidad dada son invisibles a las posibilidades expresivas del lenguaje. En esta ignorancia sistemática de diferencias particulares el lenguaje encuentra su debilidad y su poder. Que evidencie su debilidad es claro. Que al tiempo sea su fortaleza es consecuencia de que todo filtro que establezca equivalencias entre entidades en principio disímiles también establece, en el fondo, un modelo natural simplificado del universo basado en arquetipos sencillos y controlables, de repente estáticos, sin la incómoda variabilidad salvaje del universo vivo.