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Venecia

Mientras caminaba por la enredadera de callejuelas y puentes en mi ruta a ciegas hacia la plaza San Marcos, convencido de que la geometría de la ciudad me guiaría (no me equivocaba), pensé varias veces que ese sería un buen lugar para desaparecer o incluso morir si alguna vez es necesario. Pensé también en mi soledad y mis concurrencias y cómo pierdo el balance cuando descuido unas u otra. En la ciudad de los canales, tan viva y artificiosa, me entrego al instinto de alejarme porque sé que amparado por sus límites nunca estaré demasiado lejos de nada pero desde esa distancia falsa, en el silencio de una intersección de callejones solitaria e irrepetible, alcanzo a entrever la dimensión de ese sueño del cosmos generoso que nos inventa y concede presencia. Sentado en San Marcos soy un pequeño cúmulo de asombro.

Miércoles (Razones para destruir una ciudad)

Leí anoche Razones para destruir una ciudad, de Humberto Ballesteros. Esta novela ganó el premio Ciudad de Bogotá hace algunos años pero todavía no ha sido publicada. Le pedí a Humberto, con quien me relaciono por twitter (y que hace un tiempo publicó un cuento en HermanoCerdo), que me permitiera leerla. Razones para destruir una ciudad es la historia de la no-vida de una mujer. Durante cuarenta y tantos años esta mujer, Natalia, evade la vida sistemáticamente (con cierta razón, porque lleva una vida aburridísima) al tiempo que, en el ático de su casa, inventa, escribe y construye una ciudad imaginaria, invisible. Y supongo que lo que pasa es que, pese a su esfuerzo, la vida no-vida de esta mujer no es totalmente impermeable a la vida real de la que intenta protegerse, así que a medida que el mugre de esa vida exterior se cuela contra su voluntad en la burbuja de no-vida, de vida falsa, la ciudad imaginaria deja de ser un refugio para convertirse en una jaula donde están atrapadas no sólo ella sino las mezquindades y egoísmos que no la dejaban ver el remedo de persona en el que se había convertido. Que luego desesperada, considerando su situación, decida destruir su ciudad invisible es más que natural. Pero no me queda claro que eso resuelva nada.