Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

uribe

21

Hoy vi a Pascual Gaviria recopilando los resultados de las elecciones al Senado en ciudades colombianas para comparar cómo le había ido al partido de Uribe (Centro Democrático) en relación al partido de Santos (Partido de la U).

Dado un municipio, una forma de comparar las fuerzas relativas entre los dos partidos es calcular un índice del estilo $$ \frac{CD – LU}{CD + LU} $$ donde CD son los votos en el municipio para Centro Democrático y LU los votos para el Partido de la U. El rango de este índice va de -1 a 1. Cuando es -1 quiere decir que La U recibió votos y Centro Democrático no recibió ni uno. Cuando es 1 quiere decir que Centro Democrático recibió votos y La U no recibió ninguno. Cuando el índice es cero quiere decir que sacaron el mismo número de votos. Puntos intermedios representan diferentes proporciones a favor de uno u otro (negativos para La U y positivos para Centro Democrático).

Ad portas de la elección presidencial no viene mal revisar estos índices pues aunque la estructura de la elección es distinta las contiendas a nivel local son similares. Por ejemplo: un municipio donde los votos de Santos son más que el doble de los de Uribe (i.e., indice ≤-0.33) es uno donde es muy complicado que Uribe (o sea su títere, Zuluaga) se imponga. Al contrario, lo mas probable (al menos ingenuamente) es que Santos se fortalezca (por ejemplo sumando los votos que recibió Cambio Radical, el partido de su fórmula vicepresidencial (o los conservadores que se han declarado santistas)). Mejor dicho, este tipo de análisis podría servir para saber cuáles son los votos que realmente están en juego y cuales están más asegurados.

En este primer gráfico represento el número de municipios dado el índice. La barra dice: en este rango de índices hay tanto por ciento de municipios y en estos municipios ganaron tales partidos en esta proporción.

lu.vs.cd

Un problema obvio de este gráfico es que los municipios tienen diferente fuerza electoral dependiendo de su tamaño y al final lo que importa es cuántos votos se suman (no cuántos municipios se ganan). Así, tal vez el gráfico correcto debería representar en las barras el número de votos (en municipios con tal índice) y cómo esos votos se distribuían entre los distintos partidos. Ese es el que viene a continuación:

cd.v.lu.votos

Hay 5.601.216 votos a la derecha del cero y 5.324.366 a la izquierda. El aporte partido conservador parece decisivo. Santos debería estar preocupado.

La gran duda es cómo se moverán esos colores entre las barras el próximo domingo.

Farsa

La pelea entre Santos y Uribe es una encarnación más de la clásica pelea lúdica entre “liberales” y “conservadores” que sirve para que la élite tradicional renueve respaldo popular (dividido y hasta mortal pero en últimas mayoritario) y se perpetúe en el poder. Tomar partido en esa pelea implica caer en el engaño de creer que su discusión trata sobre el futuro del país (que existe una posible conclusión que nos beneficia) y no sobre el futuro político y financiero de unos señores y sus amigos. No se trata de ser neutral, sino de entender que ambos lados hacen parte del mismo bando opresor.

Partículas de Majorana

Este sería el momento perfecto para que surgiera en la política colombiana una figura tipo Uribe en el año 2001, que liderara/conjurara a una masa de inconformes con el proceso de paz de Santos hacia una victoria en las próximas elecciones. La presencia de Uribe en el panorama, sin embargo, hace casi imposible que esto pase. Uribe fagocita a todo aquel que comparta su discurso y lo convierte, a ojos de la opinión pública, en marioneta pusilánime. Como me decía Sergio ayer, Uribe es el anti-Uribe. Aunque Santos luzca inconforme, Uribe en modo überopositor rabioso le conviene.

Sábado

Hace cerca de un año yo llegué a pensar que hoy presenciaríamos un vergonzoso espectáculo de reafirmación de una dictadura solapada. En lugar de eso tendremos una ceremonia de retoma del poder por parte de sus dueños tradicionales. Uribe, en últimas, fue un exabrupto en el orden natural de las cosas, en la disposición de la jerarquía. Ahora podemos volver a la tranquilidad de saber que los patrones tienen la alcurnia suficiente para representarnos y engañarnos con clase y dignidad.