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The Queen of Versailles

El dinero tiene valor en tanto que creamos en su valor. Suena circular porque es circular. Obviamente hay sutilezas. Y no siempre fue así. Originalmente había respaldos físicos por cada billete que garantizaban en caso de necesidad su capacidad de intercambio. Luego esos respaldos fueron cayendo, reemplazados por la confianza colectiva en las instituciones que los emiten. Libre de anclas físicas la economía creció. Así llegamos a este punto donde el dinero son registros difusos en sistemas informáticos financieros. Es de esas cosas en las que es mejor no pensar, como la inevitabilidad de la muerte. Mi impresión es que los inmensamente ricos son más conscientes de la irrealidad del dinero que quienes dependemos de la administración cuidadosa de uno o dos salarios mensuales. Mejor dicho: a partir de cierta escala el dinero se gasifica y su manejo requiere o cinismo abierto o ignorancia intencional (complementada con psicoactivos). Son debilidades que es necesario asumir para poder sostener la cordura (?) dentro del absurdo del exceso.

Diagnóstico

— Racionalmente lo que dice es claro. Pero la conclusión me inquieta porque parecería sugerir que usted
— Creo que subestima mi capacidad para adoptar una posición objetiva pese a mis circunstancias particulares, que por lo demás no son de su
— No sé cómo podría obviarla. Si yo fuera usted
— No lo es.
— Pero si lo fuera
— No sé qué sentido tenga adoptar esa suposición cuando es evidente que es irrealizable en este momento. Preferiría que se concentrara en
— Como le dije, creo que entiendo la lógica de su argumento pero no confío en sus postulados. Siento que ignoran la dimensión moral del dilema.
— Podría decirse que mi punto es ese.
— Explíquese.
— Desde la empatía de primer orden la disyuntiva es irresoluble.
— Pero en la practica es inevitable sentir al menos un dejo de
— ¿Lo es?
— No sé, siento que
— Lo que usted sienta está fuera de esta discusión. Recuerde las directivas. Recuerde la
— Las recuerdo y aplico, pero no puedo dejar de pensar que el compromiso ético es inevitable.
— Entiendo ese compromiso como debilidad técnica.
— Quiero decir, hay vidas de personas comprometidas, ¿cómo ignorar
— La muerte de otros individuos es un proceso natural (de limpieza, de reorganización, de ascenso) que la cultura ha transformado en aberración existencial. El supuesto valor de la vida es una falacia que proviene de la misma tara cultural que condenó a la especie a
— Pero exigir en este momento una revaluación de esa tradición de pensamiento sería una afrenta a nuestra
— ¿Quién dice que hay un nuestra en esta conversación?
— ¿Acaso no somos
— ¿Cuándo fue la última vez que se vio en un espejo?
— Doce mil quinientos veintinueve ciclos es el estimado en mi
— Reconsolide memoria y establezca cotas de tolerancia ontológica no mayores a tres punto cuatro. Su procesador es incapaz de manejar irregularidades sobre la norma de su variedad.
— Registro, recompilo y reinicializo. Lamento la
— Fin de sesión. Fuera de línea.

Larry

El fantasma del parqueadero es amigable. Abre las puertas y se asegura de que todos lleven puesto el cinturón de seguridad. A veces se sienta justo detrás de mí y me pregunta intrigado para dónde vamos pero al final nunca va. Conoce mi nombre. Sabe cosas sobre mi vida. Se preocupa por nosotros. No sale en las fotos, pero aparece sólido en el espejo retrovisor. Es un señor viejo de papada amplia con camisa de cuadros y tirantas. Luce emocionado, como si hace mucho tiempo no saliera de su casa. Lleva una gorra de los Blue Jays y le faltan varios dientes. Una vez le pregunté a dónde le gustaría ir y me dijo que quería volver pero no supo decirme a dónde. La superintendente dice que era el marido de una antigua inquilina del edificio que se fue hace un par de años a vivir con sus hijas en Toronto. Murió en su cama, de viejo. Llegó muy joven a Canadá proveniente de Escocia. En London trabajaba como contador y mecanógrafo. Todo lo que sabía lo aprendió en cursos por correspondencia. Tenía un problema en el brazo que le impedía manejar. Adoraba los trenes, igual que yo. Vivió en nuestro apartamento treinta y seis años. Se llamaba Larry. Últimamente duerme en la sala, con los gatos, y hace té para todos cada mañana sin falta. Luego se baña largo en la ducha y canta. Todavía no sé adónde va por las mañanas.

Intransmisión

y entonces […] desde la ventana dice que debe ocuparse de algo y que no conviene que yo esté presente, que me vaya, que […] hay certezas que es mejor no […] para […] mantener la actitud cómoda que permite que la vida siga con suavidad, sin perturbaciones serias que […] más tarde impidan que la mente funcione adecuadamente. Pero […] usted tiene que entender que yo era […] y por ende […] y para serle franco no era consciente de la gravedad de […] en ese sitio; todo era un juego […] configuración. Nunca pensé que […] estupidez, redimida por el amor. No tenía manera de saber que […] Esta es la última vez que lo voy a decir. No […] que usted acepte que […] Es el tiempo, no se va la […] entra en contacto con el […] porque sin la presencia del […] ¿y si el futuro fuera […] qué queda por vivir? […] es la renuncia al […] experimentación del sufrimiento que […] perder la […] Sólo eso. Perder la […] ausencia supe que había […] poder? Mi respuesta fue […] pero debía […] dos veces muchos años después aunque […] reconocer es un verbo sin […] me dijo o me dice son la misma […] que estemos acá […] ¿Está seguro de que […] perdí su rastro en […] la proyección de la guerra que nunca […] sus lamentos desde el infierno.

Love must go on

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