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Limpieza

Desde hace años recibo por error correos del administrador de un centro comercial en Caracas, Venezuela, donde informa a los locatarios de las novedades y eventualmente publica listas de morosos de las cuotas que, supongo, pagan su salario. Nunca he tenido el coraje para informarle que mi dirección no es la correcta. Creo que lo echaría mucho de menos. Llevamos demasiado tiempos juntos. El correo de hoy dice así:

Buenas tardes, le escribo para informarles que mañana realizaremos la limpieza del tanque y las bombas de aguas negras por lo que cortaremos el agua de 7:00 am a 9:00 am para dar chance a los señores que se sumergen en los mismos.

Mi solidaridad está con esos valientes que se sumergen en tanques de aguas negras para limpiarlos. Es probable que sean colombianos.

Uróboros político

Hoy Capriles debería ganar. Sería no sólo correcto sino sano y necesario. Esa es mi reacción primaria (e ingenua) ante las elecciones en Venezuela. Mi reacción secundaria (y paranóica) es: si Capriles gana, las milicias de Chávez responderán. Pregunta: ¿Qué sentido tiene un proceso de elecciones supuestamente democrático en un país donde el movimiento en el poder cuenta con más hombres armados (sin contar frentes de las FARC) que el ejército? ¿Qué garantías tiene una oposición en esas circunstancias? Por otro lado, si Chávez gana continuará desintegrando económica y socialmente a Venezuela, así que Capriles en principio debería ser preferible. Vargas Llosa dice que se nota que a Chávez le quedan pocos años de vida útil, y que cuando el cáncer no le permita gobernar la constitución ordena la convocatoria de elecciones en un plazo de tres meses. Según Vargas Llosa, Capriles ganaría esas elecciones hipotéticas con contundencia gracias al caos que se desataría dentro de las fragmentadísimas filas chavistas para decidir quién es el sucesor del comandante. Probablemente en este escenario (agregaría yo) las milicias también se desintegrarían en facciones, lo que facilitaría su manejo desde el gobierno una vez Capriles ganara las elecciones. La pregunta entonces es si Venezuela puede darse el lujo de esperar hasta que al chavismo lo tumben sus propias células (biológicas, paramilitares y políticas). No es claro. Incapaz de responder a esta pregunta concluyo que hoy Capriles debería ganar y, nervioso, me persigno. Por eso pierde.